“Dichosos los que trabajan por la paz”

Carta Pastoral de Mons. Bernardo Álvarez, Obispo Nivariense, con motivo de la XII Peregrinación a Candelaria en favor de la Paz.

«Dichosos los que trabajan por la paz»

El próximo sábado, 23 de febrero, por duodécimo año consecutivo peregrinamos hasta la Basílica de la Virgen de Candelaria en oración por la paz. Esta peregrinación anual se inició en enero de 2002 para responder al llamamiento del entonces Papa Juan Pablo II que, angustiado ante el agravamiento del conflicto de Irak, nos pidió a todos movilizarnos a favor de la paz.

Desde entonces no hemos dejado de convocar a gentes de todos los rincones de Tenerife que cada año, en número cada vez mayor, se han unido para pedir a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz en todo el mundo, particularmente en aquellos lugares donde hay conflictos abiertos, para que todas las personas, donde quiera que se encuentren, puedan alcanzar sus aspiraciones de una vida próspera y feliz.

Siempre hemos partido de la Iglesia de Santo Domingo de La Laguna. En esta ocasión hemos elegido un itinerario diferente. Como estamos en el «Año de la Fe» hemos decidido hacer el recorrido que conocemos como «Ruta Virgen de Candelaria». Es decir, los lugares por donde fue llevada la imagen de Ntra. Sra. de Candelari,a desde que fue encontrada por los guanches en la playa de Chimisay, hasta su ubicación actual en la Basílica junto al mar, pasando por la cueva de Chinguaro.

Sin temor a equivocarnos, podemos decir que la Virgen de Candelaria fue la primera noticia del cristianismo que tuvo la isla de Tenerife, más de un siglo antes de la conquista. Aún sin tener conocimiento pleno de lo que significaba, los guanches veneraron a la Virgen María y al niño Jesús que lleva en su brazo. Esto, sin duda, favoreció la posterior evangelización de la población autóctona por parte de los misioneros, de modo que la Virgen de Candelaria fue «la puerta de la fe» para los guanches, la puerta por la que la fe cristiana entró en Tenerife.

La peregrinación partirá a las 8 de la mañana, desde la playa de Chimisay, donde apareció la imagen de la Virgen (lo que hoy conocemos como El Socorro de Güimar). Iremos hacia la ermita y espacio religioso de Chinguaro (donde lo guanches la guardaron y veneraron). Desde allí, sobre las 10 de la mañana, seguiremos hasta la Basílica de Candelaria (donde se la venera actualmente); a la llegada, sobre las 12 de la mañana tendremos la Santa Misa ofrecida por la paz del mundo. Los que deseen participar, pueden unirse en cualquiera de estos lugares o irse incorporando por el camino, como ha sucedido en otras ocasiones.

La «Peregrinación por la Paz» tiene dos perspectivas complementarias. La primera, es un «gesto visible» de nuestra preocupación por los conflictos sangrientos y por las amenazas de guerra que afligen a millones de personas. Es una viva manifestación de nuestro rechazo de toda forma de violencia, junto con nuestro deseo de paz y concordia entre todos los seres humanos. La realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, todos los seres humanos somos una sola familia. Por eso, como dice el Papa, «para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios».

De ahí que, la segunda perspectiva de nuestra peregrinación sea la de «oración por la paz». Junto con la Virgen María pedimos con insistencia: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz». A Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido de una mujer, María, le pedimos que nos ayude a comprender que todos somos hijos de un mismo Padre y a tratarnos como buenos hermanos los unos de los otros.

«Dichosos los que trabajan por la paz», dejó dicho Jesús, en una de las bienaventuranzas. Pero, para trabajar por la paz, lo primero es ser «pacífico». De ahí que, con la oración pedimos, también, vencer el germen de oscuridad y de negación de la paz que anida en nuestro corazón: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y los deseos de venganza, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y el mirar para otro lado ante las estructuras injustas. En fin, con la oración pedimos nuestra renovación interior, un corazón y un espíritu nuevo que sólo Dios nos puede dar. Además, la paz que buscamos y por la que queremos trabajar es, ante todo, la paz con Dios viviendo según su voluntad, porque es así como alcanzaremos la paz interior con nosotros mismos y paz exterior con el prójimo.

Puede parecer que una «Peregrinación por la Paz» sirve de poco y que es perder el tiempo. Pero no es así. Como dice el Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año ( www.obispadodetenerife.es): «Las iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar».

Todos los que quieran están invitados a unirse a esta «Duodécima Peregrinación por la Paz a Candelaria», bien en todo el recorrido o incorporándose en cualquier momento. Y, por encima de todo, vayamos o no a la peregrinación, no dejemos de trabajar todos los días por la paz, en nuestra vida personal y familiar, en nuestro vecindario y municipio, en nuestro ambiente de trabajo y de ocio, en la política, en la cultura y en el deporte, en las asociaciones profesionales y sociales… La paz se construye desde abajo, allí donde las personas conviven, trabajan y toman decisiones. La paz que es un derecho de todos es, también, un deber de todos. Y sin olvidar la oración por la paz, porque sólo Dios puede cambiar nuestro corazón y el de los demás.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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