«La liturgia en absoluto es un libro cerrado»

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Entrevista a Luis Rueda, delegado diocesano de Liturgia y prefecto de Liturgia del Cabildo Catedral.

Cincuenta años después de que el mundo asistiera atónito al aggiornamento experimentado en la Iglesia, pocos pueden valorar por propia experiencia en qué medida el Concilio Vaticano II supuso un punto de inflexión en las celebraciones litúrgicas. Luis Rueda Gómez (Algámitas, Sevilla, 1965) suma su responsabilidad como delegado diocesano de Liturgia con el cargo de prefecto de Liturgia del Cabildo Catedral. Naturalmente, estamos ante uno de los mayores conocedores de este campo pastoral en Sevilla.

D. Luis, ¿Cuál es el cometido de la Delegación Diocesana de Liturgia?

Tiene la misión que le asignó la Constitución de Liturgia del Concilio Vaticano II, que señala que tiene que ayudar al arzobispo en toda la tarea de la promoción de la pastoral litúrgica en la Archidiócesis.

Hablemos del Concilio. A los más jóvenes nos falta perspectiva para calibrar el cambio que trajo también en el campo de la litúrgica

El Vaticano II ha sido uno de los concilios de la historia de la Iglesia que con más profundidad y profusión se ha preocupado de la Liturgia. Es difícil sintetizar en el tiempo de una breve entrevista todas las aportaciones del Concilio Vaticano II a la liturgia. Señalaré las principales: el primer mérito del Concilio ha sido situar la liturgia en el ámbito teológico y su concepción de la liturgia como continuación de la Historia de la Salvación y actualización permanente del Misterio Pascual. En segundo lugar, ha querido que en las celebraciones litúrgicas haya una presencia de la Palabra de Dios más abundante y más variada. En tercer lugar, el Concilio ha concebido la liturgia como una epifanía de la Iglesia, donde su misterio, unido al de Cristo, es anunciado, gustado y vivido. Desde el punto de vista formal se han simplificado todos los ritos de las celebraciones de los sacramentos y de los sacramentales, así como de la Liturgia de las Horas. También se ha simplificado el Calendario para que el Día del Señor, el Domingo, resplandezca como núcleo esencial de todo el año litúrgico.

¿Podemos enfocar estos cambios con una sola finalidad?

Toda la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II tiene como finalidad la participación activa, consciente, fructuosa, interior y exterior de los bautizados en la acción sagrada.

La formación continua en temas relacionados con la liturgia es uno de los objetivos de esta delegación, ¿como la llevan a cabo?

Pensamos que la formación litúrgica es fundamental para promover el objetivo de la participación que señalábamos antes y naturalmente uno de los medios clave de la pastoral litúrgica. Contamos desde hace veinticinco años con el Instituto de Liturgia ‘San Isidoro’, dedicado a la formación de los laicos y la vida consagrada en esta materia. Todos los años organizamos unas Jornadas Diocesanas de Liturgia donde se tratan temas importantes para la vida diocesana. Y precisamente este año las tendremos del 18 al 20 de febrero, dedicadas a la formación litúrgica y la Iniciación Cristiana. Además, también participamos con conferencias y charlas en los arciprestazgos, parroquias y hermandades y cofradías que nos lo solicitan.

Recientemente se ha incluido esta formación en los planes de estudio del Instituto de Ciencias Religiosas, ¿a quién va dirigida la formación que allí se imparte?

En efecto, el Instituto de Liturgia está integrado totalmente desde este curso en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas. La formación está dirigida a los miembros de la Vida Consagrada, a los miembros de las distintas asociaciones de fieles existentes en la Archidiócesis, las hermandades y cofradías, los que se preparan para recibir ministerios laicales (lectorado o acolitado), los miembros de los grupos de liturgia de las parroquias y comunidades eclesiales, y a todos los fieles que deseen profundizar en su vivencia de la celebración del Misterio de Cristo.

¿Cómo influye en la Liturgia la actividad religiosa de las Hermandades y Cofradías?

Uno de los pilares de las hermandades y cofradía es el culto tanto interno como externo que tributa. Por ello, la liturgia forma parte esencial de su vida. Pero esto no sólo por ser hermandades, sino por ser miembros de la Iglesia que profesan, celebran y viven su fe. Posiblemente cuidan mucho la dimensión exterior y sensible de los actos litúrgicos en sus cultos anuales (quinarios, novenas, triduos, etc). Las manifestaciones cultuales de religiosidad popular han de inspirarse en la Liturgia.

La liturgia es un «libro cerrado» o admite recomendaciones, actualizaciones…

La liturgia en absoluto es un libro cerrado. De hecho la última reforma litúrgica querida por el Concilio Vaticano II lo ha demostrado con creces. Lo que sí ocurre es que la liturgia pertenece a toda la Iglesia y la manifiesta. En este sentido nadie es dueño de ella más que la propia Iglesia y por eso sólo ella puede quitar, añadir o cambiar algo en la liturgia. Lo que sí admiten las celebraciones son algunas variantes que proponen los propios libros litúrgicos para adaptarlas a las distintas circunstancias. Esa es la labor del presidente de la celebración y de los distintos grupos o equipos de liturgia presentes en las comunidades.

Usted también es canónigo prefecto de Liturgia la Catedral ¿Qué ha significado este Año de la Fe en Sevilla?

En la Catedral tuvimos la gran suerte de poder tener dos celebraciones importantísimas: la de del inicio del Año de la fe y la de la clausura. Dos celebraciones que supusieron mucho trabajo con la Delegación para la Nueva Evangelización, y que resultaron magníficas experiencias de fe en la comunidad eclesial de nuestra Archidiócesis, con una asistencia masiva de fieles y con una profundidad en la participación que fueron del todo admirables. Por otra parte, también tuvimos la adoración eucarística que pidió el Papa y que también fue una celebración extraordinaria. Todo el resto de celebraciones que tuvimos en la Catedral estuvieron transidas del espíritu que pidió el Santo Padre para el Año de la Fe.

¿Una recomendación del delegado de Liturgia para vivir de la forma más plena nuestra fe?

Que amando a Dios y a los hermanos nos presentemos, constantemente, a ejemplo de Cristo, como hostia viva, santa, agradable para la gloria de Dios y la santificación de nuestros hermanos.

Entrevista publicada en ARCHISEVILLA DIGITAL, nº 95 del 24 de enero de 2014.

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