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Día del Seminario (Catedral-Málaga)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía con motivo del Día del Seminario 2025 celebrada en la Catedral de Málaga

DÍA DEL SEMINARIO

(Catedral-Málaga, 16 marzo 2025)

Lecturas: Gn 15, 5-12.17-18; Sal 26; Flp 3, 20 − 4, 1; Lc 8, 28b-36.

(Domingo Cuaresma II-C)

1.- La transfiguración en el monte

El evangelio de san Lucas narra el hermoso pasaje de la transfiguración del Señor en un monte alto, lugar preferente para las manifestaciones y revelaciones de Dios a su pueblo; se trata, por tanto, de un acontecimiento especial de revelación de la persona y de la misión de Jesús.

Vamos a comentar tres elementos de la naturaleza que indican la presencia de Dios. Para indicar esa presencia se recurre a uno de los símbolos más significativos en la tradición: una nube que les envuelve: «Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor» (Lc 9, 34).

La nube significa la presencia protectora y salvadora de Dios, como narra el relato del éxodo de Egipto (cf. Ex 13, 21; Sal 77, 14)). Su presencia, simbolizada en la nube, da firmeza a la fe y a la esperanza en las dificultades del duro camino.

En la transfiguración Jesús quiere afianzar la fe de sus discípulos en su persona. Este acontecimiento es el anticipo del final glorioso, como una primicia de su gloria ante la dureza del camino que conduce a la muerte de cruz, que provocará un profundo escándalo en los discípulos. El final concluye con la victoria, el triunfo y la gloria. La transfiguración anticipa la gloria que se manifestará después en la resurrección del Señor.

La liturgia actualiza los acontecimientos salvadores de Jesús. La trasfiguración revela al creyente de hoy que Dios no defrauda; que en su pedagogía divina le ofrece en cada momento lo que necesita para seguir caminando en el discipulado de Jesús. También a nosotros nos va acompañando la presencia de Dios en medio de las dificultades de esta vida, en las caídas, en los obstáculos. El Señor nos acompaña, como acompañó a los discípulos en el camino de Emaús (cf. Lc 24, 13-35).

2.- La oración transformadora

Otro elemento de la naturaleza es la luz. Jesús tomó consigo a sus tres discípulos preferidos y subió al monte. Queridos seminaristas, ¿a qué subió Jesús al monte? ¿A pasear con sus discípulos? Subió a orar: «Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante» (Lc 9, 29).

En la oración el rostro del Señor se transforma y la presencia de Dios-Padre ilumina el rostro de su Hijo amado. Dios ofrece a los discípulos un anticipo de la gloria de Jesús. Y él nos enseña con su ejemplo la necesidad de la oración y los buenos frutos que se obtienen con ella. Siendo Dios la Luz, quien se acerca a Él en la oración, en la contemplación, en la mirada, queda iluminado y transformado; su presencia es transformante, transfigurante. El Señor nos invita a que lo contemplemos, porque contemplar a quien es la luz, la bondad, la transparencia, nos hace más bondadosos, más luminosos, más transparentes.

La mirada humana no ve las cosas transcendentes con claridad, puesto que los propios intereses, los deseos internos, los planes personales y los estímulos externos ofuscan nuestra mirada y no podemos ver con claridad. Hace falta mirar a Jesús, para empaparnos de su mirada; y ver las cosas con su Luz. Necesitamos la Luz de Dios, que ilumina nuestra vida, tal como hemos rezado en el Salmo: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?» (Sal 26,1).

Es preciso ver con los ojos de la fe y de la esperanza cristianas; y obtener una mirada de caridad, de misericordia y de bondad hacia todas los demás.

3.- La voz del Padre

Además de la nube y la luz, ¿cuál es el tercer elemento? La Voz. La figura del Padre aparece con la confesión e invitación solemne: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle» (Lc 9, 35). Se trata de un mandato; porque es la Palabra del Padre, el Verbo que nos dice cómo es el Padre.

En adelante la presencia de Dios y el lugar de encuentro con él ya no será en la nube, la luz, u otros elementos naturales como sucede en otras religiones (sol, luna, árbol, monte, agua); sino que será su propio Hijo, Jesucristo, hecho hombre.

Los hombres somos invitados a escuchar a Jesús, que tiene palabras de vida eterna, según la confesión de san Pedro (cf. Jn 6, 68). Necesitamos escuchar la Palabra de Jesús, a través de su Iglesia, para profesar la fe apostólica. A lo largo de la historia de la salvación aparece muchas veces la invitación a escuchar la voz de Dios. Los israelitas tenían muy presente el mandato: “Escucha, Israel” (cf. Dt 5, 1; 6, 4; 9, 1; Mt 12, 29).

La palabra de Dios ha sido siempre una oferta de libertad; pero ha encontrado muchos obstáculos para ser acogida y vivida. Aunque en muchos aspectos sea incomprensible para el hombre, la palabra de Dios no destruye ni coarta la libertad del hombre, porque éste ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26).

Queridos seminaristas, el Señor os llama para que le respondáis con diligencia y con plena libertad; vuestro “sí” debe ser libre y agradecido como el de la Virgen María (cf. Lc 1, 38). Es un “sí” que libera. La respuesta libre debe hacerla también todo cristiano. Cuando los no-creyentes nos critican que somos esclavos de los mandamientos, hemos de responder que somos muy libres para aceptar el amor de Dios; mientras que los que siguen sus propios deseos, son esclavos de ellos mismos.

Dios no tiene otra Palabra plena y definitiva más que la del Hijo; todo lo que nos quería decir Dios, nos lo ha dicho ya en Jesucristo. Por eso no hay que buscar otras palabras, ni otras revelaciones. Lo que llaman revelaciones posteriores, no son tales; sino simplemente aclaraciones o esclarecimientos de lo ya dicho, pero no hay “novedad de revelación”.

Primero escuchamos al Hijo, Jesucristo, y después a sus apóstoles y a sus sucesores en la Iglesia, porque el mismo Jesús ruega por aquellos que creerán a través de la palabra de ellos (cf. Jn 17, 20). Jesús nos felicita y nos llama bienaventurados por creer en su palabra.

4.- El “Día del Seminario”

Celebramos hoy el “Día del Seminario” con motivo de la fiesta de san José, patriarca de la Iglesia universal y protector de las vocaciones al sacerdocio. En esta jornada la Iglesia nos invita a dar gracias a Dios por los sacerdotes y a pedir vocaciones al ministerio sacerdotal. No solemos apreciar la presencia y el servicio de los sacerdotes, porque estamos acostumbrados a tenerlos siempre en nuestras parroquias; pero hemos de ser agradecidos, quererlos, acompañarlos y ayudarlos.

Además de dar gracias a Dios por los sacerdotes, hemos de pedir por las vocaciones al ministerio sacerdotal, porque los sacerdotes son necesarios para celebrar el misterio pascual. Jesucristo ha confiado esta misión a los sacerdotes.

En este año celebramos el centenario del primer curso de seminaristas que vivió en el Seminario diocesano, construido por san Manuel González. Aunque no hay una fecha exacta, el edificio del Seminario fue terminado en 1923. Por ello damos gracias a Dios y pedimos que el Buen Pastor nos conceda santos y sabios sacerdotes, buenos pastores según su corazón.

El lema que orienta esta jornada es: «Sembradores de esperanza», que va de la mano con el año Jubilar 2025. La esperanza implica confiar en un futuro mejor, pese a todas las dificultades; significa no perder la ilusión, ni desanimarse; sobre todo significa la esperanza en la vida eterna.

Todos tenemos la misión ser «Sembradores de esperanza»; y, como el apóstol Pablo, hemos sido llamados a ser apóstoles «de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra» (1 Tim 1, 1).

Vosotros, queridos seminaristas, debéis responder a la llamada del Señor siendo buenos “Sembradores de esperanza”. Nuestro mundo necesita mucha esperanza, porque hay muchas cosas que no funcionan bien, a causa de la corrupción del ser humano por el pecado original. No podemos echar la culpa a Dios de los males que nos toca vivir; porque Dios no tiene la culpa, ni se goza haciéndonos sufrir. Muchos problemas (guerras, sufrimientos) son debidos a la toma de decisiones egoístas de los humanos.

Rezamos por nuestros seminaristas y formadores, agradeciendo a los primeros que respondan con prontitud a la llamada del Señor y a los formadores su dedicación y generosidad en su tarea; y pedimos a Dios que siga enviando obreros a su mies, que sirvan a la Iglesia como ella desea ser servida.

Pedimos la intercesión de san José y de María Santísima en la advocación de la Victoria, Patrona de la Diócesis, para que intercedan ante su Hijo y ayuden a los candidatos a responder a la llamada del Señor con fidelidad y con alegría. Amén.

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¡Felicidades a nuestro Obispo! Mons. Rafael Zornoza celebra sus 50 años de sacerdocio

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«50 años celebrando la Nueva Alianza y su Sangre y consagrando el Pan de vida en nombre de Jesús tomad, comed esto es mi cuerpo».

El Obispo de Cádiz y Ceuta ha celebrado esta mañana sus Bodas de Oro, 50 años dedicados al ministerio sacerdotal. En una emotiva celebración eucarística, donde varios de sus hermanos Obispos han concelebrado con él; el Arzobispo Emérito de Granada, D. Francisco Javier Martínez Fernández, el Obispo de Asidonia-Jerez, D. José Rico Pavés, y el Obispo Auxiliar de Sevilla, D. Teodoro León Muñoz. Una numerosa representación del clero gaditano, Vicarios episcopales y seminaristas también han acompañado a Mons. Zornoza en este día tan señalado para él, además de autoridades, la curia diocesana, directores y delegados de secretariados y delegaciones episcopales, y muchos fieles laicos amigos del prelado.

Una Catedral llena en este sábado para darle la más cálida de las felicitaciones al Obispo de Cádiz y Ceuta, acompañarlo en sus 50 años dedicados al sacerdocio con la celebración de la Eucaristía.

El prelado en su homilía, agradecido decía: «Todos formáis parte de mi vida, me sostenéis en la Iglesia y sois causa de mi agradecimiento hoy al Señor. También mencionar la felicitación del Santo Padre, el Papa Francisco que me felicitó ayer por la tarde. Doy gracias a Cristo Jesús que me hizo capaz y fio mi y me confió este misterio. La infinita bondad de Dios me ha obsequiado con este regalo inmerecido. Este es el momento para agradecer a Dios nuestro Señor el privilegio que ha sido para mi el sacerdocio, nada menos que durante 50 años».

Antes de la bendición final al pueblo, Mons. Rafael Zornoza recibió las felicitaciones de varios laicos pertenecientes a delegaciones episcopales y movimientos, así como la felicitación del p. Ricardo Jiménez Merlo como representante del clero diocesano, donde le transmitía unas palabras de agradecimiento por estos años pastoreando la Diócesis y haciéndole entrega de una Cruz pectoral.

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Carta Pastoral en el Día del Seminario

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«Sembradores de Esperanza»

Día del Seminario 2024

Queridos hermanos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos,

Con este lema, el mes de marzo, dedicado especialmente a San José, nuestra Iglesia diocesana se vuelca en la promoción y acompañamiento de las vocaciones para el ministerio Ordenado. Es un tiempo propicio para dar gracias a Dios por la vida y el ministerio de los sacerdotes y para pedirle que siga bendiciéndonos con abundantes y generosas respuestas. Así mismo, imploramos al Señor que a todos nos guíe y fortalezca en el camino de la santidad, como “sembradores de Esperanza”, en un mundo que vive fracturado y pesimista por las ideologías imperantes, las guerras, la cultura de la muerte y del descarte, por la vivencia subjetiva de una fe a la “carta”.

El papa Francisco nos recuerda en la Bula Spes non confundit, con la que convoca el Jubileo Ordinario del año 2025 que “en el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad”. Cristo es la fuente de Esperanza para todo corazón que se siente herido en lo más profundo y necesita del bálsamo de su Amor misericordioso, que repara y restablece en una vida nueva, la vida de la Gracia.

Los sacerdotes y los seminaristas, junto con todo el Pueblo Santo de Dios, son llamados a testimoniar el valor y el gozo de una “Esperanza que no defrauda”, que no es manipulada por intereses ideológicos o modas pasajeras. Son interpelados en lo más profundo de su corazón a hacer un sincero y permanente ejercicio de configuración con Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor de la Iglesia; ser otro Cristo en medio de la comunidad: alentando, sosteniendo, acompañando en la Esperanza. Y no cualquier esperanza, sino aquella que surge del “Amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz”. De ahí, que ser “sembradores de Esperanza”, como nos recuerda la campaña del Día del Seminario, envuelve y dimensiona toda la vida.

La vocación sacerdotal, ciertamente, es un don de Dios para quien escucha la llamada y permanece fiel a ella; a la par que reaviva la esperanza en un florecimiento de nuevas y santas vocaciones. Creemos, esperamos y confiamos en que el dueño de la mies hará surgir generosas respuestas y reafirmará con su gracia el sí de aquellos que ya han respondido o están en proceso de discernimiento vocacional. A la vez, es una llamada a fomentar en los niños, adolescentes, jóvenes o adultos, con palabras y obras, en nuestras comunidades, la alegría de ser sacerdote.

Esta es la Esperanza gestada por el Espíritu como un don para toda la Iglesia y un bien absolutamente necesario para su misión. Por eso, debe ir creciendo entre nosotros la convicción de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir ninguno, tenemos la grave responsabilidad de cuidar las vocaciones, de ir generando una cultura vocacional, como se nos interpelaba en el reciente Congreso de Vocaciones.

Nuestra Iglesia diocesana acoge esta interpelación a ser sensible y audaz en la pastoral vocacional. Somos conscientes de la necesidad de todos los carismas y ministerios en la Iglesia, pero ante la cercanía de la solemnidad de San José, se hace urgente una llamada en favor del necesario ministerio ordenado. Y lo hacemos en clave de “Cultura Vocacional”, que nos ayude a todos a escuchar y a fomentar una palabra de aliento y esperanza, para comprender que adentrarse en la voluntad de Dios no destruye ni aniquila a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; viviendo la gratuidad y fraternidad en las relaciones con los otros. Sólo abriéndose al Amor de Dios se encuentra la verdadera alegría, la esperanza más auténtica y la plena realización de las propias aspiraciones.

La pastoral vocacional nos implica a todos.  Implica a los padres para que, en su ambiente familiar, hagan comprender a sus hijos la grandeza del ministerio sacerdotal, por medio del cual Dios viene a nosotros en la Eucaristía, perdona nuestros pecados en el sacramento de la Reconciliación, y vela por nosotros, con amor de Padre, en el seno de la comunidad eclesial.  Os animo a cuidar, con particular esmero, los gérmenes de vocación sacerdotal que podáis descubrir en alguno de vuestros hijos y a estar agradecidos, si el Señor os concede ese magnífico regalo inmerecido.

Dios se ha servido siempre del ejemplo de santidad de sacerdotes que vivieron con amor y entusiasmo su sacerdocio, para llamar a muchos niños y jóvenes a la vida sacerdotal. Una vida vivida en fidelidad, con deseos de santidad, ejemplar y feliz, siempre atrae al sacerdocio a los que Dios quiera llamar.  Vosotros, queridos sacerdotes, por propia experiencia sabéis lo importante que es el acompañamiento espiritual y el discernimiento vocacional. Sabéis que, por medio de nosotros, cuando somos testigos de la alegría de ser sacerdotes, Dios suscita, acompaña y fortalece muchas vocaciones.  Quiero agradeceros vuestra dedicación incansable y animaros a continuar en esta preciosa tarea.  También quiero invitaros a estar en contacto con los formadores de nuestro Seminario Conciliar “San Torcuato” y con el equipo diocesano de Pastoral Vocacional y de juventud.  Confiad y colaborad con ellos y no dudéis en ponerles en relación con aquellos niños y jóvenes en los que veáis indicios de vocación sacerdotal.  Os ayudarán al discernimiento para que puedan formar parte del Seminario en familias, si son más jóvenes, o puedan ingresar en el Seminario Mayor, junto a los seminaristas que ya se preparan para recibir el orden sacerdotal. En esta tarea tan delicada todos somos necesarios.

En la pastoral vocacional tienen también un importante papel los catequistas y profesores de religión.  El catequista, como el profesor de religión, ha de ser ante todo un testigo de la fe.  Su misión es conducir a los niños, adolescentes y jóvenes al encuentro con Cristo, animadlos a la amistad con el Señor y preparadlos para que su corazón esté siempre abierto a su llamada.  Que en vuestras catequesis y clases de religión aparezca con claridad el amor a la Iglesia y la gratitud al Señor por el don del sacerdocio, interpelando directamente a discernir una especial consagración.

A todos, sin excepción, nos atañe la necesidad de la oración, del sacrificio, del mantenimiento material y de la implicación personal y comunitaria en los vocacionados al sacerdocio.  Estamos convencidos de que los frutos de la pastoral vocacional se deben, en gran medida, a la oración.  Son muchas las Parroquias y comunidades que dedican un día a la Adoración Eucarística pidiendo al Señor por el don de la vocación al ministerio ordenado. Sigamos orando al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

Aprovecho la ocasión para agradecer de todo corazón al Rector, formadores, sacerdotes, religiosos, catequistas, agentes de pastoral, bienhechores, a todas las comunidades, vuestra entrega generosa y abnegada en esta misión, tan esencial en la Iglesia, como es el fomento y acompañamiento de las vocaciones al sacerdocio. Os animo y agradezco de antemano, vuestra generosa y sacrificada colaboración en esta jornada para el sostenimiento económico de nuestro Seminario Diocesano de San Torcuato y las tareas vocacionales.

Que la Virgen María, Reina de los Apóstoles, cuide con amor a sus sacerdotes y seminaristas, para que sean fiel reflejo de su Hijo, Buen Pastor. Ella nos alcance del Señor, en este Año Jubilar de la Esperanza, la gracia de santas y abundantes vocaciones.

Con mi afecto y bendición.

 

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Marzo, mes del Seminario: “Llamados a ser testigos de esperanza”

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Marzo, mes del Seminario: “Llamados a ser testigos de esperanza”

El 19 de marzo es San José y la Iglesia celebra el Día del Seminario. También el domingo 16 de marzo. José Luis Linares, seminarista de la Etapa Configuradora, invita a los jóvenes a responder a la llamada a ser testigos de esperanza en el mundo

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Fallece el sacerdote Francisco Montesinos Pérez-Chirinos

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En la madrugada de hoy ha fallecido en Cartagena, a los 86 años, el sacerdote diocesano y canónigo honorario de la Santa Iglesia Catedral de Santa María de Murcia, Francisco Montesinos Pérez-Chirinos. Sus restos mortales se velan en la capilla de la Casa de Espiritualidad del Coto Dorda de Cartagena y la misa exequial, presidida por el obispo de Cartagena, será celebrada esta tarde en la Real Basílica de la Caridad, a las 18:30 horas.

Francisco Montesinos nació en la ciudad de Lorca el 24 de agosto de 1938 y fue bautizado en la Parroquia Santiago Apóstol el 30 de mayo de 1939. A los 17 años, ingresó en el Seminario Mayor San Fulgencio, donde realizó los estudios de Filosofía y Teología. Al terminar los estudios requeridos para el sacerdocio fue ordenado presbítero el 16 de junio de 1962, por Mons. Ramón Sanahuja y Marcé, obispo de Cartagena, en la Parroquia San Bartolomé-Santa María de Murcia.

Después de su ordenación sacerdotal ocupó los siguientes cargos pastorales: – 1962-1963: Coadjutor de la Parroquia Santa María Magdalena de Cehegín. – 1963-1966: Coadjutor de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Molina de Segura. – 1966-1974: Cura ecónomo de la Parroquia Nuestra Señora de las Maravillas de Los Martínez del Puerto. Durante este tiempo también fue cura encargado de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Baños y Mendigo. – 1972-1975: Profesor de Religión en el Colegio Santa Joaquina de Vedruna de Cartagena. – 1974-1976: Cooperador de la Parroquia Sagrada Familia de Cartagena (Barrio Peral). – 1974: Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano de Cartagena. – 1976-2004: Párroco del Sagrado Corazón de Jesús (San Diego) de Cartagena. – 2004-2024: Rector de la Real Basílica de la Caridad de Cartagena. – Desde 2007: Director de la Casa de Espiritualidad Coto Dorda de Cartagena. – Desde 2019 Canónigo honorario de la Santa Iglesia Catedral de Santa María de Murcia.

Otros cargos diocesanos que ha desempeñado son: – Arcipreste del Arciprestazgo Urbano de Cartagena (1983-2001). – Miembro del Consejo Presbiteral Diocesano (1986-1989; 200-2003; 2015-2018). – Capellán del Hogar de la Milagrosa de Cartagena (1984-1985; 1992-1998). – Director del Centro de Renovación Cristiana San José de Cartagena (2007-2010). – Capellán de la Casa Hogar Betania de Cartagena (2007-2010). – Miembro del Consejo Diocesano de Cáritas Zona de Cartagena (2010).

Ha sido también, desde el año 1996 hasta hoy, miembro de la Junta de Gobierno de la Real Basílica de la Caridad de Cartagena. Ha sido también un sacerdote muy vinculado a la Semana Santa de la ciudad de Cartagena.

Descanse en paz.

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“Sembradores de Esperanza”: Carta Pastoral del obispo de Guadix con motivo del Día del Seminario

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“Sembradores de Esperanza”: Carta Pastoral del obispo de Guadix con motivo del Día del Seminario

 

«Sembradores de Esperanza»

Día del Seminario 2024

Queridos hermanos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos,

Con este lema, el mes de marzo, dedicado especialmente a San José, nuestra Iglesia diocesana se vuelca en la promoción y acompañamiento de las vocaciones para el ministerio Ordenado. Es un tiempo propicio para dar gracias a Dios por la vida y el ministerio de los sacerdotes y para pedirle que siga bendiciéndonos con abundantes y generosas respuestas. Así mismo, imploramos al Señor que a todos nos guíe y fortalezca en el camino de la santidad, como “sembradores de Esperanza”, en un mundo que vive fracturado y pesimista por las ideologías imperantes, las guerras, la cultura de la muerte y del descarte, por la vivencia subjetiva de una fe a la “carta”.

El papa Francisco nos recuerda en la Bula Spes non confundit, con la que convoca el Jubileo Ordinario del año 2025 que “en el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad”. Cristo es la fuente de Esperanza para todo corazón que se siente herido en lo más profundo y necesita del bálsamo de su Amor misericordioso, que repara y restablece en una vida nueva, la vida de la Gracia.

Los sacerdotes y los seminaristas, junto con todo el Pueblo Santo de Dios, son llamados a testimoniar el valor y el gozo de una “Esperanza que no defrauda”, que no es manipulada por intereses ideológicos o modas pasajeras. Son interpelados en lo más profundo de su corazón a hacer un sincero y permanente ejercicio de configuración con Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor de la Iglesia; ser otro Cristo en medio de la comunidad: alentando, sosteniendo, acompañando en la Esperanza. Y no cualquier esperanza, sino aquella que surge del “Amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz”. De ahí, que ser “sembradores de Esperanza”, como nos recuerda la campaña del Día del Seminario, envuelve y dimensiona toda la vida.

La vocación sacerdotal, ciertamente, es un don de Dios para quien escucha la llamada y permanece fiel a ella; a la par que reaviva la esperanza en un florecimiento de nuevas y santas vocaciones. Creemos, esperamos y confiamos en que el dueño de la mies hará surgir generosas respuestas y reafirmará con su gracia el sí de aquellos que ya han respondido o están en proceso de discernimiento vocacional. A la vez, es una llamada a fomentar en los niños, adolescentes, jóvenes o adultos, con palabras y obras, en nuestras comunidades, la alegría de ser sacerdote.

Esta es la Esperanza gestada por el Espíritu como un don para toda la Iglesia y un bien absolutamente necesario para su misión. Por eso, debe ir creciendo entre nosotros la convicción de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir ninguno, tenemos la grave responsabilidad de cuidar las vocaciones, de ir generando una cultura vocacional, como se nos interpelaba en el reciente Congreso de Vocaciones.

Nuestra Iglesia diocesana acoge esta interpelación a ser sensible y audaz en la pastoral vocacional. Somos conscientes de la necesidad de todos los carismas y ministerios en la Iglesia, pero ante la cercanía de la solemnidad de San José, se hace urgente una llamada en favor del necesario ministerio ordenado. Y lo hacemos en clave de “Cultura Vocacional”, que nos ayude a todos a escuchar y a fomentar una palabra de aliento y esperanza, para comprender que adentrarse en la voluntad de Dios no destruye ni aniquila a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; viviendo la gratuidad y fraternidad en las relaciones con los otros. Sólo abriéndose al Amor de Dios se encuentra la verdadera alegría, la esperanza más auténtica y la plena realización de las propias aspiraciones.

La pastoral vocacional nos implica a todos. Implica a los padres para que, en su ambiente familiar, hagan comprender a sus hijos la grandeza del ministerio sacerdotal, por medio del cual Dios viene a nosotros en la Eucaristía, perdona nuestros pecados en el sacramento de la Reconciliación, y vela por nosotros, con amor de Padre, en el seno de la comunidad eclesial. Os animo a cuidar, con particular esmero, los gérmenes de vocación sacerdotal que podáis descubrir en alguno de vuestros hijos y a estar agradecidos, si el Señor os concede ese magnífico regalo inmerecido.

Dios se ha servido siempre del ejemplo de santidad de sacerdotes que vivieron con amor y entusiasmo su sacerdocio, para llamar a muchos niños y jóvenes a la vida sacerdotal. Una vida vivida en fidelidad, con deseos de santidad, ejemplar y feliz, siempre atrae al sacerdocio a los que Dios quiera llamar. Vosotros, queridos sacerdotes, por propia experiencia sabéis lo importante que es el acompañamiento espiritual y el discernimiento vocacional. Sabéis que, por medio de nosotros, cuando somos testigos de la alegría de ser sacerdotes, Dios suscita, acompaña y fortalece muchas vocaciones. Quiero agradeceros vuestra dedicación incansable y animaros a continuar en esta preciosa tarea. También quiero invitaros a estar en contacto con los formadores de nuestro Seminario Conciliar “San Torcuato” y con el equipo diocesano de Pastoral Vocacional y de juventud. Confiad y colaborad con ellos y no dudéis en ponerles en relación con aquellos niños y jóvenes en los que veáis indicios de vocación sacerdotal. Os ayudarán al discernimiento para que puedan formar parte del Seminario en familias, si son más jóvenes, o puedan ingresar en el Seminario Mayor, junto a los seminaristas que ya se preparan para recibir el orden sacerdotal. En esta tarea tan delicada todos somos necesarios.

En la pastoral vocacional tienen también un importante papel los catequistas y profesores de religión. El catequista, como el profesor de religión, ha de ser ante todo un testigo de la fe. Su misión es conducir a los niños, adolescentes y jóvenes al encuentro con Cristo, animadlos a la amistad con el Señor y preparadlos para que su corazón esté siempre abierto a su llamada. Que en vuestras catequesis y clases de religión aparezca con claridad el amor a la Iglesia y la gratitud al Señor por el don del sacerdocio, interpelando directamente a discernir una especial consagración.

A todos, sin excepción, nos atañe la necesidad de la oración, del sacrificio, del mantenimiento material y de la implicación personal y comunitaria en los vocacionados al sacerdocio. Estamos convencidos de que los frutos de la pastoral vocacional se deben, en gran medida, a la oración. Son muchas las Parroquias y comunidades que dedican un día a la Adoración Eucarística pidiendo al Señor por el don de la vocación al ministerio ordenado. Sigamos orando al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

Aprovecho la ocasión para agradecer de todo corazón al Rector, formadores, sacerdotes, religiosos, catequistas, agentes de pastoral, bienhechores, a todas las comunidades, vuestra entrega generosa y abnegada en esta misión, tan esencial en la Iglesia, como es el fomento y acompañamiento de las vocaciones al sacerdocio. Os animo y agradezco de antemano, vuestra generosa y sacrificada colaboración en esta jornada para el sostenimiento económico de nuestro Seminario Diocesano de San Torcuato y las tareas vocacionales.

  Que la Virgen María, Reina de los Apóstoles, cuide con amor a sus sacerdotes y seminaristas, para que sean fiel reflejo de su Hijo, Buen Pastor. Ella nos alcance del Señor, en este Año Jubilar de la Esperanza, la gracia de santas y abundantes vocaciones.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

 

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La iglesia de San Andrés Apóstol avanza en su esplendor

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Publicación diocesana de Granada y Guadix, del 16 de marzo de 2025.

En el número de la revista de esta semana, nuestro tema central es la presentación e inauguración de la iglesia de san Andrés tras las obras de restauración en su tercera fase que han estado a cargo del Plan Alhambra. También ofrecemos la actualidad diocesana de Granada y Guadix, y otros contenidos de interés.

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La Comisión del V centenario catedralicio visitan las obras en la torre

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Continúan con los trabajos para dar a conocer y festejar esta efeméride que se celebrará hasta 2028.

La Comisión para los actos celebrativos con motivo del V Centenario de la Catedral de Granada se han reunido esta semana para seguir diseñando los contenidos y propuestas que van presentando progresivamente en este aniversario, dirigidos no sólo al público en general, sino también a instituciones.

Con motivo de esta reunión, y dados los avances que se están llevando a cabo en las obras de rehabilitación de la torre de la catedral, donde se retirará próximamente el andamio del cuerpo que da acceso al futuro mirador, los miembros de la Comisión han conocido estas obras y la situación actual.

El deán de la catedral, D. Eduardo López, ha destacado “la buenísima disposición que tienen todos los miembros de la Comisión y el deseo verdaderamente sincero de implicarse en llevar adelante todo lo que se refiere al quinto centenario, a la catedral y a las reparaciones que tenemos que ir asumiendo”.

“No sólo han quedado impresionados con la vista del mirador, sino también maravillados con las posibilidades que va a tener la visita a la catedral en su conjunto, no sólo el mirador, sino los espacios que alberga la catedral, como la casa del campanero, el que fue estudio de Alonso Cano, y el cuerpo de campanas. Así que la visita de la catedral va a ser un gran efecto de visita”, señala D. Eduardo, deán catedralicio.

COMISIÓN DEL V CENTENARIO

Mientras, la Comisión programa nuevas actividades para dar a conocer y festejar hasta 2028 el V centenario catedralicio. La más inminente son sendos conciertos los días 28 y 29 de marzo en el Auditorio Manuel de Falla, dentro del programa de la Orquesta Ciudad de Granada, que serán dedicados a esta efeméride centenaria.

Además, la Universidad de Granada se une al aniversario y “ha querido dedicar todos sus programas este año al V centenario de la catedral”, explica D. Eduardo López.

La Comisión comenzó sus sesiones periódicas de reunión desde el mes de septiembre de 2024, una vez que a principios del verano se anunció el V centenario en rueda de prensa y se presentó el logo oficial. Está formada por el Cabildo catedralicio y arzobispado, con representantes de instituciones como la Universidad de Granada, el Patronato de la Alhambra, la Diputación de Granada, la Federación de Empresarios, la Junta de Andalucía y el ayuntamiento de la ciudad. Desde el Arzobispado, forman parte de la Comisión el Vicario General, el Vicario de Pastoral y el deán catedralicio. El comisario de este V centenario es Policarpo Cruz-Cabrera, catedrático en Historia del Arte de la UGR.

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La inauguración de San Andrés, tras el Plan Alhambra, en “El Espejo”

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Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 14 de marzo de 2025.

Con motivo de la reciente inauguración en la iglesia de San Andrés tras el fin de los trabajos de restauración de la tercera fase, la realizada por el Plan Alhambra, entrevistamos a la Asociación Amigos de San Andrés y nos cuentan su implicación en la iglesia desde el año 2017 cuando fue reabierta al culto.

Y nos acercamos a conocer las actividades organizadas para festejar el Día del Seminario, que contemplan desde la oración vocacional la víspera hasta un torneo de fútbol y la jornada de puertas abiertas del Seminario San Cecilio, entre otras.

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Bautizos y Confirmaciones en el Centro Penitenciario de Albolote

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Acompañados, guiados y formados por el grupo de voluntarios y sus capellanes de la Pastoral Penitenciaria.

El Centro Penitenciario de Albolote acogía el pasado día 11 la celebración de los Sacramentos de iniciación cristiana: bautizos y confirmaciones. En concreto, se trata de un bautizo y de siete confirmaciones de algunos de los internos de los módulos de hombres de este Centro.

“Esta vez hemos tenido una novedad, ya que uno de los internos que han recibido los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana pertenece a la comunidad de sordos, atendidos por un equipo de voluntarios nuestros. En el caso presente, el catequista del interno fue D. Manuel Parra Delgado”, explicó el Secretariado de Pastoral Penitenciaria de Granada.

La celebración de los Sacramentos fue presidida, en nombre del arzobispo, por el Vicario de Pastoral, D. José Carlos Isla Tejera, que desde su nombramiento siempre se ha mostrado muy cercano a esta realidad pastoral y conectó de forma natural con internos y voluntarios de prisiones”.

Los internos que han recibido los Sacramentos han estado guiados y acompañados por numerosos voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, que a lo largo del año también desarrollan su labor dentro de los módulos. “De una manera particular, destacaríamos la labor del voluntario Luis Alberto Ramos Más, quién impartió el curso oficial de catequesis ofrecido semanalmente en la Capilla”, informó el Secretariado de Pastoral Penitenciaria.  

Junto a los voluntarios, en esta celebración acompañaron a los internos el equipo de capellanes, formado por el padre Javier Evelio Díaz Rivera, de la Orden Trinitaria, el laico D. César Carlos Castillo Gómez, y el delegado de Pastoral Penitenciaria, D. Constantin Sorin Catrinescu.

“La labor que la Iglesia desempeña con los internos de las prisiones de Granada es quizás poco conocida, pero muy valiosa, con tres capellanes, más de 60 voluntarios y numerosos reconocimientos por parte de diversas instituciones. Les invitamos a todos a apoyarla y sostenerla con sus oraciones”, señalan.

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