El Obispo elogia la fortaleza de la fe, esperanza y caridad de María

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El Obispado de Tenerife está situado en San Cristobal de La Laguna. La jurisdicción de la diócesis comprende Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

En una mañana de intenso calor, la Basílica de Candelaria, totalmente abarrotada de fieles y peregrinos, acogió este viernes 15 de agosto, la celebración del Día de la Patrona de Canarias, la Virgen María de Candelaria. Tras la procesión cívica, en la que fue trasladado hasta el templo el escudo de la ciudad, se inició la función religiosa presidida por el Obispo.

En la Misa, estuvieron presentes numerosas autoridades públicas, entre ellas, el representante del rey, figura que este año recayó en el Presidente del Parlamento de Canarias, Antonio Castro; el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero; el presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Carlos Alonso; el Alcalde de la villa mariana, Gumersindo García, así como numerosos alcaldes y representantes de otros municipios.

El obispo comenzó su homilía indicando que nos volvíamos a reunir un año más para celebrar a la Virgen María. «Aquí estamos nosotros, ésta generación de comienzos del siglo XXI celebrando a la Virgen María, diciéndole dos mil años después, como le dijo entonces su prima Isabel: «Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

Seguidamente, el prelado apuntó las obras que Dios hizo grandes en María. En primer lugar -indicó-, convertirla en la Madre de Dios hecho hombre. Pero, además, la fortaleza de su fe, esperanza y caridad con la que orientó toda su vida. «Tras la muerte en cruz de Jesús, Dios convierte a María no solo en madre de los discípulos de su Hijo, sino en madre nuestra».

Asimismo, monseñor Álvarez añadió que las obras que el poderoso hizo en María culminaron con el acontecimiento que hoy celebramos. Es decir que María fue llevada al cielo en cuerpo y alma. «Por el poder de Dios, triunfa sobre la muerte con la resurrección».

La segunda parte de su homilía, el obispo la dedicó a responder a la cuestión de ¿qué significado tiene para nosotros esta fiesta? destacando tres aspectos importantes para nuestra vida: «El poder de Dios», que se manifiesta en la misericordia, «la voluntad de Dios de salvar al ser humano en cuerpo y alma» y, el tercer aspecto, el del «triunfo sobre el pecado y la muerte, de los que, como María, ponen su confianza en Dios». «Como María debemos vivir nuestra fe con alma, corazón y vida», añadió el prelado.

Al finalizar la celebración eucarística, la procesión dio la vuelta a la Plaza de la Basílica entre «vivas a la Virgen» y aplausos.

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