La Delegación de Infancia y Adolescencia de la Diócesis de Jaén, junto al equipo de monitores de la Casa de Espiritualidad San Juan Pablo II de Ibros, ha anunciado la celebración de una nueva convivencia de verano dirigida a niños y niñas, cuyas inscripciones se abrirán próximamente.
Bajo el lema “Buscando el Santo Grial”, esta convivencia tendrá lugar del 3 al 8 de agosto en Ibros, y está destinada a participantes de entre 7 y 14 años. La actividad se enmarca dentro de las propuestas pastorales estivales de la diócesis, que buscan ofrecer a los más pequeños un espacio de crecimiento humano y cristiano a través del juego, la convivencia y la espiritualidad.
Durante estos días, los participantes podrán disfrutar de una experiencia educativa y lúdica, adaptada a su edad, en un ambiente de fe, acompañados por monitores formados y comprometidos con la pastoral infantil. La temática elegida invita a los niños a descubrir valores evangélicos como la búsqueda, el compromiso, la fraternidad y la confianza en Dios, presentados de manera dinámica.
En sus galardones de Honores y Distinciones de la Ciudad, en un acto celebrado en el marco de la festividad del patrón san Cecilio.
Esta semana, en el marco de la festividad del patrón san Cecilio, cuya fiesta litúrgica es el 1 de febrero, el ayuntamiento de Granada reconocía la labor social, pastoral y caritativa de distintas realidades eclesiales en nuestra diócesis, con la entrega de sus Honores y Distinciones 2026.
Entre los galardonados, figuran las Hospitalarias Fundación Purísima Concepción, el Colegio Sagrado Corazón de Granada, la Institución Hijas de Cristo Rey o los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, que recibieron la Granada de oro. También Proyecto Hombre Granada, que cumple 25 años de dedicación para ayudar a las personas a salir de sus adicciones, recibió un Granada de plata.
El ayuntamiento también valoró con una Granada de oro a las cofradías del Señor de la Humildad, Soledad de Nuestra Señora y Dulce Nombre de Jesús; de la Santa Cena Sacramental y María Santísima de la Victoria; y a la Hermandad Sacramental del Sagrario de la Catedral.
Sus responsables fueron los encargados de recoger el galardón, como D. Manuel Mingorance, en nombre de PH Granada en calidad de director; o el superior general de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, el hermano Luis Miguel Martell Puyal.
En todos ellos, junto a otros galardonados, el consistorio ha reconocido a estas entidades, colectivos y personas que han contribuido al desarrollo cultural, económico y social de la ciudad.
La celebración de la beatificación del Venerable Cura Valera no es solo un acontecimiento de gracia para la Iglesia, sino también una ocasión privilegiada para contemplar la riqueza espiritual e histórica que rodeó su vida y su ministerio. Las imágenes que presidirán el presbiterio durante la solemne celebración no han sido elegidas al azar: ambas condensan, en silencio y belleza, la geografía eclesial y espiritual del sacerdote cuya santidad se reconoce oficialmente.
EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA AGONÍA
Presidiendo el presbiterio se situará la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, una talla de autor anónimo fechable entre los siglos XVII y XVIII. Esta venerada imagen se conserva en la Basílica de la Santísima Virgen de la Caridad de Cartagena, perteneciente al Santo y Real Hospital de la Caridad, institución histórica de profunda raigambre asistencial y cristiana.
El Cristo de la Agonía se encuentra en la demarcación de la parroquia de Santa María de Gracia de Cartagena, de la que fue párroco el Venerable Cura Valera entre los años 1864 y 1868. No es, por tanto, una presencia simbólica genérica, sino una imagen íntimamente ligada a los años de ejercicio pastoral del sacerdote, a su predicación, a su oración y a su vida entregada al servicio de los más necesitados.
En esta beatificación, el Santísimo Cristo de la Agonía representa a la diócesis de Cartagena, a la que pertenecía Huércal-Overa en tiempos del Cura Valera y en cuyo territorio desarrolló una parte fundamental de su ministerio sacerdotal. Ante este Cristo agonizante, el Venerable aprendió a unir el sufrimiento humano con la redención, haciendo del amor crucificado el centro de su vida.
LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL RÍO
Junto al Crucificado, estará presente la imagen de la Santísima Virgen del Río, una de las devociones más queridas y profundamente enraizadas en la historia de Huércal-Overa y su entorno.
Esta devoción se remonta a finales del siglo XVII, cuando un molinero de Overa, al atravesar el río, se vio en peligro de morir ahogado. En aquel trance extremo se encomendó a la Virgen, prometiendo levantar una ermita en su honor si lograba salvar la vida. Cumplida la promesa, construyó una pequeña ermita en la rambla del Bobar, donde colocó un cuadro de la Virgen de los Desamparados, una Dolorosa con las manos sobre el pecho, puñal y diadema de estrellas, cuya copia se conserva hoy en la iglesia parroquial.
Durante el siglo XVIII, con el auge de la minería en la Sierra Almagrera, aquel tramo del río se convirtió en paso obligado para los mineros que accedían desde el norte de Almería. Antes de cruzarlo, muchos se encomendaban a la Virgen para preservar sus vidas, comenzando así a llamarla popularmente Virgen del Río.
Fue el propio Cura Valera quien impulsó la realización de una imagen escultórica, encargándola al escultor valenciano Francisco Bellver y Collazos, consolidando definitivamente esta advocación mariana. La devastadora riada de octubre de 1973 arrasó el santuario y se llevó consigo la imagen, pero la devoción permaneció viva. En 1975, el escultor José María Sánchez Lozano realizó una nueva talla, que desde marzo de 2019 recibe culto en su nueva ermita.
En la beatificación, la Virgen del Río representa a la diócesis de Almería, a la que actualmente pertenece Huércal-Overa y en cuyo territorio se celebra este histórico acontecimiento eclesial.
Dos imágenes, una misma historia de fe
El Cristo de la Agonía y la Virgen del Río, colocados juntos en el presbiterio, resumen visualmente la vida del Venerable Cura Valera: Cristo, centro de su entrega sacerdotal; María, refugio constante de su confianza pastoral.
Dos diócesis, dos tradiciones, un solo testimonio de santidad que sigue iluminando a la Iglesia de hoy.
La jornada está dirigida a los monaguillos de las distintas parroquias de la diócesis y se presenta como un espacio de encuentro, formación y convivencia, en el que los participantes podrán profundizar en el sentido de su servicio al altar y en su vivencia cristiana dentro de la comunidad eclesial.
Organizada conjuntamente por el grupo de monaguillos de la parroquia de San Antonio Abad de Trigueros y el Seminario Diocesano, la convivencia pretende favorecer la fraternidad entre los más pequeños que colaboran activamente en la liturgia, así como despertar en ellos una mayor conciencia vocacional, acompañados por sacerdotes y seminaristas.
A lo largo de la mañana, los monaguillos compartirán momentos de oración, dinámicas formativas y actividades lúdicas, en un ambiente cercano y festivo que ayude a fortalecer su vínculo con la Iglesia y su compromiso pastoral.
Desde la Delegación de Pastoral Vocacional y el Seminario Diocesano se anima a las parroquias a participar en esta iniciativa, acompañando a los monaguillos y favoreciendo su presencia en este encuentro diocesano, que busca sembrar esperanza y vocación en el corazón de los más jóvenes.
La Catedral de Sevilla ha impulsado en los últimos años un proceso sostenido de mejora de la accesibilidad que trasciende la dimensión patrimonial y turística del templo para situarse en el centro de su misión pastoral. El objetivo no es únicamente eliminar barreras físicas, sino garantizar que todas las personas puedan vivir su fe y participar en la vida de la Iglesia en condiciones de igualdad, dignidad y comunión.
En el plano físico, se han habilitado accesos adaptados para personas con movilidad reducida, con entradas sin escalones y rampas que permiten salvar desniveles en puntos clave del recorrido. Estas intervenciones, diseñadas con criterios de respeto patrimonial, facilitan tanto la visita cultural como el acceso a los espacios de oración y celebración litúrgica.
Además, la Catedral dispone de aseos adaptados y ofrece sillas de ruedas para quienes lo necesitan, favoreciendo así la presencia activa de personas mayores, personas con discapacidad o con movilidad reducida ocasional en la vida cotidiana del templo.
La dimensión pastoral de la accesibilidad se manifiesta de manera especial en la atención a las personas con discapacidad sensorial. La Catedral de Sevilla dispone de folletos en braille y de signoguías, recursos que permiten a personas con discapacidad visual y auditiva acceder de forma autónoma a los contenidos, al simbolismo y al mensaje espiritual del templo, facilitando una experiencia más profunda y personal.
A estas iniciativas se suma la celebración todos los sábados a las seis de la tarde, de la misa en lengua de signos, una acción que refuerza el compromiso del Cabildo Metropolitano con una liturgia verdaderamente inclusiva. De este modo, las personas sordas pueden participar plenamente en la Eucaristía, núcleo de la vida cristiana, y sentirse parte activa de la comunidad eclesial.
El trato cercano del personal de atención al visitante, junto con la autorización de acceso para animales de asistencia, completa una cultura de acogida que entiende la accesibilidad no solo como una cuestión técnica, sino como una actitud pastoral.
En el ámbito económico, la entrada gratuita para personas con un grado de discapacidad igual o superior al 65 % responde al deseo de eliminar obstáculos que puedan dificultar el acceso al patrimonio y a la vivencia espiritual que ofrece el templo.
El desarrollo de recursos digitales accesibles complementa este enfoque pastoral, ofreciendo contenidos que acompañan la visita, la oración y la profundización en la fe, incluso cuando no es posible acceder a todos los espacios físicos.
El árbol ha sido abatido por el temporal tras años de presencia en la parroquia del Polígono Guadalquivir
El párroco de Santa Luisa de Marillac, Miguel David Pozo, ha relatado los hechos provocados por el temporal. El árbol, que había sufrido los envites del vendaval en días pasados, ha sido derribado por la lluvia constante de las últimas horas “dada la fragilidad de la tierra tan empapada” y se ha caído sobre un muro de la parroquia. Miguel David ha explicado que la intervención de los bomberos fue muy rápida y tras la llamada se personaron en la parroquia para proceder a su retirada. Por suerte solo ha causado daños materiales de poca consideración
Mientras, la parroquia Virgen del Camino sigue cerrada desde que la semana pasada el viento arrasara el tejado, dejando la estructura del techo prácticamente descubierta. Ese día los operarios cubrieron con tela asfáltica gran parte del tejado, aunque las pequeñas rendijas que quedaron sin cubrir permiten la entrada de agua. En esta tarea se centran ahora las labores de protección con la ayuda de voluntarios que achican el agua de manera constante.
Se trata, como ha explicado el párroco Manuel Sánchez, de un «arreglo provisional» que se terminará de manera definitiva cuando los técnicos consideren. El arreglo provisional está paliando «en gran medida la entrada de agua al templo». En este momento el templo está «diáfano», la semana pasada se apilaron bancos, altar y demás enseres en una parte de la parroquia en la que no hay desperfectos, se tapó todo con plásticos para su correcta conservación a la espera de que pase el temporal y se recupere la normalidad.
La misa diaria se está manteniendo en un local parroquial y dos salones fuera del perímetro afectado se están usando para reuniones y catequesis. Manuel Sánchez ha confirmado que por el momento está todo en manos de los técnicos y que serán ellos los que avancen en los trabajos de recuperación cuando sea posible porque con el temporal es imposible subir al tejado para su reconstrucción.
Las Jornadas comienzan el martes con la presentación a cargo de Mons. José Rico Pavés, obispo de Asidonia-Jerez y presidente de la Comisión Episcopal; Mons. Agustín Cortés Soriano, obispo emérito de Sant Feliu de Llobregat y responsable del área de vicarios; y Francisco Julián Romero Galván, director de la Comisión Episcopal. A continuación, Mons. Agustín Cortés ofrece la ponencia ‘Elementos que definen la realidad del clero de nuestras diócesis’. Por la tarde se desarrollan trabajos en grupo por provincias eclesiásticas y, más tarde, los participantes visitan La Rábida, donde celebran la eucaristía presidida por Mons. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva.
El inicio del miércoles lo marca la ponencia ‘Acompañar a los sacerdotes en la diócesis’, impartida por Carlos Comendador, rector del Pontificio Colegio Español de Roma. Tras el trabajo en grupos, por la tarde el mismo ponente ofrece una reflexión sobre la dimensión afectiva-relacional del sacerdote. Más tarde, los participantes se trasladan a El Rocío, donde visitan la Virgen y el museo, y celebran la eucaristía en la ermita, presidida por Mons. Agustín Cortés Soriano.
El último día comienza con la eucaristía con laudes, presidida por Mons. José Rico Pavés. A continuación, Emilio Lavaniego, director del centro Mosen Sol de Castellón, imparte la ponencia ‘Acompañar a los sacerdotes con dificultades especiales’. Tras la puesta en común de los trabajos en grupo y las conclusiones, las Jornadas concluyen con las informaciones de la Comisión y la clausura del encuentro.
La Asociación Laicos, Hijos y Esclavas del Amor Misericordioso de Santomera-El Siscar celebra este sábado la fiesta litúrgica de la beata Madre Esperanza de Jesús.
En la tarde de hoy miércoles comenzará en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Santomera un triduo en honor a esta beata, que predicará Miguel Riesco, delegado territorial en España de los Hijos del Amor Misericordioso. Comenzará a las 18:30 horas con el rezo del Santo Rosario y continuará con la celebración de la Eucaristía, a las 19:00 horas.
El sábado, fiesta litúrgica de Madre Esperanza de Jesús, se celebrará la Eucaristía también a las 19:00 horas, en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario.
Una beata nacida en El Siscar
Madre Esperanza de Jesús (María Josefa Alhama Valera) es una religiosa y mística que nació en la Vereda del Molino, en la pedanía de El Siscar (Santomera) en 1893. De familia humilde, ingresó como religiosa de clausura a la edad de 22 años en el convento de las Hijas del Calvario de Villena. Más adelante fundó dos congregaciones: la de Esclavas e Hijos del Amor Misericordioso.
Su vida estuvo marcada por el servicio a los demás, especialmente en el Santuario del Amor Misericordioso que levantó en la ciudad italiana de Conllevalenza para atender, aconsejar y consolar a quienes lo necesitaban, sobre todo a los enfermos.
En este santuario es donde falleció en 1983 y donde tuvo lugar su beatificación el 31 de mayo de 2014.
Desde 1990, hay una comunidad de Esclavas del Amor Misericordioso en Santomera, en torno a la que se ha formado también un grupo de laicos que viven el carisma de Madre Esperanza.
El Colegio Oficial de Arquitectos de Jaén acogió en la tarde de este martes, 3 de febrero, la presentación de la 67ª Campaña contra el Hambre de Manos Unidas, que este año se celebra bajo el lema «Declara la guerra al hambre».
El acto estuvo presidido por la Delegada diocesana de Manos Unidas, Lidia Casado, y contó con el testimonio de la misionera Scalabriniana Carla Luisa Frey Bamberg, que compartió su experiencia de misión en Angola y su trabajo en colaboración con la organización. Así, con su intervención acercó a los asistentes la realidad concreta de las comunidades más vulnerables y mostrando cómo los proyectos de desarrollo transforman la vida de miles de personas.
Además, estuvieron presentes autoridades civiles, académicas y representantes de asociaciones profesionales, así como numerosos voluntarios y fieles comprometidos con Manos Unidas.
La Delegada de Manos Unidas quiso agradecer el respaldo constante de la sociedad jiennense, subrayando que la implicación de parroquias, colegios, voluntarios y benefactores hace posible sostener cada año los compromisos adquiridos. “Gracias a la generosidad de Jaén y de toda su provincia se ha podido conseguir en la pasada campaña una recaudación de 739.356 euros, que han llegado a cubrir todos los proyectos comprometidos en nuestra Diócesis y que se han convertido en una realidad de vida y futuro para muchas personas”.
Asimismo, quiso detenerse para agradecer el trabajo callado de quienes han sostenido la misión de Manos Unidas durante décadas. De manera especial, se rindió un reconocimiento a Dña. Mercedes Bueno por más de cuarenta años de entrega generosa a la organización, agradeciendo públicamente su compromiso constante.
En su intervención, Lidia Casado invitó a reflexionar sobre la estrecha relación entre pobreza, el hambre y la violencia. “Tenemos que replantearnos la conexión existente entre la pobreza, el hambre y esa violencia que dificulta nuestra convivencia pacífica. El panorama es muy preocupante y la violencia va vinculada directamente con la pobreza. Se calcula que, a nivel mundial, 1.100 millones de personas, más de la mitad niños, viven en pobreza multidimensional aguda”. Y en este sentido añadió: “por eso, desde Manos Unidas vamos a poner el foco en hablar de paz construyendo un desarrollo inclusivo y sostenible que pueda poner fin a lacras como el hambre, la inmigración forzosa o la explotación laboral”.
Haciendo referencia al lema de esta campaña, la Delegada explicó que “queremos declarar la guerra al hambre. Nuestra guerra no va a utilizar ni armas, ni tanques, ni metralletas; vamos a ser un ejército de paz. Vamos a movilizar una guerra silenciosa con la cuchara, pidiendo una justa redistribución de la riqueza, la educación y la sanidad, creyendo que nuestros proyectos son el mejor medio de prosperidad para erradicar la pobreza, el hambre y la desigualdad”. Y subrayó que estos proyectos “van más allá de crear escuelas, pozos, hospitales o dispensarios. Todo eso es necesario, pero cuando los conoces son mucho más importantes las personas que van a ver transformada su vida diaria, que van a dignificar sus condiciones para poder luchar por la consecución de sus derechos”.
Cuatro proyectos en tres continentes En este marco, se presentaron los cuatro proyectos que la Diócesis de Jaén respaldará durante 2026, con un compromiso económico total de 341.130 euros, distribuidos en África, Asia y América Latina. Se trata de iniciativas centradas en ámbitos esenciales para el desarrollo integral de las personas, como la sanidad, la educación, el acceso al agua potable y la seguridad alimentaria, pilares básicos para garantizar una vida digna y romper el círculo de la pobreza.
Cada uno de estos proyectos, impulsados junto a socios locales, busca no solo cubrir necesidades urgentes, sino promover procesos sostenibles que fortalezcan la autonomía de las comunidades y generen oportunidades de futuro.
En Etiopía, en la región de Tigray, se llevará a cabo el restablecimiento y fortalecimiento de los servicios sanitarios, mediante la renovación integral de un centro de salud, su dotación con equipamiento médico básico y esencial y la formación específica del personal sanitario, con especial atención a la salud materno-infantil. Esta intervención permitirá ofrecer atención digna y continuada a más de 10.000 pacientes, reduciendo enfermedades prevenibles y mejorando la asistencia a madres y niños en una zona especialmente castigada por la pobreza y la inestabilidad.
En Filipinas, en Mindanao, se desarrollará un proyecto de promoción de la cultura de paz y educación inclusiva en comunidades que han sufrido durante años un conflicto bélico prolongado. La iniciativa fomentará el diálogo entre docentes de escuelas indígenas, alumnado de 11 y 12 años, líderes religiosos y asociaciones de paz, fortaleciendo la convivencia y garantizando el derecho a la educación de los pueblos originarios, especialmente de la infancia.
En Ecuador, en comunidades rurales de Loja, se impulsará el acceso al agua como derecho humano fundamental, mejorando los sistemas de captación, almacenamiento y distribución y capacitando a la población, con especial implicación de las mujeres, en la gestión responsable del recurso. Con ello se busca prevenir enfermedades de origen hídrico y reducir la desnutrición infantil asociada a la falta de agua potable.
Finalmente, en Bolivia, en San Borja, se pondrá en marcha un proyecto alimentario y productivo que reforzará la producción agroecológica y la seguridad alimentaria de 114 familias campesinas e indígenas, además de apoyar a productores de cacao ecológico. A través de la formación técnica, la mejora de cultivos y el impulso a la comercialización, se favorecerá la igualdad de género, la autosuficiencia y la mejora de la economía familiar.
Con estos cuatro compromisos, la Diócesis de Jaén vuelve a tender la mano más allá de sus fronteras, haciendo visible que la solidaridad cristiana no entiende de distancias.
Una Iglesia comprometida Este domingo se celebra la Jornada Mundial de Manos Unidas. Las colectas que se recojan en las diferentes Eucaristías irán destinadas a estos proyectos de Manos Unidas. La celebración diocesana será en la Catedral, a las 11:30 horas, y estará presidida por nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez.
Con esta nueva campaña, Manos Unidas vuelve a hacer un llamamiento a toda la Diócesis del Santo Reino, para implicarse a través de colectas, actividades solidarias y acciones de sensibilización que se desarrollarán en parroquias, centros educativos y movimientos eclesiales a lo largo del año.
De este modo, la Iglesia de Jaén renueva su compromiso con los más necesitados, recordando que la lucha contra el hambre es una tarea de justicia, fraternidad y responsabilidad compartida.
Madres y educadoras de 4 confesiones confirman la necesidad de una relación interactiva entre la comunidad, la familia y la escuela
Cuatro confesiones religiosas coinciden en la amenaza que representa para la educación de los hijos la falta de una “presencia plena” de los padres en el hogar a causa del trabajo y las distracciones continuas de las pantallas. Dificultades que “han transformado el tiempo compartido” y generan relaciones poco capaces de influir en la trasmisiones de valores de cada religión e “hijos poco acompañados, que necesitan tiempo, presencia y estabilidad”, como ha explicado Adriana Bezaquen, madre y maestra judía para la que este modo de relación hace que los jóvenes arrastran carencias relacionales. Como dique de contención de este clima predominante, la familia judía busca en el Shabat, no solo una tradición religiosa sino una pedagogía del tiempo dedicado a la conservación y al conocimiento, cuya celebración otorga a la comunidad el valor de fortalecer a la familia.
Las familias necesitan herramientas para trabajar con sentido la educación en el hogar y así lo ha puesto de manifiesto Eva Contador, de confesión evangélica que defiende que la educación “es exigente y nadie debería afrontarla sola». En su intervención con una maestra de Islam y otra docente católica, esta madre de “tres hijos diversos”, ha defendido que “lo importante es lo que el niño ve en ti, esa fe de la que hablas es la que vives con tus hijos». Esta madre ha relatado su quiebra de fe y el sostenimiento de Dios al poner en sus manos años de sufrimiento por la salud de sus hijos hasta que entendió que la “fe no te hace impune y tenemos que saber afrontar lo que nos toca”. Esta experiencia le ha permitido profundizar en el sistema educativo aunque reconoce que “los valores fundamentales deben surgir del hogar. «Como evangélicos no tenemos una religión, sino una relación con Dios”, ha subrayado, al tiempo que reconoce el ataque a la familia ante el que esta debe presentarse como “columna de la sociedad”.
Tras 20 años como maestra católica, Silvia Martínez, docente de la Fundación Diocesana Santos Mártires advierte un cambio radical en las familias y así lo ha hecho constar en el panel inaugural de las jornadas. Años anteriores, ha explicado, la escuela completaba una fe coherente y un perfil moral similar; el ambiente entre compañeros era distinto, se compartían opiniones y criterios sobre educación y métodos, sin embargo, “ahora, la burocracia el individualismo y el materialismo configura familias incoherentes con el centro elegido”, lo que provoca un trasvase de funciones cuando “la escuela colabora con los padres, no los remplaza”. Esta falta de coherencia está en la base de “una emergencia educativa, que necesita educadores católicos convencidos, con inmensa vida interior”. La misión del profesor católico es para Silvia Martínez la de identificar a cada alumno con una “niño único” y ayudar a las familias “para ser puente entre escuela y parroquia”.
En la escuela católica se defiende a la “persona por encima del algoritmo; el niño debe reconocer la realidad con sus ojos, nunca a través de una pantalla”, una dimensión que afecta también a la enseñanza del Islam en la que Mariam Ballesteros admite que muchos chicos duermen en las clases tras noches de exposición a las pantallas. Esta maestra, residente en Algeciras, con alumnos mayoritariamente marroquíes, defiende que “la verdadera base de aprendizaje reside en el hogar: forjar carácter y exige lo mejor de nosotros”. Este reto familiar es más complejo en la era digital porque los niños están inmersos en estímulos y narrativas que proceden de las pantallas. La falta de tiempo, es el “desafío cuando la conciliación nos obliga a sustituir compañía por regalos o silencios”, ha descrito Marian, cuando “es necesario tiempo de presencia plena. Reducir la crianza a una lista de tareas pendientes es un error”.
La falta de atención que provocan las pantallas agudiza la falta de concentración y falta de respeto y educación y la falta de modales en la educación “es evidencia de que el alma no está siendo alimentada”. Educar es el amor incondicional en acción y para eso la comunidad resulta fundamental a la hora de promover una relación interactiva entre comunidad- familia – escuela.