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MI CURA, por María Aurora Suárez Lledó

Seguramente mi experiencia es compartida de una u otra forma, por muchas personas.

Con esfuerzo e ilusión, comencé a tejer mi vida. Siempre supe que Dios está. Mi corazón se sintió, más de una vez, revitalizado por su calor. Las circunstancias y mis propias decisiones, fueron dirigiendo mis prioridades por caminos diversos. Perdí de vista la Presencia y, por desuso, la senda de acceso se fue quedando enterrada.

Cuando intuí el desastre, era demasiado tarde y aunque me defendí con uñas y dientes; aunque intenté con todas mis fuerzas restaurar, sanar, recuperar… fui viendo cómo se desbarataban uno a uno, los pilares de mi vida. Perdí pie. Vagabundeaba sin rumbo ni sentido. Me dolía respirar.

Antes de tirar la toalla, grité a Dios. Él respondió poniendo en mi camino un ángel que, prescindiendo de sí, me brindó escucha, acogida sin juicio y, sin pamplinas ni zarandajas pero con mucha paciencia, me tendió la mano para que pudiera comenzar a dar mis primeros nuevos pasos: Me mostró a Jesús. Mi vida lentamente, dio la vuelta como un calcetín. Se fue desenmarañando la senda del encuentro y comencé a resucitar.

Resulta que voy a necesitar más de una eternidad, para dar gracias por mi cura y por tantos otros que siguen alimentando mi fe.

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