Desde las cinco de la tarde hasta las seis, tal y como había propuesto el papa Francisco, numerosos fieles estuvieron adorando al Santísimo en un gesto de comunión con la Iglesia de todo el mundo.
En la Catedral el arzobispo presidió la adoración que contó con la asistencia de más de 2.500 personas entre las que se encontraban numerosos sacerdotes, religiosos y un gran número de fieles.
Durante la celebración se tuvo conexión en directo con la Basílica de San Pedro en Roma y se siguió el mismo guión litúrgico que el celebrado en Roma: la primera parte de la adoración consistió en la reflexión de algunos textos bíblicos tomados del discurso de Jesús sobre el ´Pan de Vida´, así como la meditación de algunas reflexiones eucarísticas de los últimos papas Juan Pablo I, Juan XXIII, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
En la segunda parte de la celebración tuvo lugar la alabanza desde el baile de los Seises.
Al finalizar el acto el arzobispo, mons. Asenjo Pelegrina agradeció a todos la presencia y manifestó su emoción al sentirse en comunión con toda la iglesia universal.
Adoración en los pueblos
Además en numerosas localidades de la Archidiócesis hubo turnos de vela en la madrugada del domingo para adorar al Santísimo y rezar por los frutos del Año de la Fe.
A estos turnos de vela se unieron diferentes movimientos y hermandades y algunos pueblos lo hicieron uniéndose a los conventos de clausura de sus localidades.
En Sevilla parroquias como la Concepción, San Carlos Borromeo, San Sebastián, Ntra. Sra. del Mar, la Basílica de la Macarena y los conventos de clausura hicieron vigilia de oración toda la noche.
El resto de parroquias hicieron vigilias más breves y otras se unieron a la Adoración en la catedral.