La antigua mezquita aljama de Sevilla, consagrada como Catedral tras el restablecimiento del culto cristiano en 1248, continuaba utilizándose como templo principal de la ciudad en el siglo XV. Sin embargo, el aún edificio almohade presentaba un estado de conservación deficiente a consecuencia de los terremotos sufridos, especialmente el de 1356.
La tradición historiográfica señala que, en 1401 dada la situación, el capítulo catedralicio decidió intervenir el templo, derribando la aljama y construyendo la Catedral gótica, dando lugar a un espacio de culto de dimensiones extraordinarias. Aunque el acta capitular que recogería dicha decisión no ha llegado a nuestros días, la ambición de esta empresa es recordada a través de la transmisión oral en la célebre frase Hagamos una iglesia tan grande que los que la vieren nos tengan por locos.
Sin embargo, la posible resolución adoptada en 1401 no supuso el inicio inmediato de las obras. La magnitud del proyecto y la complejidad que implicaba, exigieron un largo periodo de planificación, organización administrativa y estudio, que se prolongó durante varias décadas. Finalmente, las obras de la nueva Catedral gótica comenzaron en 1433, que es la fecha en la que se ubica la pieza que presentamos como ‘Obra destacada’ del mes de febrero. Se trata del documento titulado Cuaderno de la Clavazón que se llevó para los navíos que se fasen para la obra de la Iglesia de Sevilla custodiado en el Fondo Capitular del Archivo de la Catedral de Sevilla.
El documento tiene su origen en la decisión de emplear roca calcarenita en los trabajos de edificación, un material ampliamente utilizado por su disponibilidad y facilidad de labra. Dado que dicha piedra se localizaba en la Sierra de San Cristóbal, entre Jerez de la Frontera y El Puerto de Santa María, se optó por la construcción de una embarcación destinada a su transporte, remontando el río Guadalquivir hasta Sevilla. Con el objetivo de llevar un control sobre la ejecución de dicha obra naval, se utilizó este cuaderno como registro, en el que se consignó de manera sistemática toda la herrería y los elementos auxiliares necesarios para su construcción con su correspondiente costo. En la primera hoja puede leerse “Estos son los clavos que son levados para el navío que fase Gonzalo Márquez, carpintero. Se comenzó a fazer en el mes de junio del año treinta y tres”. La relación que sigue a continuación, es muy generosa en detalles y menciona toda la variedad de útiles empleados en la elaboración del barco: tablas, clavos, pernos… Se recogen, además, los pagos realizados a los trabajadores, especificando su oficio -carpinteros, herreros, calafates…- y la cantidad percibida.
Aunque las corrientes historiográficas tradicionales señalan que la construcción pudo haberse iniciado en fechas próximas a la decisión adoptada por los capitulares en 1401, además del Libro de la Clavazón existen otras piezas conservadas en el archivo catedralicio que permiten documentar el inicio más tardío de las obras. En este sentido, resulta especialmente significativo el libro fechado en 1436, en el que se registran los pagos efectuados por el canónigo Pedro García de Ayllón, mayordomo de la obra de la iglesia, en concepto de la denominada obra nueva.
La importancia de ambos documentos trasciende el valor testimonial de la fecha del inicio de la obra nueva, pues además evidencia la voluntad del Cabildo, ya en estas fechas, de consignar en sus documentos todo cuanto acontecía.
María Nieto Lozano.
Técnico Superior. Archivos de la Catedral y Arzobispado de Sevilla
Institución Colombina.
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