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«La trata es un delito que se nutre de la pobreza y la injusticia»

El día 8 de febrero se celebra la fiesta de santa Josefina Bakhita, patrona de las víctimas de trata, santa africana que, siendo niña fue captura y vendida como esclava. Desde 2015, el 8 de febrero la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración y Reflexión Contra la Trata de Personas, para la que este año ha elegido el lema “Economía sin trata de personas”.

«La trata de seres humanos se ha convertido en el segundo negocio ilícito que más dinero genera a nivel mundial, después del tráfico de drogas»
La Diócesis de Málaga cuenta con un Grupo Intereclesial contra la Trata de Personas que trabaja en coordinación con la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española y que componen la Delegación Diocesana de Migraciones, Cáritas Diocesana, la Confederación de Religiosos en Málaga, los Religiosos Trinitarios y las Religiosas Adoratrices. Estas últimas ofrecen un recurso asistencial y de alojamiento para víctimas de trata sujeto al Protocolo Marco de Protección de Víctimas de Trata de Seres Humanos en la provincia, el Proyecto Vive y Camina, al que llegan mujeres como Mary, una chica nigeriana de 21 años que llegó al centro tras escapar de una red de trata.

«La pandemia no ha hecho más que agravar la situación. Se ha dado un nuevo escenario de confinamiento, de vulnerabilidad, mucho más oculto y de difícil acceso, pero también mucho más grave. Nos dice una educadora social, que trabaja directamente con víctimas de trata, que si algo define este año es el miedo», afirma Antonio Jiménez, padre trinitario y miembro del Grupo Intereclesial contra la Trata.

«Como cristianos, se nos pide la oración y el compromiso, la construcción del Reino de Dios, de un mundo más justo y de un mundo donde todos los hombres y mujeres puedan tener respetados sus derechos. La vida y el testimonio de santa Josefina Bakhita es un ejemplo de esperanza, especialmente en este tiempo de tanta desesperación», añade Antonio.

TESTIMONIO. Mary, 21 años

Elena Moreno lleva 12 años trabajando en el Proyecto Vive y Camina de las Adoratrices de Málaga, apoyando a mujeres víctimas de la trata y de otras realidades que hacen que se encuentren en riesgo de exclusión social.

Cada chica que llega al centro lleva consigo una historia desgarradora: «Todas las historias de trata son desgarradoras, todas ocupan el corazón de todas las trabajadoras y hermanas del centro y nunca las olvidamos. Recuerdo el caso de Mary, una chica nigeriana de 21 años. Vino a nuestro centro al escapar de una red de trata. En Nigeria era madre soltera, porque su marido había fallecido en un accidente de moto. Vivía en una de las zonas más pobres de Nigeria. Alguien le ofreció un futuro prometedor en España, trabajando de limpiadora en un hotel, donde tendría un buen salario y podría enviar dinero a su hijo de 8 años, al que dejó a cargo de una vecina. Ella aceptó la oferta sin dudarlo. El trayecto hasta llegar a España duró dos años, en los que fue explotada sexualmente, privada de alimentos durante semanas y obligada a vivir en unas condiciones infrahumanas. Al llegar a España, le dijeron que había contraído una deuda que debía pagar con sus servicios en una casa de citas. Así estuvo durante nueve meses hasta que consiguió escapar en un despiste de los tratantes. Llego a comisaría indocumentada y en unas condiciones pésimas. Unos días después ingresó en nuestro centro, donde ha estado con nosotras durante un año y medio. Recuerdo su caso porque Mary llegó muy asustada, desconfiaba de todos, no hablaba español y pasaba horas metida en su habitación llorando. Poco a poco fue confiando y pudimos apoyarla a nivel psicológico, jurídico, educativo y sociolaboral hasta que fue recuperándose. Fue muy duro para ella no poder enviar dinero a su hijo ya que él mismo se lo pedía. Pero Mary aguantó, aprendió español, regularizó su situación y encontró un trabajo cuidando a una mujer mayor. Hoy día, sigue luchando, ahora para traerse a su hijo a España con ella y poder ofrecerle una vida mejor».

Podríamos preguntarnos cómo es posible que, en la época de los derechos sigan existiendo estas situaciones de injusticia. Desde su experiencia, Elena afirma que «efectivamente cada vez son más los países que han promulgado leyes para poner fin a la violencia contra las mujeres. Pero desgraciadamente, ésta sigue siendo uno de los problemas sin resolver más significativos de nuestro tiempo y aún queda mucho camino que recorrer. La trata es un delito grave que se nutre de la pobreza, la desigualdad y la injusticia. Cada año existen 2,5 millones de víctimas en el mundo, aunque se estima que solo se identifica a una de cada veinte personas».

Y es que «se trata de un fenómeno internacional muy complejo y, como tal, requiere de soluciones globales y coordinadas. Es labor de todos exigir que el Estado asuma y cumpla sus responsabilidades en la lucha contra la trata, para prevenirla y para proteger a las víctimas», añade Elena.

ECONOMÍA SIN TRATA DE PERSONAS

Este año el lema que guía la jornada es «Economía sin trata de personas». «Un lema que está muy ligado con la carta encíclica del papa Francisco, «Fratelli tutti», en el que el Papa nos señala el marco y el fundamento para lograr un sistema económico más justo y sostenible, donde no haya lugar alguno para la trata de personas y para la explotación», afirma Antonio Jiménez.

Un lema muy al hilo de la actualidad pues, «en los últimos años, la trata de seres humanos se ha convertido en el segundo negocio ilícito que más dinero genera a nivel mundial, después del tráfico de drogas. Se trata de la empresa criminal que crece más rápidamente del mundo, generando millones de euros anuales, según indica la Organización Internacional del Trabajo», añade Elena Moreno.

La pandemia nos ha afectado a todos pero «golpea con más dureza a las personas más vulnerables, entre las que están las víctimas de trata. Si antes de la pandemia tenían dificultades para insertarse en el mercado laboral, ahora esta realidad es mucho más evidente para ellas: la mayoría son mujeres extranjeras y no siempre dominan el idioma. Para estas mujeres, el hecho de no trabajar, supone un gran peso, porque muchas de ellas deben enviar dinero a sus familias, que se encuentra en situación de extrema pobreza en su país de origen. Ese fue el motivo por el que vinieron a España (engañadas): para poder ofrecer una mejor vida a su familia. Desgraciadamente, algunas de ellas, vuelven a la prostitución, al no ver salida y al tener la necesidad imperiosa de enviarles dinero», explica Elena.

Pero siempre hay signos de esperanza y es posible acabar con la trata de personas, así lo viven las Adoratrices, «ese es nuestro objetivo, siempre hay esperanza y por eso seguimos al pie del cañón trabajando para erradicarla», asegura con rotundidad Elena.

Ese es el objetivo del Proyecto Vive y Camina de las Adoratrices de Málaga: «desarrollamos un proyecto de apoyo integral que cuenta con un equipo multidisciplinar formado por educadoras, trabajadoras sociales, psicólogas y personas voluntarias que trabajan desde un enfoque basado en el respeto de los Derechos Humanos. Ofrecemos un servicio residencial (casa de acogida y piso de reinserción) donde se atiende a cada mujer siguiendo un itinerario basado en fases hasta su total recuperación e inserción social. Se provee a la mujer de servicios especializados según sus necesidades concretas: atención social, laboral, jurídica, sanitaria o psicológica».

Más información en www.adoratricesmalaga.es 

Encarni Llamas

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