Festividad de San Blas en la Archidiócesis de Sevilla

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Sede metropolitana de la Iglesia Católica en España, y preside la provincia eclesiástica de Sevilla, con seis diócesis sufragáneas.

La festividad en honor a San Blas, en la localidad de El Madroño iniciará con la celebración del tradicional Triduo el viernes 5 de febrero y finalizará con la Eucaristía central el domingo 7 a las once de la mañana.

El párroco de San Blas, Juan Guzmán ha informado que, debido a la pandemia, se ha tenido que suspender la procesión con la imagen del santo armenio y la posterior comida compartida en la plaza del pueblo. No obstante, he referido que durante el Triduo se expondrá el Santísimo Sacramento seguido de una breve meditación.

“La devoción a San Blas está muy arraigada en la idiosincrasia de El Madroño”, expresa. Aunque se trata de un pueblo que alberga trescientos habitantes aproximadamente entre el pueblo y sus cinco núcleos urbanos, “la gente se vuelva a celebrar las fiestas de santo patrón”, este año, con las limitaciones de aforo establecidas.

Guzmán refirió que, aunque este año la imagen del santo no salga en procesión, las puertas del templo se mantendrán abiertas para que los devotos puedan acercarse y venerar a San Blas. “Se trata de una devoción muy sincera, muy bonita, es una fiesta muy familiar”. El párroco definió a la feligresía de San Blas como “gente muy acogedora, que sigue manteniendo una vinculación con la Iglesia y un respeto ante lo sagrado”.

Foco de unión

José Pérez, hermano mayor de la Hermandad Sacramental de San Blas, erigida canónicamente por monseñor Juan José Asenjo, expresa que, en El Madroño, “la población siempre ha sido muy asentada, las personas han sido devotas al santo toda la vida”.

Refiere que “hay gente que todavía camina descalza detrás de la imagen del santo. San Blas en El Madroño, es un foco de unión, en medio de las cruces de mayo, entre otras tradiciones, “el santo armenio aglutina a todo el mundo, la gente que vive fuera del pueblo, viaja al pueblo para asistir a la Misa el día de San Blas”. La talla del santo es de Juan José Alarcón,  y porta un báculo, un libro y la mitra.

Devoción en Sevilla capital

En Sevilla existió una ermita a San Blas que se encontraba junto a la iglesia deOmnium Sanctorum y la casa que había sobre el solar del Palacio de los Marqueses de la Algaba. Doña María Coronel se refugió en esta ermita un tiempo huyendo de Don Pedro El Cruel, antes de fundar el convento de Santa Inés. Cuenta Carlos Ross en su libro Doña María Coronel, el amor imposible de Pedro el Cruel que la ermita pasó en herencia al monasterio de Santa Inés hasta el año 1776, en el que se arruinó el inmueble, siendo trasladada la imagen a a la iglesia del monasterio donde actualmente se venera. La imagen es de Juan de Mesa de 1617 y recibe culto en un retablo neoclásico.  También poseen en dicho monasterio una reliquia del santo que exponen el día de la festividad.

Bendición de roscas

Las panaderías del pueblo preparan también para el día de San Blas, tradicionales roscas que se llevarán a la iglesia junto a las cintas y medallas para la bendición. Las roscas son un pan anudado y los hornazos un pan que se mete al horno con un huevo en medio que se cuece al tiempo del pan y que sorprende por su extraordinario sabor.

Sobre la vida de San Blas

San Blas fue obispo de Sebaste, Armenia, muy conocido en su tiempo por haber obrado numerosas curaciones milagrosas. Fue médico y vivió como eremita incluso después de haber sido nombrado obispo, convirtiendo la cueva en la que vivía, ubicada en el bosque del monte Argeus, en su sede episcopal.

Cuenta la tradición que cierto día San Blas salvó a un niño que se había atragantado con una espina de pescado. De ahí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero. Eso también le valió convertirse en patrono de los otorrinolaringólogos y de quienes padecen alguna afección a la garganta.

Otras historias refieren su amor por los animales, a quienes también curaba. De acuerdo a una antigua historia, animales enfermos o heridos se acercaban a su cueva en Argeus para que los cure. Estos, en retribución, no le hacían daño ni lo molestaban cuando oraba.

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