
La tarde del 14 de marzo quedará guardada en la memoria y en el corazón de Villanueva de la Reina como uno de esos momentos que marcan la vida de un pueblo creyente. La parroquia de La Natividad de Nuestra Señora se llenó de fieles, de emoción y de esperanza para vivir una celebración muy especial: la bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús del Amor en su Entrada Triunfal en Jerusalén, presidida por nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez.
Desde mucho antes de comenzar la Eucaristía se respiraba un ambiente distinto. Había ilusión en los rostros, recogimiento en el silencio del templo y una emoción contenida en tantos corazones que sabían que estaban participando en un momento histórico para la vida religiosa del pueblo.
Al inicio de la celebración, el Prelado jiennense quiso tener palabras de cercanía y gratitud. Saludó con afecto a los sacerdotes presentes y, de manera especial, a Julio Ángel Delgado Navas, agradeciéndole su invitación, su entrega generosa y su servicio pastoral al frente de la parroquia. También dirigió un cordial saludo a las autoridades civiles presentes, especialmente al alcalde Blas Alves, así como al grupo parroquial de la Borriquilla, con quienes compartió una simpática confidencia personal: su propia familia pertenece a la cofradía de la Borriquilla de su pueblo, lo que hacía aún más cercana y entrañable su presencia en este día.

En su homilía, el Pastor diocesano recordó que celebrábamos el IV Domingo de Cuaresma, conocido como Domingo de Laetare, el domingo de la alegría. Una alegría que brota porque la Pascua ya se vislumbra en el horizonte. Pero en Villanueva de la Reina —explicaba— esa alegría era todavía mayor al contemplar la nueva imagen de Jesús del Amor entrando en Jerusalén, una obra nacida de las manos del escultor Ismael Cornejo Sánchez, quien ha puesto su talento artístico al servicio de la fe del pueblo.
Don Sebastián destacó cómo las imágenes sagradas han sido, durante siglos, un verdadero Evangelio visible para el pueblo cristiano. Como recordó durante su predicación, “las imágenes han sido durante siglos el Evangelio de los sencillos. Han enseñado a rezar a quienes no sabían leer y han avivado la fe en los momentos difíciles de la historia”. A través de ellas, muchas generaciones han aprendido a mirar a Cristo, a acercarse a Dios y a descubrir su amor incluso en los momentos más difíciles de la vida. Las imágenes —recordó— no son solo arte: son una puerta que abre el corazón a la fe y a la contemplación del misterio de Dios.
La escena de Jesús entrando en Jerusalén encierra un mensaje profundamente conmovedor. Cristo sabe lo que le espera: sabe que ese pueblo que hoy lo aclama con palmas mañana podrá gritar “crucifícalo”. Y, sin embargo, entra. Como explicó el Prelado, “Cristo entra en Jerusalén porque ama. Ama hasta el extremo. Ama incluso sabiendo que será rechazado”. Entra porque su corazón está lleno de misericordia y porque su amor por la humanidad es más fuerte que cualquier rechazo.
Ese amor alcanza su expresión más grande en la cruz, donde Dios entrega a su propio Hijo por todos nosotros. Allí contemplamos el amor inmenso del Padre por cada persona.

El Prelado invitó a todos a vivir la Cuaresma como un tiempo para abrir los ojos del corazón, para superar la ceguera espiritual y poder decir con sinceridad: “Señor, yo creo en Ti”. Porque, como recordó con sencillez y profundidad, lo más importante no es solamente contemplar una imagen hermosa, sino permitir que Cristo viva dentro de nosotros.
Tras la homilía tuvo lugar uno de los momentos más emotivos de la tarde: la bendición solemne de la imagen. En ese instante, el silencio del templo parecía abrazar la oración de todo un pueblo.
Muchos miraban la imagen con emoción, sabiendo que desde ahora acompañará la fe, las oraciones y las esperanzas de generaciones de villanoveros.
La nueva imagen de Jesús del Amor no es solo una obra de arte. Es un signo de identidad, un punto de encuentro para la fe, una presencia que recordará cada año, al llegar la Semana Santa, que Cristo entra en la vida de su pueblo para llenarla de esperanza.
Aquella tarde no fue solo una celebración litúrgica. Fue un abrazo entre el cielo y Villanueva de la Reina. Un momento en el que la fe de un pueblo se hizo visible en las miradas, en los silencios y en las oraciones.

Y quizá muchos pensaron lo mismo al salir del templo: que cuando un pueblo ama a Cristo con sencillez y verdad, Dios siempre encuentra un camino para entrar en su Jerusalén… que es, en el fondo, el corazón de cada uno.
Julio Ángel Delgado
Párroco de Villanueva de la Reina
Galería fotográfica: “bendición de Nuestro Padre Jesús del Amor en su entrada triunfal en Jerusalén”
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