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Lecturas del Domingo XXV del Tiempo Ordinario (ciclo A)

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Lecturas del Domingo XXV del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Lecturas del Domingo XXV del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Mis planes no son vuestros planes.

Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.

Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—.

Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.

 Salmo

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18

R/. Cerca está el Señor de los que lo invocan.

– Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.

– El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

– El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27ª

Para mí la vida es Cristo

Hermanos:

Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.

Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:

“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

“Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”.

Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña».

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:

“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Comentario de Antonio J. Guerra

La parábola de los trabajadores de la viña responde a la pregunta que Pedro ha formulado a Jesús, un poco antes del texto proclamado hoy, a propósito del premio que recibirán los apóstoles por seguirle (Mt 19,27). La liturgia, a fin de prepararnos para la enseñanza de la parábola, nos propone la lectura de Isaías donde Dios afirma que: “Mis planes no son vuestros planes”. En el Evangelio es fácil identificar en el dueño que contrata para su viña a los trabajadores, al mismo Dios que invita a todos a trabajar en su Reino. Jesús plantea las reflexiones más profundas en forma de “cuento” – parábola con el fin de que el que las escuche las vaya asimilando adecuadamente. De la de hoy podemos extraer varias características de Dios: 1. generosidad sin límites para con todos (contratación de los parados a última hora y pago del salario total); 2. Dios “paga” en función a su bondad, no a nuestros méritos. Mientras nuestra mentalidad nos lleva a contabilizar las “horas” que trabajamos para Dios, y en especial, tener una fijación por las “horas” que los demás dedican al Señor, la mentalidad de Dios va por otro lado, porque Él no se rige tanto por la justicia de nuestro mundo, sino por la gratuidad sin límites. Que la Eucaristía nos ayude a contemplar la generosidad de Dios y a sentir su Bondad y su Misericordia, para que poco a poco nos sintamos orgullosos de trabajar para su viña, y experimentemos la alegría de trabajar para Él. Que Jesús, Camino, Verdad y Vida nos enseñe a sentirnos hijos de este Padre Bueno que nos necesita para su viña.

Para profundizar:

  1. ¿Soy de los que creen en las promesas de Dios, o de los que creen en el Dios de las promesas?
  2. ¿Cuál es la recompensa que considero justa por parte de Dios?
  3. ¿Soy consciente que Dios nos llama para que trabajemos para Él?

 

 

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Los centros de estudios teológicos diocesanos inauguran un nuevo curso

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Los centros de estudios teológicos diocesanos inauguran un nuevo curso

Esta mañana se ha celebrado la Eucaristía y el acto académico de apertura del curso en los centros de estudios teológicos diocesanos.

El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha presidido esta mañana la Eucaristía con la que daba comienzo la inauguración oficial del nuevo curso académico en los centros de estudios teológicos diocesanos: el Instituto Teológico San Fulgencio, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Fulgencio y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Dámaso en su sede a distancia en Murcia.

«Venimos a conocer mejor al Señor, comprender mejor la fe de la Iglesia y prepararnos mejor para servir a los hombres y a las mujeres a los que somos enviados», decía el obispo en su homilía, destacando que el fin último de la formación de sacerdotes, laicos y religiosos es la misión, anunciar el Evangelio a los demás. Algo para lo que el encuentro personal con Cristo es primordial: «La Iglesia necesita evangelizadores bien formados, pero necesita sobre todo personas enamoradas de Cristo; la primera asignatura de este curso es encontrarnos con Cristo una vez más».

Mons. Lorca también ha subrayado la necesidad de hacer vida lo estudiado y animaba a los estudiantes a realizar a Dios esta petición: «Señor, que todo lo que estudie pase también al corazón y de mi corazón a los demás; que la teología nos ayude a vivir con Dios y desde Dios». Por último, ha exhortado a los presentes a profundizar en la oración: «Podemos terminar el curso sabiendo más teología, más Sagrada Escritura, más filosofía, más pastoral, y sin embargo no haber crecido suficientemente como discípulos; cuanto más profundicemos intelectualmente en el misterio de Dios, más necesitaremos arrodillarnos ante el misterio».

Al término de la homilía ha tenido lugar el juramento de un nuevo profesor, en este caso del área de Filosofía: el sacerdote Carlos Casero, que ha realizado la profesión de fe y el juramento de fidelidad a la Iglesia, firmando el cargo ante el obispo.

Una vez concluida la Eucaristía, comenzaba en el aula magna del Instituto Teológico San Fulgencio el acto académico.

Antonio Andreu Andreu, director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Dámaso en su extensión de Murcia, describía el nuevo curso teológico como «una oportunidad apasionante», especialmente para los laicos que conforman su alumnado. «Los retos que se nos presentan son enormes en una sociedad que mira con sospecha a la Iglesia y a la fe, el laico cristiano tiene que estar en primera fila para ser la punta de lanza de la nueva evangelización».

El director del Instituto Teológico San Fulgencio y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Fulgencio, Juan Carlos García Domene, ha anunciado varias novedades en sus centros, entre ellas la visita apostólica que recibirán el próximo curso, la renovación por otros cinco años de la afiliación a la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, la apertura en enero del aula senior de Teología; o el trabajo que se ha empezado a realizar para fusionar los dos centros, con el proyecto de que la docencia de los cursos institucionales pase a ser vespertina.

La lección inaugural ha corrido a cargo de Francisco Javier Marín Marín, secretario general y profesor del Instituto Teológico San Fulgencio, sobre La inteligencia eclesial y transdisciplinar de la fe; demos vítores al pez que nos salva, que en palabras del ponente puede condensarse en una idea: «Recapitular todas las cosas en Cristo y aspirar a ser uno en él, pero Cristo no es el pez».

El acto ha concluido con la entrega de los reconocimientos y distinciones a la excelencia académica, así como de los títulos de los graduados del pasado curso académico y de los reconocimientos extraordinarios.

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Catequesis y misión, en “El Espejo”

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Catequesis y misión, en “El Espejo”

Programa emitido en COPE Granada, el 14 de septiembre de 2026.

Disponible el programa “El Espejo de la Iglesia de Granada”, emitido hoy 18 de septiembre de 2026, en COPE Granada. Hablamos con el director de Obras Misionales Pontificias (OMP), D. José María Calderón, con motivo de su participación en el Encuentro de catequistas, que tiene lugar mañana sábado, organizada por esta Delegación diocesana. Hablamos de misión catequética y la tarea de sus catequistas.

También conocemos un poco más el Opus Dei, de la mano del libro “El Opus Dei sin filtros”, con cuyo autor, Jack Valero, conversamos en la entrevista. El libro se ha presentado esta semana en Granada. Jack Valero es escritor y director de la Oficina de Comunicación del Opus Dei en el Reino Unido desde hace 25 años, así como fundador, junto a otros compañeros, de Catholic Voices.

ESCUCHAR PROGRAMA

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ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 18-09-2026

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ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 18-09-2026

ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 18-09-2026

Un resumen de la actualidad en la Archidiócesis de Sevilla.

Edición del viernes 18 de septiembre de 2026.

La Buena Noticia de la Iglesia en imágenes.

 

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Citas vocacionales para septiembre

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Citas vocacionales para septiembre

Citas vocacionales para septiembre

Nadie duda que marzo es el mes del Seminario por excelencia, no en vano, se celebra el día de su patrón, san José. No obstante, también el mes de septiembre tiene ciertamente un carácter vocacional, porque son varios los actos que ponen el acento en los seminaristas.

El primero es la ordenación diaconal del próximo sábado, 26 de septiembre. La Eucaristía será presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, en la Catedral hispalense, a las once de la mañana. Los ordenandos son: Carlos Javier Corento, de 34 años (Mairena del Aljarafe); Elder João Tavares, de 26 años (Cabo Verde), y Javier Garrido, también de 26 años (Dos Hermanas), del Seminario Metropolitano, y Fabio Martarelli, de 50 años (Ossimo, Italia), del Redemtoris Mater.

Además, el diácono Pedro Lu será ordenado sacerdote.

Toma de cruces

Al día siguiente, serán más de una decena los nuevos seminaristas que tomen sus cruces, iniciando así su formación para ser sacerdotes. Por su parte, los seminaristas menores recibirán sus pergaminos acreditando su ingreso en el Seminario Menor en Familia.

La ceremonia, presidida por el obispo auxiliar, monseñor Teodoro León, tendrá lugar en la Parroquia de la Magdalena de Sevilla a las ocho de la tarde.

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“Discípulos y misión catequética”

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“Discípulos y misión catequética”

Número de esta semana, correspondiente al 20 de septiembre de 2026.

En este número del Semanario Fiesta Digital de Granada y Guadix, dedicamos el tema principal a la Jornada de catequistas organizada por la Delegación diocesana de Granada, como inicio de curso, para la preparación en la misión catequética, de la mano de Obras Misionales Pontificias (OMP).

También os ofrecemos otros contenidos, como las noticias del voto de la ciudad de Granada al Cristo de san Agustín, las ordenaciones diaconales de dos seminaristas combonianos y la devoción a la Virgen de las Angustias. 

Pueden leer más contenidos EN ESTE ENLACE  

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La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo

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La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo

La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo

La Universidad de Huelva celebró hoy, 18 de septiembre, la Misa de Apertura del Curso Académico 2026-2027, presidida por el obispo de Huelva, monseñor Santiago Gómez Sierra, en la Iglesia Universitaria Santa María Sedes Sapientiae.

La celebración contó con la participación de representantes de la Universidad de Huelva y de otras instituciones, así como del delegado de Pastoral Universitaria, D. Enrique Uzcátegui Rodríguez; el rector del Seminario Diocesano, D. Juan José Feria Toscano; y el sacerdote D. Ignacio Virseda.

Durante su homilía, centrada en la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30), el obispo invitó a estudiantes, profesores e investigadores a hacer fructificar los dones recibidos, poniéndolos al servicio de la verdad y de la sociedad.

Monseñor Santiago destacó que la Eucaristía «no es un paréntesis religioso dentro de la vida universitaria», sino una verdadera escuela de vida, donde se aprende que el conocimiento y los talentos alcanzan su plenitud cuando se ponen al servicio de los demás.

La celebración puso de manifiesto el compromiso de la Pastoral Universitaria con el acompañamiento espiritual de la comunidad académica y con la construcción de una universidad abierta al diálogo, la verdad y el bien común.

Homilía íntegra del Obispo de Huelva

Hermanos y hermanas, amados todos por el Señor:

Comenzamos un nuevo curso. Para unos será un curso de esfuerzo y de exámenes; para otros, de investigación o de decisiones importantes. Y precisamente por eso me parece muy apropiado el Evangelio que acabamos de escuchar: la parábola de los talentos.

Un hombre se marcha de viaje y, antes de irse, llama a sus servidores. A uno le entrega cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Y se marcha. Lo interesante es que el señor no les entrega a todos lo mismo: a uno le da cinco, a otro dos y a otro uno. Y después se va. No les entrega un manual de instrucciones. No les dice exactamente qué tienen que hacer. Confía en ellos.

Aquí comienza una de las grandes preguntas de la vida universitaria, pero también de toda vida humana: ¿qué hacemos con lo que hemos recibido? Porque todos hemos recibido algo. Unos tienen facilidad para investigar; otros, para enseñar. Hay quien tiene talento para las ciencias, quien lo tiene para las humanidades, para el arte, para la tecnología, para la gestión, para acompañar personas, para cuidar, para organizar, para crear. Y hay talentos que no aparecen en ningún expediente académico: la paciencia, la capacidad de escuchar, la generosidad, la aptitud para trabajar con otros, la sensibilidad ante quien sufre. Incluso las preguntas que todavía no sabemos responder pueden ser unos talentos, porque nos mantienen buscando.

Existe una pregunta que, al comenzar un nuevo curso en la universidad, me puedo hacer: ¿en qué persona me estoy convirtiendo? Porque puedo tener un magnífico expediente y no saber para qué quiero vivir. Puedo no saber qué hacer con mi propia inteligencia y mi propia libertad. La universidad tiene una misión preciosa: ayudarnos a conocer la realidad. Pero conocer la realidad debería llevarnos también a preguntarnos qué hacemos con ella.

Por eso, la parábola de Jesús nos dice: no entierres lo que has recibido. Hazlo fructificar. El estudiante tiene unos talentos: que los ponga al servicio de la verdad. El profesor tiene unos talentos: que los ponga al servicio de sus alumnos. El investigador tiene unos talentos: que los ponga al servicio del conocimiento y, en último término, de la sociedad. Quien tiene responsabilidades de gobierno tiene talentos que están llamados al servicio del bien común. Y quienes colaboráis en la pastoral universitaria tenéis también un talento particular: ofrecer un espacio donde pueda escucharse la pregunta por el sentido, por Dios y por Jesucristo. Porque una universidad no necesita solamente personas que sepan mucho. Necesita también personas que sepan para quién y para qué ponen su conocimiento.

Pero hay algo más profundo en la parábola. Podríamos quedarnos aquí y convertir el Evangelio en una especie de consejo para mejorar nuestro rendimiento: «Esfuérzate más. Trabaja más. Aprovecha tus capacidades». Pero Jesús está hablando de algo mucho más profundo. Porque el problema del tercer servidor de la parábola no es simplemente que haya trabajado poco. Fijaos en sus palabras: «Señor, sé que eres un hombre duro… tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra».

Tuve miedo.

Ese es el verdadero problema: el miedo. Miedo a equivocarse, a no estar a la altura, a fracasar, a perder, a que los demás descubran nuestras limitaciones. Y entonces uno hace algo aparentemente prudente: entierra el talento. También nosotros podemos enterrar talentos por miedo. Y aquí aparece Jesús, que ha venido a decirnos: «No tengáis miedo».

Esta palabra atraviesa todo el Evangelio: no tengáis miedo. No tengáis miedo de preguntar, de amar, de entregar vuestra vida. No tengamos miedo, porque el primer talento que hemos recibido es Cristo.

Cuando escuchamos hablar de talentos, quizá pensamos inmediatamente en nuestras capacidades. Pero para un cristiano hay un don infinitamente mayor. El gran talento que hemos recibido es Jesucristo. Dios no nos ha dado solamente cosas y capacidades personales. Dios se nos ha dado a sí mismo.

Eso es lo extraordinario de nuestra fe. Dios no se ha quedado lejos, enviándonos instrucciones desde el cielo. Ha entrado en nuestra historia. Tiene un rostro, una voz, unas manos, un corazón humano. Es Jesús.

Y ahora podemos comprender de otra manera la parábola. El verdadero don, el verdadero talento, es nuestra incorporación a Cristo por la Palabra y los sacramentos. Por eso la vida cristiana consiste en dejar que Cristo entre en nuestra vida y, desde esa amistad con Él, aprender a entregarnos.

Y esto es precisamente lo que sucede en la Eucaristía.

Por eso estamos aquí. No estamos aquí solamente para poner una nota piadosa en la posterior inauguración solemne de un curso académico. Estamos aquí para celebrar la Eucaristía. Y la Eucaristía es una escuela extraordinaria de lo que significa recibir un don y hacerlo fructificar.

Mirad lo que sucede en el altar. Presentamos pan y vino. Son cosas sencillas: el fruto de la tierra y del trabajo humano; algo que recibimos de la creación y algo que nosotros elaboramos con nuestro trabajo. Y Cristo toma esos dones, los transforma y nos los devuelve convertidos en el don de su propio Cuerpo y de su propia Sangre.

Aquí está el misterio. Dios toma lo que nosotros le ofrecemos y lo convierte en algo nuevo, que nos permite habitar en Él y Él en nosotros. Esto también puede suceder con nuestra vida. Le ofrecemos a Cristo nuestros talentos: nuestra inteligencia, estudio, investigación, proyectos, éxitos y fracasos. Y Cristo puede hacerlos fecundos.

Por eso la Eucaristía no es un paréntesis religioso dentro de la vida universitaria. Es una escuela de vida. Aquí aprendemos que la vida no consiste en guardar, acumular y proteger. La vida alcanza su plenitud cuando se entrega.

Hay una paradoja en el Evangelio. Normalmente pensamos que para conservar algo tenemos que guardarlo. Jesús nos enseña lo contrario: el amor crece cuando se entrega. En la universidad, el profesor entrega lo que sabe; el investigador comparte sus resultados; el estudiante recibe para poder, algún día, entregar también. Y la Iglesia anuncia a Cristo porque ha recibido un don que no puede guardar para sí.

Por eso, la pregunta al comenzar este curso no debería ser únicamente: ¿qué quiero conseguir este año? Podríamos hacernos una pregunta diferente: ¿qué don quiero hacer fructificar?

Nuestra sociedad necesita científicos, profesores y profesionales excelentes. Pero necesita algo más. Necesita personas capaces de utilizar el conocimiento para servir y no para dominar. Quizá este sea uno de los grandes servicios que puede prestar la presencia cristiana en la universidad: recordar que detrás de cada conocimiento hay una persona y que detrás de cada persona hay un misterio que no puede reducirse a ningún algoritmo, ninguna estadística ni ningún expediente.

Al comenzar este curso, no enterréis los talentos. No entierres el don que has recibido. Y, sobre todo, no encierres tu relación con Jesucristo en un rincón de tu vida. Deja que Él entre en aquello que estudias, investigas, enseñas o te preocupa. Él es quien, al final de esta celebración, nos envía de nuevo a la universidad para convertir lo que aquí recibimos en vida entregada al servicio de los demás.

Que el Señor bendiga a la Universidad de Huelva, a quienes la dirigen, a sus profesores e investigadores, a todo su personal y, de manera muy especial, a sus estudiantes. Y que la Santísima Virgen María, nuestra Madre del cielo, que supo recibir el don de Dios y entregarlo al mundo, nos enseñe también a nosotros a no enterrar nunca los talentos que el Señor ha puesto en nuestras manos. Amén.

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‘Aquí estoy, envíame’

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El próximo sábado, 26 de septiembre, seremos partícipes en nuestra Santa Iglesia Catedral de un acontecimiento que llena de alegría y esperanza a toda la Archidiócesis. Por la imposición de las manos y la plegaria de ordenación, Pedro Lu recibirá el orden del presbiterado, y Carlos Javier Corento Calado, Javier Garrido Iglesias, Fabio Martarelli y Elder Joao Tavares Fortes serán ordenados diáconos. Cinco jóvenes que, después de un largo camino de discernimiento, formación, oración y acompañamiento, han pronunciado su sí al Señor. Detrás de ese sí hay muchas horas de silencio y de escucha, momentos de claridad y quizá también de incertidumbre; hay familias, parroquias, sacerdotes, formadores y comunidades cristianas que han acompañado su camino. Sobre todo, está la iniciativa amorosa de Dios, porque toda vocación comienza en su llamada. Él es quien llama, consagra y envía.

En una sociedad que invita tantas veces a asegurar la propia comodidad, a reservar espacios para uno mismo y a medir cuidadosamente lo que se entrega, estos cinco jóvenes han elegido otra lógica: entregar la vida. Han comprendido que la felicidad verdadera no consiste en guardarse, sino en darse; no en vivir para uno mismo, sino en hacer de la propia existencia un don para Dios y para los hermanos. El Señor continúa llamando. También hoy llama a jóvenes concretos a dejarlo todo para seguirle en el ministerio ordenado. No hemos de pensar que la vocación sacerdotal pertenece a otra época. Cristo sigue pasando por nuestras familias, parroquias, comunidades, hermandades, movimientos y asociaciones, grupos juveniles, colegios y universidades, y sigue diciendo: «Sígueme» (Mt 9,9). La cuestión es si ayudamos a nuestros jóvenes a hacer el silencio necesario para poder escuchar su llamada.

La ordenación de Pedro nos recuerda el inmenso regalo que supone el sacerdocio para la Iglesia. Los presbíteros, por la unción del Espíritu Santo, quedan marcados con un carácter especial y configurados con Cristo Sacerdote para actuar en nombre de Cristo Cabeza (cf. Presbyterorum ordinis, 2). El sacerdote es enviado a anunciar el Evangelio, celebrar los misterios de la salvación, perdonar los pecados, acompañar al Pueblo de Dios y hacerse especialmente cercano a los pobres, los enfermos, los que sufren y cuantos necesitan encontrar un rostro que les muestre la misericordia del Padre. Junto a él cuatro hermanos recibirán el diaconado. Conviene que nuestras comunidades conozcan y valoren la riqueza de este ministerio. Los diáconos reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio» y, fortalecidos por la gracia sacramental, sirven al Pueblo de Dios «en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad» (Lumen gentium, 29).

Son tres dimensiones inseparables. La Palabra anunciada debe conducir al altar, y la Eucaristía celebrada ha de prolongarse necesariamente en la caridad. El diácono proclama el Evangelio, sirve en la liturgia y se hace particularmente cercano a quienes necesitan consuelo y ayuda. Esta dimensión adquiere una importancia particular en nuestro tiempo. Hay muchas pobrezas junto a nosotros: personas que no llegan a final de mes, ancianos que viven en soledad, enfermos necesitados de compañía, migrantes que buscan acogida, familias heridas, jóvenes desorientados, hombres y mujeres que han perdido la fe. Precisamente hacia ellos debe dirigirse con especial solicitud la Iglesia. El ministerio ha de conducir hacia los pobres, los enfermos, los ancianos y quienes han perdido la esperanza.

La Iglesia necesita sacerdotes santos, alegres, profundamente enamorados de Jesucristo y entregados sin reservas a su pueblo. Necesitamos hombres de oración que celebren la Eucaristía con fe viva, anuncien con valentía el Evangelio, gasten tiempo en el confesionario, acompañen a las familias, busquen a quienes se han alejado y estén cerca de los pobres. Necesitamos ministros que hagan visible a Cristo, el Buen Pastor. Por eso pido especialmente a las familias cristianas: hablad con naturalidad de la vocación sacerdotal en vuestros hogares. No tengáis miedo si un hijo manifiesta que se siente llamado. Acompañadlo, rezad por él y ayudadle a discernir con libertad. Pido también a sacerdotes, catequistas, profesores y responsables de pastoral juvenil que sepamos proponer la vocación sin complejos. El Señor sigue llamando, pero necesita corazones y comunidades en las que su llamada pueda ser escuchada. Pidamos al Dueño de la mies que continúe enviando obreros a su mies. Que Nuestra Señora de los Reyes proteja a quienes van a ser ordenados y alcancen para nuestra Archidiócesis muchas y santas vocaciones sacerdotales.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo Metropolitano de Sevilla

“Que las flores produzcan también frutos de mejora de vida”

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Alocución de Mons. José María Gil Tamayo, en la Ofrenda floral a la Virgen de las Angustias, en la Plaza de las Pasiegas, el 15 de septiembre de 2026.

Estamos en la Ofrenda floral a la Virgen. Tenemos a la Santísima Virgen de las Angustias, Reina y Madre de Granada, en la puerta de nuestra casa madre, de la catedral. Está, sobre todo, en el corazón de cada uno y de cada una de los granadinos y de las granadinas. Está en nuestras casas, especialmente en el corazón de los que sufren, de los enfermos, de los ancianos, de los niños. Está junto a nosotros siempre y siempre nos acoge. Le damos gracias en primer lugar porque nos ha salvado de daños personales durante los terremotos. Gracias a Ella, gracias a Dios, Nuestro Señor, no hemos tenido ningún daño personal.

Pedimos, especialmente, Madre, que nos protejas y protejas a las familias que han visto deteriorada su casa, sus bienes. Te pedimos que nos aúnes a todos, para que de las dificultades hagamos una oportunidad para seguir siendo la Granada que ella quiere, la Granada mejor. Y sólo podemos hacerlo juntos.

Que Ella nos bendiga y que dé cumplimiento a lo que en el corazón de cada uno de nosotros trae esta tarde ante su Imagen bendita.

Que las flores, que simbolizan el cariño de las gentes de Granada, produzcan también frutos de mejora de vida, de prosperidad para nuestra ciudad y para todos los hombres y mujeres de nuestra tierra. Así sea.

Dios te salve, María…

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

15 de septiembre de 2026
Plaza de las Pasiegas, ante la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de las Angustias

Afinar el oído

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Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

En el proceso sinodal en el que estamos inmersos, es decisivo aprender a escuchar mejor, para descubrir así los caminos que el Espíritu Santo abre hoy para nuestra Iglesia. Quisiera reflexionar en esta carta sobre cuatro dimensiones de la escucha.

De entrada, hemos de escucharnos a nosotros mismos, porque no siempre lo hacemos. Vivimos tan deprisa que muchas veces no llegamos a reconocer lo que hay dentro de nosotros; en otras ocasiones, damos por buenas las opiniones y prejuicios ajenos sin preguntarnos: ¿realmente pienso yo así? O bien nos dejamos llevar por el miedo, el enfado o el deseo inconsciente de tener razón. Escucharse a sí mismo requiere hacer silencio y examinar qué hay en nuestro corazón y en nuestra conciencia. Solo desde esta escucha interior podemos aportar verdad a los procesos sinodales.

También hemos de escucharnos unos a otros: en la familia, en la comunidad y en todos los ámbitos en los que transcurre nuestra vida. Con frecuencia ocurre que, mientras uno habla, los demás ya están pensando en cómo responderle. El proceso sinodal reclama la paciencia de escuchar al hermano, incluso cuando no piensa como nosotros. Escuchar no significa estar de acuerdo con lo que se oye, pero sí demuestra que nos tomamos en serio lo que el otro dice. Una comunidad que escucha es una comunidad capaz de caminar unida, aun en medio de las diferencias.

Además, tendríamos que escuchar la realidad que vivimos, para descubrir lo que Dios nos dice a través de los signos de los tiempos: las situaciones, los acontecimientos y los cambios significativos que ocurren en un momento determinado de la historia. Hoy podríamos hablar de la transformación de la política internacional, el avance de la inteligencia artificial, el auge del emotivismo, las nuevas búsquedas espirituales, las sociedades cerradas y excluyentes, la crisis climática, los compromisos líquidos, la polarización social y el difícil acceso a la vivienda, entre otros desafíos.

Y, sobre todo y en todo, hemos de escuchar a Dios, sin pretender que Él confirme nuestra posición. Escuchar a Dios nos exige estar abiertos a que su Palabra nos cuestione y nos transforme. Él se comunica con nosotros en la Escritura y en el silencio de la oración, así como a través de las personas con las que nos encontramos, especialmente las que sufren, son pobres o están marginadas. Nos habla también en las realidades temporales que vivimos y en los gemidos de la hermana-madre Tierra.

El camino sinodal pide que aprendamos a escuchar antes de tomar la palabra, a comprender antes de juzgar y a reflexionar juntos antes de decidir, unidos a María, la mujer de la escucha y de la acogida.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

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