Encuentro de Pastoral Gitana

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Sede metropolitana de la Iglesia Católica en España, y preside la provincia eclesiástica de Sevilla, con seis diócesis sufragáneas.

La Delegación diocesana de Pastoral Gitana celebra, un año más, su encuentro anual en torno a Ceferino, primera persona de raza gitana martirizada que subió a los altares de la Iglesia Católica como beato.

En esta ocasión se celebrará también la reciente beatificación de la mártir Emilia Fernández ‘La Canastera’. Para ello, tendrá lugar una Eucaristía de Acción de Gracias el 21 de mayo, en la Parroquia de Santiago, en Utrera. La Misa, a las doce de la mañana, estará presidida por el Obispo auxiliar, mons. Santiago Gómez.

El encuentro cuenta con la colaboración de la Hermandad de los Gitanos de la localidad utrerana.

Primeros mártires gitanos

Ceferino Giménez nació en Benavent de Segriá (Lérida) el año 1861. Hombre de profundas convicciones religiosas, se ganaba la vida con la venta de caballos, y en 1902 ingresó como laico en la Orden Franciscana Seglar. Durante la Guerra Civil fue detenido y murió fusilado en Barbastro, rosario en mano, el 9 de agosto de 1936. Juan Pablo II lo declaró beato en 1997, y el proceso de canonización está actualmente en su fase final. Según destacó san Juan Pablo II en la homilía de la misa de beatificación del ‘Pele’, “su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la santidad, la cual se alcanza guardando los mandamientos y permaneciendo en su amor”.

Emilia Fernández Rodríguez nació en Tíjola, a cien kilómetros de Almería, en 1914. Fue apresada en la cárcel de las Gachas Colorás de Almería en 1938, donde dio a luz a su hija y también el lugar donde aprendió a rezar gracias a otra reclusa. Una compañera de celda comenta sobre Emilia: “una persona muy buena, humilde y religiosa, “fascinante”, “aprende el padrenuestro, el Avemaría y el Gloria, aunque no acierta a memorizar las letanías en latín y sólo repite Ora pro nobis (ruega por nosotros)”. En aquella cárcel dejaron morir a la que fuera conocida como ‘La Canastera’ por no querer revelar quién la enseñó a rezar el Rosario.

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