“La alegría misionera”, en la renovación del sacerdocio

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El Obispado de Tenerife está situado en San Cristobal de La Laguna. La jurisdicción de la diócesis comprende Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

Unos 150 presbíteros de la provincia renovaron sus promesas sacerdotales. Se consagró el Crisma y bendijeron los Santos Óleos.

El Obispo, Bernardo Álvarez, presidió este Martes Santo, la Misa Crismal en la Catedral, en la que consagró el Santo Crisma que se emplea para el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal y bendijo los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. El prelado estuvo acompañado por unos 150 presbíteros venidos de las cuatro islas que forman la Diócesis Nivariense. Durante la celebración, estos sacerdotes renovaron las promesas que realizaron el día en que fueron ordenados.

«Esta misa es de todos y para todos, puesto que en ella celebramos que somos un pueblo sacerdotal, pero, particularmente, esta misa reviste un carácter especial para los sacerdotes» indicó el Obispo al comienzo de su homilía. El prelado recordó que la misa crismal se celebra habitualmente el Jueves Santo por la mañana, pero para facilitar la presencia de los sacerdotes en sus parroquias al comienzo del Triduo Pascual, se adelanta a este día.

Álvarez continuó señalando que «también este día es un momento para recordar a los hermanos sacerdotes que nos han dejado desde la última misa crismal hasta ahora: Pedro Capote, José Díaz, Juan Fernando Pérez y el salesiano Evaristo Rodríguez».

Asimismo, apuntó el Obispo, es una celebración para dar gracias a Dios por los sacerdotes que fielmente, a lo largo de los años, han ejercido el ministerio al servicio del pueblo de Dios. Algunos de ellos cumplen este año sus bodas de oro: Antonio Hernández Oliva, Carlos Arceniega, José González Luis, José Antonio González Luis, José Antonio Zafra, José Hermógenes, Manuel Lorenzo, Rufino Pérez, Santiago Cruz y el paúl Luis Carbo.

De igual forma, Bernardo Álvarez dio gracias por los sacerdotes que cumplen bodas de plata: Antonio Manuel Pérez Pérez, Francisco Ignacio Hernández, Gabriel Morales, Juan Manuel Yanes y Juan Ramos. Y, también, por el último sacerdote ordenado: David Rodríguez

Además, el prelado invitó a orar por los sacerdotes mayores y por los enfermos y tuvo un recuerdo especial por aquellos que, por diversos motivos, se encuentran fuera de la diócesis.

Álvarez continuó su homilía expresando que los acontecimientos que vamos a celebrar en esta pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, configuran nuestro nacimiento a la fe. «De esa pasión y muerte hemos nacido como hijos de Dios. También hemos nacido al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada. La misa crismal es la manifestación visible de que todos, en Cristo, formamos un único sacerdocio. La expresión ‘nos ha hecho sacerdotes de nuestro Dios’, debemos entenderla con referencia a todos los que estamos bautizados», recordó el prelado.

Por otro lado, el obispo se refirió a los sacerdotes ordenados como ministros. «Toda nuestra vida sacerdotal es un proceso hacia la santidad y esta renovación de hoy va en esa dirección. La liturgia nos invita a sostenernos los unos a los otros. Este ‘sí a Dios’ lleva implícito la voluntad de llevar las cargas los unos de los otros en las circunstancias ordinarias de nuestra vida y de nuestro ministerio».

En otro momento de su homilía, monseñor Álvarez hizo hincapié en que «los ordenados somos dispensadores y administradores en nombre de Cristo de los bienes de Dios en favor de su pueblo. No somos la fuente de la santificación. Ésta siempre es Cristo. No somos los que salvamos. Somos servidores de la santificación y de la salvación que Dios, por nuestro medio, ofrece a su pueblo. Tampoco somos dueños del ministerio, sino administradores de los bienes de Dios en favor de su pueblo», recordó.

Por último, el obispo quiso traer a la memoria las palabras que el Papa pronunció en la homilía de la misa crismal del año pasado. «Nadie es más pequeño e insignificante que un sacerdote, si no está unido a Cristo», expresó el prelado para añadir: «El pueblo de Dios nos quiere, valora y acude a nosotros, no porque seamos de una forma u otra, sino porque representamos a Cristo y quiere ver en nosotros una transparencia de él».

Álvarez indicó que el Papa habla de una alegría que nos unge. «No que nos unta, que nos vuelve untuosos o suntuosos, sino que nos unge, es decir, que penetra en lo más íntimo del corazón y lo configura, lo transforma por dentro».

En segundo lugar, continuó el obispo, el Santo Padre habla de una alegría incorruptible. «Una alegría que nadie puede arrebatar. La alegría del sacramento del orden no la puede quitar nadie y es una fuente incesante de alegría. Por lo tanto, no busquemos la alegría en otra cosa diferente a lo que hemos recibido en el sacramento del orden», exhortó el prelado.

Y, en tercer lugar, dijo monseñor Álvarez haciendo suyas las palabras del Santo Padre, la alegría es misionera. «Esa alegría la custodia el pueblo de Dios, que reza y cuida de su sacerdotes. El Papa añade que esta alegría sacerdotal viene defendida por tres hermanas: la pobreza, la fidelidad y la obediencia». Sobre esta última, el prelado recordó que la obediencia no es sólo formal. «No es hacer sólo lo que se me dice, sino identificarnos con aquello que se nos encomienda».

Por último, el obispo invitó encarecidamente a todos, a dedicar esta Semana Santa, algunas horas para leer y reflexionar las palabras del Papa en la pasada misa crismal.

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