Adultos regenerados por las aguas bautismales

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Adultos regenerados por las aguas bautismales

“Pascua sagrada, oh fiesta bautismal, del seno de las aguas renacemos al Señor”, estas palabras pertenecen al himno litúrgico que la Iglesia entona durante la cincuentena pascual. Es precisamente en la Vigilia de Resurrección donde miles de adultos en todo el mundo reciben los sacramentos de iniciación cristiana: el Bautismo, la Comunión y la Confirmación.

Según estimaciones del Área de Catecumenado de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en torno a un millar de adultos se bautiza cada año en el país. El sacerdote Felip-Juli Rodríguez es el responsable de este departamento y considera que “hay que respetar los tiempos necesarios para la gestación de un nuevo cristiano”.

En la Archidiócesis hispalense anualmente medio centenar de adultos pide ser incorporado al seno de la Iglesia a través del Bautismo.

Catecumenado de Adultos

Sobre el catecumenado de adultos, Rodríguez manifiesta que “necesitamos comunidades parroquiales en situación de misión, es decir, en clave evangelizadora. Párrocos que sientan la alegría al acoger a futuros nuevos cristianos. Laicos centrados en Jesús y con amor a la Iglesia, respetando los tiempos necesarios para la gestación de un nuevo cristiano”.

Camino de conversión

Marina Pérez cumplirá 33 años en octubre y el Sábado Santo pasado fue incorporada a la Iglesia durante el rito bautismal en la comunidad parroquial de San Juan Pablo II, de Montequinto.

Ha sido madre recientemente y aunque reconoce que había sentido la llamada de Dios, fue el nacimiento de su hija Manuela el que la llevó a dar el paso y “abrir definitivamente” su corazón a Cristo. La noche santa de su Bautismo la describe como un gran misterio. “Al igual que la Santísima Trinidad es un misterio que solo entenderemos cuando estemos junto a Dios, para mí, personalmente es tan impactante sentir a Dios, que no tengo palabras. Dios es amor y siento un amor profundo hacia Él, el gozo y la alegría, todo tiene un sentir especial ahora”, expresa.

“En el preciso instante que sentí el agua derramarse por mi frente, todas las dudas, miedos, tormentos y pensamientos negativos desaparecieron como si nunca hubieran existido, sentía que mi alma era diferente, el gozo, la alegría y el amor brotaban de mi ser sin cesar, hubiera abrazado a todos los feligreses allí presente si las medidas COVID-19 me lo hubieran permitido, sentía la necesidad imparable de compartir y transmitir todas mis emociones. Dios estaba conmigo, Dios está conmigo, es indiscutible”, afirma Marina.

Transmisión de la fe

Carmen de Morales pertenece a la Parroquia Santa María Magdalena, de Sevilla, y ha sido la catequista de sus dos nietas, quienes han recibido los sacramentos de iniciación cristiana a los 13 y 15 años respectivamente, “aunque sus padres no son creyentes”. Carmen y su marido, ya fallecido, eran ambos de Misa diaria, así que experimentaban un gran “pesar en el corazón” porque sus nietas no habían vivido la regeneración en las aguas del Bautismo.

Según costumbre antiquísima de la Iglesia, no se admite a un adulto al Bautismo sin un padrino, tomado de entre los miembros de la comunidad cristiana. Este padrino le habrá ayudado al menos en la última fase de preparación al sacramento y, después de bautizado, contribuirá a su perseverancia en la fe y en la vida cristiana.

Ser la catequista de Alicia y Berta ha supuesto para Carmen “un gozo indescriptible. Ahora toca seguir acompañándolas en su vida de fe”.

Un encuentro cuaresmal

Alberto Estivill tiene 20 años y pertenece a la Parroquia Omnium Sanctorum. Fue un Miércoles de Ceniza cuando experimentó la necesidad de iniciar un camino de fe que lo preparase para recibir los sacramentos. Reconoce el rol trascendental del sacerdote y de los catequistas que le acompañaron y le arroparon en su camino. Recuerda la Vigilia Pascual en la que recibió los sacramentos con “enorme gratitud”, no solo por la cercanía de la comunidad parroquial, sino por lo que supone para su alma, “aceptar a Jesús como Señor de su vida”.

“A partir de ahora me esfuerzo para permanecer en la gracia a Dios. Él me puso en el camino a todas las personas que quiso para que me ayudaran a encaminarme a su encuentro”.

Instrucción y conversión

La palabra catecumenado procede del verbo griego katejéin, que puede traducirse como resonar, hacer sonar en los oídos. A partir de esto se le asocia a enseñarinstruir, y luego catequizar.  El proceso catecumenal se inicia con una primera evangelización, donde se anuncia al Dios vivo manifestado por Jesucristo. El segundo momento es el Catecumenado, donde se madura la conversión del catecúmeno, y se le instruye en los contenidos fundamentales de la fe cristiana católica. La tercera etapa lleva por nombre Purificación e iluminación. En ella los catecúmenos hacen una preparación más intensa en clave de conversión/purificación. Por último, el proceso culmina con la etapa llamada mistagogia, palabra que significa “introducción en los misterios”.

Con estas etapas, el catecumenado de adultos ofrece una iniciación progresiva de los catecúmenos en la comunidad de los fieles. A través de este proceso, toda la comunidad considera junto a ellos el valor de la vida y las enseñanzas de Jesús, especialmente su Pasión, Muerte y Resurrección, junto con renovar la conversión y el discipulado misionero.

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