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CARTA PASTORAL ANTE LA PRÓXIMA BEATIFICACIÓN DEL CURA VALERA

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Con profunda alegría, ponemos a disposición de la comunidad diocesana esta Carta pastoral con motivo de la próxima beatificación del Venerable Salvador Valera Parra, el Cura Valera, que se celebrará, si Dios quiere, en Huércal-Overa el 7 de febrero de 2026.

Este acontecimiento de gracia, tan esperado por las Iglesias de Almería y Cartagena, supondrá el reconocimiento oficial de una santidad que el pueblo de Dios ha venerado y custodiado durante generaciones.

Esta carta, de estilo sencillo y profundamente pastoral, está escrita a tres manos por D. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe y natural de Huércal-Overa; D. José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena; y nuestro obispo D. Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería. Desde la comunión entre Iglesias hermanas, los pastores nos invitan a prepararnos espiritualmente para este acontecimiento eclesial.

Invitamos a todos —sacerdotes, consagrados, laicos y familias— a leer, meditar y compartir esta carta pastoral, como camino de preparación, memoria agradecida y esperanza ante la próxima beatificación del Cura Valera.

CARTA PASTORAL BEATIFICACIÓN CURA VALERA

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EL BEATO CURA VALERA
Una vida para los demás

Carta pastoral de los Obispos de Almería, Cartagena y Getafe
con motivo de la Beatificación del sacerdote Salvador Valera Parra
de Huércal-Overa (Almería)

1. VOX POPULI

Querida comunidad diocesana de Almería y de Cartagena, hemos sido bendecidos y estamos alegres, exultantes de gozo, por la beatificación del Venerable Salvador Valera Parra, el Cura Valera, en Huércal-Overa el 7 de febrero de 2026, a las once horas, tras la aprobación del milagro realizado por Dios a través de su intercesión –el primero aprobado por el Papa León XIV–, cuando se cumple este año el 210º aniversario de su nacimiento en este pueblo almeriense, entonces de la diócesis de Cartagena.

Esta sencilla carta de pastores, con motivo de su beatificación, ha sido realizada a tres manos: por D. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, y natural de Huércal-Overa; por D. José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena; y por D. Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería.

Hasta el siglo X no hubo procesos de canonización, ni pruebas, ni exigencia de milagros, ni veredictos, ni tampoco era el Papa el que canonizaba a los santos con una liturgia especial de reconocimiento de su santidad. El pueblo santo de Dios era quien, pasando de boca en boca la evidencia de su santidad, con los recuerdos que la sustentaban, hacían evidente su vida santa y así mantenían durante los años y siglos el deseo de veneración.

Así ha pasado con nuestro Cura Valera, que hizo honor a su nombre de Salvador. En el corazón de la Villa de Huércal-Overa, permanece la memoria de su párroco, en placas, monumentos, bustos e instituciones, así como la conservación de su humilde casa, llena de recuerdos. Los huercalenses y los habitantes de las poblaciones limítrofes hablan de él todavía en presente, y muchas casas están adornadas con un cuadro de su querido párroco, así como muchos lo llevan entre las fotografías familiares de su cartera.

2. PASÓ HACIENDO EL BIEN

A las 10 de la noche del viernes 15 de marzo de 1889, entregaba su vida al Padre, el buen cura de Huércal-Overa, D. Salvador Valera Parra. Dos días antes había cumplido 49 años de sacerdote. Nació 73 años antes, el 27 de febrero de 1816, allí donde se apagó su vida terrena. Nuestro Cura Valera era un hombre que, aparentemente, no hizo nada extraordinario. No escribió nada, no fundó nada, no se recuerdan ninguno de sus sermones, pero su presencia, manifestada en las historias mantenidas en el tiempo, nos lo muestran como un párroco entregado a su pueblo, en fidelidad, en humildad, y cuidando a sus fieles desde la caridad: la caridad material y la caridad pastoral, que van tan juntas, exponiendo su vida por ellos, en dos ocasiones de peste. Esta caridad mantiene viva su memoria en su parroquia y en los alrededores, de generación en generación, hasta nuestros días.

Ordenado Sacerdote en 1840, sirvió con absoluta dedicación primero en su Parroquia natal de 1840 al 1849; después en Alhama de Murcia de 1849 a 1851; regresando de nuevo a su pueblo como Párroco desde 1851, siendo también desde 1864 a 1868 Párroco de Nuestra Señora de Gracia de Cartagena.

Cuidó y atendió con heroísmo a los enfermos del cólera en las continuas epidemias del siglo XIX. El Estado le condecoró con la Cruz de la Orden de Carlos III. También el Ayuntamiento de Cartagena, le regaló un cáliz que se conserva en su parroquia de Huércal-Overa.

Ante los terremotos e inundaciones trabajó sin descanso por su pueblo. Fue padre de los pobres, de los enfermos, de los marginados, dedicó su vida sólo a ser párroco, pastor solícito y humilde, llevando a sus feligreses a Dios y atento en la caridad en sus necesidades. En 2021 fue declarado Venerable. Casi dos siglos de fama de santidad, sigue viva entre nosotros, mantenida gracias a las familias de su pueblo y comarca y a la Asociación pro-canonización, que tanto ha trabajado para que este día llegara a término.

El siglo XIX y principios del XX, ha sido una época de grandes santos en nuestras tierras de España. Parece que el Señor, ante las grandes dificultades sociales y religiosas, suscita santas y santos que iluminen nuestro camino y nos marquen a todos la dirección de la santidad. En ningún momento debemos olvidar que salimos de las manos de Dios y él quiere y hace lo posible para que volvamos a sus manos.

La comunidad parroquial de Huércal-Overa, las comunidades de las diócesis de Almería y de Cartagena, vivimos este acontecimiento de su beatificación como un tiempo de gracia, un momento de gozoso orgullo, porque uno de nuestros hijos ha llegado a la plenitud de la vida cristiana, estar con Cristo, y ser bienaventurado, reconocido como modelo por todos los que aún somos peregrinos en este camino hacia Dios.

Si ponemos nuestra mirada en el Cura Valera, como modelo a seguir, en este momento de la historia, nos llevará a todos a vivir en fidelidad, en humildad y en caridad. Él, de una manera muy concreta, nos enseña a vivir un quinto Evangelio en nuestras vidas, encarnándolo en cada momento, mirando la vida con los ojos de Jesús, amando cada momento al unísono de los latidos del corazón de Jesús, edificando la comunidad con cada palabra y con cada gesto y entregando la vida sin pedir nada a cambio, sólo por amor.

¡Alegrémonos! el Señor nos ha manifestado su gracia en la vida humilde y entregada de este hombre, de este creyente, de este sacerdote que como su Maestro pasó por el mundo haciendo el bien.

3. UNA LUZ EN LA OSCURIDAD

Muchas veces nos quejamos de este tiempo y esta sociedad que nos ha tocado vivir, pero se nos olvida contemplar la época de los primeros cristianos y de las primeras predicaciones apostólicas a lo largo de los pueblos del mediterráneo y de algunas ciudades del interior. Olvidamos a los mártires, que entregaron su vida por Cristo y su Evangelio. Olvidamos a los misioneros que dejando sus tierras y familias se fueron a la aventura, dejando sus vidas en manos de Dios. Olvidamos el sacrificio de los Varones Apostólicos que nos evangelizaron. Olvidamos a tantos y tantos párrocos que en circunstancias difíciles han sido un faro entre las tormentas y roca firme en medio de su pueblo, muchos de ellos aún recordados por nuestros abuelos.

Tampoco la vida de Salvador Valera Parra, ni la de su gente fue fácil en aquel siglo XIX. Fueron tiempos convulsos: la guerra de la independencia, el sexenio absolutista, el trienio liberal, en el que gobernó el general Riego, el decenio absolutista, los diferentes gobiernos de Isabel II, el bienio liberal de Prim, Amadeo I de Saboya, la primera República, el gobierno de Alfonso XII y la regencia de María Cristina. Época de pugnas entre liberales y absolutistas tan características del siglo XIX. El recuerdo de la anarquía en el período de la Primera República produjo una atmósfera social dominada por el temor a la revolución y al caos político.

Además, los efectos de la climatología, que alternaba periodos de sequias con lluvias torrenciales, provocando terribles avenidas de los ríos y ramblas, produciendo destrucción, como la riada de 1879, que vino a añadir más desgracias. La irregularidad de las lluvias ocasionaba años sin cosecha y la falta de alimentos trajo la miseria y debilidad del sistema inmunológico de la población, y con ella las enfermedades epidémicas, la fiebre amarilla y el cólera.

La vida del Cura Valera fue sencilla en medio de su pueblo. Una vida humilde que hablaba de Dios iluminando las tinieblas de los distintos rostros del sufrimiento y la desolación política, social y religiosa. Hablaba con la palabra, con el corazón y con una vida entregada de servicio hasta el final. El ungido mostraba su vida con unción.

4. UN OFICIO DE AMOR

Aunque San Agustín ya escribió sobre ello refiriéndose a la misión del obispo, en el año 1971 San Pablo VI escribió Amoris Officio, que define la misión del sacerdote no como un poder, sino como un compromiso radical de amar y servir a cada miembro de la comunidad, imitando de esta manera el amor de Cristo.

La beatificación de don Salvador Valera Parra, nuestro querido Cura Valera, nos invita a volver la mirada a la obra que Dios realizó en él a través de una existencia humilde, entregada y profundamente evangélica. Su figura, tan cercana al corazón de nuestro pueblo, resplandece hoy con una luz nueva; la Iglesia reconoce oficialmente lo que tantos fieles han sabido durante generaciones y lo han transmitido: que en él brilló con especial transparencia la gracia de Cristo Buen Pastor. Contemplar su vida es dejarnos interpelar por el Evangelio vivido sin adornos, con la sencillez de quien se sabe instrumento y no protagonista, servidor y no dueño, hermano y no superior.

Este capítulo quiere recorrer los rasgos esenciales de su biografía personal, espiritual y pastoral, para que su ejemplo nos siga alentando y siga alentando a nuestras comunidades y, de modo particular, a los sacerdotes llamados a reproducir en su ministerio los sentimientos del Corazón de Cristo.

Orígenes humildes. Como hemos dicho al inicio de la carta, don Salvador nació aquel 27 de febrero de 1816, viernes de cuaresma, en el seno de una familia sencilla, marcada por la escasez vivida con alegría, por el trabajo honrado y la fe transmitida de manera natural y sencilla a sus hijos. “Vivían en casa humilde en la que resplandecía el orden y la limpieza”, dice uno de sus biógrafos. Este ambiente imprimió en el alma del nuevo beato una sensibilidad especial hacia la gente humilde, hacia quienes viven de la tierra y conocen el valor del sacrificio cotidiano. Desde niño aprendió que la grandeza no está en la apariencia, sino en la rectitud del corazón, lo que despertó en el niño una caridad sincera que se realiza de modo espontáneo y a base de pequeños gestos –comida, ropa entregadas a los pobres–.

En ese hogar modesto germinó, a temprana edad, la semilla de su vocación. No fue fruto de un acontecimiento extraordinario, sino de la escucha silenciosa de Dios en la vida ordinaria. Pronto se quedó huérfano de padre, y son sus hermanos mayores los que acompañan al joven Salvador en sus viajes a Murcia, en un burro, para realizar los exámenes de humanidades que le abrieran las puertas del Seminario. La oración familiar, la cercanía a la parroquia y, posiblemente, el testimonio de sacerdotes, fueron configurando en él un deseo profundo de consagrarse al Señor.

Vocación sacerdotal. Quienes le conocieron en su juventud recuerdan su carácter sereno, su conversación de altura impropia de su edad, su capacidad de trabajo, su inclinación natural a ayudar a los demás y su sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. La preparación al sacerdocio la hizo, después de los estudios de Gramática en Huércal-Overa, en el seminario de Murcia; la filosofía como externo residiendo en el convento de las monjas Capuchinas, después la teología, como interno en San Fulgencio.

Su ordenación sacerdotal, en la iglesia de Santa María de Alicante, por el cardenal Cienfuegos, arzobispo de Sevilla allí exiliado, fue un acontecimiento de gracia rodeado de sencillez gozosa que marcó definitivamente su existencia. “Se ordenó con dispensa de edad y pelo blanco”. Como gesto de agradecimiento cantó su primera misa en el convento de las Capuchinas que lo acogieron en sus primeros pasos vocacionales.

Un testigo lo describe así años después de su muerte: “alto, enjuto de carnes, delgado, muy cano (algunos incluso dicen que era cano de joven), de tez blanca y con porte majestuoso y modales de gran señor. Su aspecto era imponente, aun cuando atraía por su finura y bondad. Hacían conjunto en él su andar, sus modales, su sonrisa y su palabra… Todo era armónico, sencillo, correcto, limpio, santo”.

Ejercicio del ministerio. El ministerio del Cura Valera se desarrolló siempre en la diócesis de Cartagena, a la que entonces pertenecía la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Huércal-Overa. Comienza en esta parroquia su ministerio y no en condiciones fáciles, entre otros motivos por la incomprensión de los que lo rodean, pero a pesar de ello don Salvador, con gran humildad, se muestra siempre en profunda fidelidad a la Iglesia y en entrega generosa al pueblo que se le confiaba. Su estilo pastoral se caracterizó por la cercanía, la disponibilidad y la capacidad de escuchar. Así ocurrió en todos los destinos pastoral que tuvo (Alhama de Murcia, Cartagena, y en el mismo Huércal-Overa como Párroco).

Su presencia en la parroquia era constante y discreta. Conocía a sus feligreses, sabía sus preocupaciones, compartía sus alegrías y sufrimientos. Caminaba por las calles sin prisa, porque sabía que cada encuentro podía ser una oportunidad para consolar, orientar o simplemente acompañar. Su casa estaba siempre abierta, y su corazón aún más.

La fidelidad fue uno de los rasgos más visibles de su ministerio. Fidelidad a la oración, que sostenía su vida interior; fidelidad a la doctrina de la Iglesia, que transmitía con claridad y sin rigideces; fidelidad a las tareas pastorales, que asumía con responsabilidad y sin quejas; fidelidad a los pobres, a quienes consideraba los predilectos del Señor.

Su predicación sin gran elocuencia llegaba al corazón de sus oyentes y les movía el corazón para que respondieran al Señor. Tenemos testimonios como este: “No ha dicho nada extraordinario, pero con tal sencillez y tal fe que yo salgo completamente emocionado”. Transmite con la palabra su amor a Cristo, tomaba la imagen de Cristo en sus manos y se emocionaba ante tanto amor.

Su entrega no conocía horarios. Era de esos sacerdotes que se desgastan sin hacer ruido, que no buscan reconocimiento, que viven la caridad pastoral como una forma de martirio cotidiano. Su disponibilidad para atender a los enfermos, para consolar a las familias en duelo, para acompañar a los jóvenes en sus inquietudes, era expresión de un corazón configurado por el amor de Cristo.

La cercanía al pueblo era para él una consecuencia natural de su identidad sacerdotal. Se sabía enviado a servir, y por eso no se reservaba nada para sí. Su vida estaba entretejida con la vida de su pueblo, y su presencia se convirtió en un signo de la presencia misma de Cristo entre los suyos. Ante los hechos extraordinarios que acontecían a su alrededor la gente sencillamente decía: “las cosas del Cura Valera”. Estos eran sus grandes milagros que lo acreditaban ya como santo en vida.

El Pan, el Perdón y los Pobres. Si hubiera que señalar el centro espiritual del Cura Valera, sin duda sería su amor ardiente a la Eucaristía. Celebraba la Santa Misa con una devoción que conmovía a quienes participaban. Cada gesto, cada palabra, cada silencio, revelaba su conciencia profunda del misterio que tenía entre sus manos. Su modo de celebrar era una catequesis viva, una invitación a entrar en el misterio del amor de Dios que se entrega hasta el extremo. Son expresivos de este amor los gestos sencillos hacia la Eucaristía como su preocupación por que luciera ardiendo la lámpara ante el Santísimo. Vivía de la Eucaristía.

Junto a la Eucaristía, el confesionario fue otro de los pilares de su ministerio. Pasaba horas escuchando, orientando, absolviendo, animando. Tenía un don especial para acoger a los pecadores con misericordia y firmeza, sin juzgar, pero sin trivializar el pecado. Sabía que el perdón de Dios es un tesoro que no se puede administrar con ligereza, y por eso se preparaba con oración y penitencia para ejercer este ministerio. Muchos fieles recordaban la paz y la alegría que experimentaban al salir de su confesionario, donde se sentían escuchados, comprendidos y reconciliados.

Su atención a los pobres y enfermos era expresión concreta de su amor a Cristo. Son muchos los episodios de su vida que confirman este amor a los más necesitados: la caridad sencilla y cotidiana de dar no de lo que le sobra, sino de lo necesario. Hay hechos en su vida que confirman esta predilección por los pobres, por citar algunos: la actuación en la sublevación de los presos en el penal de Cartagena, la actuación ante la epidemia de cólera que asolaba la zona, la invitación a Santa Teresa de Jesús Jornet para que fundara un asilo de sus Hermanitas que acogieran a los ancianos desamparados, etc. Visitaba a los enfermos con frecuencia, llevando no sólo los sacramentos, sino también consuelo humano, compañía y esperanza. Con los pobres era generoso hasta el extremo, compartiendo lo poco que tenía.

En él se cumplía la palabra del Evangelio: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Su vida fue una parábola viva de la misericordia de Dios.

Vida Evangélica. La santidad del Cura Valera no se manifestó en hechos extraordinarios, sino en la fidelidad cotidiana vivida con sencillez y austeridad. Su estilo de vida era sobrio, sin lujos ni comodidades innecesarias. Vivía con lo justo, y a veces con menos de lo justo, porque prefería que los recursos de la parroquia se destinaran a quienes más lo necesitaban. Su habitación, sus objetos personales, su modo de vestir, todo hablaba de un hombre desprendido, libre de ataduras materiales.

Esa austeridad no era fruto de una actitud amarga o rígida, sino de una libertad interior que le permitía vivir centrado en lo esencial. No necesitaba nada más que a Cristo para ser feliz. Su alegría era serena, profunda, contagiosa. Su presencia irradiaba paz, porque su corazón estaba anclado en Dios.

Su vida evangélica se expresaba también en su humildad. No buscaba protagonismo, y por eso Dios lo engrandeció ante los ojos de su pueblo. Su autoridad no provenía del cargo, sino de la coherencia entre lo que predicaba y lo que vivía.

En un mundo marcado por la prisa, el individualismo y la superficialidad, la figura del Cura Valera se alza como un recordatorio de que la verdadera grandeza está en la sencillez, en la entrega silenciosa, en la fidelidad perseverante. Su vida es una invitación a volver al Evangelio en su pureza, sin añadidos, sin complicaciones, sin excusas.

Murió de un “catarro intestinal”, según consta en su acta de defunción, pero murió amando, hasta el último suspiro; amando a Dios, a su ministerio, a su pueblo. Fue enterrado en medio de un clamor popular que lo reconoce como santo, en el presbiterio de la parroquia que lo vio nacer y morir para este mundo. Desde entonces ha cuidado con su intercesión a todo el pueblo que se encomienda a él como el mayor signo de identidad de Huércal-Overa.

5. LA MISIÓN DEL SIERVO

Contemplar la vida y el ministerio del Cura Valera es dejarnos iluminar por un testigo que vivió el sacerdocio como un don inmerecido y como una misión apasionante. Su ejemplo nos anima a todos —de un modo especial a los sacerdotes— a vivir nuestra vocación con mayor autenticidad, a poner a Cristo en el centro, a servir a los hermanos con humildad y alegría, a cultivar una vida interior que sostenga nuestras obras.

Nunca ha sido fácil vivir el Evangelio, el seguimiento de Cristo con radicalidad, solo los grandes santos se han acercado, sobre todo los que han seguido el camino de los consejos evangélicos. La Carta Apostólica de nuestro Papa León XIV, Una fidelidad que genera futuro, con motivo del 60º aniversario de los decretos para la renovación sacerdotal, Optatam Totius y Presbyterorum Ordinis, consta de cinco capítulos que comienzan con la palabra FIDELIDAD y añade: Servicio, Fraternidad, Sinodalidad, Misión y Futuro.

Todas estas fidelidades nacen del mismo corazón de Cristo que, siendo de origen divino, sin alardes, pasó entre nosotros como uno de tantos, y nos dijo que el que quiera ser el primero sea el servidor de todos. Cuánto se tiene que trasfigurar nuestro corazón para llegar a este seguimiento tan radical. Cuántas esclavitudes debemos abandonar para llegar a la verdadera libertad de los hijos de Dios. Solo la humildad, de humus, tierra, nos puede hacer tener los pies sobre el suelo, porque humildad es encarnación, y ésta es servicio y éste genera la comunidad fraterna, y la comunidad nos envía a la misión, y ésta nos hace mirar hacia adelante y nunca atrás, que es la tentación del que no cree en la venida del Señor.

El beato Cura Valera, como hemos mostrado, nos enseña los pasos de la encarnación, que son los de la misión del siervo. Como Cristo, que siempre antes de un gran signo se retiraba la noche a orar. Cuánta oración en este hombre de Dios ante las dificultades, ante la pasión por la vida de los demás. Siendo libre, cuántas veces, como Pablo, se hizo esclavos de todos (cf. 1Cor 9,19). Viendo el egoísmo de algunos, cuántas veces ha tenido que luchar para alimentarles y mantenerlos en el amor, la armonía y los mismos sentimientos (cf. Flp 2,1-4) Desde la sencillez y la humildad, desde una vida entregada y llena de gestos, el Cura Valera, ha sido un profeta en medio de su pueblo.

Los sacerdotes también estamos llamados a permanecer en el amor de Cristo, para poder edificar nuestras comunidades. No olvidando nunca que hay un solo rebaño y un solo pastor.

6. LAS PUERTAS ABIERTAS: LA SANTIDAD

Es impresionante cómo la gente recuerda tantos testimonios de santidad de un pobre y humilde cura, cuya vida fue sencilla y prudente, eso sí, pero con un excepcional amor a Dios y un serio compromiso de servir a los hermanos. El Cura Valera no protagonizó nunca fenómenos deslumbrantes, ni buscó sobresalir en nada especial, no buscaba protagonismos inútiles, ni famas efímeras, no, todo lo contrario, su firme decisión era ser un alma para Dios y, por eso, buscaba el silencio, el recogimiento de la oración, la austeridad, la pobreza y salir raudo al encuentro de los hermanos que le necesitaban hasta dar la vida, olvidándose de sí mismo. En los múltiples testimonios que se describen en la positio sobre la vida, virtudes y fama del Cura Valera se puede observar que las puertas de su corazón siempre estaban abiertas para todos los fieles que le fueron encomendados y su celo le llevó a cuidar a los más necesitados, a los pobres de solemnidad.

La experiencia pastoral de don Salvador Valera como sacerdote fue sencilla, amaba a Dios profundamente y se fio de Él sin reservas. Ahora entendemos cómo el Señor lo fue modelando y movido por la fuerza del Espíritu Santo siguió a Cristo pobre, humilde y cargado con la Cruz. Así, en el silencio del amor, iba construyendo el camino de la santidad como un regalo, un don de Dios, porque su decisión fue seguir las huellas de Jesucristo. La vocación a la santidad la recibió en el bautismo, como todos nosotros, y al salir de las aguas bautismales fuimos hechos partícipes de la gracia santificante (cf. Ef. 4,7), pero hemos de saber permanecer en esa gracia siempre. En el Concilio Vaticano II se dice claramente que la santidad siempre se identifica con la estrecha unión con Cristo, como nos dice Lumen Gentium (cf. nn. 49-50): a causa de su más íntima unión con Cristo, los bienaventurados consolidan a toda la Iglesia en la santidad; y un poco más adelante se ofrece una especie de definición de la santidad al hablar de la vía segurísima por la que, entre las vicisitudes del mundo, podremos llegar a la perfecta unión con Cristo, es decir, a la santidad.

La Llamada a la santidad pertenece a la esencia misma de la Alianza de Dios con los hombres ya en el Antiguo Testamento: Dios, que por su esencia es la suma santidad, el tres veces santo (cf. Is. 6, 3), se acerca al hombre, al pueblo elegido, para insertarlo en el ámbito de la irradiación de esta santidad. La vocación a la santidad, pues, es un regalo divino que hay que validarlo todos los días, sabiendo que encontrará su cumplimiento definitivo en la Nueva Alianza mediante la sangre de Cristo, cuando se realice la ‘adoración en espíritu y en verdad’, de la que Jesús mismo habla en Siquem, en su conversación con la samaritana (cf. Jn 4, 24).

Es posible que alguien se pregunte de dónde le vino al Cura Valera esta vocación de hacer el bien, su impresionante vida de caridad y por qué le importaban tanto los necesitados. La respuesta es sencilla, la entenderás cuando descubras que la Iglesia es ‘comunión’, que somos una familia de hermanos y que la fuente de esta comunión es Jesucristo. Esto lo explica San Pedro en su carta primera: ‘Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu’ (1Pe 3, 18). El ejemplo de Cristo ha dado su fruto, nos ha hecho capaces de ser santos, porque Cristo nos ha rescatado con su preciosa sangre derramada (cf. 1Pe 1, 18.19) y nos ha hecho nación santa (cf. 1Pe 2, 9). Los testimonios de vida que nos ha dejado el Cura Valera manifiestan que fue un hombre entregado a hacer la Voluntad de Dios y nunca olvidó que los demás somos sus hermanos. Estas palabras describen el ser de un pastor bueno, que sabía perfectamente a quien seguía: en las diversas parroquias donde ejerció el ministerio sacerdotal, tanto las de la diócesis de Cartagena como la de Huércal-Overa en la actual diócesis de Almería, la huella profunda que dejó de vida apostólica ejemplar pobre, orante, preocupado de las necesidades de los fieles organizando servicios de caridad, catequesis, fomento de la práctica de los sacramentos, piedad popular… y sobre todo, de intenso trabajo pastoral para ayudar a vivir en santidad, dan muestra de su virtuoso ejercicio del ministerio sacerdotal, convirtiéndose así en modelo ejemplar de párroco.

La admiración y devoción que guardan sus paisanos y los que fueron sus feligreses nos llevan a pensar que el Cura Valera se entregó por amor, sí, por amor, como el de Cristo, dando la vida, construyendo la Voluntad de Dios en la unidad, en la comunión, cual piedras vivas… en santidad (cf. 1 Pe 2, 5). Este sacerdote nunca pasó de largo ante las necesidades de sus hermanos, fue el buen samaritano que se acercó a los caídos y apaleados de la vida, porque eso era lo que aprendió de Cristo en el Evangelio (cf. Lc 10, 25-37), dejando un testimonio y un modelo ejemplar de vida cristiana que ha estimulado y ha ayudado al Pueblo de Dios a seguir caminando en santidad. Fue un modelo luminoso de ser sacerdote diocesano, que procuró con alegría y determinación vivir santamente su ministerio y promover incansablemente una auténtica pastoral de la santidad. La figura de este buen párroco austero y enjuto no se ha olvidado, porque los testimonios son impresionantes, han quedado grabados en la memoria colectiva y todavía llegan al corazón. Es importante recordar las palabras que el entonces obispo de Cartagena dirigió a los jóvenes que acababa de ordenar para el ministerio exhortándoles: “Solo os pido que os miréis en el espejo que tengo en Huércal-Overa, en el cura don Salvador Valera Parra, en cuyo espejo se mira también vuestro obispo”. Él mismo, siendo ya cardenal de Valencia, todavía elogiaba las virtudes de este sacerdote, diciendo: “No estoy hablando de un hombre ni de un sacerdote, hablo de un ángel”. Sus palabras nos indican la huella de santidad que iba dejando el sacerdote don Salvador Valera Parra por donde pasaba, como el suave olor a Cristo o como lo describía San Pablo: dejaba por todas partes el ‘sello del Espíritu Santo’ (Ef 1,13), con el que ha sido marcado. Dios, es ‘el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones’ (2 Cor 1, 21-22).

La vida de este buen sacerdote nos ayuda a confiar en la Palabra del Dios y a seguir adelante siempre con la vocación que hemos recibido en el Bautismo, porque nuestra meta es el cielo, donde confluye toda la santidad de la tierra. Pero no olvidar que los caminos que nos ayudan a subir al cielo son los de la inocencia, los de la penitencia, los de la caridad, además de los que nos proponía el Papa Francisco en su Exhortación apostólica sobre la santidad: aguante, paciencia, mansedumbre, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida, y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8,31) …, caminos que han tenido como punto de partida el Bautismo, la gracia que ese sacramento nos confirió, el carácter que imprimió en nuestra alma, conformándola y haciéndola participar, como escribe santo Tomás de Aquino, en el sacerdocio de Cristo crucificado, en la comunión de la santidad que se ilumina con la gloria de Cristo Resucitado.

Nos miramos en el espejo del Cura Valera para seguir caminando sin desalentarnos, porque tenemos la fuerza del Espíritu Santo. Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez… En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. Con palabras del Papa León XIV podemos tener en cuenta esto para todos los cristianos, sean sacerdotes, religiosos o laicos. No lo olvidéis: un sacerdote santo hace florecer la santidad a su alrededor.

Que el beato Cura Valera renueve en nuestras comunidades el deseo de santidad y nos impulse a caminar con esperanza. Y que él, desde el cielo, interceda por nosotros, para que sepamos ser instrumentos dóciles en las manos de Dios.

+ Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería
+ José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena
+ Ginés García Beltrán, obispo de Getafe

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Este domingo se celebra la Jornada de Infancia Misionera

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Este domingo se celebra la Jornada de Infancia Misionera

“Tu vida, una misión” es el lema de la Jornada de Infancia Misionera que se celebra en la Iglesia este domingo 18 de enero.

Es un día muy importante, en el que los niños están invitados a ayudar a los demás niños, especialmente a los que no tienen lo necesario para vivir o no conocen a Dios. Todos somos misioneros, y podemos ayudarles con nuestra oración y nuestro dinero.

Con esta Obra Pontificia, el Santo Padre implica a los niños del mundo para ayudar a otros pequeños como ellos en las misiones. Y cuenta también con adultos comprometidos, para que los misioneros sigan proporcionando educación, salud y formación cristiana a más de 4 millones de niños en 120 países.

“A los débiles, especialmente a los niños, debemos darles lo mejor que tenemos”, decía el papa Francisco. Y esta jornada ayuda a ello.

En colegios y en parroquias, habrá actividades y colectas para ayudar a los más pequeños que os necesitan. Todos podemos contribuir a esa ayuda.

Hay muchos recursos y materiales aquí.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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La Diócesis de Guadix se une a la oración por la unidad de los cristianos 2026

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La Diócesis de Guadix se une a la oración por la unidad de los cristianos 2026

Como cada año, entre el 18 y el 25 de enero, la Iglesia universal celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. En nuestra Diócesis de Guadix, nos unimos a este clamor ecuménico que busca hacer realidad el deseo del Señor: «Que todos sean uno».

Un lema nacido de la esperanza

Para este año 2026, el lema elegido es: «Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados» (Efesios 4, 4). En un mundo marcado por la fragmentación, estas palabras de San Pablo nos recuerdan que, por encima de nuestras diferencias históricas o de rito, compartimos una raíz común y un mismo destino. La unidad no es un logro humano, sino un don del Espíritu que debemos implorar con humildad.

 

La riqueza espiritual de Armenia

Este año, los materiales de oración han sido preparados por la Iglesia Apostólica Armenia. Es una oportunidad única para que los fieles de Guadix nos acerquemos a la fe de una de las iglesias más antiguas de la cristiandad.

Los textos que utilizaremos en nuestras parroquias durante este octavario beben de:

– Himnos antiguos: Algunos datan del siglo IV, nacidos en monasterios de los valles del Cáucaso.

– Testimonio de resistencia: Armenia, la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial, nos regala una espiritualidad forjada en la dificultad y la esperanza.

– Tradición patrística: Las reflexiones diarias incluyen textos de santos compartidos, como San Nersés el Agraciado, que nos invitan a la reconciliación.

 

Una llamada a la humildad y la amabilidad

Como dice el apóstol en el texto de Efesios que acompaña al lema de este año: «Sed humildes, amables, comprensivos. Soportaos unos a otros con amor». La unidad comienza en nuestras propias comunidades, en el modo en que acogemos al que es diferente y en el esfuerzo por consolidar, con «ataduras de paz», la unidad que es fruto del Espíritu Santo.

 

Diversos Recursos

Entre los materiales de este año, como novedad, está disponible una APP para profundizar en el diálogo interreligioso, conocer más aspectos del camino por la unidad y seguir las reflexiones y oraciones de cada día de este octavario. De igual manera, en la página web de la diócesis de Guadix publicaremos cada día de la Semana de Oración por los Cristianos los textos bíblicos, meditaciones y oraciones correspondientes para que en nuestras parroquias, comunidades y hogares podamos reflexionar sobre este llamado que nos hace el Señor y nos unamos en oración por la unidad de todos los creyentes en Cristo.

Que la intercesión de San Torcuato, nuestro patrón y primer evangelizador, nos ayude a ser testigos de esa esperanza común a la que todos hemos sido llamados.

 

John Alexander Melo Arévalo

Secretariado diocesano de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso

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Infancia Misionera: «Tu vida, una misión»

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Hoy la Iglesia celebra el II Domingo del Tiempo Ordinario y la Jornada de la Infancia Misionera. Esta Jornada tiene un lema tan sencillo como exigente: “Tu vida, una misión”. No es un eslogan piadoso; es una verdad cristiana: por el Bautismo, cada uno de nosotros ha sido llamado por Dios, conocido por su nombre, enviado al mundo y hecho responsable del Evangelio. En la liturgia de este domingo, la Palabra de Dios nos sitúa ante la iniciativa amorosa del Señor. El profeta Isaías nos recuerda que Dios “nos ha llamado” y “nos envía” para ser luz, y el Evangelio nos presenta a Juan el Bautista señalando a Cristo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

La misión comienza por el hecho de que Cristo está presente en medio de nosotros, y la Iglesia vive para señalarlo, como hizo el Bautista. Esto vale para todos, también para los niños. La Infancia Misionera nos lo recuerda cada año con una intuición preciosa: los niños no son solo destinatarios de la evangelización, son protagonistas. Los niños pueden rezar, compartir, ayudar, consolar, invitar, acompañar, y hacerlo con una espontaneidad que muchas veces a los adultos nos cuesta. Por eso el lema de este año está formulado en primera persona: tu vida. La vida concreta —tu familia, tu escuela, tu parroquia, tus amigos, tus límites y tus dones— es el lugar donde Dios te llama y te envía. Cada persona es portadora de una misión “única, personal e irrepetible”.

La Infancia Misionera nació con una convicción que nunca envejece: “Los niños ayudan a los niños, los niños rezan por los niños, los niños evangelizan a los niños”. Esta frase, recordada en los materiales de la Jornada, sigue siendo un programa pastoral de primer orden. Ayudan, en primer lugar, con la oración. La Iglesia siempre ha sabido que la oración abre caminos que nuestras fuerzas no alcanzan. Un niño que reza por otros niños —por los que no tienen escuela, por los que sufren guerra, por los que viven sin hogar, por los que pasan hambre, por los que no conocen a Jesús— está ya viviendo una verdadera comunión católica: una fraternidad sin fronteras.

Ayudan también con el compartir. La Jornada incluye la colecta destinada a la Obra Pontificia de la Infancia Misionera. Se nos recuerda algo muy concreto: esa colecta no es “solo dinero”; es cariño, oración y apoyo para que tantos niños vivan con dignidad y conozcan a Jesús. Y ayudan, finalmente, con el testimonio: el testimonio de la alegría cristiana, de la amistad limpia, de la obediencia agradecida, del perdón sencillo, de la verdad sin doblez, de la generosidad en casa. Aquí la Infancia Misionera toca el corazón de nuestras familias: educar a los niños en la fe no es añadirles una carga; es enseñarles el camino de la libertad verdadera.

Esta Jornada no puede quedarse en un “día señalado” sin continuidad. Por eso deseo proponer a toda la Archidiócesis —familias, parroquias, colegios, catequesis, movimientos y hermandades— algunos objetivos concretos, sencillos y posibles: Poner a Cristo en el centro, con una vida de oración adaptada a los niños; hacer visible la universalidad de la Iglesia; enseñar a compartir con alegría; despertar la conciencia vocacional desde la infancia. La campaña subraya que cada niño puede descubrir sus talentos para ponerlos al servicio de la misión, y que es bueno presentar la posibilidad de una entrega mayor: el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio cristiano, la misión ad gentes.

Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, cuide a nuestros niños y los haga misioneros de Cristo; que santa Teresa del Niño Jesús, tan unida a la infancia espiritual y al ardor misionero, nos enseñe el “caminito” de la confianza y del amor; y que el Señor nos conceda vivir —cada uno— esta verdad sencilla: tu vida, una misión.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

Escuchar, discernir y caminar juntos

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Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:

La sinodalidad es una dimensión esencial de la Iglesia, que a lo largo de la historia ha adoptado diversas expresiones. Los procesos sinodales buscan, ante todo, acoger y discernir con seriedad el sentido de fe de todos los bautizados. El Santo Padre León XIV nos ha animado a perseverar en este compromiso, reafirmando en el reciente Consistorio de Cardenales que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».

Como Iglesia Diocesana, acogemos con alegría y esperanza la tarea de conocer, difundir y aplicar el Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad. Este texto recoge «el consenso alcanzado al final del discernimiento de los Pastores provenientes de todas las Iglesias y que, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios». Nos invita, además, a un proceso de profundización y purificación personal, que favorezca la transformación de nuestra organización pastoral, ya que «sin cambios concretos a corto plazo, la visión de una Iglesia sinodal no será creíble, y eso alejará a aquellos miembros del Pueblo de Dios que han hallado fuerza y esperanza en este camino» (DF, n. 94).

Para ello, convoco en una primera fase a todos los responsables de pastoral de la Diócesis, para estudiar el Documento Final, utilizando la guía de lectura que estará disponible en diocesismalaga.es/sinodalidad a partir del 26 de enero. A través de la misma página podrán inscribirse en la Jornada de Formación prevista para el sábado 11 de abril. En ella profundizaremos en los fundamentos teológicos de la sinodalidad y practicaremos el método de la Conversación en el Espíritu, una dinámica que ayuda a los grupos a escuchar a Dios y a tomar decisiones comunes mediante la escucha profunda, la oración y la atención a los movimientos interiores.

En una segunda fase, a partir del 11 de abril, invitaremos a las parroquias y sus grupos, a las comunidades religiosas, a las asociaciones laicales y a las hermandades a continuar este trabajo, aplicando el método de la Conversación en el Espíritu para profundizar en el Documento Final. Este trabajo culminará con una Asamblea Diocesana que celebraremos, Dios mediante, el sábado 20 de junio. Os ruego que anotéis estas fechas en vuestro calendario pastoral.

Este itinerario, diseñado conjuntamente por el Centro Superior de Estudios Teológicos CESET Málaga y la Permanente del Consejo Pastoral Diocesano, nos dispondrá para la elaboración de un Plan Pastoral para los próximos años.

No tengamos miedo. El camino sinodal ya recorrido nos anima a mirar el futuro con confianza, «con esa esperanza que no defrauda, la única capaz de sostener el compromiso de avanzar, como Iglesia sinodal, en la misión que el Señor Jesús confió a sus discípulos» (Pistas para la Fase de Implementación del Sínodo).

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

📖 Reseña literaria: ‘Paciencia y perseverancia′, de Giuseppe Di Stefano

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📖 Reseña literaria: ‘Paciencia y perseverancia′, de Giuseppe Di Stefano

Paciencia y perseverancia son los rostros de la esperanza, los pies sobre los que la esperanza avanza por nuestros senderos. Va despacio, sin prisa. Abriéndose paso, superando las dificultades. La esperanza planta semillas a su paso, aunque quizá nunca las vea germinar. Es capaz de curar el padecimiento de quien ha sido herido y levantar a quien ha caído por el cansancio. Y con sus ojos límpidos puede ver más allá de lo posible y hacernos el regalo de los nuevos comienzos.

«La esperanza camina a pie y dispone de tiempo de sobra, que perder. Tiempo para escuchar y para hacer se cercana, para demorarse, dispuesta a acabar con los programas y hojas de ruta. Y nos recuerda que merece la pena, siempre, y que el pan más rico es el que hemos sabido compartir».

Fuente: Editorial Paulinas

Intervención de la Hna. Pilar González, desde la Librería Welba, en El Espejo de COPE Huelva de este viernes 16 de enero.

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Acompañamiento: escucha que acoge, palabra que anima

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La última entrega de Iglesia en Córdoba cuenta toda la actualidad diocesana, la primera Visita Pastoral de monseñor Jesús Fernández, la presentación del Centro de Información y Recepción de Visitantes de la Mezquita-Catedral y el fallecimiento del sacerdote Lorenzo López-Cubero

A las puertas del fin de semana publicamos la última entrega de Iglesia en Córdoba, el semanario diocesano de información y formación cristiana, que cada semana narra las noticias más destacadas de la diócesis de Córdoba. La primera Visita Pastoral del Obispo al arciprestazgo Baena-Castro del Río, la presentación del Centro de Información y Recepción de Visitantes de la Mezquita-Catedral o una entrevista con María Yered Rodríguez Calmaestra, directora de la Oficina de Protección del Menor en la Diócesis, son algunos de los temas de actualidad que se pueden conocer este fin de semana.

El fallecimiento el 13 de enero del sacerdote Lorenzo López-Cubero, que fuera Administrador Diocesano, es otra de las noticias destacadas de la semana, y profundizamos en el acompañamiento en la Iglesia, cuáles deben ser las principales cualidades que debe tener un acompañante o qué relación comparten acompañante y acompañado.

La revista completa se puede consultar a través del siguiente enlace iec958

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Entrevista sobre el encuentro de PH Granada con el Papa, en “El Espejo” COPE

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Programa emitido hoy viernes, 16 de enero, en COPE Granada y COPE Motril.

En el programa emitido hoy viernes, 16 de enero, en COPE Granada y COPE Motril, entrevistamos al director de Proyecto Hombre Granada, D. Manuel Mingorance, que nos habla sobre el encuentro que el pasado miércoles, tras la Audiencia General en el Vaticano, tenía lugar entre la entidad y el Papa León XIV.

Abordamos también la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que comienza este domingo 18 de enero, con el lema “Un solo espíritu, una sola esperanza”.

ESCUCHAR PROGRAMA

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La comunidad parroquial de San Bartolomé de Jaén reflexiona sobre el Evangelio según Mateo

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La comunidad parroquial de San Bartolomé de Jaén acogió la tarde del 15 de enero la primera charla de formación bíblica centrada en el Evangelio según san Mateo, impartida por el Vicario General de la Diócesis, D. Juan Ignacio Damas López.

El encuentro, al que asistieron numerosos miembros de nuestra comunidad y de otras, se desarrolló en un ambiente de cercanía y escucha. A lo largo de su intervención, D. Juan Ignacio ayudó a los que allí estábamos a comprender mejor el Evangelio según Mateo, central en este ciclo litúrgico que nos encontramos, ofreciendo claves sencillas para acercarse a su lectura y descubrir su mensaje para la vida cristiana.

Con un lenguaje claro y accesible, nos fue situando el texto evangélico en su contexto, sus destinatarios y cómo san Mateo presenta a Jesús. Más que interesante fue la explicación de las partes del Evangelio, haciendo una comparación entre la Ley antigua y la Ley nueva. Sus palabras resultaron especialmente iluminadoras para muchos de los asistentes, que valoraron la charla como una ayuda concreta para leer el Evangelio con mayor profundidad y sentido.

La formación no se quedó solo en el plano teórico, sino que invitó a acoger la Palabra de Dios como algo vivo, que sigue interpelando hoy al creyente y a la comunidad cristiana. Al finalizar, los participantes expresaron su agradecimiento por su enseñanza que animó a seguir profundizando en el Evangelio y a hacerlo desde la fe y la vida cotidiana.

Este encuentro se enmarca en las actividades formativas que nuestra comunidad parroquial tiene previsto desarrollar a lo largo de 4 meses más, continuando con la profundización de Mateo, para favorecer el crecimiento espiritual y el conocimiento de la Palabra de Dios.

Os dejamos las fechas para quien desee participar en este ciclo (todas las charlas se iniciarán a las 19:30 h. con una duración aproximada de una hora):

  • 05 de febrero.     El sermón del monte
  • 12 de marzo.       El relato de la pasión
  • 09 de abril.           El discurso parabólico
  • 07 de mayo.         El discipulado

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ACN España presenta en Granada el Informe de Libertad religiosa en el mundo 2025

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Tendrá lugar el jueves 22 de enero, a las 19:30 horas, en la Curia Metropolitana (Plaza Alonso Cano), con la participación del presidente de esta fundación pontificia y el testimonio del sacerdote iraquí Naim Shoshandy, cuya familia sufrió la violencia del Estado Islámico.

La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN España), en colaboración con la Archidiócesis de Granada, presenta el jueves 22 de enero su Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025, a las 19:30 horas en el salón de actos de la Curia Metropolitana (Plaza Alonso Cano, 1. Granada).

En el acto intervendrán D. Enrique Rico Pavés, vicario general de Granada, José María Gallardo, director de de ACN España, y el padre Naim Shoshandy, sacerdote de Irak y testigo directo de la persecución religiosa. Será presentado por Francisca Pallarés, delegada de medios de la Archidiócesis de Granada. Este estudio analiza la situación del derecho fundamental de la libertad religiosa en todos los países del mundo y para todos los credos. Ha sido presentado al Papa León XIV, que ha agradecido el trabajo de ACN: “El  derecho  a  la  libertad  religiosa  no  es  opcional,  sino  esencial”.

CASI DOS TERCIOS DE LA POBLACIÓN MUNDIAL NO TIENEN LIBERTAD LIBERTAD

Más de 5.400 millones de personas en todo el mundo viven en países con graves violaciones a la libertad religiosa, lo que supone casi dos tercios de la población mundial. Esta es una de las principales conclusiones que se desprende del Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025 que acaba de lanzar la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada.

Este Informe, que cumple 25 años de misión en defensa de este derecho humano, indica en esta edición que el derecho a la libertad religiosa no sólo está amenazado a nivel mundial sino que se encuentra en serio peligro de desaparecer.

De los 196 países analizados, en el periodo comprendido entre enero de 2023 y diciembre de 2024, en 62 países la libertad religiosa sufre graves vulneraciones. En 24 de ellos existe persecución con violaciones graves y sistemáticas que  afectan en total a 4.100 millones de personas de países como China, India, Nigeria y Corea del Norte. En los otros 38 países, la población está expuesta a discriminación por motivos religiosos, lo que podría afectar a más de 1.300 millones de personas.

El AUTORITARISMO, PRINCIPAL ENEMIGO DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

El informe identifica el autoritarismo como el principal motor de la represión religiosa. Estos regímenes autoritarios han impulsado una creciente opresión contra los creyentes. En China, Irán, Eritrea o Nicaragua, entre otros, los gobiernos imponen sistemas de control sobre las comunidades religiosas, limitan su libertad de culto y castigan la disidencia espiritual. Los gobiernos autoritarios son la causa principal de persecución en 19 países y apoya situaciones de discriminación en otros 33.

MANIFIESTO INTERNACIONAL A FAVOR DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

Consciente de la amenaza global contra el derecho a creer, por primera vez Ayuda a la Iglesia Necesitada en sus 24 oficinas de todo el mundo lanza una campaña de recogidas de firmas a nivel internacional por la libertad religiosa. Este manifiesto será presentado ante organismos internacionales como la ONU y la Unión Europea para pedir a los gobiernos democráticos que condenen y sancionen los ataques al derecho a la libertad religiosa, que protejan a las comunidades religiosas que son víctima de la persecución y la discriminación y promuevan ayudas concretas y eficaces en este sentido.

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