Como marca la tradición, la Real Parroquia de Señora Santa Ana ha acogido esta mañana la función principal de instituto de la Hermandad de la Esperanza de Triana, cuya titular mariana presidió el presbiterio de la ‘Catedral de Triana’.
La función ha sido presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, que ha comenzado su homilía advirtiendo que “una hermandad puede ser tentada a medir su vitalidad por lo externo: por lo que se ve, por lo que brilla, por lo que sale bien”. Don José Ángel ha apuntado que “todo eso puede ser bueno”, pero ha lanzado varias preguntas que el Señor nos hace esta mañana: “¿Dónde está el corazón? ¿Qué corazón late debajo del palio, debajo de la túnica, debajo de la medalla, debajo de la responsabilidad y del servicio?”. En este punto ha pedido que la devoción a la Esperanza “no sea costumbre ni refugio, sino camino de conversión; que lo nuestro no sea fachada, sino vida; no sea apariencia, sino corazón entregado”.
La Cuaresma es “un caminar”
Ha señalado que la Cuaresma es “un caminar”. Y ha desarrollado esta idea afirmando que no es una estación para contemplarnos a nosotros mismos con complacencia, sino para “dejarnos conducir por Dios hacia la Pascua”.
En referencia a la protestación de fe que a continuación harían los hermanos de la corporación de la calle Pureza, el arzobispo ha afirmado que no se hace “para quedar bien”, sino “para vivir más y mejor nuestro compromiso cristiano y cofrade”. “La fe no es un adorno, es una luz que ordena la vida. Y si la fe se reduce a palabras, se apaga; en cambio, si se traduce en obras, resplandece”, ha añadido.
Dirigiéndose a los hermanos que llenaban el templo trianero, monseñor Saiz Meneses ha destacado que “como cristianos y como cofrades hemos de pedir a Dios el don de la humildad”. Y ha añadido: “Nuestra Señora de la Esperanza nos educa en esta humildad, nos enseña a reconocer que necesitamos luz, que necesitamos perdón, que necesitamos volver a empezar”.
«Esa esperanza se traduce en caridad concreta»
Seguidamente ha recordado que “cuando miramos a Nuestra Señora de la Esperanza, no miramos una idea; miramos un camino: esperar no es cruzarse de brazos; esperar es mantenerse fiel, trabajar, servir, amar. Esperar no equivale a resignarse, sino a comprometerse. Y esa esperanza cristiana tiene una consecuencia práctica: cambia la vida”. “Hoy, en Triana, esa esperanza se traduce en caridad concreta, en misericordia, en cercanía a los pobres y descartados”, ha añadido.
En la parte final de su alocución, el arzobispo ha apuntado que “Triana necesita luz, Sevilla necesita luz, el mundo necesita luz. Y esa luz tiene un nombre: Jesucristo”.
GALERÍA fotográfica
The post “Triana necesita luz, Sevilla necesita luz, el mundo necesita luz. Y esa luz tiene un nombre: Jesucristo” first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

