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DÍA DE LA MUJER. Santa Paula, joven y valiente

En la semana en que conmemoramos el Día de la Mujer, la patrona de Málaga Santa Paula abre esta serie de artículos sobre mujeres ejemplares que nos ofrece la historia de la Iglesia de Málaga.

Paula fue una cristiana clandestina en el siglo IV
Natural de Málaga
Su martirio se fecha el 18 de junio del año 303, junto al río Guadalmedina, junto a su compañero en la fe, San Ciriaco
Cada 18 de junio, ambos salen en procesión por las calles de Málaga
El nombre de Paula es muy frecuente entre las niñas y mujeres malagueñas, si bien son pocos los que lo relacionan con santa Paula, Patrona de la ciudad de Málaga conjuntamente con san Ciriaco. Sí, aquella muchacha procedente de una familia acomodada y cultivada, que pasea por las calles de la Málaga romana, que acude acompañada de un grupo de amigas y de compañeros al anfiteatro a recrearse con un espectáculo. Una joven de su tiempo, con inquietudes propias de su juventud que observaba, tanto en el ámbito familiar como en el círculo de amistades, como se propagaba la fe de Cristo. Un Dios muy superior a los dioses romanos, que predicaba la misericordia, la humildad y el perdón y que murió crucificado por redimir a la humanidad. Junto con Ciriaco, compañero en la fe (y según algunos autores hermano), frecuentaba en secreto la comunidad cristiana clandestina, profundizando su conocimiento en la doctrina cristológica.

Paula perseveraba en su fe, a pesar de que las persecuciones de los emperadores Diocleciano y Maximiano se habían vuelto más sangrientas, y que el procónsul Anodino había decretado la pena capital para todos aquellos discípulos de Cristo, mujeres y hombres, que se negaban a adorar a los dioses paganos. Ante el juez Silvano se presentó una denuncia acusando a Paula y a Ciriaco de rebeldía, por lo que éste no dudó en interrogarles por sus querencias al cristianismo; y conminarles a que adorasen a los dioses paganos y abandonasen su fe en Cristo. Los asistentes al juicio se conmovieron al comprobar la entereza y serenidad de los jóvenes Paula y Ciriaco, que con el idealismo propio de su edad, se negaron a abjurar de su convicción cristiana. Sin mostrar desaliento, encararon valientemente la muerte con la firmeza de que sus almas alcanzarían el Reino prometido. Fueron condenados a ser lapidados, junto al lecho del río Guadalmedina, atados a unas palmeras. El día del martirio fue un 18 de junio del año 303.

El juez Silvano, temiendo que los discípulos cristianos recogiesen los cuerpos de los dos mártires para darles sepultura y venerarlos, ordenó que los arrojasen a una hoguera para su incineración; para que nadie recordará la inmolación de Paula y de Ciriaco. Milagrosamente, se desencadenó una fuerte tormenta que apagó el fuego y permitió que los familiares y amigos recogieran sus cuerpos y los enterraran en alguna cueva cercana. Patricio, primer obispo de Málaga, honró su memoria redactando las actas del martirio de los dos jóvenes y ordenó levantar una capilla en su honor. La fama de la valentía de Paula, además de su virginal virtud, se extendió como una semilla por el orbe romano, por lo que en el año 652 se introdujeron en el ara de la catedral de Guadix las reliquias de santa Paula, san Esteban y san Félix, al consagrar el obispo aquel templo. Durante la prolongada dominación islámica, en especial con los almorávides y almohades, los mozárabes malagueños huyeron a los Reinos cristianos llevándose consigo las reliquias de los mártires Paula y Ciriaco. Y no será hasta el siglo XV, con la recuperación de Málaga del poder musulmán por los Reyes Católicos y su incorporación a la órbita cristiana, cuando se reivindique en un breve apostólico del pontífice Inocencio VIII que: “en Málaga habían recibido corona de martirio por su defensa de la fe cristiana los mártires Paula y Ciriaco, que murieron apedreados”. Isabel y Fernando no dudaron en consultar al vecindario malagueño si aceptaban proclamarlos por patronos de la ciudad y celebrar el 18 de junio, día en que se conmemoraba su martirio por la Iglesia, fiesta en su honor. Propuesta que aceptó con entusiasmo la población. Y fue tal la real satisfacción de la Reina y del Rey que una pareja de mártires tutelaran Málaga, que dispusieron que Ciriaco y Paula figuraran en el escudo de la ciudad: “a la par de la torre de Gibralfaro, con resplandores de oro, con manto azul dorado, y el sobrecuello de santa Paula dorado”. Desde el cielo, desde la altura, velan desde hace siglos por el bienestar de los malagueños.

En 1582 serán las autoridades municipales y el cabildo catedralicio de la Santa Iglesia Catedral los que impulsen, promuevan y consoliden año tras año el culto a Paula y a Ciriaco, participando tanto en los actos oficiales como en la romería a la ermita de Martiricos, donde se creía habían sufrido martirio. En tiempos del obispo fray Alonso de Santo Tomás, en 1671, la imagen de nuestra Patrona se vio involucrada en un suceso singular. Del altar mayor del templo catedralicio desapareció la efigie de plata de Santa Paula ante la consternación popular. Tras una intensa búsqueda, los delincuentes arrepentidos de su delito ocultaron la imagen en una pila de alfarería junto al convento de capuchinos, despojándola previamente de la diadema, la peana y los brazos. Asimismo, y bajo secreto de confesión, revelaron a un religioso su robo y le indicaron el lugar donde se hallaba escondida la figura de Paula. Una vez rescatada y recompuesta la imagen se organizó una solemne fiesta para volver a colocarla de nuevo en su lugar, en la Catedral.

Las estatuas de plata de los Santos Titulares desaparecieron con la invasión de las tropas napoleónicas debido a su precioso metal y fueron sustituidas, más tarde, por las imágenes talladas por Jerónimo Gómez. Santa Paula, con rostro sereno, y ropaje sobrio, sostiene en su mano derecha la palma de martirio. En la Catedral figuran Paula y Ciriaco en los medallones de la fachada, en la capilla de la Encarnación, en la parte superior del presbiterio y en la sillería del coro.

Ciertamente la celebración de los Santos Mártires, tal como se celebraba durante varios siglos, ha quedado relegada en el olvido. No así el recuerdo de aquellos jóvenes mártires, Paula y Ciriaco, que forman parte esencial del patrimonio cultural de Málaga y que cada 18 de junio salen en procesión recorriendo, como antaño, las calles y plazas de su querida ciudad natal.

Marion Reder Gadow

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