El papa León XIV nos recuerda que “la Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida”. Para ello, nada mejor que contemplar a Cristo en la cruz dando su vida por amor a cada uno de nosotros. Así lo descubrimos en esta imponente imagen del Santísimo Cristo de la Yedra, de Écija.
Venerado en el antiguo Convento de la Orden Tercera Franciscana, la Iglesia de Santa Ana en el popular barrio del Puente, el Cristo de la Yedra es una imagen anónima fechable en el siglo XVII, que se ha relacionado tradicionalmente por la historiografía como obra de la órbita de Martínez Montañés, si bien investigaciones posteriores, como las realizadas por los profesores Lázaro Gila, Manuel García Luque o José Luis Romero Torres, apuntan una posible atribución al escultor granadino Alonso de Mena.
Representa a Cristo Crucificado ya muerto, sostenido a la cruz por tres clavos, con la cabeza inclinada hacia su lado derecho. La corona de espinas, que está tallada en el mismo bloque de la cabeza, presenta un tono verdoso que alude a su advocación, la Yedra, planta que suele adornar la cruz de este Cristo en Semana Santa, cuando se dispone en su paso procesional. La yedra o hiedra simboliza la victoria sobre la muerte y la vida eterna, ya que desde la antigüedad era símbolo de la inmortalidad al ser una planta de hoja perenne. De igual modo, al ser una planta trepadora que se entrelaza al crecer en los troncos de los árboles, la yedra simboliza también la fidelidad.
Por todo ello, la yedra alrededor de la cruz donde está crucificado el Hijo de Dios es anuncio y anticipo de la Pascua y proclama la vida eterna que Cristo nos ha conseguido con su muerte y su Resurrección.
El paño de pureza repite modelos propios de Juan de Mesa, mientras que los regueros de sangre que recorren el cuerpo del Señor aportan un dramatismo contenido, subrayado por los moratones que presenta en algunas zonas como el hombro izquierdo o las caderas, destacando así en esta obra el estudio de la anatomía y la belleza del rostro, lleno de serenidad y dulzura, mostrando así el carácter redentor de la muerte de Cristo.
Se documentan varias intervenciones en esta imagen, resaltándose la que llevó a cabo en 1960 el escultor imaginero carmonense Francisco Buiza, quien le aplica una nueva policromía debido a un ataque severo de insectos xilófagos, y la que entre los años 2021 y 2022 llevaron a cabo los restauradores Agustín Martín de Soto y Antonio Gamero Osuna, en la que se llevó a cabo una limpieza general y retirada de repintes y barnices oxidados, así como una consolidación estructural.
Si bien la Hermandad que actualmente rinde culto a esta devota imagen data de 1959, se conservan noticias de que el Cristo de la Yedra ya era venerado por una antigua corporación en el siglo XVII.
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
Fotografía de Carlos Roncero
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