
Más de un millar de de malagueños se han unido este domingo en oración en torno a la Eucaristía que ha presidido Mons. José Antonio Satué en la Catedral de Málaga por todas las víctimas del accidente de trenes ocurrido el pasado domingo en Adamuz, provincia de Córdoba.
En la Misa se pidió por el alma de los 45 fallecidos, por la pronta recuperación de las personas que aún se encuentran hospitalizadas así como por el restablecimiento del resto de los heridos y afectados por el trágico accidente.
Entre los numerosos asistentes, destacaron los familiares de las dos víctimas mortales naturales o residentes en Málaga: el doctor Jesús Saldaña y el policia nacional Samuel Ramos. Se mencionó especialmente a los heridos malagueños: Raquel García (abogada, embarazada, en la UCI) y su hermana Ana; Isabel Mateo (legionaria rondeña, en la UCI) y Emil Jonsson (ciudadano sueco residente en Benalmádena, herido leve).
Distintas autoridades y representantes de instituciones malagueñas quisieron hacerse presentes en una celebración en la que toda la ciudad quiso acompañar en su dolor a las víctimas orando por ellas. Entre ellos, el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre; la consejera de Economía Hacienda y Fondos Europeos, Carolina España; el consejero de Turismo y Andalucía Exterior, Carlos Arturo Bernal; la delegada provincial de la Junta de Andalucía, Patricia Navarro; y el presidente de la Diputación Provincial de Málaga, Francisco Salado.
En su homilía, el obispo de Málaga invitó a los presentes a reflexionar sobre este trágico acontecimiento que ha sobrecogido a toda España esta última semana, abriéndose «a la luz que la Palabra de Dios nos ofrece. Aunque el corazón esté lleno de tristeza o de rabia, aunque algunos os sintáis enfadados con Dios, Él quiere iluminarnos con su Palabra», señaló.
En primer lugar, con la llamada de san Pablo en su Epístola a los Corintios: “Estad bien unidos”. «Esta llamada a la unidad, a la comunión, –afirmó Mons. Satué– está inscrita en lo más hondo de nuestro ser. En este trágico accidente se ha manifestado con una claridad admirable: la generosidad y creatividad de los vecinos de Adamuz, que han dado un ejemplo extraordinario de solidaridad; el esfuerzo de los propios pasajeros por ayudar a otros pasajeros; el trabajo incansable de los cuerpos de seguridad, los servicios de rescate, los bomberos y el personal sanitario; la cercanía de los familiares y amigos que han acompañado a las familias que más están sufriendo; la oración de tantas personas de buena voluntad que, sin poder hacer otra cosa, se han acercado a sus parroquias para rezar».
Asimismo, el obispo animó a los asistentes a acoger «esta llamada a la unidad de la Palabra de Dios para no dejarnos contagiar por la epidemia de crispación y sectarismo que tantas veces asola nuestra sociedad, donde algunos solo exigen responsabilidades cuando el gobernante competente no pertenece a su partido, o justifican cualquier tropelía cuando el cargo público comparte su ideología. La unidad no excluye, por supuesto, que se depuren responsabilidades, pero no en función de intereses particulares o espurios, sino basándose en la verdad».
Y en segundo lugar, con el anuncio proclamado en el Evangelio: “Está cerca el reino de los cielos”. En este sentido, el Obispo de Málaga explicó dirigiéndose a los familiares de las víctimas presentes en la ceremonia:
«Dios está cerca de vosotros, Francisco, Concepción, Natalia y Elena. Dios está cerca de vosotros, Laura, Susana y Pablo. Dios está cerca de Jesús, de Samuel y de todas las personas fallecidas. Dios está cerca de Raquel y Ana, de Isabel, de Emil y de todos los heridos. Por eso, aunque el dolor nos encoja el alma, aunque sepamos que hará falta mucho tiempo para sanar esta herida, podemos mirar al futuro con esperanza. Porque este Dios cercano en el que creemos sabe cumplir su oficio: resucitará a nuestros hermanos difuntos y nos resucitará también a nosotros a una vida más auténtica, más solidaria, más centrada en Él, fuente y origen de todo bien. Por eso, podemos hacer nuestra esa otra oración de Jesús en la cruz: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46)».
D. José Antonio Satué concluyó su homilía invitando a los presentes a rezar «unos por otros para que la luz grande de la que habla Isaías ilumine nuestra oscuridad y que la llamada a la unidad de san Pablo nos mantenga dispuestos a ayudarnos y a dejarnos ayudar».
AUDIO DE LA HOMILÍA:

