Hermandad Sacramental del Stmo. Cristo del Amor y Ntra. Sra. de la Amargura. Peñarroya-Pueblonuevo

Diócesis de Córdoba
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El principal impulsor de esta Hermandad fue el entonces párroco de San Miguel, don José Luque Requerey

Desde el año 1963 se venera, en la Parroquia de San Miguel una imagen de la Santísima Virgen bajo la advocación de María Santísima de la Amargura. La devoción hacia María fue arraigando paulatinamente en el corazón de los fieles, creciendo de tal modo que muchos de ellos sintieron la llamada para formar nuestra Hermandad Sacramental.

Fruto del constante empeño de los devotos de María Santísima de la Amargura por difundir el amor y la veneración que le profesaban, se logró implicar a la barriada de El Cerro y a todos cuantos sentían devoción por Nuestra Señora en la adquisición de una imagen de Cristo Crucificado. Dicha imagen recibiría culto bajo la advocación del Santísimo Cristo del Amor, convirtiéndose, desde el año 1993, en Cotitular de la Hermandad Sacramental, que pasaría a denominarse Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora María Santísima de la Amargura.

El principal impulsor de esta Hermandad, y quien alentó y promovió desde sus orígenes el fervor y el amor hacia la Virgen de la Amargura, fue el entonces párroco de San Miguel, don José Luque Requerey, quien ejerció su ministerio en dicha parroquia entre los años 1960 y 1971.

Fue don José Luque Requerey quien rescató del olvido la imagen de una Virgen Dolorosa que, por causas hoy desconocidas, había sido retirada del culto y permanecía en el desván de la parroquia de Santa Bárbara. Allí se encontraba, en lo que el propio Don José Luque calificó como un “destierro involuntario”. Aquella Dolorosa fue acogida en San Miguel, parroquia que recibió a una imagen sin nombre ni autor conocido, vestida de negro, con el silencio de sus lágrimas en las mejillas y un pañuelo entre las manos…

Con el paso del tiempo, la devoción a “la Amargura” fue creciendo de manera natural y profunda. No tardaron en llegar los primeros gestos de amor filial; una novia le ofreció su traje de bodas, lo cual, tal gesto dio origen a la tradición de que la Santísima Virgen vista siempre de blanco; los vecinos del barrio comenzaron a visitarla asiduamente en la parroquia y a elevar ante Ella sus oraciones. Se le confeccionó un sencillo manto rojo y, en la mañana del Jueves Santo, alguien depositó un clavel rojo en sus manos. Así nació, en el sentir del pueblo, Nuestra Señora María Santísima de la Amargura, que procesionó por vez primera el Jueves Santo de 1964 por las calles de su barrio, El Cerro, en Peñarroya-Pueblonuevo. La Amargura nació del pueblo y para el pueblo.

Si bien Don José Luque Requerey fue el iniciador de esta obra, no puede dejar de mencionarse a quien, a juicio de muchos, se convirtió en una pieza fundamental en la consolidación de la Hermandad. Fue quien recogió el testigo tras la marcha de Don José Luque: el joven sacerdote Don Antonio Jurado Torrero, que llegó a la parroquia de San Miguel en su primer destino pastoral tras ser ordenado el 8 de marzo de 1966. No solo dio continuidad a la labor emprendida, sino que la fortaleció, implicando de manera decidida a toda la barriada de El Cerro y afianzando la vida parroquial y cofrade.

Durante el periodo comprendido entre los años 1990 y 1995, don Antonio Jurado Torrero fue trasladado a la parroquia de Santa Bárbara, también en Peñarroya- Pueblonuevo, desde donde continuó prestando su apoyo y dedicación a esta Hermandad. Posteriormente, al ser nombrado Vicario de la Sierra, jamás olvidó su compromiso con las cofradías de la localidad.

La labor desarrollada por Don Antonio Jurado Torrero en el seno de nuestra Hermandad y, por extensión, en otras hermandades de la población perdura viva en la memoria colectiva. Para muchos de nosotros, jóvenes cofrades, permanece siempre en el recuerdo ocupando su lugar, defendiendo y sirviendo a las hermandades, y decimos bien: a las hermandades; mediando, aconsejando y, sobre todo, haciendo Hermandad.

En la actualidad nuestra hermandad es una forma de vivir en cristiano, de seguir a Jesus, de formar parte de la Iglesia, de caminar como ciudadanos de este mundo, de sentir el calor de la propia familia. Una Hermandad no es solamente una agrupación a la que se pertenece o asociación

La Hermandad es un espíritu, una vida, una fe, un patrimonio espiritual. Las Hermandades, somos un camino, una ayuda para vivir mejor en cristiano.

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