Una llamada a la esperanza

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Sede metropolitana de la Iglesia Católica en España, y preside la provincia eclesiástica de Sevilla, con seis diócesis sufragáneas.

“Lo mío es ya imposible, no puedo más, además ni se va a poder arreglar”. Frases como estas las oigo con frecuencia, cuando estoy en el Teléfono de la Esperanza asistiendo a alguna persona. Les pregunto ¿donde estamos? Y responden: en el Teléfono de la Esperaza. Aquí está la clave: ESPERANZA. Si han llamado o han ido es por aquello que “la esperanza es lo ultimo que se pierde”, yo diría es lo primero, sin ella no se puede vivir.

Este año estamos celebrando los 50 años de la fundación del Teléfono de la Esperanza. Y fue aquí en Sevilla. Un hermano de San Juan de Dios, Fray Serafín Sevilla, quien tuvo esa intuición maravillosa, esa llamada, para prestar este servicio de escuchar y ayudar a las personas con diferentes dificultades, Una  escucha activa y empática a sus problemas, que este año de pandemia los problemas se han visto aumentados, por la soledad y el aislamiento, las relaciones familiares, la inseguridad, la desesperanza…

Escuchar, acoger y dar esperanza a las personas, para que sean capaces de levantarse y poder mirar  el futuro. Comunicación y esperanza, lo que tanto necesitamos.

El papa Francisco nos ha invitado es esta cuaresma a vivir La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino”.  Eso intenta vivir el Teléfono de la Esperanza las veinticuatro horas  del día  los trescientos sesenta y cinco días de año. Ayudar a vivir. Siempre habrá un voluntario levantando el teléfono, y en el mayor de los anonimatos  escuchará pacientemente, a veces serán lloros, otras veces serán silencios que también hay que acoger por lo elocuente y significativo  qué nos puede decir ¡Cincuenta años dando esperanza al otro lado del teléfono!

Vida y esperanza nuestra. Así llamamos a la Virgen en el rezo de la Salve, porque la vida sin esperanza no es vida. No estoy ajena a lo que se vive en la actualidad de  soledad, de miedos, de pobrezas…

¿Podemos colaborar? El voluntariado es una riqueza y una formación  permanente, por lo mucho que se aprende y se recibe. Cada uno con lo que pueda, pero el poquito que cada uno aporta es muy valioso y así se construye esa sociedad que el Papa nos dice “los voluntarios dan un rostro humano y cristiano a la sociedad”.

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