«Alegría y paz hermanos, porque ¡Cristo ha resucitado!»

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El Obispado de Tenerife está situado en San Cristobal de La Laguna. La jurisdicción de la diócesis comprende Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

La Catedral acogió el solemne pontifical del Domingo de Resurrección. El templo estaba especialmente engalanada para la fiesta principal de los cristianos: La Pascua.

El Obispo Nivariense deseaba en su homilía que la fuerza de la resurrección alcalzara a todos y «renovándonos por dentro, transforme nuestras tristezas en alegría, nuestros rencores en perdón y reconciliación» – dijo, para continuar, «que el poder de su resurrección transforme nuestra indiferencia ante el prójimo necesitado en amor solidario y generoso.

«Que nuestros miedos y temores caigan derribados por la certeza de que Él vive hoy y está siempre con nosotros en el camino de la vida, particularmente cuando –como estamos ahora- nos reunimos para celebrar la Eucaristía que es el «banquete pascual de su amor».

«Que nuestra desconfianza ante un futuro incierto, y nuestra incertidumbre ante la muerte, se transformen en la esperanza firme de que una vida nueva y un mundo nuevo son posibles, no como un ideal teórico, sino como una realidad que acontece en el corazón de cada uno. Esto es lo más importante y genuino que nos aporta Jesucristo Resucitado: un corazón y un espíritu nuevo, para ser hombres y mujeres nuevos».

En este día de pascua Bernardo Álvarez felicitaba, por un lado, a Jesucristo que se levanta victorioso del sepulcro. «La última palabra sobre su vida y su mensaje no la tuvieron los que le rechazaron y crucificaron». Cristo les ha ganado la partida, tanto antes de morir en la cruz, como después de ser sepultado. Antes de morir – explicó – porque no lograron doblegar su voluntad ni que se echara atrás; tampoco consiguieron que se contradijera de todo lo que había predicado: perdón, paciencia, cargar con la cruz, humildad; nada de venganza, ni de insultos, nada de odio ni rencor. Después de morir, porque Dios le dio la razón resucitándolo de entre los muertos. «Así actúa Dios, no destruyendo a los enemigos, sino salvando al Justo más allá de la muerte».

Felicidad, por otro lado, «para nosotros, los que creemos en Cristo, porque con Él, por Él y en Él, somos arrancados de los males del mundo y de la oscuridad del pecado y llevados a la gracia de la amistad con Dios».

Cristo Resucitó para nuestra justificación, expuso el Obispo, para quien «no hay sólo una resurrección del cuerpo; hay también una resurrección del corazón y si la resurrección del cuerpo es para «el último día», la del corazón es para cada día».

Para Álvarez «nosotros podemos cantar la acción de Cristo resucitado en nuestra vida y podemos seguir esperando que algo pueda cambiar también en el futuro. No es verdad que todo vaya a seguir fatalmente como hasta ahora, y que no haya para nosotros nunca nada nuevo bajo el sol».

En este momento de la homilía el prelado nivariense continuó explicitando el sentido de la esperanza pascual. «Esperar quiere decir creer que «esta vez» será diferente, por más que ya lo hayas creído cien veces antes y que cada vez haya sido desmentido por la misma dureza de nuestro corazón. Si, a pesar de todo, lo intentas de nuevo y te dejar coger por Cristo, verás el corazón de Dios que vendrá en tu ayuda».

«Digámonos uno a otro, al encontrarnos, especialmente durante el tiempo pascual, aquellas santas palabras: «Alegría y paz hermanos, porque ¡Cristo ha resucitado!»- dijo para finalizar su intervención.

El Obispo impartió la bendición papal en este día de Resurrección y, posteriormente, presidió la procesión con el Santísimo Sacramento.

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