«El Plan Pastoral ha querido renovar la llamada del Señor a la evangelización»

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«El Plan Pastoral ha querido renovar la llamada del Señor a la evangelización»

Casi seis años después de que comenzara el trabajo de elaboración del actual Plan Pastoral Diocesano (PPD) Duc in altum (2022-2027) la Archidiócesis de Sevilla afronta la recta final de este itinerario. El curso pasado ha sido una oportunidad para mirar el camino recorrido, reconocer los frutos y señalar aquellos ámbitos que todavía requieren impulso.

El sacerdote Antonio Vergara, presidente de la comisión que elaboró el Plan Pastoral Diocesano, reconoce que la primera sensación al llegar a este momento es la rapidez con la que ha transcurrido el tiempo. «Parece que fue hace unos meses cuando el arzobispo iniciaba el trabajo de elaboración de un nuevo plan pastoral. Sin embargo, han pasado ya casi seis años», señala.

Junto a la constatación del paso del tiempo aparece una doble mirada: la satisfacción por lo realizado y la conciencia de que «mucho no ha dado tiempo a hacer». El balance, por tanto, no se plantea como una evaluación cerrada, sino como una oportunidad para continuar avanzando.

Un Plan para renovar la misión

El Duc in altum no nació con la pretensión de «descubrir ni innovar nada», explica Vergara. Su punto de partida fue mirar el recorrido pastoral de la Archidiócesis, conocer la realidad del momento y proyectar el camino de los años siguientes. Para ello se quiso contar con la participación de toda la comunidad diocesana, invitando a los fieles a plantear inquietudes y propuestas.

El Plan buscó así situar la acción pastoral de la Iglesia de Sevilla en una dinámica esencialmente misionera. «El Espíritu Santo sostiene a su Iglesia y la orienta en el tiempo. Esa inspiración es eminentemente misionera», afirma el sacerdote.

Esta perspectiva supone también una llamada a superar posibles inercias. «El desánimo y el inmovilismo pueden convertirse en una tentación para las comunidades cristianas», señala Vergara. En este contexto, los planes pastorales cumplen una función de renovación: recordar la llamada de Cristo a anunciar el Evangelio y ayudar a concretarla en las circunstancias actuales.

Cuatro prioridades para el último curso

El curso que ahora concluye ha estado marcado por cuatro prioridades señaladas por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses: las misiones parroquiales, la revitalización de la Eucaristía dominical, el Observatorio de la Realidad Social y la coordinación entre parroquias y escuela.

Estas líneas se han trabajado desde diferentes ámbitos de la Archidiócesis, con la implicación de distintas Vicarías y Delegaciones Diocesanas. La valoración es positiva, aunque necesariamente prudente. «Se han trabajado y se ha progresado», explica Vergara, pero ninguna de estas iniciativas puede darse por plenamente concluida.

La propia naturaleza de los objetivos planteados hace que el trabajo pastoral no pueda reducirse a acciones puntuales. «Todo debe seguir siendo trabajado con ilusión e impulso renovado», subraya, al tratarse de realidades que necesitan un esfuerzo continuado.

Las revisiones realizadas en órganos como el Consejo Episcopal, el Consejo de Pastoral Diocesano y el Consejo del Presbiterio han permitido constatar tanto los avances como la necesidad de seguir profundizando en determinadas cuestiones.

La corresponsabilidad, uno de los frutos

Uno de los aspectos que el Plan Pastoral quiso impulsar fue la participación de los distintos miembros de la Iglesia en la misión evangelizadora. En este sentido, Vergara destaca el proceso de participación que acompañó tanto la elaboración como el desarrollo del Duc in altum como uno de los frutos significativos.

«El trabajo que se hizo de poner en manos de todos los fieles de la Archidiócesis la posibilidad de hablar y de plantear propuestas» constituye, a su juicio, uno de los elementos más importantes del camino recorrido. A ello se suma la implicación de los distintos estamentos diocesanos en la puesta en marcha de las prioridades.

Más que ofrecer resultados definitivos, el Plan ha permitido generar dinámicas de participación y de trabajo compartido que pueden seguir desarrollándose más allá de su vigencia formal.

La esperanza como motor

El último curso ha estado acompañado, además, por la celebración del Jubileo de la Esperanza, circunstancia que ha permitido releer la acción pastoral desde una perspectiva especialmente significativa.

Para Vergara, la esperanza cristiana no es simplemente uno de los temas posibles de la pastoral, sino que constituye su propio motor. «Esperanza en que toda buena inspiración viene de Dios, esperanza en que Dios sostiene y da fortaleza para cumplir sus inspiraciones y llamadas y, por último, la esperanza de que todo redunde en dar gloria a Dios y ayudar a seguir construyendo su Reino y santificando almas».

Desde esta perspectiva, la tarea evangelizadora se sostiene en la confianza en que Dios continúa actuando en su Iglesia y llamando a cada comunidad y a cada cristiano a participar en su misión.

Un camino todavía abierto

Llegados a la recta final del PPD, Vergara evita plantear el balance en términos de objetivos completamente alcanzados o no alcanzados. «Todo es mejorable», reconoce. Una de las preocupaciones presentes desde la elaboración del Plan fue precisamente que las acciones pudieran ser evaluadas de manera concreta. Sin embargo, algunas iniciativas, por su dimensión, requieren plazos más amplios de implantación o implican a numerosas realidades eclesiales, lo que dificulta su desarrollo pleno en un periodo limitado.

Por ello, el final del Plan Pastoral no significa necesariamente el final de las prioridades que ha impulsado. Algunas de ellas «seguirán necesitando atención, revisión y nuevas formas de desarrollo en los próximos años», subraya.

Duc in altum entra así en su última etapa con el convencimiento de que “la acción pastoral de la Iglesia no puede considerarse nunca una tarea terminada”. Por tanto, “el balance permite reconocer lo realizado, pero también descubrir nuevos desafíos y oportunidades”.

El próximo curso supondrá el cierre formal del quinquenio pastoral, pero el camino iniciado continuará abierto. Porque, como recuerda el propio espíritu del PPD, “la llamada a «remar mar adentro» no se agota en un programa concreto: es una invitación permanente a confiar en el Señor, renovar la misión y seguir anunciando el Evangelio”.

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