Hace veinticinco años, el 17 de marzo de 2001, el párroco de San Agustín de Alcalá de Guadaira, José Luis Portillo, bendijo la imagen de la Virgen de la Oliva, titular de la Hermandad de la Borriquita. Hoy, cinco lustros después, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido la misa que se ha celebrado en la plaza exterior del templo alcalareño para conmemorar las bodas de plata.
En su homilía, don José Ángel ha tenido palabras de ánimo para la hermandad, “que hoy sigue siendo una realidad viva que evangeliza desde la piedad popular, desde la liturgia cuidada y desde la caridad eficaz”. En referencia al aniversario mariano, el arzobispo ha pedido a los hermanos de la Borriquita que se pregunten “con sinceridad y valentía”: “¿Cómo está mi corazón? ¿Está abierto a los hermanos necesitados o se cierra ante ellos? ¿Ha crecido en caridad, en oración, en fidelidad a la Iglesia?” En este sentido, ha afirmado que “La Virgen de la Oliva nos conduce a Cristo. Y, con mano materna, nos enseña a vivir de la verdad interior”.
En esta celebración de acción de gracias, el arzobispo ha recordado que “la identidad cristiana no se improvisa ni se reduce a tradición cultural”. “La parroquia y la Hermandad están llamadas a ser una escuela del corazón, un lugar donde el Señor unge a hombres y mujeres para servir, para amar, para sostener la fe de los más pequeños y para llevar consuelo a los que sufren”, ha añadido.
Más adelante ha señalado la importancia de la Eucaristía. “Cuando la Eucaristía es el centro, cambia la vida, cambia la manera de mirar, de hablar, de decidir, de servir”, ha subrayado. Además, ha afirmado que una hermandad sacramental está llamada a “mostrar que la adoración conduce necesariamente al hermano, que la comunión recibida se traduce en comunión vivida, que el culto verdadero se convierte en caridad eficaz”.
En la parte final de su alocución ha señalado que la presencia de la Virgen de la Oliva ha sido para muchos “un camino hacia Dios”. “Y esto no es teoría, es experiencia de pueblo”, ha apuntado, antes de invitar a los presentes a ser testigos de Cristo en Alcalá de Guadaira y reiterar que celebrar veinticinco años “es agradecer el pasado, vivir con responsabilidad el presente y abrirse con esperanza al futuro”.
Al término de la misa, el arzobispo ha departido con la alcaldesa, Ana Isabel Jiménez; con la junta de gobierno de la corporación cofrade, con el hermano mayor David Rivera a la cabeza; y con los costaleros del palio de Virgen de la Oliva; antes de firmar en el libro de honor de la hermandad.
GALERÍA del acto
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