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Didáctica de la oración cristiana, las objeciones a la oración

Esta semana en «Educamos entre todos» Adolfo Ariza nos habla del «combate espiritual».

La oración es también combate y un combate en el que con facilidad se percibe que “se ora como se vive, porque se vive como se ora” (CCE 2725). Además, este mismo combate, que es no sino un aspecto del “combate espiritual” que implica la vida cristiana, ayuda a descubrir “el placer espiritual gratuito” y “la belleza moral” que acompaña a la “práctica del bien” ya que “la verdad entraña el gozo y el esplendor de la belleza espiritual” (CCE 2500). Ahora bien, ¿a qué hay que hacer frente en el combate de la oración?

En primer lugar un combate frente a conceptos erróneos sobre la oración. El abanico de posibilidades, en este sentido, es relativamente amplio: una oración entendida como mero “esfuerzo de concentración para llegar a un vacío mental”; la reducción de la oración a actitudes y palabras rituales; una consideración de la oración como mera pérdida de tiempo frente a tantas cosas que hacer; el desaliento a las primeras de cambio que ignora el papel del Espíritu Santo como el verdadero maestro de la oración (cf. CCE 2726).

En segundo lugar un combate frente a las “mentalidades de este mundo” que consideran como únicamente verdadero lo verificable por la razón o lo que produce un rendimiento inmediato y palpable. O también, incluso, por reacción contra el activismo, una oración entendida como posibilidad de huída de este mundo (cf. CCE 2727). En este último sentido, el magisterio del Papa Francisco ha sido especialmente nítido, en Gaudete et Exsultate, recogiendo una cita del filósofo Zubiri: “A veces tenemos la tentación de relegar la entrega pastoral o el compromiso en el mundo a un lugar secundario, como si fueran ‘distracciones’ en el camino de la santificación y de la paz interior. Se olvida que ‘no es que la vida tenga una misión, sino que es misión’” (27).

En tercer lugar el combate de la oración ha de hacer frente a los “fracasos en la oración”. Un elemental diagnóstico sugiere los siguientes rasgos: desaliento ante la sequedad, la tristeza producida por la falta de generosidad, la decepción por una oración no escuchada según nuestra propia voluntad, la herida en un orgullo herido a consecuencia de la propia indignidad y la alergia a la gratuidad de la oración (cf. CCE 2728).

Hay genuina didáctica de la oración si se acompaña en el arte de aprender a discernir estas objeciones para así poder hacerles frente. Tal y como enseña el Papa Francisco “el discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. […] Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y cotidiano” (Gaudete et Exsultate, 169).

Adolfo Ariza Ariza

Delegado Diocesano de Catequesis

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