La familia Cruz Blanca clausura la celebración de su 50 aniversario

La Familia Cruz Blanca se reunirá durante los días 19-21 de marzo en Sevilla y en Córdoba para llevar a cabo la clausura de los 50 años de su caminar en la Iglesia (1975-2025). La aprobación canónica de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca tuvo lugar en Tánger un 27 de marzo de 1975 de la mano de quien era Arzobispo de la diócesis, Fray Carlos Amigo Vallejo.

50  años siendo Casa y Familia

La historia de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca comienza a mediados de los años sesenta cuando Isidoro Lezcano, fundador, y un pequeño grupo de personas voluntarias decidieron vivir el Evangelio desde la cercanía con las personas más vulnerables y empobrecidas de la sociedad.

En sus inicios se establecieron en las ciudades de Ceuta y Tánger, sin grandes estructuras ni recursos, abrieron una primera casa donde compartir la vida con personas enfermas, sin hogar y profundamente solas. El joven Isidoro Lezcano conocía muy bien la realidad de las personas desde su servicio como voluntario en el hospital donde hacía de enfermero, un muchacho de 25 años con un solo deseo: atender a los enfermos incurables, a las personas que no tenían un hogar y crear una familia más allá de los lazos de sangre, donde cada persona pudiera ayudar en las tareas y se sintiera acogida en su casa. Este sueño se hizo realidad: si alguien llama a la puerta debe encontrar una CASA y FAMILIA.

Isidoro Lezcano fue uno de tantos, tantos de uno. Un hombre humilde que descubrió la presencia de Dios en la vida y aprendió a confiar en la Providencia. Recordamos hoy sus palabras: “Sin el abandono en la Providencia no somos nada, ya que somos su obra”.

Aquella experiencia fue creciendo y consolidándose hasta que la Iglesia reconoció oficialmente a los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca y su carisma de servicio, caridad y hospitalidad mediante su aprobación canónica, hace ahora 50 años.

Con la clausura del Año Jubilar por el 50º aniversario los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca culminan cinco décadas de presencia entre las personas más necesitadas, con un lema actual: ACOGER, ACOMPAÑAR Y TRANSFORMAR, una historia de agradecimiento por tantos nombres propios, historias rescatadas y dignidades restauradas.

 

Una obra que hoy se traduce en hechos

Desde sus inicios el Hno. Isidoro Lezcano y los primeros hermanos comprendieron que la asistencia no podía quedarse en un servicio. Su compromiso social se ha sostenido sobre una convicción sencilla y radical: ninguna persona puede sentirse rechazada a causa de sus dificultades, Cruz Blanca será su familia como lugar relacional, donde respetando su dignidad pueda llegar a tener una vida plena, de bienestar.

La complementación, cohesión y convivencia de las 32 Casas Familiares y los 16 Centros de Fundación Cruz Blanca hacen posible el objetivo de sumar, acrecentar y cohesionar la labor social.

La pluralidad de servicios que se ofrecen en distintos territorios y comunidades autónomas, así como presencias internacionales en Marruecos, Venezuela y Argentina, el trabajo interdisciplinar, las especializaciones en temas emergentes, y el conocimiento basado en la intervención directa transfiere a Cruz Blanca valor añadido, diversidad y profesionalidad.

La última memoria institucional refleja cómo aquella llamada inicial se ha convertido en una amplia red de atención y acompañamiento. Más de 22.000 personas se atienden anualmente en Cruz Blanca en distintos ámbitos:

_Personas con discapacidad, salud mental y trastornos de conducta.

_Personas mayores en situación de dependencia.

_Atención a niños, niñas, adolescentes y jóvenes vulnerables.

_Personas en situación de sin hogar y de exclusión social.

_Personas migrantes.

_Trata de seres humanos y víctimas de explotación sexual. _Personas en situación de ayuda humanitaria.

La misión de Cruz Blanca es colaborar en la construcción de una sociedad más justa y fraterna ofreciendo espacios en los que se promueva, defienda, cuide y celebre la vida facilitando el desarrollo integral de aquellas personas más vulnerables desde el pensamiento humanista cristiano.

Apostamos por la esperanza

Deseamos ponernos siempre en camino desde la esperanza para seguir apostando por las personas, sabiendo que testimoniamos el Amor de Dios y lo hacemos en distintos ámbitos, lugares y circunstancias. Releemos la parábola del buen samaritano y nos dejamos interpelar por su mensaje: “haz tú lo mismo”.

Nos sentimos parte de la Iglesia y acompañados siempre por ella; agradecemos el trabajo de las personas profesionales, del voluntariado, de todas las personas que nos acompañan durante tantos años, agradecidos por las personas asistidas que son la razón de todas nuestras acciones, de las entidades, de todas las Instituciones públicas y privadas, de las distintas Administraciones.

Agradecidos por todos los hombres y mujeres de buen corazón que nos acompañan en nuestra misión.

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