«El Papa comunica por tierra, mar y aire»

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Entrevista a Jesús de las Heras, director de la revista Eclessia.

Casi tres décadas al servicio de la comunicación en la Iglesia avalan la trayectoria profesional de Jesús de las Heras Muela (Sigüenza, 1958). Sacerdote de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, tiene una amplia experiencia en prensa, radio y televisión, ha dirigido la Oficina de Información de la Conferencia episcopal Española hasta 2004, y en la actualidad dirige el semanario Ecclesia. Argumentos no le faltan para analizar las claves de la comunicación desde la óptica eclesial, tema central de la ponencia que ha impartido en Sevilla, dentro del programa formativo de la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación.

Don Jesús, ¿cómo comunica el Papa Francisco?

Yo diría que comunica por tierra, mar y aire. Dicho de otra manera, comunica por activa por pasiva y por perifrástica. Comunica con palabras, con gestos, que es importantísimo y comunica con actitudes. Todo esto unido por un hilo que une estas tres dimensiones que es la coherencia, la autenticidad, que a mi manera de ver es el gran aval comunicativo, la gran fuerza comunicativa de Francisco.

¿Cree que ha conseguido cambiar la actitud de los medios de comunicación respecto a la Iglesia?

Sí, podemos decir que ha dado un giro de 180 grados. Lo ha conseguido con una comunicación que rompe fronteras, barreras y distancias. Con una comunicación de corazón a corazón, en positivo, prevaleciendo el sí. En esto debemos esforzarnos también nosotros cuando comuniquemos. Una comunicación en positivo es una comunicación que, a mi manera de ver, es importante respecto a los medios.

¿Cómo es la relación del Papa con los medios de comunicación?

A ellos los desarmó en el avión al volver de Río de Janeiro, cuando Lombardi les dice: «El Papa va a conceder una rueda de prensa» y no al comenzar un viaje, como hacía Benedicto, sino a la vuelta. Ellos dicen: «¿Cómo lo hacemos? ¿Cuáles son las preguntas?». La respuesta no fue que no había cuestionarios previos. Le sometieron a hora y veinte minutos de preguntas de todos los temas habidos y por haber. A ninguno de ellos dijo «no sé», en todos entró. Es importante que sepamos que el medio de comunicación no es un adversario, aunque nos critique, sino que debe ser un amigo, un colaborador en nuestra tarea de difundir el Evangelio.

¿Qué ha cambiado en estos catorce meses?

Para entender bien todo lo que está ocurriendo en la Iglesia en estos catorce meses no hay que hacer nunca una lectura en clave de ruptura, de revolución que lo pone todo patas arriba. La mayor revolución es la revolución de Jesús: la Cruz, las Bienaventuranzas, la Resurrección. Hay que leerlo en una clave de recuperación de una frescura del Evangelio. No se nos puede olvidar nunca la continuidad, algo que está demostrando el Papa Francisco cada vez que se encuentra con Benedicto XVII.

El Papa no ha tenido inconvenientes en aceptar entrevistas, atender llamadas telefónicas… Y hay quien dice que al ser Papa debe impartir el magisterio de otra forma ¿Qué opina al respecto?

Yo creo que Jesús impartió doctrina en el Sermón de la Montaña dando de comer a la multitud que estaban en la ladera del Monte de las Bienaventuranzas, lo hizo con la Mujer Samaritana, la Mujer Adúltera… Evidentemente una encíclica es una encíclica, una exhortación apostólica es una exhortación apostólica y una entrevista de prensa es una entrevista de prensa. Hemos estrenado un Papa, un Papa que ha venido con un pack de novedad incorporado muy extraordinario: es el primer Papa jesuita de la historia, el primer Papa religioso desde hace siglo y medio, el primer Papa argentino, además, con setenta y siete años…

Cambiando de pontífice, llamaron la atención ciertos gestos de Benedicto XVI durante la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII.

Ha sido una ocasión, en estas circunstancias públicas, para que viéramos quizás una lección magistral de un hombre bueno, de un hombre sabio, humilde, religioso. Allí le tuvimos concelebrando, sin preminencias, en un sitio donde más le podía convenir para sus ochenta y siete años, que aunque de salud no esté mal, tan solo por su edad está todo dicho. Pudimos comprobar cómo es un hombre profundamente religioso y humilde.

Le une una entrañable amistad con nuestro arzobispo, don Juan José Asenjo, ¿de dónde viene?

Mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla sino de Sigüenza, con la que tengo una vinculación casi diaria. Recuerdo que en tercero de Bachillerato, en el colegio donde estudiaba, había un cursillo de verano. Allí había un cura joven que estaba de cuidador de los estudios. Habló con mi padre y le dio algún consejo sobre su hijo… Yo no volví a ver a ese señor hasta años después, cuando abrieron una línea de Letras y allí estaba don Juan José de formador de aquel Bachillerato que entonces se llamaba prefecto. Veníamos de un colegio más masificado. Cuando llegamos a aquella extensión de Letras se nos abrían las puertas, se nos trataba amablemente, se nos llamaba en Navidad para ayudarles a poner las notas. Lo que podríamos decir una comunicación de cercanía, de corazón a corazón. Yo siempre había tenido vocación y al llegar al Seminario me encontré de vicerrector a don Juan José, y me lo volví a encontrar en la Conferencia Episcopal… Toda una vida. Son cuarenta años de estrecha relación.

Autora: Ana Capote

Entrevista publicada en el nº 113 de Archisevilla Digital, del jueves 29 de mayo de 2014

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