Madre Belén Soler: “Ser seguidor de Jesús es caminar juntos como enviados”

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Los consagrados son “buscadores y testigos apasionados de Dios”, ha escrito el Santo Padre con ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que celebra la Iglesia universal el día de la Presentación del Señor.

Por tanto, “la belleza brota al contemplar el testimonio de quienes son llamados por la misma vocación a vivir en fraternidad y dar la vida por el reino al servicio de los hermanos”, ha expresado el papa Francisco.

Sobre su vocación, la madre Belén Soler, de la congregación de Madres de los Desamparados y San José de la Montaña ha expresado que siempre ha tenido claro que la finalidad de su vida tenía que ser vivirla al máximo “y no podía consentirme el desaprovecharla”.

Por tanto, sus proyectos “estaban claro y enfocados”. Belén soñaba con otra vida distinta a la que llevaba hasta ese entonces. “Hay que dejar claro que la vocación a la vida consagrada no se busca. Sale a tú encuentro. Y llegó la llamada como de la nada”.

“¿Qué vas a hacer con tu vida? ¿A quién se la vas a entregar?” fueron las preguntas que se repetían en su interior. “Dios desmontó mi vida. Era imposible vivir como si no hubiese ocurrido nada en mí; su llamada era constante y fuerte, y exigía una respuesta. Mi sí a su propuesta, este sí ha sido lo que me ha hecho cumplir mi objetivo y ha dado sentido a mi vida, me ha asegurado vivir mi vida a tope”.

La madre Belén se considera afortunada, tras haber vivido en Madrid, Barcelona, Málaga y ahora Sevilla “con gente única que por mi vocación he conocido, a la que he intentado querer y darme como madre en los hogares de niños, niñas y adolescente que he cuidado y criado”.

Hoy día de la Vida Consagrada, considera “la alegría y la confianza que nace de los ratos a solas con el Señor”, los pilares de su fe. “Me apasiona su Palabra, siempre me dice algo nuevo, me confirma y seduce. Me da paz”.

San José

En la inquietante vida de la fundadora de la congregación, Petra de San José , “con su arrolladora vida de fe y confianza, me ha enseñado a confiar todo a san José, padre y protector”.

Considera también que sus hermanas son pieza única en su vida de fe. “Su ejemplo desde su vida de servicio perseverante, ininterrumpido y humilde. Su compromiso con él. Sin hacer ruido, desde la sabiduría y sinceridad de la vida compartida”.

La fe, vivida desde la cotidianidad, se fundamenta con su comunidad, “en nuestros espacios de oración y vida eucarística. Esto toma forma en la relación con los laicos con los que compartimos codo a codo para salir al encuentro de las necesidades para remediarlas y servir a los menores y adolescentes en protección que atendemos, velando por su presente y futuro a todos los niveles y sus familias; y también con niños y niñas de la escuela infantil en la que con toda ternura cuidamos a estos pequeños que son los más querido de sus padres que nos confían en nosotras”.

Vivir la vocación

La madre Belén, nacida en Valencia, manifiesta que vivir la vocación profundamente es tener la certeza “de querer vivir la vida como el Señor la escogió para mí, dando sentido a mi vida dentro de mis propias inseguridades personales. Optar por tener a Jesús como centro y valor supremo, porque él es el Señor de mi vida”.

Así, “vivir la vocación es atreverse a amar de forma distinta, universal, plural y sin esperar nada a cambio, con un corazón en el que caben muchos nombres. Los de todos los que llegan en los distintos entornos y lugares en los que la misión me lleva. Ellos son la razón principal”.

Sobre el carisma y la espiritualidad de Madre Petra, Belén destaca su “amor materno, creativo, convencido y valiente por el otro sin excepción. Ama y cuida adaptándose a toda circunstancia, a toda persona porque la misericordia brota de su corazón de Madre.  Mi identidad es ser Madre y hoy es un desafío”.

A las personas que se están planteando su vocación y por temor desisten o posponen iniciar el camino, les exhorta a que “sean valientes, que se dejen vencer por él y su propuesta. Que no se puede huir de su mirada, que cuando se encuentra la vocación a la que es llamado, se encuentra la verdadera alegría; como aquel hombre de la parábola que encontró el tesoro escondido y es capaz de venderlo todo por ese tesoro que es el seguimiento de Jesús”.

De allí que, “ser seguidor de Jesús es ser Iglesia, significa caminar juntos como enviados, desde el compromiso de servicio, justicia y paz allí donde nos encontramos. Acompañando el dolor. Ofreciendo una visión de esperanza en la vida cotidiana”.

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