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Monseñor José Rico Pavés preside la toma de posesión del nuevo Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez

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Monseñor José Rico Pavés preside la toma de posesión del nuevo Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez

La Santa Iglesia Catedral ha acogido hoy, 25 de julio, solemnidad de Santiago Apóstol, patrón de España, la Eucaristía de toma de posesión del nuevo Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez, presidido por Froilán Solís.

La celebración ha estado presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien ha acompañado al nuevo Consejo en el inicio de esta etapa de servicio a las hermandades y cofradías de la ciudad. Asimismo, han estado presente distintas autoridades municipales y provinciales, autoridades judiciales y hermanos mayores de hermandades y cofradías.

Durante la homilía, Mons. José Rico Pavés tomó como punto de partida las palabras de Jesucristo en el Evangelio, «No será así entre vosotros», para recordar que la solemnidad de Santiago Apóstol constituye una llamada a la perseverancia en la fe. Recordó que la liturgia invita a pedir para que los pueblos de España permanezcan fieles a Cristo hasta el final de los tiempos y señaló que la Palabra de Dios muestra el camino para custodiar esa fidelidad.

Comentando la primera lectura, el prelado destacó el testimonio del apóstol Santiago, cuyo martirio pone de manifiesto que el éxito de la evangelización no se mide por el reconocimiento humano, sino por la fidelidad a Jesucristo. Recordó que el anuncio del Evangelio ha estado siempre unido al misterio de la cruz y que la historia de la evangelización de España está marcada por el testimonio de quienes entregaron su vida por Cristo. Por ello, animó a no tener miedo a abrazar la cruz del Señor y a asumir cualquier servicio en la Iglesia con la mirada puesta en Cristo crucificado, aun cuando el camino esté marcado por la incomprensión o el rechazo.

A continuación, profundizó en las palabras de san Pablo, quien recuerda que el tesoro de la fe se lleva «en vasijas de barro». Explicó que la vida nueva recibida en el Bautismo constituye el verdadero tesoro que los cristianos están llamados a custodiar y hacer crecer, siendo conscientes de la propia fragilidad y de que la misión de la Iglesia no depende de las fuerzas humanas, sino de la acción del Señor.

En este contexto, subrayó el auténtico sentido de la tradición cristiana, entendida no como una realidad estática, sino como el cauce vivo que permite beber continuamente de Cristo. Recordó que el propio san Pablo habla de la tradición al referirse a la Eucaristía y al núcleo de la predicación apostólica, resumiendo esta misión en tres verbos fundamentales: «recibir, custodiar y transmitir».

Al comentar el Evangelio, Mons. Rico Pavés explicó que Jesucristo rechaza con firmeza la mentalidad del mundo cuando la madre de los hijos de Zebedeo pide para ellos los primeros puestos. Destacó que la respuesta del Señor —«No será así entre vosotros»— constituye una advertencia permanente para los discípulos de Cristo, llamados a no dejarse guiar por criterios de poder, protagonismo o intereses humanos, sino únicamente por la lógica del Evangelio.

Aplicando esta enseñanza a la vida de la Iglesia, afirmó que la fidelidad a Cristo exige no dejar que los criterios del mundo condicionen la misión eclesial. Invitó a abrazar la cruz, a reconocer la propia fragilidad poniendo toda la confianza en el Señor y a reaccionar con firmeza ante cualquier intento de introducir intereses ajenos al Evangelio en la vida de la Iglesia.

El Sr. Obispo dirigió después estas palabras al nuevo Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez, señalando que la toma de posesión y el juramento de fidelidad representan un compromiso público de servicio a la Iglesia y de conformidad con su sentir. Afirmó que la tarea encomendada al nuevo presidente y a los miembros de la Permanente será verdaderamente fecunda si mantienen siempre la mirada puesta en Cristo crucificado, afrontan con confianza las dificultades que puedan surgir y ponen por encima de cualquier otro interés el cuidado de la vida espiritual del pueblo fiel.

Recordando las enseñanzas del papa León XIV, evocó la homilía pronunciada en la solemnidad del Corpus Christi, en la que el Pontífice advirtió que la religiosidad popular no puede convertirse en una pieza de museo, sino que debe seguir siendo una fuente de vida para la Iglesia. En este sentido, retomó también la expresión de san Juan Pablo II que definía la piedad popular como una auténtica «escuela de vida cristiana», aplicándola igualmente a las hermandades y cofradías.

Finalmente, animó a las corporaciones a asumir como propia la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo especialmente el cuidado de la vida espiritual de sus hermanos, la fidelidad de los esposos en el matrimonio, la educación cristiana de los hijos, la transmisión de la fe y el fomento de las vocaciones. Concluyó pidiendo por el nuevo presidente, por los miembros de la Permanente y por todas las juntas de gobierno que recientemente han iniciado su servicio, para que permanezcan siempre fieles a las palabras de Cristo: «No será así entre vosotros». Asimismo, invitó a aprender de la Virgen María a permanecer al pie de la Cruz, confiando la propia fragilidad al Señor y perseverando siempre en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

Con esta celebración, Froilán Solís y los miembros del nuevo Consejo comienzan oficialmente su responsabilidad al frente de la Unión de Hermandades de Jerez.

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Guadix, en la consagración episcopal de monseñor Patricio Larrosa como obispo de Danlí, Honduras

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Guadix, en la consagración episcopal de monseñor Patricio Larrosa como obispo de Danlí, Honduras

 

El clero de la diócesis de Guadix regala a monseñor Patricio Larrosa un juego de mitras con los colores litúrgicos, el báculo, el anillo de obispo y la cruz pectoral, con una reliquia de San Torcuato

La diócesis de Guadix estará muy presente en la consagración episcopal de monseñor Patricio Larrosa como obispo de Danlí. Y no solo en la ordenación, sino en todo su ministerio, pues el clero de la diócesis accitana le ha regalado a monseñor Patricio las insignias episcopales que portará en la celebración: el báculo, la mitra, el anillo de obispo y la cruz pectoral. Estas insignias identifican a un obispo, representando su autoridad y, sobre todo, su misión pastoral de servicio y de entrega a la diócesis.

Cuando se conoció la noticia, el clero diocesano quiso hacerle un regalo a monseñor Patricio, natural de Huéneja, que se formó en el Seminario san Torcuato y que ha sido misionero de la diócesis durante más de 34 años, en Honduras. Y se decidió que lo mejor era regalarle la mitra, el báculo, la cruz pectoral y el anillo, para que tuviese siempre muy presente a la diócesis de donde ha salido. Y así ha sido.

Elaborados en Córdoba por reconocidos artesanos, las insignias regaladas son sencillas, pero de calidad. Y todas tienen alusiones a la diócesis accitana. Destaca la cruz pectoral, que incluye una pequeña reliquia de San Torcuato, el Patrón de la diócesis y el primer obispo en tierra española.

Un báculo de gran tamaño, pues monseñor Patricio es alto, un anillo de obispo y un juego de mitras, con los colores litúrgicos, completan el regalo que le ha ofrecido el clero diocesano, con las aportaciones que han hecho los sacerdotes de la diócesis.

El obispo de Guadix fue el encargado de llevarlas y fueron bendecidas por el nuncio de Su Santidad, monseñor Simón Bolívar, en la Misa de juramento y profesión de fe, celebrada el pasado 23 de julio.

En la ordenación episcopal, seguro que monseñor Patricio llevará también la casulla que le ha regalado su pueblo natal de Huéneja y que le entregaron hace unas semanas, antes de que partiera para Honduras.

Con todos estas insignias y con esa reliquia de San Torcuato, la diócesis de Guadix y su pueblo de Huéneja seguirán estando muy cerca del corazón de monseñor Patricio en esta nueva etapa que ahora comienza como obispo de Danlí.

La consagración episcopal es este 25 de julio, a las 6 de la tarde hora española, en Danlí (Honduras). Quienes lo deseen, pueden seguir la celebración en directo en este enlace de Suyapa Medios: //www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams«>https://www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams>

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Guadix, en la consagración episcopal de monseñor Patricio Larrosa como obispo de Danlí, Honduras

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Guadix, en la consagración episcopal de monseñor Patricio Larrosa como obispo de Danlí, Honduras

 

El clero de la diócesis de Guadix regala a monseñor Patricio Larrosa un juego de mitras con los colores litúrgicos, el báculo, el anillo de obispo y la cruz pectoral, con una reliquia de San Torcuato

La diócesis de Guadix estará muy presente en la consagración episcopal de monseñor Patricio Larrosa como obispo de Danlí. Y no solo en la ordenación, sino en todo su ministerio, pues el clero de la diócesis accitana le ha regalado a monseñor Patricio las insignias episcopales que portará en la celebración: el báculo, la mitra, el anillo de obispo y la cruz pectoral. Estas insignias identifican a un obispo, representando su autoridad y, sobre todo, su misión pastoral de servicio y de entrega a la diócesis.

Cuando se conoció la noticia, el clero diocesano quiso hacerle un regalo a monseñor Patricio, natural de Huéneja, que se formó en el Seminario san Torcuato y que ha sido misionero de la diócesis durante más de 34 años, en Honduras. Y se decidió que lo mejor era regalarle la mitra, el báculo, la cruz pectoral y el anillo, para que tuviese siempre muy presente a la diócesis de donde ha salido. Y así ha sido.

Elaborados en Córdoba por reconocidos artesanos, las insignias regaladas son sencillas, pero de calidad. Y todas tienen alusiones a la diócesis accitana. Destaca la cruz pectoral, que incluye una pequeña reliquia de San Torcuato, el Patrón de la diócesis y el primer obispo en tierra española.

Un báculo de gran tamaño, pues monseñor Patricio es alto, un anillo de obispo y un juego de mitras, con los colores litúrgicos, completan el regalo que le ha ofrecido el clero diocesano, con las aportaciones que han hecho los sacerdotes de la diócesis.

El obispo de Guadix fue el encargado de llevarlas y fueron bendecidas por el nuncio de Su Santidad, monseñor Simón Bolívar, en la Misa de juramento y profesión de fe, celebrada el pasado 23 de julio.

En la ordenación episcopal, seguro que monseñor Patricio llevará también la casulla que le ha regalado su pueblo natal de Huéneja y que le entregaron hace unas semanas, antes de que partiera para Honduras.

Con todos estas insignias y con esa reliquia de San Torcuato, la diócesis de Guadix y su pueblo de Huéneja seguirán estando muy cerca del corazón de monseñor Patricio en esta nueva etapa que ahora comienza como obispo de Danlí.

La consagración episcopal es este 25 de julio, a las 6 de la tarde hora española, en Danlí (Honduras). Quienes lo deseen, pueden seguir la celebración en directo en este enlace de Suyapa Medios: //www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams«>https://www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams>

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Hoy es el día: el huenejero Patricio Larrosa será consagrado obispo de Danlí, en Honduras

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Hoy es el día: el huenejero Patricio Larrosa será consagrado obispo de Danlí, en Honduras

 

La celebración será a las 6 de la tarde, hora española, y se podrá seguir por Internet

Llegó el día. Este 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, el misionero Patricio Larrosa será consagrado como obispo de Danlí, en Honduras. Patricio es natural de Huéneja y lleva en Honduras más 34 años, donde fue para tener una experiencia de misión y quedó atrapado por los hondureños y por la gran labor que realiza allí, ayudando a unos 10.000 niños y jóvenes cada año a cursar sus estudios y salir de la pobreza. Hace unos meses, el papa León XIV se fijó en él y lo nombró obispo de Danlí y hoy será su ordenación episcopal, a las 6 de la tarde, hora española, que en Honduras serán las 10 de la mañana.

Danlí es una diócesis joven, cerca de Tegucigalpa, con pocas parroquias, pero con medio millón de fieles. Patricio será el segundo obispo de esta diócesis de reciente creación, joven en historia, con mucha gente joven también y con mucho futuro.

Hasta Danlí, se han desplazo algunos para acompañarlo en esta Misa de consagración episcopal: el obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco; el obispo de Getafe, monseñor Ginés García, que fue compañero de estudios de Patricio; Manuel Millán, canciller, que también fue compañero de seminario; José Francisco Serrano, vicario general, que es paisano; Ramón Martínez, que fue compañero en la misión; el párroco de Orce, José Antonio López, que está viviendo unos días en la misión de Honduras, ayudando; y algunos familiares. Todos han hecho un gran esfuerzo, pues Honduras está lejos y no es fácil llegar. Sin duda, Patricio también estará arropado por los de aquí.

A la ordenación, asistirán obispos de Honduras, el nuncio y sacerdotes del país, pues Patricio es muy conocido allí, por la gran labor que hace, y también muy querido. La celebración será en la Universidad Católica de Honduras, que está en Danlí y se espera que sean varios miles de personas los que asistan a este acontecimiento, tanto de Tegucigalpa, donde Patricio ha sido en los últimos años vicario general, como de los lugares de misión y colegios que él ha ayudado a crear.

“El episcopado no es un premio” sino una llamada a continuar la misión, le vino a decir el nuncio del papa en Honduras, monseñor Simón Bolívar, en la Misa de juramento y profesión de fe, el pasado 23 de julio. Y así lo vivirá Patricio, seguro.

Quienes deseen seguir la celebración en directo, pueden hacerlo en este enlace de Suyapa Medios: //www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams«>https://www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams>

 

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Hoy es el día: el huenejero Patricio Larrosa será consagrado obispo de Danlí, en Honduras

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Hoy es el día: el huenejero Patricio Larrosa será consagrado obispo de Danlí, en Honduras

 

La celebración será a las 6 de la tarde, hora española, y se podrá seguir por Internet

Llegó el día. Este 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, el misionero Patricio Larrosa será consagrado como obispo de Danlí, en Honduras. Patricio es natural de Huéneja y lleva en Honduras más 34 años, donde fue para tener una experiencia de misión y quedó atrapado por los hondureños y por la gran labor que realiza allí, ayudando a unos 10.000 niños y jóvenes cada año a cursar sus estudios y salir de la pobreza. Hace unos meses, el papa León XIV se fijó en él y lo nombró obispo de Danlí y hoy será su ordenación episcopal, a las 6 de la tarde, hora española, que en Honduras serán las 10 de la mañana.

Danlí es una diócesis joven, cerca de Tegucigalpa, con pocas parroquias, pero con medio millón de fieles. Patricio será el segundo obispo de esta diócesis de reciente creación, joven en historia, con mucha gente joven también y con mucho futuro.

Hasta Danlí, se han desplazo algunos para acompañarlo en esta Misa de consagración episcopal: el obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco; el obispo de Getafe, monseñor Ginés García, que fue compañero de estudios de Patricio; Manuel Millán, canciller, que también fue compañero de seminario; José Francisco Serrano, vicario general, que es paisano; Ramón Martínez, que fue compañero en la misión; el párroco de Orce, José Antonio López, que está viviendo unos días en la misión de Honduras, ayudando; y algunos familiares. Todos han hecho un gran esfuerzo, pues Honduras está lejos y no es fácil llegar. Sin duda, Patricio también estará arropado por los de aquí.

A la ordenación, asistirán obispos de Honduras, el nuncio y sacerdotes del país, pues Patricio es muy conocido allí, por la gran labor que hace, y también muy querido. La celebración será en la Universidad Católica de Honduras, que está en Danlí y se espera que sean varios miles de personas los que asistan a este acontecimiento, tanto de Tegucigalpa, donde Patricio ha sido en los últimos años vicario general, como de los lugares de misión y colegios que él ha ayudado a crear.

“El episcopado no es un premio” sino una llamada a continuar la misión, le vino a decir el nuncio del papa en Honduras, monseñor Simón Bolívar, en la Misa de juramento y profesión de fe, el pasado 23 de julio. Y así lo vivirá Patricio, seguro.

Quienes deseen seguir la celebración en directo, pueden hacerlo en este enlace de Suyapa Medios: //www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams«>https://www.youtube.com/@suyapamedios4632/streams>

 

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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En torno a la festividad de San Joaquín y Santa Ana, la Iglesia celebra este domingo el Día de los Abuelos y Mayores

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«Yo no te olvidaré» (Is 49,15) es el tema elegido por el Santo Padre para la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, con el cual se pretende subrayar que el amor de Dios por cada persona nunca falla, ni siquiera en la fragilidad de la vejez.

Tomado del libro del profeta Isaías, el versículo elegido es un mensaje de consuelo y esperanza para todos los abuelos y personas mayores, especialmente para aquellos que viven en soledad o se sienten olvidados. Al mismo tiempo, es un llamamiento a las familias y a las comunidades eclesiales para que no los olviden, reconociendo en ellos una presencia valiosa y una bendición.

La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, instituida por el papa Francisco en 2021, se celebra cada cuarto domingo de julio y pretende ser una ocasión para hacer llegar a las personas mayores la cercanía de la Iglesia y valorar su contribución en las familias y en las comunidades. Este año, la fecha coincide con la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, el domingo 26 de julio, y el Santo Padre invita a celebrar la Jornada con una liturgia eucarística en la iglesia catedral de cada diócesis.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida exhorta a las Iglesias particulares, a las asociaciones y a las comunidades eclesiales de todo el mundo a encontrar la manera de valorizar la Jornada en su propio contexto local y, para ello, pondrá a disposición algunos instrumentos pastorales específicos.

Un kit pastoral al servicio de las comunidades de todo el mundo

Con motivo de la difusión del Mensaje, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida pone a disposición un kit pastoral para apoyar a las diócesis, parroquias, congregaciones y asociaciones de todo el mundo en la celebración de esta Jornada. El material —que contiene el Mensaje del Santo Padre, la oración oficial, las orientaciones pastorales, un material litúrgico y el logotipo de la Jornada— ofrece instrumentos y sugerencias para poner en práctica el deseo expresado por el Papa en el Mensaje: «Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita. Llévenles, junto con este mensaje y su presencia, la cercanía y el afecto del Papa. Háganlo de tal modo que las palabras del profeta “Yo nunca te olvidaré” adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro».

Una celebración eucarística y la visita a los ancianos solitarios

Como es habitual, se propone que la celebración de la Jornada se articule en torno a dos gestos fundamentales: una liturgia eucarística dedicada a los ancianos y la visita a los más solitarios de la propia comunidad, a quienes entregar el Mensaje del Santo Padre junto con un gesto de cercanía. En esta sexta edición se subraya con especial énfasis la dimensión de la cercanía hacia quienes viven solos y quienes no reciben visitas: cuando se visite una institución, se recomienda acercarse también a los ancianos postrados en sus habitaciones, para que a nadie le falte el mensaje de consuelo que la Jornada quiere expresar.

La facultad de cambiar la fecha de la celebración

En el documento se da a conocer además la disposición del Santo Padre, ya comunicada a todas las conferencias episcopales: la fecha habitual de la celebración de la Jornada sigue siendo el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús; sin embargo, si las necesidades pastorales específicas lo sugieren, las conferencias episcopales tienen la facultad de cambiar la celebración a una fecha diferente. En cada diócesis, se invita al obispo a celebrar la Jornada en la Iglesia catedral.

Farrell: en cada edad somos hijos, miembros vivos de la comunidad cristiana

El cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, invita a las personas mayores a celebrar la Jornada con la alegría de sentirse hijos amados por Dios y subraya que «redescubrirse como hijos a cualquier edad es un llamado para que todas las personas mayores profundicen en su vocación y se sientan —en cada etapa de la vida— miembros vivos de la comunidad cristiana y corresponsables de su misión».

Materiales para compartir con el fin de promover la Jornada en las Iglesias locales

El kit pastoral está disponible en el sitio web del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Todos los materiales se pueden descargar gratuitamente y son útiles para compartir y promover la Jornada de cara a la celebración en las parroquias y diócesis, a nivel local, nacional o internacional.

El Dicasterio invita además a las comunidades a dar a conocer las iniciativas organizadas para la ocasión escribiendo a la dirección anziani[at]laityfamilylife.va o compartiéndolas en las redes sociales con el hashtag #AbuelosyMayores.

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV PARA ESTA JORNADA

Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores 2026: «Gratitud colmada de gestos de ternura»

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El sol de julio entra, oblicuo y dorado, por los balcones entornados de la vieja casa. Las maderas crujen levemente. En la penumbra del cuarto reposa un libro con las hojas gastadas y un reloj de pared desgrana su tictac parsimonioso. Todo en la estancia respira quietud, permanencia, memoria. El tiempo, para la persona mayor, no corre veloz como el agua de los torrentes; se remansa, se vuelve contemplación, se torna sabiduría silenciosa. Vemos al abuelo sentado en su sillón de siempre, con las manos nudosas descansando sobre las rodillas. Esas manos han labrado la tierra, han acariciado cunas, han escrito cartas que el tiempo fue amarilleando. Miramos al anciano y comprendemos la hondura de las pequeñas cosas cotidianas. La vejez no es una ausencia de vida, sino una plenitud callada.

La VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores se celebra el próximo 26 de julio, coincidiendo con la festividad litúrgica de San Joaquín y Santa Ana. Esta conmemoración eclesial, consolidada en el calendario, nos invita a situar la vejez en el centro de nuestras comunidades y hogares. Fue el Papa Francisco quien, con mirada providencial, instituyó esta cita anual para recordarnos que la marginación de los mayores corrompe todas las estaciones de la existencia. Bergoglio insistió con fuerza en que los ancianos representan las raíces vivas de nuestra historia, ese hilo invisible que une el pasado con el porvenir. La Iglesia, bajo su guía, nos enseñó a no dejar solas a las personas mayores, a combatir la cultura del descarte con la calidez del encuentro familiar.

Hoy el testigo de esa dulce preocupación pastoral lo recoge con idéntica ternura León XIV. En el horizonte de la VI Jornada Mundial, el Santo Padre, el pasado 15 de junio, nos dirigió su mensaje para advertirnos sobre la dolorosa experiencia del olvido que atenaza a tantos ancianos. El Papa nos llama a descubrir la fuerza de la fragilidad, recordándonos que las limitaciones físicas no disminuyen la dignidad humana, sino que abren cauces para una misión espiritual altísima: la oración perseverante por la paz del mundo.

El magisterio de la debilidad se alza así frente al orgullo de una sociedad desbocada. Nos viene a la memoria el verso preclaro de José María Pemán, que supo cantar con hondura lírica e hidalguía los misterios de las cosas entrañables de nuestra patria. Decía el gran poeta con sutil sabiduría: «La juventud es un soplo; la vejez es una cumbre donde el alma reposa mirando al cielo con la paz de la tarde cumplida». ¡Qué exacta verdad encierran estas palabras si las miramos a la luz del atardecer! Los abuelos son esas cimas iluminadas por los últimos rayos del sol. No hay en ellos la prisa del sembrador, sino la sosegada paz del recolector que contempla el grano limpio. No se puede mirar a un anciano sin sentir el respeto sagrado que infunden los templos antiguos. No bastan, sin embargo, los discursos bellos ni las palabras solemnes escritas sobre el papel. La jornada del 26 de julio debe traducirse en la menudencia de la vida ordinaria, en la geografía íntima de nuestros barrios y escaleras. La verdadera piedad cristiana y humana se demuestra con pequeños detalles palpables.

Cuidar de nuestros mayores implica detener el paso apresurado del día para regalarles lo más valioso que poseemos: nuestro tiempo. Pongamos nombres concretos a las intenciones: una visita pausada, sentándose a la vera de la cama o del sofá, simplemente para escuchar una historia mil veces repetida. Una llamada telefónica a mitad de la tarde, rompiendo el espeso silencio de un piso solitario. El gesto de acompañar a la abuela al parque, sujetando su brazo tembloroso con paciencia infinita. Preparar la mesa compartiendo el pan cotidiano, trayendo la risa de los nietos al comedor del anciano. Estos actos mínimos, aparentemente insignificantes, son los que verdaderamente sostienen el edificio de la civilización. Cuando besamos la frente de un anciano, estamos rescatando nuestra propia humanidad.

Vuelve el silencio a la estancia. La luz de la tarde va declinando lentamente tras los cerros lejanos. El anciano cierra los ojos con placidez, mecido por el susurro de la brisa que a veces nos regala el estío. En su rostro arrugado se dibuja la paz de quien lo ha dado todo. No permitamos que esa paz se trueque en amargura por culpa de nuestra indiferencia. Celebremos esta VI Jornada Mundial acudiendo al encuentro de nuestros abuelos. Hagámoslo con la certeza de que, al cuidar de sus vidas frágiles, estamos custodiando el tesoro más limpio y noble de nuestra propia alma.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

‘Yo no te olvidaré’

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Celebramos el domingo 26 de julio la fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana. En esta fecha tiene lugar también la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que el papa León XIV ha querido poner bajo una promesa de Dios llena de consuelo: «Yo no te olvidaré» (Is 49,15). Son palabras dirigidas a quienes experimentan el peso de los años, la enfermedad, la pérdida de autonomía o la soledad. Pero son también una llamada a las familias, a las comunidades cristianas y a toda la sociedad. Dios no olvida a ninguno de sus hijos. Tampoco nosotros podemos olvidar a quienes nos han precedido, nos han cuidado y han entregado su vida para que nosotros pudiéramos avanzar.

El profeta Isaías presenta a Dios con entrañas maternales. Aunque una madre llegara a olvidarse del hijo de sus entrañas, el Señor nunca se olvidaría de nosotros (cf. Is 49,15-16). Cada persona posee ante Dios una dignidad que nada puede borrar. El Santo Padre recuerda que estas palabras responden al dolor de quien llega a pensar: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14). Este sentimiento puede aparecer con especial intensidad durante la ancianidad, cuando disminuyen las fuerzas, se pierden seres queridos y parece que la sociedad continúa sin contar con quienes ya no pueden seguir su ritmo. Frente a esta tentación, Dios repite personalmente a cada uno: «Nunca te olvidaré».

Nuestro mundo se caracteriza por la rapidez, la productividad y la búsqueda del beneficio inmediato. Se valora a las personas por lo que producen o pueden aportar materialmente. Desde esta lógica, los mayores corren el peligro de ser considerados una carga. En ocasiones, su singularidad queda reducida al número de una habitación o a una patología. El Papa denuncia este anonimato que cubre las vidas con el velo del olvido. La dignidad de una persona no depende de su salud, de sus capacidades ni de su rendimiento. Procede de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, redimida por Cristo y llamada a la vida eterna. Una sociedad verdaderamente humana se reconoce por el modo en que cuida a sus miembros más frágiles.

Por eso, esta Jornada debe llevarnos a revisar nuestra conducta. No basta con manifestar afecto a los mayores una vez al año. Hemos de acompañarlos, escucharlos, visitarlos y permitirles ocupar el lugar que les corresponde en la familia y en la comunidad cristiana. Una visita puede parecer un gesto pequeño, pero es capaz de transformar una jornada y aliviar una soledad prolongada. En medio de una cultura digital que multiplica las conexiones, seguimos necesitando la presencia concreta, la mirada atenta y la palabra afectuosa. Los abuelos son memoria viva de la familia. Transmiten historias, valores, costumbres y experiencias que ayudan a las generaciones jóvenes a conocer sus raíces. Muchos han sido y son verdaderos catequistas en el hogar: han enseñado las primeras oraciones, han llevado a sus nietos a la iglesia y han mantenido encendida la fe durante tiempos difíciles.

Queridos mayores: la Iglesia os necesita. Necesita vuestra experiencia, vuestra paciencia y vuestra capacidad para distinguir lo esencial de lo secundario. Necesita especialmente vuestra oración. Cuando las fuerzas disminuyen, la misión cristiana no termina. Puede comenzar una fecundidad más silenciosa. La oración de una persona anciana sostiene a su familia y fortalece a la Iglesia. No tengáis miedo de la fragilidad. La ancianidad puede convertirse también en una etapa privilegiada para reencontrarse con Dios. Nunca es demasiado tarde para volver a la oración, recibir los sacramentos, reconciliarse con una persona o retomar una vida de fe. En esta Jornada deseo agradecer a las familias que cuidan con amor a sus mayores, con generosidad. Agradezco a los sacerdotes, religiosos, profesionales sanitarios, cuidadores, voluntarios y trabajadores de residencias que los atienden con delicadeza. Invito a nuestras parroquias a intensificar una pastoral de acompañamiento que no permita que ninguna persona mayor permanezca abandonada.

Encomendamos a todos los abuelos y mayores a los santos Joaquín y Ana. Que ellos protejan a nuestras familias y nos enseñen a tender puentes entre las generaciones. Pidamos a la Virgen María que acompañe a quienes viven la última etapa de su peregrinación terrena. Queridos mayores, gracias por vuestra vida, vuestro testimonio y vuestra oración. El Señor os renueve en la fe, en la esperanza y en la caridad. Él permanece a vuestro lado y hoy os dice con ternura: «Yo no te olvidaré».

† José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

“Hemos nacido para el cielo y nuestro bebé está en manos de Dios”

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Iñigo Prieto y su esposa esperan que su bebé sea trasplantado por una patología a la solo sobrevivieron 7 niños en el mundo

Iñigo y Diana tienen seis hijos. Justo antes de nacer el sexto, el día 30 de abril de 2025, su vida dio un giro de 180º al conocer que su esposa no tenía nada de líquido amniótico en la barriga y que su bebé corría peligro. Iñigo, que es profesor de Secundaria en Córdoba, se encontraba trabajando cuando recibió la llamada de Diana llorando porque, cuando ambos pensaban que todo iba normal y que el embarazo seguía su curso, los médicos le pidieron una nueva cita en medicina fetal para realizar unas pruebas y valorar qué ocurría. El diagnóstico no se hizo esperar: el bebé padecía agenesia renal bilateral, una malformación congénita grave caracterizada por la ausencia de ambos riñones al nacer. Se detecta habitualmente mediante ecografías de rutina durante el embarazo. Lamentablemente, la agenesia renal bilateral no es compatible con la vida extrauterina debido a la grave insuficiencia respiratoria derivada de la hipoplasia pulmonar y la falta de función renal. La mayoría de los fetos fallecen antes de nacer o pocas horas o días después del parto. En el caso de Iñigo, no ha sido así y once meses después, mantiene su lucha por vivir gracias al Hospital de la Paz de Madrid que se puso en contacto con la familia para “apostar por la vida”, como destaca el padre del bebé quien a su vez muestra un profundo agradecimiento a todos los profesionales que durante estos once meses se han volcado “valientemente” con su hijo.

“Cuando nos dijeron el problema que tenía nuestro hijo, nos pusimos a llorar y salimos un rato al pasillo para poder respirar un poco, pero seguidamente entramos para hablar con el médico que nos comentó que teníamos dos opciones, esperar a que el bebé falleciera en el vientre o después de nacer o abortar, algo que como cristianos no contemplamos en ningún momento”, confiesa Iñigo, quien también reconoce que el colapso que sufrieron duró unos días gracias a la fe y a la confianza plena en Dios que la familia tiene.

Justo cuando estaban analizando la situación, Iñigo encontró en internet el caso de una niña de Estados Unidos que estaba vive y que tenía ya siete años. Indagó en esto, se puso en contacto con la familia y con profesionales con los que, tras muchas reuniones, llegó un programa de amnioinfusiones. Se trata de pinchazos periódicos en el vientre de la madre para depositar suero con antibiótico en sustitución del líquido amniótico. Como en Córdoba no tenían esta alternativa, una amiga ginecóloga lo expuso en un grupo que tenía con otros colegas y fue un ginecólogo quien se ofreció a realizar el seguimiento de esta madre en el hospital de La Paz de Madrid. “Decidieron iniciar el procedimiento de amnioinfusiones y seguir adelante con el parto. Cuando Iñigo nació, lo llevaron a la UCI, lo intubaron directamente y le cogieron unas cánulas en el cuello para conectarlo a un hemofiltro, que saca y devuelve la sangre”, recuerda su padre. Al día siguiente vivieron el primer momento crítico. El recién nacido saturaba al 50% y las probabilidades de que falleciera eran muy altas, por lo que sin tiempo para esperar que llegara el capellán, decidieron bautizarlo en la propia UCI, en un momento que, según Iñigo, fue muy íntimo y de gran recogimiento. Su hijo sobrevivió, aunque aún quedaba camino por delante cargado de operaciones e intervenciones muy duras que todavía hoy permanecen, porque el bebe está 14 horas al día conectado a la máquina. Mientras tanto, sus padres han permanecido todo el año a caballo entre Córdoba y Madrid, cada semana estaba uno de los dos con el resto de niños para mantenerle su rutina y alterarles su vida lo menos posible ante la situación. Una situación que a pesar de la dureza, a ellos les ha servido para afianzar más aún su matrimonio y saber que la fe y el abrazo a la Cruz todo lo puede. “Hemos llorado juntos, nos hemos abrazado, nos hemos apoyado y esta situación nos ha unido mucho tanto como matrimonio como en la oración. Hemos vivido y estamos viviendo algo muy duro, pero hemos recibido una paz del Señor muy grande de la mano del Espíritu Santo, que nos ha hecho comprender que hemos nacido para el cielo y solo Dios sabe cuándo y cómo iremos al cielo. Por lo tanto, estamos enormemente agradecidos a toda la Iglesia porque sabemos que hay conventos, misioneros, comunidades, vecinos, compañeros de trabajo y gente altruista que reza cada día por nosotros y por nuestros hijos, a los que esto les ha servido para conocer el cielo y las circunstancias. Estamos muy agradecidos y queremos contarlo para ayudar a otros padres que pasen por esto”, explica Iñigo. Su hijo es uno de los ocho bebés en todo el mundo que sobrevive a su patología. Ahora aguarda un trasplante de riñón que le otorgue condiciones normales, pero tendrá que esperar hasta alcanzar un mínimo de diez kilos y aproximadamente dos años. Mientras tanto, su familia lo describe como un niño risueño, al que le rodea una gran comunidad rezando día tras día por él y por toda su familia.

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