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Aleluya y no un canto cualquiera

Esta semana Javier Sánchez en «Vivir la liturgia» explica el momento del canto «Aleluya».

Antes del Evangelio, como canto procesional con el Evangeliario, y estando todos de pie, se entona el canto “Aleluya”

Consiste en que el coro y fieles entonan “Aleluya”, repitiendo varias veces sólo esa bendita palabra: “Aleluya”. Luego todo el coro, o un cantor, entonan el versículo breve que propone el Leccionario, normalmente tomado del Evangelio que se va a leer, y todos cantan y responden “Aleluya”, repetido también varias veces, es decir, la palabra “Aleluya” sin más, cantada varias veces con gozo del alma.

No se trata de entonar cualquier canto con letras y estribillo, ni paráfrasis del Aleluya, ni un “canto antes del Evangelio” que mencione la palabra “Aleluya”.

La descripción es clara en las normas litúrgicas:

“Después de la lectura, que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el Aleluya u otro canto determinado por las rúbricas, según lo pida el tiempo litúrgico. Esta aclamación constituye por sí misma un rito, o bien un acto, por el que la asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor, quien le hablará en el Evangelio, y en la cual profesa su fe con el canto. Se canta estando todos de pie, iniciándolo los cantores o el cantor, y si fuere necesario, se repite, pero el versículo es cantado por los cantores o por un cantor” (IGMR 62).

“El Aleluya y el versículo antes del Evangelio deben ser cantados, estando todos de pie, pero de manera que lo cante unánimemente todo el pueblo, y no sólo el cantor o el coro que lo empiezan” (OLM 23).

El canto del Aleluya debe durar el tiempo necesario, ni más ni menos, del rito: imponer incienso, bendición al diácono, procesión con cirios e incienso hasta el ambón; el órgano con sus sones acompañará la procesión si se termina antes el Aleluya. Tampoco el Aleluya debe prolongarse cuando ya el diácono está en el ambón esperando para poder empezar a leer.

En Cuaresma, en lugar del Aleluya, se entona una aclamación a Cristo; el Leccionario en Cuaresma ofrece también el versículo antes del Evangelio.

Hallamos varias melodías para el “Aleluya” y su versículo en el Cantoral Litúrgico Nacional (que debe ser un referente para los coros en las parroquias) y en el apéndice del “Libro del salmista”; asimismo, distintas aclamaciones para Cuaresma: “Honor y gloria a ti, Rey de la gloria, oh Cristo”, “Gloria y honor a ti, Señor Jesús”, etc.


¿Sabías que…?

Tengamos presente que sólo debe haber una única cruz en el altar.

«La cruz, con la imagen de Cristo crucificado, si se lleva en procesión, puede colocarse junto al altar, para que sea la cruz del altar, que debe ser única; de otro modo, se coloca en un lugar digno; los candeleros se colocan sobre el altar o junto a él; conviene depositar el Evangeliario sobre el altar” (OGMR 122).

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