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Adviento eres tú

Se acerca el tiempo de la espera, llama viva que resplandece anunciando por fin una venida.

Todos tenemos la esperanza de una Navidad sin sobresaltos, una Navidad como todos los años. En el aire se respiran acontecimientos llenos de incertidumbres, de prudencia y enfermedad. ¿Habrá una vacuna para esta pandemia? ¿Podrán las familias verse en Nochebuena? ¿Se oirán los aguinaldos por las calles y las plazas? ¿Qué pasará?

Sabemos que nuestras sonrisas seguirán ocultas por las mascarillas, que los abrazos aún no están permitidos y que nuestras manos estarán constantemente sometidas a geles desinfectantes. ¿Qué podemos esperar en estos tiempos tan difíciles?…

Si estás afligido, si este tiempo abre en ti un inmenso mar de miedos y dudas, si estás o has estado bajo el poder de un virus llamado “Covid-19”, si tienes familiares contagiados o no has podido despedirte de tus seres queridos, si hace meses que no ves a tus amigos o has perdido tu trabajo…y si las paredes de tu casa se echan encima o sientes el agobio y la opresión…Déjame decirte algo.

Adviento eres tú.

Tú eres un don de Dios. Esperanza de las gentes, luz del mundo, sal de la Tierra.

Tú eres Adviento. Tú también eres la venida del Señor. También tú vuelves a nacer. Porque en este tiempo donde sólo se oye el silencio de Dios, tú eres una palabra de amor.

Porque en medio de las envidias y las guerras de los hombres, tú eres una mirada de paz. En mitad de los días fríos y solitarios, tú vienes a traer luz.

Adviento eres tú.

Porque el Señor viene a ti. El Señor camina hoy hacia tu casa, te busca entre las calles de la ciudad, y quiere encontrarte junto a la puerta del corazón.

No te entristezca tener lejos tu hogar, Dios viene a habitar dentro de ti. No te amargue el vacío que sientes en tu vida, Dios viene a colmarte de todo bien. No escondas tu corazón quizás lejano, obstinado y endurecido por el dolor, Dios es todo corazón y con cada latido viene a palpitar calor y sanación.

Adviento eres tú. Es el Señor. Adviento es el Señor que viene a ti.

Vivimos un tiempo cargado de nostalgia y malas noticias. Enfermedad, Gobierno, trabajo, economía, educación…Tanta gente que cae en la desesperación ante el fracaso de todos sus proyectos. Sé tú el Adviento de las personas sin esperanza. Que vean en ti un reflejo de la gloria del Padre.

Demuestra que la Cruz es el salvamento del cristiano. Porque ahí quedaron clavados todos nuestros pecados…y todo esto comenzó en un sencillo portal de Belén.

Habla a la gente de la pobreza de Jesús. Cuéntales que a una joven de Nazaret, llamada María, también se le rompieron los planes, y con sólo quince años proclamó el “Hágase”. Diles que a un sencillo carpintero llamado José, se le vino el mundo encima ante el proyecto de Dios y se tuvo que fiar de un sueño.

Cuéntales que María y José tuvieron que obedecer leyes, y para cumplir con el censo, se hicieron emigrantes, sin una posada para descansar. Diles que María no tuvo asistencia sanitaria, que Jesús nació en medio de una gran persecución.

Habla a la gente de la angustia que vivieron María y José para salvar la vida de su hijo, porque un rey tuvo miedo de perder el poder y decidió arrancar la vida a tantos niños inocentes.

Cuéntales que la pobre familia de Jesús vivió la pandemia de la persecución y el egoísmo. Que sus pies se desgastaron en el polvo de tanto caminar y que encima tenían la misión de criar al Hijo de Dios. Cuéntales…

Y que le mundo se entere que el Corona Virus no esconde la pobreza en tantos países, que no erradica el egoísmo y que pone a prueba nuestra paciencia y comodidad.

Que las gentes sepan que esta pandemia limita los aforos y el ocio, pero no erradica el drama del aborto, del racismo ni la trata de personas. Diles que a pesar de todo, continúa la esclavitud, el trabajo infantil y el abandono de los ancianos.

Ve y diles que viene el Señor.

Que ya se oyen sus pasos y que su Palabra cambia el rumbo de la historia. Que ya ha cambiado la tuya, que tú ya eres otro Cristo. Que has vuelto a nacer.

Hoy sal de ti, ve al otro, ensancha tu corazón. Proclama a los cuatro vientos la Buena noticia y lánzate mar adentro en busca de nuevos horizontes. Tienes mucho que decir. Tienes algo grande que anunciar.

En estos días en que la ciudad comienza a adornarse con tantas luces y decorado, en que tantos centros comerciales y tiendas anuncian la supuesta felicidad, y en donde las mentes y corazones se llenan de deseos efímeros…tengo algo que decirte.

Que Dios viene a ti. ¿Estás dispuesto a encontrarte con Él? Atrévete a cambiar el mundo y a disfrutar ya en esta tierra un poco de la vida eterna.

Y no lo olvides. Adviento eres tú.

Rafael María de Santiago

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