V Centenario de la boda de Carlos I e Isabel de Portugal
El 11 de marzo de 1526 tuvo lugar en el Alcázar de Sevilla la boda del emperador Carlos I de España y V de Alemania con Isabel de Portugal, cumpliéndose por tanto 500 años de este acontecimiento histórico. La comitiva pasó por la Catedral, donde se encuentra esta curiosa vidriera que representa a San Sebastián con el rostro del emperador.
Esta vidriera se encuentra en la nave del Bautismo, sobre la Puerta de los Palos y es obra del maestro vidriero Arnao de Vergara quien la realiza sólo nueve años después de la boda imperial, en 1535, como se señala en la parte inferior de la propia obra. De origen burgalés, Arnao de Vergara llega a Sevilla en 1525 convirtiéndose en una figura clave en la introducción del Renacimiento en la vidriera sevillana. Era hijo de Arnao de Flandes el Viejo y hermano de Arnao de Flandes el Joven, con quien trabajará en la Catedral hispalense, así como de Nicolás de Vergara el Viejo.
La vidriera en cuestión representa al mártir San Sebastián con la particularidad de que se trata en realidad de un retrato del emperador Carlos I de España y V de Alemania, hecho este que encontramos en algunas otras vidrieras españolas del siglo XVI, como la que se halla en la Catedral de Granada representando la Venida del Espíritu Santo, obra del alemán Juan del Campo.
El pintor y tratadista Francisco Pacheco, en su obra “Arte de la Pintura” expone que ha visto la vidriera que está “sobre la puerta de la torre de nuestra Iglesia Mayor” y que muestra a San Sebastián “semejante al retrato del Emperador Carlos Quinto, con barba redonda como de 50 años”.
Iconográficamente hablando, el santo mártir aparece, como ya hemos dicho, con las facciones del emperador y sus ropajes propios, portando en su mano derecha una flecha, mientras que con la izquierda sostiene un arco, atributos propios del martirio de San Sebastián. Además, con la diestra eleva un cetro rematado con la cruz, símbolo del poder terrenal del emperador, poder que viene del cielo como evidencia no solamente dicha cruz, sino también la presencia de Dios Padre entre ángeles en la parte superior de la composición. Como señala Víctor Nieto Alcaide, Carlos I se muestra así como un personaje con claras connotaciones contrarreformistas, presentándose como testigo, garante y defensor de la fe católica en su Imperio frente al luteranismo.
El santo aparece enmarcado por una hermosa arquitectura que representa una hornacina cubierta en su interior por una bóveda de cañón con casetones en perspectiva que, junto a la representación de la solería en azul y blanco igualmente en perspectiva, dotan de profundidad al conjunto, en el que destacan el colorido y la ornamentación.
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
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