San Juan de Ávila

El 10 de mayo se celebra la fiesta de San Juan de Ávila, Apóstol de Andalucía, Patrono del clero secular español y Doctor de la Iglesia. Culmina un año jubilar por el V Centenario de su ordenación sacerdotal. El Maestro Ávila sigue siendo actual, un sacerdote que, en tiempos complejos, supo mantenerse firme en Cristo; un maestro de vida espiritual cuya enseñanza sigue hoy vigente para sacerdotes, consagrados y laicos.

Vivió en el siglo XVI, en tiempos recios. Fueron años de cambios profundos, de crisis eclesiales, de confusión doctrinal, de relajación moral en no pocos ambientes, de necesidad urgente de reforma, de tensiones culturales y religiosas de gran alcance. Él no respondió a la crisis con lamento estéril ni con amargura. Respondió con santidad, doctrina sólida, celo apostólico, amor a la Iglesia y trabajo serio por la formación. Allí donde otros podían ver sólo ruina, él percibió una llamada de Dios a la conversión y a la fidelidad. Supo “captar los problemas” de su tiempo y “reaccionar con visión certera ante los problemas del sacerdote, sintiendo la necesidad de purificarse, de reformarse para reemprender con nuevas energías el camino” (Pablo VI, Discurso con motivo de la canonización de san Juan de Ávila, 1 de junio de 1970).

Toda su existencia brota de esta certeza: sólo Jesucristo basta, sólo Jesucristo salva, sólo Jesucristo puede renovar a la Iglesia y al mundo. Por eso su palabra fue tan fecunda, nacida de la oración, del estudio de la Sagrada Escritura, de la celebración de los sacramentos, de la penitencia y del amor ardiente a la Iglesia. Benedicto XVI, al proclamarlo Doctor de la Iglesia, afirmó que san Juan de Ávila fue “profundo conocedor de las Sagradas Escrituras” y que estaba “dotado de un ardiente espíritu misionero”; añadió, además, que “unía la oración constante con la acción apostólica” (Carta apostólica San Juan de Ávila, 7 de octubre de 2012).

También nosotros vivimos tiempos recios. Vivimos en medio de una cultura marcada por la prisa, la superficialidad, la fragmentación interior, la desorientación moral y el olvido de Dios. La fe corre el riesgo de convertirse para algunos en costumbre sin hondura o en sentimiento sin doctrina. También hoy hacen falta cristianos de convicciones firmes, sacerdotes santos, laicos bien formados, familias cristianas que vivan de verdad el Evangelio. Por eso san Juan de Ávila tiene tanto que decir a la Iglesia de hoy. Nos recuerda que toda renovación verdadera comienza por la conversión personal y que no hay reforma eclesial auténtica sin santidad.

Una dimensión central del mensaje avilista fue la importancia de la formación del clero. Comprendió que un pueblo santo necesita pastores santos. Su amor a los sacerdotes fue inmenso. Los quiso formados en la doctrina, recios en la virtud, hombres de oración, entregados por entero al servicio del pueblo de Dios. Pero no fue sólo maestro de sacerdotes. Fue también acompañante de laicos, director espiritual, catequista, predicador popular, formador de conciencias. Supo hablar a todos, porque había aprendido a mirar a todos desde Cristo. En esto también nos da una gran lección. La Iglesia de hoy necesita recuperar el acompañamiento espiritual serio, paciente, doctrinalmente seguro y auténticamente pastoral.

¿Cómo evangelizaría hoy san Juan de Ávila? Evangelizaría poniendo a Cristo en el centro, sin rebajas ni concesiones. Diría que la Iglesia no está para agradar al mundo, sino para anunciarle a Cristo con amor, con verdad y con valentía. Evangelizaría predicando con fuego interior y doctrina clara, dedicando tiempo al confesionario, a la dirección espiritual, a la formación seria, a la catequesis bien realizada. Evangelizaría formando apóstoles, desde el trato personal, sin caer en el espectáculo ni en la mundanidad. Aprovecharía sin duda los medios legítimos de nuestro tiempo, pero no pondría su confianza en la técnica, sino en la gracia de Dios. Sabría entrar en las inquietudes del hombre actual, pero no diluiría el Evangelio para hacerlo más aceptable. Que san Juan de Ávila nos alcance del Señor sacerdotes santos, seminarios fecundos, laicos bien formados, familias cristianas ejemplares y una renovada pasión evangelizadora.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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