Inicio Blog

Misericordia y Paz

0

Celebramos el II domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Misericordia divina. Volveremos a escuchar estas palabras que dirige el Resucitado al Apóstol Tomás, «No seas incrédulo, sino fiel» (Jn 20, 27). Lo explicaba san Juan Pablo II: La fe es ―y jamás deja de ser― el programa de Cristo en relación con el hombre. «Dichosos los que sin ver (como Tomás) creyeron» (Jn 20, 29). La fe es la finalidad de la resurrección. Es su fruto”. En este sentido la incredulidad de Santo Tomás, como afirma San Gregorio Magno, «nos ha sido mucho más útil respecto a la fe, que la fe de los otros discípulos. En efecto, mientras Tomás es llevado de nuevo a la fe mediante el tacto, nuestra mente se consolida en la fe con la superación de toda duda. Así el discípulo que dudó y tocó, se convierte en testigo de la realidad de la resurrección» (XL Homiliarum in Evangelia, lib. II, Homil. 26, 7; PL 76, 1201).

El tiempo pascual es una auténtica escuela de fidelidad a la fe de la Iglesia, que proclama que Jesucristo ha resucitado verdaderamente. La Iglesia no habla hoy con voz apagada ni con acentos dubitativos. La Iglesia canta. La Iglesia anuncia. La Iglesia exulta ante la permanente globalización del paradigma tecnocrático. No hay acontecimiento más grande en la historia del mundo que la Resurrección del Señor. San Pablo lo afirma con claridad rotunda: “Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido” (1Cor 15,17). Pero Cristo ha resucitado. Y porque ha resucitado, nuestra fe no es una ideología, ni una tradición cultural, ni un sentimiento religioso entre otros. Nuestra fe es encuentro con una Persona viva, con Jesucristo resucitado, Señor de la historia y Salvador del mundo.

La Pascua nos llama a reavivar la certeza que Cristo está vivo y actúa en su Iglesia. Esta certeza es la fuente de la alegría cristiana. Por eso la alegría pascual puede convivir incluso con las lágrimas, con las pruebas, con la enfermedad, con la pobreza, con las noches del alma. Porque no depende sólo de las circunstancias externas. Brota de una presencia: la presencia del Señor resucitado. Irradiamos esta alegría pascual cuando perdonamos de verdad, cuando servimos sin buscar reconocimiento, cuando perseveramos en la oración, cuando acompañamos al que sufre, cuando defendemos la verdad sin agresividad, cuando amamos a la Iglesia, cuando participamos con fidelidad en la Eucaristía dominical, cuando no nos avergonzamos de nuestra fe, cuando damos razón de nuestra esperanza. En una sociedad con frecuencia cansada, herida y triste, la alegría cristiana se convierte en una verdadera forma de evangelización. El Santo Padre León XIV ha enseñado que la tristeza es una de las enfermedades de nuestro tiempo, y que la resurrección de Cristo puede curarla (cf. LEÓN XIV, Audiencia general, 22 de octubre de 2025). No se trata de repetir eslóganes piadosos, sino de vivir de tal modo unidos al Resucitado que nuestra misma vida sea un anuncio.

Que el Señor conceda a Sevilla una Pascua verdadera. No sólo una Pascua celebrada externamente, sino una Pascua vivida interiormente. Pascua en las familias, en las parroquias, en la vida consagrada, en los seminarios, en los jóvenes, en los enfermos, en quienes están cansados o alejados. Pascua también en nuestras hermandades y cofradías, llamadas a ser, con renovada autenticidad, escuelas de fe, de oración, de caridad y de vida cristiana.

Que María Santísima, la Virgen fiel, que permaneció firme en la noche de la Cruz y acogió con fe perfecta la victoria de su Hijo, acompañe y sostenga nuestro camino diocesano. Que ella nos enseñe a vivir una Pascua plena y nos alcance la gracia de ser discípulos alegres, firmes en la esperanza, fieles en la caridad y valientes en el testimonio. Que María, Madre de amor y misericordia nos ayude a experimentar la misericordia de Dios. Que María, Reina de la paz, nos ayude a construir un mundo de paz. Cristo ha resucitado. Y ésta, hermanos, es la fuente de nuestra alegría.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Compostela, Fátima y París, lugares de peregrinación

0

Del 23 de junio al 2 de julio tiene lugar la peregrinación de la parroquia de Los Boliches al Camino de Santiago. El párroco, Carlos María Fortes, explica cómo surgió la iniciativa.

¿Qué os movió a emprender el Camino de Santiago? 

Nos mueve, ante todo, la fe y el deseo profundo de encontrarnos con el Señor. Queremos que sea un camino que integre a todos, especialmente pensado para personas mayores que, aun teniendo la ilusión de hacerlo, pueden encontrar ciertas dificultades. Por eso se ha diseñado con mucho cuidado: etapas de unos 15 kilómetros diarios, un ritmo asequible y una organización que permita atender cualquier momento de cansancio o agotamiento. No buscamos solo llegar a una meta geográfica, sino vivir un verdadero proceso interior: salir de nosotros mismos, dejar atrás comodidades, escuchar a Dios en el silencio del camino y descubrirlo también en el rostro de los hermanos.

Ir como comunidad parroquial, con distintas edades, es una riqueza.

Sin duda, es una auténtica riqueza y una de las cosas más bonitas de esta experiencia. Aunque se ha pensado especialmente en un perfil más mayor, la realidad es que se está sumando gente de distintas edades, y eso enriquece muchísimo. Los jóvenes aportan entusiasmo y fuerza; los mayores, serenidad, experiencia y fe vivida. Al final, se hace visible lo que es la Iglesia: una familia donde cada uno tiene su lugar, donde nos ayudamos, nos animamos y caminamos juntos. Nadie va solo, y eso transforma completamente la experiencia.

¿Estáis haciendo preparación previa, tanto física como espiritual?

Sí, creemos que es fundamental preparar ambas dimensiones. En lo físico, estamos animando especialmente a las personas mayores a que caminen cada día, a que se acostumbren al esfuerzo progresivo; por ejemplo, dando dos vueltas al paseo marítimo de Fuengirola, que pueden suponer unos 10 kilómetros o más. Es una manera sencilla pero eficaz de ir preparando el cuerpo. Y en lo espiritual, estamos teniendo distintos encuentros, momentos de oración y reuniones para ir disponiendo el corazón. Queremos que no sea solo una actividad, sino una verdadera experiencia de fe. Durante el Camino, además, celebraremos cada día la Misa del peregrino, que será el centro y la fuente de todo lo que vivamos.

¿Pueden participar fieles de otras parroquias?

Por supuesto, está abierto a todos. De hecho, nos ilusiona especialmente que puedan unirse personas de otras parroquias o cualquiera que sienta el deseo de hacer este camino. Nos quedan ya poquitas plazas para completar el grupo, pero estamos convencidos de que será una experiencia muy bonita, donde no solo se camina físicamente, sino también espiritualmente. Es una invitación a salir, a ponerse en camino y a dejar que el Señor vaya haciendo su obra en cada uno.

Para más información y reservas, pueden escribir por wassap al número 647 05 09 19.

Fátima

El Movimiento de Apostolado Familiar San Juan de Ávila organiza también su tradicional peregrinación a Fátima, que viene realizando desde hace más de 40 años.

Tendrá lugar del 27 al 30 de agosto y al inscribirse tienen prioridad quienes aún no han peregrinado a este Santuario Mariano.

«Vamos a visitar a la Madre, para que nos lleve a su Hijo Jesús. Haz un parón en tu vida, acércate más al Señor. Llénate de su misericordia. tenemos muchos motivos para rezar», afirman los organizadores en la convocatoria que han lanzado para facilitar las inscripciones.

La salida será el 27 de agosto a las 7 de la mañana, desde el Polideportivo de Ciudad Jardín y el regreso el 30 de agosto por la tarde-noche. El precio por persona es de 320 euros y en él se incluye el viaje y el alojamiento en pensión completa, así como los almuerzos en ruta de los días 27 y 30.

La peregrinación estará acompañada por el sacerdote Giovanni Torres, misionero de la Consolata, párroco de Cristo Rey y Nuestra Señora del Rosario (Málaga) y de San Isidoro de Sevilla (Los Gámez).

Pueden inscribirse llamando al teléfono 673 33 02 99.

Marbella y la Medalla Milagrosa

Un grupo de feligreses de la parroquia de la Encarnación de Marbella y de la Asociación Parroquial Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa peregrinaron, del 19 al 23 de febrero, a diversos lugares de la ciudad de París. El párroco, José Sánchez, explica cómo se sucedió dicha experiencia.

¿Por qué elegir París como lugar de peregrinación, qué os movió?

La peregrinación la organizó la Asociación Parroquial de la Medalla Milagrosa. Es allí donde la Virgen se apareció a santa Catalina Labouré y donde se encuentra el Santuario. Allá dirigimos nuestros pasos.

¿Qué imagen ha quedado impresa en vuestros corazones tras la peregrinación?

El amor a la Virgen María, el sentido de pertenencia a la Iglesia de la cual la Virgen es Madre, y el deseo de crecer como hijos de María y de la Iglesia.

¿Es una peregrinación una oportunidad para afianzar los lazos de comunión entre los feligreses?

Sin duda. Especialmente si la peregrinación se prepara con anterioridad con encuentros, formación, oración… Si cada día se recuerda el motivo del viaje y si se dan espacios para compartir la fraternidad y la alegría.

Durante estos días, visitaron algunos de los lugares más emblemáticos de esta hermosa ciudad como la basílica del Sacré-Cœur en Montmartre, sin embargo, el día más importante de la peregrinación fue el 22 de febrero, cuando se dirigieron a la Capilla Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Allí celebraron la Eucaristía, presidida por el párroco, y realizaron una ofrenda floral a la Virgen.

«Más allá de los monumentos y lugares visitados, lo más valioso de esta peregrinación ha sido lo vivido como comunidad: la convivencia, la oración compartida, las conversaciones llenas de esperanza y la cercanía entre todos. Han sido días memorables, en los que también han nacido nuevas amistades, fortalecidas por la fe que compartimos», añaden los peregrinos.

Es por eso que regresan a casa «con el corazón lleno de gratitud al Señor por tantos dones recibidos durante estos días. Confiamos a la Virgen de la Medalla Milagrosa nuestras familias, nuestras parroquias y nuestras intenciones, pidiéndole que interceda ante su Hijo, Jesucristo, para que nos conceda las gracias que necesitamos y nos ayude a caminar siempre más cerca de Él», añaden.

Encarni Llamas 

Dario Vitali: «No hay sinodalidad sin escucha»

0

– Se insiste en que la sinodalidad no es algo nuevo en la Iglesia. ¿Cuál es la novedad, por tanto, de este proceso que hemos emprendido?

Claro que la sinodalidad no es una novedad. Cuando decimos que es el Espíritu el que guía a la Iglesia, decimos que la sinodalidad empieza en Pentecostés. Decía san Pablo: «No apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías. Examinadlo todo; quedaos con lo bueno» (1Ts 5, 19-21). La sinodalidad es, en su raíz más profunda, la escucha del Espíritu. En los primeros siglos se hablaba de «conspiratio», palabra que compone el «cum», juntos, y la efusión del Espíritu sobre el Pueblo de Dios, llamado a conocer los caminos por donde el Espíritu guía a la Iglesia. Después de siglos centrados sobre el principio de autoridad, el Concilio Vaticano II redescubrió la presencia y la acción del Espíritu en la Iglesia. No se trata de olvidar la jerarquía, de no reconocer la función del Papa o de los Obispos, sino de ponerse todos (cada uno según su función en la Iglesia) a la escucha del Espíritu. El proceso sinodal nos ha enseñado que esta escucha es posible escuchándonos a todos. Ya el Código de Derecho Canónico conoce los organismos de participación: el Consejo Pastoral Diocesano y el Consejo Presbiteral a nivel de Iglesias locales, el Sínodo de los Obispos a nivel universal, sínodos y asambleas a nivel de agrupamientos de Iglesias. No hay que inventar nada; hay que vivir la sinodalidad como estilo, como mentalidad. Escuchar. Escucharse. Antes que el derecho a hablar, poner el deber de escuchar. Así se construye una Iglesia sinodal.

– ¿Cómo describiría los rasgos esenciales de la Iglesia que está emergiendo de este proceso?

La Iglesia sinodal no es otra Iglesia. El Documento final del Sínodo pone en evidencia cómo todo el proceso sinodal se ha desarrollado a la luz de la Iglesia del Vaticano II y constituye una recepción más madura de aquella eclesiología. Acabo de escribir un libro sobre los fundamentos de la Iglesia sinodal y subrayo como primer punto la identificación entre la Iglesia y el Pueblo de Dios. El Documento Final dice que el Pueblo de Dios es el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión (DF 17). Este pueblo no es una masa informe, la suma de los bautizados, sino el cuerpo de Cristo, que es también —como decían los Padres de la Iglesia y el Concilio repite (LG 23)— «el cuerpo de las Iglesias». El proceso sinodal pone en evidencia la presencia y acción de las Iglesias locales en el conjunto de las Iglesias. El modelo de la Iglesia sinodal es la «communio Ecclesiarum», superando la idea de la centralización y reconociendo a cada Iglesia su capacidad y responsabilidad de testimoniar el Evangelio en el contexto histórico y cultural donde vive y camina. En cada Iglesia, que es un Pueblo de Dios con su Obispo rodeado de su presbiterio, el Espíritu distribuye dones, carismas, ministerios, nuevas vocaciones. Esta visión no pone en discusión el primado, sino que lo valora más, como principio de unidad de todas las Iglesias, de todos los bautizados, de todos los obispos. Una Iglesia que puede —podría, si obedece al Espíritu— ganar la unidad para vivir la sinodalidad como ley de la Iglesia: discernir juntos para «caminar juntos».

 

No hay sinodalidad sin escucha; no hay proceso decisional que ponga en marcha la Iglesia según la voluntad de Dios si no escuchamos al Espíritu escuchándonos entre nosotros

 

– Usted ha estado en el corazón del proceso coordinando al grupo de expertos. ¿Qué aprendizajes concretos destacaría sobre el modo en que la Iglesia puede discernir comunitariamente hoy?

Siempre lo mismo: que el primer acto de una Iglesia sinodal es la escucha. Que el discernimiento depende de la escucha, y que la escucha es una disciplina muy exigente. Es también un arte que se aprende con mucha humildad y mucho ejercicio. Por eso exige una verdadera conversión. Y esto es más difícil para gente que está acostumbrada más a hablar que a escuchar. Me refiero a los expertos, pero también a los obispos y curas. ¡Qué ministerio tan extraordinario se espera de los curas sinodales: aprender primero el arte de escuchar y enseñarlo a todos! Merece subrayar nuevamente que no hay sinodalidad sin escucha; no hay proceso decisional que ponga en marcha la Iglesia según la voluntad de Dios si no escuchamos al Espíritu escuchándonos entre nosotros. La Iglesia no necesita de un líder, de un dictador que concentre en sus manos todo el poder. ¡Vemos los éxitos de los poderosos del mundo! El proceso sinodal se realiza como un camino de escucha entre dos sujetos, el Pueblo de Dios y los Pastores. El Pueblo de Dios, dice el Vaticano II, participa de la función profética de Cristo: aquí somos todos iguales. Esto porque la totalidad de los bautizados que ha recibido al Espíritu es sujeto del «sensus fidei», esta capacidad intuitiva que procede de la experiencia de la fe y permite a todos de manifestar cómo el Espíritu habla a la Iglesia. Complementar al «sensus fidei» es la función de discernimiento de los Pastores. Antes del Vaticano II, el derecho de palabra era todo del Magisterio, y los fieles tenían que obedecer. El proceso sinodal nos ha mostrado que todos son protagonistas de la escucha, cada uno en su capacidad y rol: el Papa que ha llamado la Iglesia al proceso sinodal; el Pueblo de Dios manifestó su escucha del espíritu en la consulta: todo empezó desde allí. Después todas las etapas del discernimiento sinodal de los Pastores se han concluido con el Documento Final que el Papa Francisco restituyó inmediatamente a todas las Iglesias. A partir del Documento Final cada Iglesia puede activar un proceso de discernimiento entre Pueblo de Dios, Obispo, Presbiterio. El principio es siempre lo mismo: la escucha. De la escucha nace el consenso que el Obispo confirma, del consenso la decisión y la voluntad de caminar juntos.

– La implantación de la sinodalidad está ahora «en el tejado de las iglesias particulares». ¿Qué pasos realistas recomendaría para que no se quede en un concepto teórico, sino que transforme la vida cotidiana de las pequeñas comunidades, sin dejar fuera a nadie?

Tampoco este momento es nuevo. Las Iglesias que ya vivieron la primera fase del Sínodo, realizando la consulta del Pueblo de Dios, experimentaron la fecundidad del método sinodal. La tercera fase del Sínodo es de recepción y aplicación del Documento Final en cada Iglesia local. El sujeto activo de esta acción es la Iglesia local, con sus sujetos: el Pueblo de Dios, el presbiterio, el Obispo. Donde vive el Pueblo de Dios, allí se pone en marcha la escucha. De una escucha verdadera emergen los rasgos que una Iglesia puede poner en el centro de su vida. Una Iglesia tiene que descubrir su identidad, ser consciente de que es aquí y ahora el sujeto que, en esta región, testimonia el Evangelio con caminos, proyectos, forma de vida. Esto está todo fuera de lo teórico. No hay que decidir en un congreso qué es la sinodalidad. Hay que ver cómo vivirla. Y no como individuos, sino como Iglesia de Málaga, que no es una suma de comunidades, sino la Iglesia de Cristo que camina aquí, y elige la comunión como principio de su vida y de sus relaciones. Reconocerse parte de esta Iglesia y decidir caminar juntos es el paso más decisivo que una Iglesia local puede hacer.

 

No existe Iglesia sin el Espíritu de Cristo. Y no existe sinodalidad sin la escucha del Espíritu que nos hace uno y nos hace caminar juntos

 

– ¿Qué le diría a quienes temen que la sinodalidad genere confusión o divida a la Iglesia?

Depende de qué pensamos que sea la Iglesia. Si es la pirámide jerárquica, donde está claro quién manda y quién obedece, es evidente que la sinodalidad genera confusión. Pero esta objeción procede de quien manda o de quien está acostumbrado a ser súbdito. Pero un orden de este tipo no procede del Espíritu. Caminar juntos es una forma de unidad que no es uniformidad. Ni el Espíritu crea confusión, sino armonía. Siempre hay que componer en la Iglesia diversidad y unidad. La unidad sin diversidad se transforma en uniformidad, autoritarismo, relación asimétrica entre personas, sin reconocer la igualdad: ¡somos todos hijos de Dios! La diversidad sin unidad, esta sí es confusión y división. Pero la unidad no la hacen los hombres, sino la Palabra de Dios a la que hay que obedecer, y el Espíritu que nos guía.

– Pensando en el futuro inmediato, ¿cuál sería para usted el“termómetro” que indicará si el sínodo va dando fruto real en la vida de la Iglesia?

Si vamos aprendiendo el arte de la escucha. Se pueden realizar encuentros fenomenales; se pueden hacer asambleas con expertos mundiales… que el Sínodo será fructuoso si aprendemos el estilo y el método sinodal: escuchar al Espíritu escuchando a los demás. Decían los Padres de la Iglesia que el Espíritu es irrefrenable. No existe Iglesia sin el Espíritu de Cristo. Y no existe sinodalidad sin la escucha del Espíritu que nos hace uno y nos hace caminar juntos.

Ana María Medina

Juventud propone un fin de semana de Ejercicios

0

La Delegación de Infancia y Juventud propone a los jóvenes un fin de semana de Ejercicios Espirituales en mitad de esta Pascua. El plazo de inscripción ya está abierto.

«En medio del ritmo acelerado de la vida cotidiana, desde la Delegación de Infancia y Juventud te invitamos a hacer un alto y regalarte un fin de semana diferente: un espacio de silencio, encuentro y profundidad», explican en la convocatoria que han hecho llegar a todas las parroquias y grupos.

Los Ejercicios Espirituales ignacianos para jóvenes son una experiencia «para parar, mirar tu vida con calma y tratar de descubrir qué quiere Dios para ti. Es una oportunidad para salir del ruido de lo superficial, conectar con lo que de verdad importa, escuchar lo que llevas dentro y ver hacia dónde te está invitando Dios en este momento», añaden.

Tendrán lugar desde la tarde del viernes 24 al domingo 26 de abril y serán dirigidos por el sacerdote jesuita Álvaro Lobo, en Villa Nazaret (calle Obispo González García, 26 – 29013 Málaga). El precio, que incluye el alojamiento y todas las comidas, es de 100 euros.

«No importa en qué punto de tu camino estés, ven con el corazón abierto y déjate sorprender: puede ser el comienzo de algo nuevo», invitan desde la Delegación.

Pueden inscribirse en el siguiente formulario: https://forms.cloud.microsoft/e/VTH8krRCA6 las plazas son limitadas.

Encarni Llamas

‘Misericordia y paz’, carta dominical del arzobispo de Sevilla del 12 de abril

0

‘Misericordia y paz’, carta dominical del arzobispo de Sevilla del 12 de abril

Este domingo el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, dedica su carta dominical, publicada en la revista diocesana ‘Iglesia en Sevilla’ y en esta web, a la misericordia como signo de este II Domingo de Pascua, también llamado precisamente Domingo de la Misericordia divina.

En su misiva, el arzobispo recuerda que “la Pascua nos llama a reavivar la certeza que Cristo está vivo y actúa en su Iglesia” y esta certeza es fuente de la alegría cristiana. Una alegría, explica, que “puede convivir incluso con las lágrimas, con las pruebas, con la enfermedad, con la pobreza, con las noches del alma”, porque “no depende solo de las circunstancias externas”, sino que “brota de la presencia del Señor resucitado”.

Al respecto, ha hecho alusión a las palabras del Santo Padre León XIV cuando enseña que “la tristeza es una de las enfermedades de nuestro tiempo y que la resurrección de Cristo puede curarla”.

Puede leer la carta completa aquí.

The post ‘Misericordia y paz’, carta dominical del arzobispo de Sevilla del 12 de abril first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Evangelio del II Domingo de Pascua en Lengua de Signos Española (Ciclo A)

0

Evangelio del II Domingo de Pascua en Lengua de Signos Española (Ciclo A)

Evangelio del II Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, en Lengua de Signos Española.(Jn 20 19- 31).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla

Ver en youtube

 

The post Evangelio del II Domingo de Pascua en Lengua de Signos Española (Ciclo A) first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

LECTURAS DEL II DOMINGO DE PASCUA (CICLO A)

0

LECTURAS DEL II DOMINGO DE PASCUA (CICLO A)

Primera Lectura

Hechos de los Apóstoles  (2, 42-47)

Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Salmo

Sal 117, 2-4.13-15.22-24

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

– Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

– Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los que temen al Señor: eterna es su misericordia.

– Empujaban y empujaba para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

– La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Segunda Lectura

1 Pedro 1, 3-9

Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final. Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Evangelio

Evangelio según san Juan 20, 19-31

A los ocho días llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Comentario Bíblico de Pablo Díez.

Lo que ocupa el centro del relato evangélico de este domingo es la fe pascual y su contenido. El texto tiene como eje el binomio ver y creer. Se recoge el motivo, también presente en los sinópticos, de la duda sobre el Resucitado y su superación (Mc 16,9-14; Mt 28,17; Lc 24,11.21-24.37-38.41). El déficit de experiencia conduce a Tomás a la duda en un triple nivel. Primeramente, rechaza el testimonio de los discípulos, o sea, el kerigma pascual. No quiere apoyarse en la experiencia ajena para creer, sino fundamentar su fe en una experiencia propia. En segundo lugar, exige una prueba directa que confirme el testimonio de los apóstoles, quiere ver y tocar. Solo una verificación empírica de la resurrección puede llevarlo a la certidumbre. Por último, al pretender verificar la resurrección de Cristo en base a criterios de este mundo, Tomás pretende someter lo divino y su verdad a su juicio de hombre. De este modo, impide a Dios ser Dios y manifiesta su incredulidad.

Es importante hacer notar que el contexto de las apariciones es el día del Señor con toda la comunidad reunida (Jn 20,19.26). El resucitado es quien toma la iniciativa estigmatizando la incredulidad de Tomás y abriéndole el camino de la fe. Jesús le ofrece la experiencia empírica que pide, aunque el texto no indica si Tomás llega a tocar, solo confirma que ha visto. Pero al ver le acompaña el creer. Esto es así porque, aunque sus ojos le muestran la humanidad de Jesús, su fe le lleva a percibir la auténtica identidad del Resucitado que ya no pertenece al mundo histórico, sino al divino. Ha recuperado el lugar que tenía junto al Padre antes de que el mundo existiese (Jn 1,1; 17,5). Tomás personifica al creyente de las generaciones posteriores que debe percibir de modo sacramental a Cristo y celebrarlo en el día del Señor reunidos en comunidades que vivan según el modelo que nos ofrece la primera lectura.

The post LECTURAS DEL II DOMINGO DE PASCUA (CICLO A) first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Misericordia y Paz  

0

Misericordia y Paz  

Celebramos el II domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Misericordia divina. Volveremos a escuchar estas palabras que dirige el Resucitado al Apóstol Tomás, «No seas incrédulo, sino fiel» (Jn 20, 27). Lo explicaba san Juan Pablo II: La fe es ―y jamás deja de ser― el programa de Cristo en relación con el hombre. «Dichosos los que sin ver (como Tomás) creyeron» (Jn 20, 29). La fe es la finalidad de la resurrección. Es su fruto”. En este sentido la incredulidad de Santo Tomás, como afirma San Gregorio Magno, «nos ha sido mucho más útil respecto a la fe, que la fe de los otros discípulos. En efecto, mientras Tomás es llevado de nuevo a la fe mediante el tacto, nuestra mente se consolida en la fe con la superación de toda duda. Así el discípulo que dudó y tocó, se convierte en testigo de la realidad de la resurrección» (XL Homiliarum in Evangelia, lib. II, Homil. 26, 7; PL 76, 1201).

El tiempo pascual es una auténtica escuela de fidelidad a la fe de la Iglesia, que proclama que Jesucristo ha resucitado verdaderamente. La Iglesia no habla hoy con voz apagada ni con acentos dubitativos. La Iglesia canta. La Iglesia anuncia. La Iglesia exulta ante la permanente globalización del paradigma tecnocrático. No hay acontecimiento más grande en la historia del mundo que la Resurrección del Señor. San Pablo lo afirma con claridad rotunda: “Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido” (1Cor 15,17). Pero Cristo ha resucitado. Y porque ha resucitado, nuestra fe no es una ideología, ni una tradición cultural, ni un sentimiento religioso entre otros. Nuestra fe es encuentro con una Persona viva, con Jesucristo resucitado, Señor de la historia y Salvador del mundo.

La Pascua nos llama a reavivar la certeza que Cristo está vivo y actúa en su Iglesia. Esta certeza es la fuente de la alegría cristiana. Por eso la alegría pascual puede convivir incluso con las lágrimas, con las pruebas, con la enfermedad, con la pobreza, con las noches del alma. Porque no depende sólo de las circunstancias externas. Brota de una presencia: la presencia del Señor resucitado. Irradiamos esta alegría pascual cuando perdonamos de verdad, cuando servimos sin buscar reconocimiento, cuando perseveramos en la oración, cuando acompañamos al que sufre, cuando defendemos la verdad sin agresividad, cuando amamos a la Iglesia, cuando participamos con fidelidad en la Eucaristía dominical, cuando no nos avergonzamos de nuestra fe, cuando damos razón de nuestra esperanza. En una sociedad con frecuencia cansada, herida y triste, la alegría cristiana se convierte en una verdadera forma de evangelización. El Santo Padre León XIV ha enseñado que la tristeza es una de las enfermedades de nuestro tiempo, y que la resurrección de Cristo puede curarla (cf. LEÓN XIV, Audiencia general, 22 de octubre de 2025). No se trata de repetir eslóganes piadosos, sino de vivir de tal modo unidos al Resucitado que nuestra misma vida sea un anuncio.

Que el Señor conceda a Sevilla una Pascua verdadera. No sólo una Pascua celebrada externamente, sino una Pascua vivida interiormente. Pascua en las familias, en las parroquias, en la vida consagrada, en los seminarios, en los jóvenes, en los enfermos, en quienes están cansados o alejados. Pascua también en nuestras hermandades y cofradías, llamadas a ser, con renovada autenticidad, escuelas de fe, de oración, de caridad y de vida cristiana.

Que María Santísima, la Virgen fiel, que permaneció firme en la noche de la Cruz y acogió con fe perfecta la victoria de su Hijo, acompañe y sostenga nuestro camino diocesano.  Que ella nos enseñe a vivir una Pascua plena y nos alcance la gracia de ser discípulos alegres, firmes en la esperanza, fieles en la caridad y valientes en el testimonio. Que María, Madre de amor y misericordia nos ayude a experimentar la misericordia de Dios. Que María, Reina de la  paz, nos ayude a construir un mundo de paz. Cristo ha resucitado.  Y ésta, hermanos, es la fuente de nuestra alegría.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

 

 

 

The post Misericordia y Paz   first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Los catequistas de la diócesis tienen una cita en Baza, este sábado 11 de abril

0

Los catequistas de la diócesis tienen una cita en Baza, este sábado 11 de abril

Se celebra el II Encuentro Diocesano de Catequistas, en la Casa de la Iglesia de Baza, a partir de las 10´30 de la mañana

Los catequistas de la diócesis de Guadix están convocados este sábado, 11 de abril, en Baza, para participar en el II Encuentro Diocesano de Catequistas. La jornada comenzará a las 10:30 de la mañana y contará con la presencia del obispo, monseñor Francisco Jesús Orozco.

Pero no solo los catequistas están invitados; también los sacerdotes han sido convocados, como ha señalado el delegado diocesano de Catequesis, José Antonio Robles.

El Nuevo Directorio para la Catequesis, publicado por el Vaticano en 2020, y su aplicación en la diócesis centrarán buena parte de la jornada. Además, se abordarán los retos que afrontan hoy los catequistas y las parroquias en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, una tarea nada fácil en el contexto actual de secularización, escasa implicación de muchas familias y la dificultad de hacer atractivo el mensaje evangélico en medio del ruido constante de las redes sociales.

El encuentro tendrá lugar en la Casa de la Iglesia de Baza, situada junto a la iglesia Mayor, y se prolongará hasta las dos de la tarde. Quienes lo deseen podrán quedarse después a una comida compartida, en la que cada asistente aportará algún alimento, compartiendo así también la fraternidad y la comunión entre las distintas parroquias.

Este es el programa del encuentro:


10:30 h:
 Acogida y oración inicial.

  • 11:20 h: Charla formativa sobre el Nuevo Directorio en la Diócesis de Guadix.
  • 12:20 h: Grupos de trabajo para analizar los retos actuales de la catequesis.
  • 13:15 h: Puesta en común de las conclusiones.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Guadix

Ver este artículo en la web de la diócesis

Este sábado, el papa nos invita a rezar por la paz en el mundo

0

Este sábado, el papa nos invita a rezar por la paz en el mundo

“Imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia” ha dicho León XIV invitándonos a rezar por la paz

El papa León XIV ha convocado para este sábado 11 de abril una vigilia de oración por la paz, que se celebrará en la basílica de San Pedro, en Roma. El Pontífice hizo este anuncio durante el mensaje Urbi et Orbi pronunciado desde el balcón central de la basílica vaticana con motivo de la Pascua de Resurrección.

“A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”, dijo el papa en su mensaje.

Al mismo tiempo, León XIV ha pedido que no nos dejemos llevar por la indiferencia ante la violencia: “Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan”

Y convocó, en su mensaje, una vigilia de oración por la paz para este sábado. Una vigilia que llega en un momento crucial para el desarrollo de la última de las guerras desatada, la de Oriente Medio, para la que se anuncia el inicio de conversaciones de paz.

También en las diócesis se rezará por la paz. En las parroquias, esta oración estará muy presente en las celebraciones del finde semana. Y también en la oración personal de los cristianos, a los que el papa animaba a rezar por esa paz tan necesaria y por todos los que sufren esas guerras: “En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que solo él puede dar”.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Guadix

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.