La Pastoral Obrera se suma a la celebración del Día de la Mujer Trabajadora

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La Delegación diocesana de Pastoral Obrera se suma un año más a la celebración del 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora. Según un comunicado emitido por la Delegación “la vida de la mujer trabajadora sigue siendo difícil, a pesar de los avances en todos los campos, son muchos los problemas que quedan por resolver y que obstaculizan su vida, y por ello nos impiden a todos crecer y realizar el plan de Dios”.

Con este día se recuerda la lucha de las mujeres por su reconocimiento y participación en condiciones de igualdad en un mundo donde aún “las mujeres siguen viviendo situaciones discriminatorias sólo por el hecho de ser mujeres”.

Para participar en este día, la Pastoral Obrera invita a ser “corresponsables y protagonistas” de esta lucha. Igualmente, ha difundido algunos materiales de reflexión sobre la situación laboral de la mujer, así como algunas orientaciones para la Liturgia del día, “con la intención de que ayuden en la celebración de esta fecha”.

“Queremos el pan y las rosas”

Este es el título del artículo difundido por la Pastoral Obrera de Sevilla, tomado del libro de Lucía Ramón. “La rosa es símbolo de la gratuidad, del cuidado y de la calidez del corazón en la dura lucha por la justicia y la emancipación humana. Al pan deben acompañarle las rosas para que no se endurezca y se seque, convirtiéndose en mendrugo. El pan evoca el trabajo y el esfuerzo, mientras la rosa puede evocar el cuidado y la gratuidad”, explica. En esta reflexión, la Delegación asegura que “el compromiso para la emancipación de las mujeres que sufren dominación y exclusión debe estar en el centro de una espiritualidad evangélica”, por ello, “el cristianismo –continúa- nos aporta un profundo sentido de la justicia y de la dignidad de la mujer”. Tras una profunda disertación en el que recuerda a las mujeres de la Biblia como “compañeras de camino, referencia y símbolo de nuestra vocación”, concluye haciendo hincapié en que “Dios llama a las mujeres y a los hombres a poner todos sus talentos al servicio del proyecto de Dios de construir la comunidad humana sobre las bases de la justicia y la paz. Los cristianos y cristianas del siglo XXI tenemos que cultivar una intensa espiritualidad en nuestro compromiso para que otro mundo sea posible”.

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