Nuevo artículo del sacerdote Javier Sánchez Martínez, miembro de la Delegación diocesana de Liturgia.
La Iglesia marcó directrices concretas sobre la participación y cómo realizarla.
“Los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria” (SC 21); han de participar “consciente, activa y fructuosamente” (SC 11).
Por eso hay que promover la educación litúrgica: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas” (SC 14), “interna y externa” (SC 19).
La participación plena tiene un fin: beber plenamente el espíritu cristiano; para ello la liturgia debe ser el manantial de espiritualidad: “hay que tener muy en cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (SC 14).
Esta participación activa incluye diversos elementos: “Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado” (SC 30).
La piedad (la devoción) es un don necesario: “piadosa y activa participación de los fieles” (SC 50) pues se tratan cosas santas.
Y el mayor grado de participación es poder comulgar: “Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor” (SC 55).
Esta participación santifica las almas: “La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos” (SC 48).
Participar: rezar, responder, cantar, arrodillarse, escuchar, ofrecerse, comulgar, adorar, guardar silencio… ¡con fe, amor y atención!