Pastoral del sordo: “Hacer visible lo que es invisible”

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La Pastoral del Sordo cuenta con más de treinta y cinco años de historia en Sevilla, pero sería en 1990 cuando el entonces Secretariado de Catequesis de la Archidiócesis dedicó un equipo de trabajo a lo que se denominó Catequesis Especial. María de la Peña Madrid fue la impulsora de la atención pastoral en Sevilla a las personas sordas de un modo organizado. Buscó una ubicación parroquial para la Eucaristía dominical adaptada a la lengua de signos, pasando por varias parroquias y capillas, y se comenzó a atender la catequesis teniendo en cuenta las necesidades comunicativas de las personas sordas, hasta que en 1998 se estableció la Parroquia de San Felipe Neri como centro de referencia en la atención a las personas sordas. Contaron para ello con un sacerdote, Alfonso Muruve, que traduce la Eucaristía a la lengua de signos. Finalmente, en 2006 se creó el Departamento de Pastoral del Sordo en Sevilla, dentro de la Delegación diocesana de Catequesis. Juan Ramón Jiménez es su director. Ambos nos presentan una vertiente de la pastoral poco conocida.

¿Qué se ofrece desde este departamento?

JRJ.- El Departamento de Pastoral del Sordo tiene por objeto dar respuesta a las necesidades humanas y espirituales de las personas sordas y sordociegas. Nuestra misión es hacer visible lo que es invisible ofreciéndoles los apoyos necesarios para que su participación sea más real y efectiva. En el Ephetá de Jesús se condensa toda una pedagogía de la apertura que si bien es Buena Noticia para todas las personas de buena voluntad, lo es de un modo especial para las personas sordas y sordociegas, puesto que sin apoyos es difícil que encuentre su lugar en las comunidades.

¿Qué encuentran estas personas en el Departamento de Pastoral del Sordo?

AM.- Evangelizamos y formamos tanto en cuestiones fundamentales de fe como en las distintas dimensiones de la persona: catequesis y celebración de los sacramentos, encuentros nacionales, convivencias y ejercicios espirituales. Nuestro espacio de atención pastoral lo tenemos entre la Delegación Diocesana de Catequesis y la Parroquia de San Felipe Neri donde desarrollamos gran parte de las actividades.

¿En qué consiste y cómo se imparte esa formación?

JRJ.- Nuestro objetivo es que la persona sorda y sordociega tome sus propias decisiones y pueda vivir su fe de manera autónoma y responsable. Nosotros únicamente le ponemos los apoyos necesarios, con las distintas modalidades comunicativas, ya sea a través de la lengua de signos como de otros sistemas comunicativos alternativos. Después, conjuntamente con la Sección de Catequesis Especial de la Delegación diocesana de Catequesis, organizamos jornadas de formación para animadores de pastoral en la atención a personas con capacidades diferentes, donde se incluyen las necesidades comunicativas de las personas sordas y un conocimiento básico de la lengua de signos.

¿Los niños y jóvenes tienen una preparación catequética especial?

IMG_2380JRJ.- No hay una preparación especial, lo que sí tenemos es una provisión de apoyos y recursos para que sus catequesis sean especiales en sus vidas como cristianos.

¿En qué sentido?

JRJ.- Soporte visogestual de los materiales catequéticos, contenido sencillo y claro, claridad en los objetivos, concreción en las metas, adaptabilidad a las necesidades comunicativas del catequizando, flexibilidad en los tiempo, atención inicial personalizada, implicación del grupo de catequesis de referencia, etc. También participan en todas las convocatorias juveniles de la Iglesia siempre que se atiendan sus necesidades comunicativas.

Hablemos de las celebraciones eucarísticas ¿Se integran bien en la comunidad parroquial?

AM.- La comunidad parroquial de San Felipe Neri, dónde celebramos semanalmente la Eucaristía, acoge y acompaña muy bien a las personas sordas. En la misa celebrada desde la acogida y la integración se vive con más intensidad el gesto del partir el pan que es para todos.

¿Alentarían a los ‘oyentes’ a aprender oraciones puntuales con signos para una mejor participación de todos?

JRJ.- Se debería alentar a todas las personas al Ephetá, a abrirse comunicativamente al otro. Es la pedagogía del Ephetá, la que nos impulsa a la otredad. Si el otro tiene necesidades comunicativas debo acercarme sin miedo a ellas y acogerlas con naturalidad, pues yo también tengo otras necesidades del que preciso la misma acogida. La experiencia de las Jornadas Mundiales de la Juventud con jóvenes con sordera es elocuente, pues todos los jóvenes, todos –subraya-, se comunicaban entre ellos, y la mayoría no sabían lengua de signos. Había encuentro y comunicación, lo demás viene por añadidura.

¿Qué podemos aportar para que se sientan más integrados en nuestras comunidades parroquiales?

AM.- «La Iglesia tiene que ser una casa acogedora, con las puertas abiertas siempre», nos dice el Papa Francisco. La acogida amable y cercana especialmente con los más débiles, ayuda mucho a que las personas sordas, sordociegas y con otras capacidades diferentes se sientan parte de la Iglesia.

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