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El Instituto de Teología Lumen Gentim inaugura el nuevo curso 2026-27, junto con la Facultad de Teología

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El Instituto de Teología Lumen Gentim inaugura el nuevo curso 2026-27, junto con la Facultad de Teología

Con la Eucaristía presidida por nuestro arzobispo D. José María en el monasterio de la Cartuja y posterior acto académico al que se adhirió con la Facultad de Teología de Granada. Asistieron los obispos de Jaén, Guadix y Almería.

El Instituto de Teología Lumen Gentium de la Archidiócesis de Granada inauguró ayer miércoles el nuevo académico 2026-27 con la Eucaristía que presidió nuestro arzobispo, Mons. José María Gil Tamayo, en el monasterio de la Cartuja y a la que se sumaron los obispos de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez; Almería, Mons. Antonio Gómez Cantero; y Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco.

Posteriormente, el Instituto Lumen Gentium celebraba el acto académico adhiriéndose al que llevó a cabo para este inicio de curso la Facultad de Teología de Granada, con su Decano, D. Ignacio Rojas Gálvez OSST, Provincial de España de la Compañía de Jesús y Vice Gran Canciller de la Facultad,Enric Puiggròs SJ, y el rector de la Universidad Loyola, Fabio Gómez-Estern.

En el monasterio de la Cartuja también concelebraron distintos sacerdotes vinculados a ambas instituciones académicas y de la Archidiócesis, con la asistencia de docentes, alumnos y personal laboral tanto del I.T Lumen Gentium como de la Facultad.

OFRECER UNA REFLEXIÓN HUMANA, ÉTICA Y CRISTIANA
Durante su homilía, Mons. Gil Tamayo planteó a la comunidad universitaria de los centros teológicos la necesidad de ofrecer una reflexión humana, ética y cristiana ante los profundos cambios provocados por la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías.

El arzobispo defendió que, ante una época marcada por nuevos paradigmas tecnológicos, la Facultad de Teología tiene la responsabilidad de dialogar con los demás saberes universitarios y aportar una reflexión específica sobre la persona, la verdad, la libertad y el uso ético de la tecnología.

En este sentido, recordó que la teología no puede limitarse a estudiar el pasado, sino que debe responder a los desafíos del presente, recibiendo las aportaciones de las distintas ciencias y contribuyendo, desde su propia identidad, a discernir los grandes retos de nuestro tiempo.

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ACTO ACADÉMICO
En el acto académico, celebrado en el salón de actos de la Facultad de Teología, asistieron distintas autoridades eclesiásticas y civiles. Desde la Archidiócesis, además de nuestro arzobispo, junto a los obispos de Guadix, Jaén y Almería, asistieron también el Vicario de Pastoral, D. José Carlos Isla Tejera; el director del I.T Lumen Gentium, D. Francisco Manuel Fernández Adarve; el Rector del Seminario Mayor San Cecilio, D. Moisés Fernández Martín; y el secretario personal del Sr. Arzobispo, D. David Salcedo Sola.

El curso fue inaugurado con las palabras del Provincial de España de la Compañía de Jesús y Vice Gran Canciller de la Facultad,Enric Puiggròs SJ.

Durante su intervención, Enric Puiggròs SJ destacó la vocación de la Facultad de Teología de ponerse al servicio de la Iglesia y del mundo desde el diálogo y el encuentro. En este sentido, defendió la necesidad de que la formación teológica contribuya a “transformar lo que otrora fueron muros en puentes que animan el diálogo y el encuentro mutuo”, especialmente en una sociedad marcada por la polarización.

El Provincial señaló que la Facultad está llamada a construir puentes entre distintas realidades eclesiales y sociales, favoreciendo la comunión entre diócesis, vida consagrada, laicado, movimientos e instituciones académicas. Por su parte, el rector de la Universidad Loyola, Fabio Gómez-Estern, reivindicó el papel de la teología dentro de una universidad que aspira a abordar los grandes desafíos contemporáneos desde distintas disciplinas. Para ello, ha propuesto tres claves para el nuevo curso: rigor, diálogo y servicio, informó la Universidad Loyola.

El decano de la Facultad de Teología, Ignacio Rojas, OSST, dio la bienvenida a los presentes y destacó que el nuevo curso debe estar marcado por una teología capaz de combinar profundidad y apertura: rigurosa en el estudio, la investigación y la formación, y, a la vez, también abierta al diálogo con las ciencias, las humanidades y las preguntas de la sociedad contemporánea, informó la Universidad Loyola.

Asimismo, ha agradecido especialmente la presencia del arzobispo de Granada y de los obispos de Jaén, Almería y Guadix-Baza, así como de los representantes de las diócesis de la provincia eclesiástica.

APOYO A LA CANDIDATURA CAPITAL EUROPEA DE LA CULTURA 2031
Entre las autoridades civiles, asistió la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo Villalonga; la secretaria general provincial de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, María del Rocío Linares Morera; y la concejala de Educación, Empleo e Igualdad del ayuntamiento de Granada, Encarnación González Fernández.

Durante este acto académico de apertura de nuevo curso, la Universidad Loyola, a la que pertenece la Facultad de Teología de Granada, ha formalizado su adhesión a la candidatura de Granada 2031 por el compromiso de la institución con la ciudad y con su candidatura, ya finalista, a Capital Europea de la Cultura 2031. Esta candidatura ya fue respaldada y apoyada también por parte de nuestro arzobispo en nombre del Arzobispado.

El Provincial destacó que la firma del protocolo de adhesión de Loyola a la candidatura de Granada 2031 expresa “la apuesta de la Compañía de Jesús por la Facultad de Teología de Granada y por su vocación de servicio eclesial a la sociedad y a la Iglesia granadina y de la provincia”.

El rector D. Fabio subrayó que la Universidad Loyola y su Facultad de Teología quieren contribuir al proyecto Granada 2031 “no como observadores, ni únicamente mediante una adhesión institucional, sino desde la investigación, la formación y la generación de espacios de encuentro”. Asimismo, destacó que una capitalidad cultural debe ir más allá de la programación de actividades para crear capacidades, tejer relaciones y dejar un legado.

Por su parte, el decano D. Ignacio Rojas señaló, además, la especial vinculación de esta misión con Granada, “una ciudad universitaria y cultural de rica tradición teológica jesuita que hoy se proyecta hacia Europa a través de su candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031”.

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«Aquí se ha despejado la nube oscura que existía en mi vida»

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«Aquí se ha despejado la nube oscura que existía en mi vida»

Veinticinco familias y sus hijos son acompañadas por la Mesa del Mundo Rural, una iniciativa en la que la Delegación de Migraciones colabora con otras entidades y personas para ofrecer una nueva vida a personas migradas en la Málaga rural

«Aquí se ha despejado la nube oscura que existía en mi vida»
María Victoria, voluntaria de Sedeq SFB, en compañía de unos niños en un pueblo

Laura es una madre soltera que lleva tiempo acompañada por Cáritas para salir de una situación de violencia familiar. La Mesa del Mundo Rural le ha permitido cambiar su vida, empezando por su domicilio. Ahora, ella y sus hijos están recién instalados en un pueblo de la provincia de Málaga: «Nos han dado la oportunidad de poder hacer un cambio en nuestra vida, tanto a mí como a mis hijos. Hemos pasado de vivir en un estudio de 20 metros cuadrados a un apartamento con dos habitaciones, un salón, etc. Ahora tenemos tranquilidad, vivimos con paz y, sobre todo, lejos del miedo».

Como la suya, ya son cuatro las familias migradas instaladas en un pueblo de la diócesis, y veinticinco las que vienen siendo acompañadas por esta iniciativa, muchas de ellas con niños pequeños. «Primero procuramos que conozcan la realidad del pueblo, las oportunidades laborales, las condiciones de las viviendas y luego qué red de apoyo se van a encontrar. Las parroquias y las Cáritas están preparadas para acoger y lo más bonito son las comunidades acogedoras que se están generando», explica Pilar Gallardo, delegada  diocesana de Migraciones. Paqui Gil, coordinadora de Cáritas de Ronda y Serranía y concejala, conoce bien procesos como el de Laura, y aúna esfuerzos con la Mesa del Mundo Rural para que la experiencia fructifique: «Para que haya una integración real, es muy necesario estar en continua coordinación la parroquia, ayuntamientos, servicios sociales y otros colectivos del pueblo. Para nosotros ha sido toda una oportunidad contar con la Delegación de Migraciones y coordinar todo para que estas familias se encuentren totalmente integradas».

Cáritas, parroquias, ayuntamientos y ciudadanía tejiendo a través de personas concretas una red de ayuda basada en el empleo, la vivienda, la escolarización de los hijos, pilares que sostienen cualquier proyecto vital. Junto a la delegación, en esta Mesa participan entidades como Uyamaa, Sedeq SFB, Comundo y Cáritas. Cuenta con financiación, entre otros, de la Diputación Provincial de Málaga. Ellos suman sus esfuerzos para que Fátima pueda mirar al futuro con ilusión y agradecimiento: «Doy gracias a Dios y a muchas personas que han estado allí. Ahora tengo tranquilidad, la seguridad de que los niños crecen de una manera sana. Se ha despejado esa nube oscura que había antes sobre nosotros».

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Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

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Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

MENSAJE DE SU SANTIDAD LEÓN XIV PARA LA 112ª JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO

(27 de septiembre de 2026)

Incluso uno solo de estos pequeños (cf. Mt 18,10)

Queridos hermanos y queridas hermanas:

Año tras año, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos invita a centrar nuestra atención en diferentes aspectos del complejo fenómeno migratorio. En esta 112ª Jornada, el lema «Incluso uno solo de estos pequeños» nos llama a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del Señor de que quien «acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,37).

Menores desplazados: una realidad compleja de vulnerabilidad

Los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia. Cada año, millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias; y, lamentablemente, su número sigue aumentando. Las responsabilidades económicas, políticas y militares de este desastre son inmensas. El sufrimiento no se limita al desplazamiento, hay niños muy pequeños que han perdido a sus padres, hermanos, hermanas y amigos, y que son testigos de una violencia indescriptible. Otros, separados durante largos períodos de sus familiares, intentan reunirse con ellos, viviendo entre tanto, la angustia de la distancia. Hay también menores que afrontan el viaje junto a sus padres, pero expuestos a condiciones extremas y traumáticas. Por último, no podemos olvidar la trágica situación de quienes son separados de sus padres a causa de la repatriación.

A este panorama, ya de por sí dramático, se suman otras tragedias: las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotación, el reclutamiento de menores para su participación en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados y las atrocidades sufridas o presenciadas durante el trayecto. Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas.

El papa Francisco, en el mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2017, dedicada al tema «Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz», recordaba que estos «se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia».

No obstante, en medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad: personas, familias, instituciones civiles y comunidades eclesiales deciden no desviar la mirada hacia otro lado (cf. Lc 10,29-37). Pensemos en las familias que abren las puertas de sus hogares para devolver a estos menores el calor de un hogar, en los educadores de las comunidades de acogida, en los voluntarios y en los trabajadores que, cada día, en las rutas y en nuestras ciudades, se dedican a curar las heridas invisibles de estos pequeños. Con su compromiso, dan testimonio de que el amor puede vencer a la indiferencia.

Incluso uno solo de estos pequeños

Esta dramática realidad, me hace pensar en las palabras de Jesús que interpelan profundamente la conciencia de cada uno: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5). No es una cuestión de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos: incluso uno solo. Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es presencia del Señor. Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en el niño, de hecho, podemos acoger y encontrar al Señor. Esta llamada se hace aún más apremiante a la luz de esta otra afirmación del Señor en el Evangelio de Mateo: «fui forastero y me hospedaron» (Mt 25,35).

Lamentablemente, los menores emigrantes se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad, al carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir, además de ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada. El clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como el que se escucha en el libro del Éxodo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo» (Ex 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acción de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Moisés. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento.

Un llamamiento a la responsabilidad de todos

Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente. Es una invitación a reconocer al niño en su dignidad, aún antes que en su condición de “migrante”, y a proteger sus derechos fundamentales: a la vida, a la educación y a un nivel de vida que le permita crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista físico, mental, espiritual, moral y social.

Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en la vida eclesial, a convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante. No podemos limitarnos a delegar esta tarea a instituciones o asociaciones dotadas de un carisma específico: ante los rostros concretos que nos interpelan en el día a día, toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios hijos y a acercarse a la historia concreta de cada uno. Es necesario animar a las comunidades cristianas a integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, promoviendo nuevos itinerarios educativos y espirituales, incluso personalizados, que superen la lógica del puro asistencialismo. En particular, es fundamental prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo, que no pocas veces afectan también a los hijos de los emigrantes, y promover dinámicas de encuentro e integración en las que los jóvenes del territorio y los jóvenes inmigrantes puedan fortalecerse juntos, en un camino de respeto mutuo, solidaridad y amistad.

Incluso uno solo de estos pequeños, en el marco de las distintas religiones, nos recuerda que la vulnerabilidad de los más pequeños no conoce fronteras confesionales y nos une en una responsabilidad humanitaria y espiritual compartida. Se convierte en un terreno fértil para un diálogo interreligioso concreto, en el que los creyentes, inspirándose en el propio sentido de la trascendencia, cooperen en la creación de redes de protección. Las comunidades de fe están llamadas a crear espacios en los que cada niña y cada niño sean respetados y valorados en sus respectivas identidades culturales, previniendo así el riesgo de radicalización por parte de grupos extremistas. Proteger a un menor significa, en última instancia, custodiar la huella divina impresa en él.

Incluso uno solo de estos pequeños, en el contexto de las instituciones civiles, nos insta a reafirmar el principio del interés superior del menor. Las instituciones públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente. Esto implica la adopción de instrumentos jurídicos eficaces de protección, promoviendo la reunificación familiar y evitando los traumas de la separación. Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos, adoptando «una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran» (Discurso al Parlamento español, Madrid, 8 junio 2026).

Encomendemos a los menores migrantes y refugiados a la protección maternal de María Santísima, quien, junto a san José y a Jesús, aún niño, conoció la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio en Egipto (cf. Mt 2,13-15); que sea Ella quien acompañe sus pasos y ayude a nuestras comunidades a convertirse en signos vivos y creíbles del Evangelio.

Vaticano, 11 de agosto de 2026, memoria de Santa Clara de Asís.
 

LEÓN PP. XIV

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«En cada niño y niña migrante está presente Cristo mismo»

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El 27 de septiembre se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños». Con este motivo, el jueves 24 tuvo lugar, en la parroquia de El Salvador, en Málaga, la Vigilia de Oración convocada por la Delegación de Migraciones.

"En cada niño y niña migrante está presente Cristo mismo"
Vigilia de Oración con motivo de la Jornada de Migrantes y Refugiados
E. LLAMAS

Varios signos y gestos hilaron la celebración, cuyos cantos fueron guiados por el grupo “Jerusalén”. El diácono permanente Miguel Mellado proclamó la lectura del Evangelio de san Mateo 18, 1-10, del que bebe el lema de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado («Incluso uno solo de estos pequeños») y el obispo, D. José Antonio Satué expresó en su homilía que, con esta Jornada, “la Iglesia nos invita a mirar especialmente a los menores migrantes y refugiados, a los niños y adolescentes que llegan solos, dejando atrás su familia, su tierra y muchas veces experiencias de sufrimiento. La realidad de Ceuta nos recuerda que no estamos hablando de una cuestión lejana. Son rostros concretos, historias concretas, niños y jóvenes que necesitan protección, acogida y un futuro”. Y compartió tres actitudes para hacer realidad este Evangelio: mirar al pequeño, acogerlo y acoger su don.

En primer lugar invitó a mirar al pequeño pues «Jesús nos enseña a mirar a aquellos que fácilmente pueden quedar en segundo plano. Un menor migrante no es solamente un número, una estadística o un problema que resolver. Es una persona. Es un niño. Es un adolescente. Tiene un nombre, una historia, unos sueños y una dignidad que nadie puede quitarle. Cuando Jesús dice «uno solo de estos pequeños», nos recuerda algo importante: aunque fuera solamente uno, ya sería suficiente para que nos importara. Aprendamos a mirar, con la mirada de Dios, de la Trinidad, a estos pequeños, mirémonos con esa mirada nueva y limpia de Dios.

En segundo lugar, a acogerlos: “Jesús no dice simplemente que tengamos compasión. Dice: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí». Acoger significa no perder nunca de vista a la persona que tenemos delante. La Iglesia quiere estar cerca de quienes sufren, especialmente de los más vulnerables. Y hoy quiere recordar que detrás de cada menor que migra hay muchas veces una historia de dolor, separación, miedo y esperanza. Por eso necesitamos comunidades cristianas que sepan acompañar, escuchar, integrar y tender la mano. Cuidemos esta actitud de la acogida. Entre nosotros, en la Iglesia y con los migrantes. Acoger en el corazón, dejar que Dios me haga acogedor”.

Y, por último, acoger su don pues “Jesús nos dice hoy que, cuando recibimos a uno de estos pequeños, lo recibimos a Él mismo. Y cuando Dios se hace presente, Él es siempre para nosotros. Aun reconociendo con realismo que la integración no es siempre fácil, la Iglesia nos anima a considerar en positivo a los migrantes, a contemplarlos como un regalo para nosotros, para nuestras familias, para nuestras comunidades, para nuestra sociedad”. 

Testimonio

La celebración continuó con varios gestos más como el testimonio de la religiosa de la Asunción Magdalena que trabajó en Málaga durante muchos años y que, desde Tenerife, envió un audio contando los proyectos con personas migrantes que llevan a cabo cuatro congregaciones unidas. 

También se encendieron cuatro velas: la de la acogida, por quienes llegan a nuestras fronteras cansados, heridos o rechazados; la del amor, por los niños y niñas migrantes que han conocido la soledad, el hambre o la violencia; la de la justicia, por quienes son explotados, discriminados o privados de sus derechos por ser migrantes o refugiados; y la de la vida, por quienes han perdido la vida en el mar, en el desierto o en las fronteras del mundo.

Un último gesto fue el de la Palabra que consistió en colocar en el centro una Biblia abierta por la lectura del Evangelio que guiaba la celebración al tiempo que se recordaba que cada pequeño importa y “que nunca olvidemos que, en cada pequeño migrante y refugiado, Cristo mismo sale a nuestro encuentro”. 

Jornada

El próximo 27 de septiembre la Iglesia celebra una nueva edición de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, una cita que, desde hace más de un siglo, invita a toda la comunidad cristiana a mirar con atención y compromiso la realidad de las personas migrantes. Para esta 112ª jornada, el papa León XIV ha elegido el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, inspirado en las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí mismo” (Mt 18,5).

Con este lema, el Papa dirige la mirada de la Iglesia hacia uno de los rostros más vulnerables de la movilidad humana: los niños, niñas y adolescentes migrantes quienes, en muchas ocasiones, se ven obligados a abandonar su hogar por la pobreza, la violencia, los conflictos o la falta de oportunidades, afrontando situaciones de especial riesgo y desprotección.

La celebración de esta Jornada tendrá lugar en la Catedral el domingo 27 a las 11.30 horas.

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LA RISA: RECUPERAR LA ALEGRÍA DE CREER, por Jesús Martín Gómez

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LA RISA: RECUPERAR LA ALEGRÍA DE CREER, por Jesús Martín Gómez

Cuando Guillermo de Baskerville descubre que el causante de las muertes de la abadía es un libro que causa la risa de los monjes, comienza un diálogo con el anciano monje, Jorge de Burgos. Estoy hablando de la célebre novela “El nombre de la Rosa” (Umberto Eco, 1980) y espero no estar haciendo spoiler a nadie. Si es así, dejen de leer estas líneas y salten al siguiente párrafo. El auténtico problema del venerable Jorge era la risa, porque según él: «La risa acaba con el miedo. Sin miedo no hay fe. Porque sin miedo al diablo, no se necesita a Dios».

Al contrario de lo que pensaba el Venerable Jorge, la risa no entorpece a la espiritualidad. Depende de dónde brote, pero cuando sus fuentes son la alegría, la humildad y el amor, la risa es, sin duda alguna, la expresión más sencilla de la vida abundante que propone el evangelio. Ya lo dice el Eclesiastés: «hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír» (3,4) En la vida de fe hay momentos de silencio, reflexión y seriedad; pero también los hay para reírse, disfrutar o hacer bromas. Porque la vida no es solo para soportarla, también está para disfrutarla.

Seriedad y madurez espiritual no son sinónimos. No es compatible llevar a Dios en el corazón y ser incapaces de mantener una conversación sencilla. La idea es vivir nuestra humanidad delante de Dios. Para ello es necesario también diferenciar entre aquel humor que une y aquel que destruye, entre las bromas que crean complicidad y las que humillan. Porque nuestro humor también revela cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos a los demás.

Una virtud cristiana es saber reírse de uno mismo. Todos hemos metido la pata o hemos hecho algo de lo que después nos hemos reído. Aprender a reconocer nuestras propias limitaciones nos ayuda a vivir con humildad. No necesitamos presentar frente a los demás una imagen perfecta de nosotros mismos, esto sería excesivamente arduo, es preferible no tomarnos demasiado en serio.

Así la alegría y el buen humor también se convierten en una forma de testimonio. Porque quien vive con esperanza ha aprendido a vivir de una forma diferente, sin fingimiento. Una comunidad donde las personas pueden compartir una comida, contar una anécdota, reírse juntas y disfrutar de la compañía, es una auténtica familia, expresión gozosa del Evangelio que se hace vida.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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Jueves, 24 de septiembre de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

  • 20260924 Dossier de prensa

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Las Delegaciones y Secretariados Diocesanos abren el nuevo curso pastoral con la mirada puesta en la Asamblea Diocesana de 2027

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Las Delegaciones y Secretariados Diocesanos abren el nuevo curso pastoral con la mirada puesta en la Asamblea Diocesana de 2027

Las Delegaciones y Secretariados Diocesanos abren el nuevo curso pastoral con la mirada puesta en la Asamblea Diocesana de 2027

El encuentro comenzó a las 17.00 horas con la acogida de los participantes y un momento de oración. Posteriormente, el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, presentó las líneas fundamentales del nuevo Curso Pastoral 2026-2027, a partir de su reciente Carta Pastoral, cuyo lema es «Como discípulos del Señor, caminamos juntos para renovar la misión».

La propuesta pastoral para este curso se sitúa en continuidad con el camino recorrido por la Diócesis durante los últimos años. De este modo, la implementación del Sínodo y la renovación de las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022-2027 constituyen los dos ejes que marcarán el itinerario hacia la Asamblea Diocesana.

En este sentido, Mons. Gómez Sierra ha planteado el nuevo curso como una oportunidad para profundizar en un estilo de Iglesia marcado por la escucha, el discernimiento, la corresponsabilidad y la participación, siempre al servicio de la misión evangelizadora. La preparación de la Asamblea se entiende así no como una tarea añadida a la vida diocesana, sino como parte del camino de renovación pastoral emprendido en los últimos años.

A continuación, diferentes miembros del Equipo Sinodal Diocesano presentaron el itinerario previsto para los próximos meses de cara a la celebración de la Asamblea Diocesana, que tendrá lugar los días 5 y 6 de junio de 2027. La preparación comenzará desde las distintas realidades de la Iglesia diocesana, implicando a parroquias, comunidades, movimientos, asociaciones, hermandades y organismos pastorales.

Este proceso se desarrolla, además, en el marco de la etapa de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad. La Secretaría General del Sínodo ha establecido para 2027 la celebración de las Asambleas de evaluación de las Iglesias locales, invitando a cada diócesis a releer con agradecimiento y sinceridad el camino recorrido, reconocer los frutos que han madurado y discernir los pasos que deben darse hacia el futuro.

Precisamente, el documento «Hacer memoria», publicado por la Secretaría General del Sínodo el pasado mes de julio, ofrece criterios e indicaciones para acompañar la preparación de estas Asambleas, concebidas como una experiencia profundamente espiritual de evaluación, discernimiento y apertura a nuevos caminos.

Por su parte, el Vicario General de la Diócesis de Huelva, Joaquín Sergio Sierra Cervera, explicó la relevancia de la cita del próximo mes de junio, que permitirá abordar conjuntamente dos dimensiones estrechamente vinculadas: la celebración de la Asamblea Diocesana, en el marco del proceso de implementación del Sínodo, y la evaluación y discernimiento de las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022-2027, cuyo periodo de vigencia culminará el próximo año.

Las actuales Orientaciones Pastorales, bajo el lema «Él va por delante de vosotros» (Mc 16,7), fueron planteadas como líneas de trabajo para las Delegaciones y Secretariados Diocesanos, las parroquias y las distintas realidades eclesiales, con el propósito de favorecer un trabajo pastoral más coordinado, pasando de una dinámica sectorial a otra basada en proyectos y en la colaboración entre los distintos agentes pastorales.

De esta manera, el curso pastoral que ahora comienza se presenta como un tiempo para hacer memoria agradecida del camino recorrido, evaluar la realidad diocesana, discernir los desafíos presentes y proponer juntos los pasos que la Iglesia de Huelva está llamada a dar. Un itinerario que tendrá en la Asamblea Diocesana de junio de 2027 uno de sus momentos centrales.

La jornada concluyó con la invitación a las Delegaciones y Secretariados Diocesanos a asumir este proceso desde la comunión, la participación y la responsabilidad compartida, haciendo de este nuevo curso una oportunidad para seguir caminando juntos y renovar la misión evangelizadora de la Iglesia en Huelva.

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