El lema es una llamada a la esperanza y a poner la mirada en Aquel que nos ama y, porque nos ama, nos salva. El logotipo está construido como un círculo de personas abierto en acción, enlazadas, sosteniéndose y proyectándose hacia arriba. En el centro, la Virgen María, eje y corazón del movimiento hacia lo alto, en que descubrimos al mismo tiempo, algo que nos convoca y que nos supera.
El origen del lema es el pasaje evangélico contenido en el capítulo 4 del evangelio de san Juan, como llamamiento a los católicos y a la sociedad en general a salir de sí mismos y encontrarse con el otro, desde la unidad, desde la centralidad de Jesucristo y a través de la caridad.
«Alzad la mirada» (Jn, 4,35) es la invitación que articula toda la visita del Papa León XIV: un gesto interior y colectivo que nos anima a salir de la mirada baja —encerrada en el yo, en la rutina y en la división— para devolvernos a nuestra dignidad original a través de la contemplación y la apertura a los demás.
“La Pascua del Señor –nos recordó el Papa– nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón. Ella sigue alimentando en nuestro espíritu y en el camino de la historia la semilla de la victoria prometida. Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles.”
Además, en ese Alzad, se encuentra la sed de Dios, su reconocimiento como fuente de unidad (Madrid), belleza (Barcelona) y caridad (Canarias y Tenerife); es decir, reúne la actitud con la que los cristianos de España acogemos la visita del Santo Padre, que acude como sucesor de Pedro, en un viaje apostólico.
En “Levantar tus ojos hacia el Señor” (Sal, 121,1) se contiene “Aspirad a los bienes de arriba” (Col, 3,2), supone poner a Dios sobre todas las cosas para todas las atraiga hacia si. (Jn, 12,32) y también se refleja el renacer de lo espiritual, de lo católico, “Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación” (Lc, 21, 28).
Avanzar juntos
En cuanto al logo, su responsable, María del Mar Chapa, ha explicado que “está construido como un círculo abierto en acción”, detallando que “las figuras humanas no están estáticas, sino enlazadas, sosteniéndose y proyectándose hacia arriba. Eso simboliza comunidad, encuentro y apoyo mutuo. No es solo “estar juntos”, sino avanzar juntos.”
“La Virgen en el centro actúa como eje y corazón del movimiento”, ha resaltado Chapa. Desde el centro, irradia y acoge. Es el punto donde convergen todas las miradas alzadas. El centro ascendente marca trascendencia y propósito común. La verticalidad no representa un lugar concreto, sino la idea de elevación, de mirada alta, de algo que nos convoca y nos supera.
En la noche de este pasado lunes 6 de abril, falleció a la edad de 88 años, José Antonio Regalado Delgado, sacerdote diocesano que residía en la Casa Sacerdotal de La Laguna.
Su velatorio se realizará este martes 7 de abril, en la cripta de Los Bethlemitas, en La Laguna, (lateral de La Catedral), a partir de las 16:00 horas.
La Misa Exequial será mañana miércoles, a las 13:00 horas, en la Santa Iglesia Catedral. D.E.P.
Regalado nació el 25 de septiembre de 1937 en el Puerto de la Cruz. Fue ordenado sacerdote por monseñor Franco Cascón el 22 de septiembre de 1962. Su primer destino ministerial fue en Valverde, en El Hierro. Más adelante pasaría por las parroquias de El Paso, San Pedro en Vilaflor y El Salvador en La Matanza. Asimismo, prestó diversos servicios en la diócesis de Los Teques, en Venezuela.
Cáritas Diocesana celebrará los días 13, 14 y 15 de abril la decimo séptima edición de la Semana de la Pobreza y Exclusión. En esta ocasión se pondrá el foco en el legado del Papa Francisco y en cómo éste ilumina la acción que desarrolla Cáritas hacia las personas más vulnerables y excluidas.
Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez celebra su ya tradicional Semana de la Pobreza y Exclusión que este año lleva como lema “Papa Francisco: una Iglesia por y para los pobres”. Tendrá lugar los días 13, 14 y 15 de abril y en esta ocasión se abordará la visión del Papa Francisco, su anhelo de una Iglesia “pobre para los pobres”, y cómo su legado se traduce en la acción de Cáritas en una entrega absoluta a las personas más vulnerables.
Este ciclo de conferencias comenzará el lunes, 13 de abril, a las 18 horas, con la intervención de Luis Miguel Rojo Septién, delegado episcopal de Cáritas Española, con su ponencia “El legado del Papa Francisco en Cáritas”. A continuación, el martes 14, en el mismo horario, será el turno de Tíscar Espigares Pinilla, responsable de la comunidad de Sant’ Egidio y autora de Corintios XIII con su intervención sobre “Una Iglesia amiga de los pobres”. Por último, cerrará este ciclo de conferencias, el miércoles 15, pero a las 12 horas, Emiliano Fernández Rueda, profesor en los Institutos Teológicos de Asidonia-Jerez con su conferencia sobre «El amor cristiano».
Todas las ponencias tendrán lugar en el Auditorio San Juan Pablo II, en el Obispado. El día 13 y 14 de abril comenzarán por la tarde a las 18 horas y el día 15 será en horario de mañana a las 12 horas.
El obispo ha nombrado al sacerdote, Gabriel Hernández Abreu, administrador parroquial de las parroquias de San Isidro Labrador; en San Isidro, San Juan Bautista; en El Salto, y el Santo Hermano Pedro de San José Betancur, en Los Cardones-San Isidro, en el arciprestazgo de Granadilla.
Asimismo, ha nombrado al presbítero José Domingo González Pérez, capellán del Hospital de San Juan de Dios, en Santa Cruz de Tenerife.
La Asociación Presencia Cristiana ofrecerá dos conferencias, una el martes 14 de abril y otra el 21 de abril
La Asociación Presencia Cristiana, bajo el lema “Un hogar para todos”, celebrará los días 14 y 21 de abril sus XVI Conferencias de Primavera en el Real Círculo de la Amistad, a las 20:00 horas, con el fin de concienciar a la ciudadanía de la importancia que tiene contar con un hogar, “tan necesario para nacer, crecer y ser queridos como seres humanos”, tal y como explica Isabel Pinaglia, presidenta de la Asociación.
Por un lado, Carmen Granados García, delegada territorial de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda de la Junta de Andalucía, ofrecerá la ponencia titulada “La vivienda: un derecho imprescindible» junto a José Luis Rodríguez Guirao, responsable del Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Diocesana de Córdoba.
Asimismo, el martes 21 de abril, continuarán las jornadas con el Vicario parroquial de Cristo Rey, capellán del colegio La Salle y profesor del Seminario San Pelagio y del Instituto de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”, José María Muñoz Urbano. Este presbítero de la Diócesis hablará sobre “Jóvenes en busca de un hogar. Nuevas realidades espirituales y eclesiales”.
Ambas conferencias tendrán lugar a las 20:00 horas, en el Real Círculo de la Amistad.
Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
Pensando en el tiempo pascual en el que estamos sumergidos y en la jornada de formación sinodal de este sábado 11 de abril, he caído en la cuenta de la profunda relación entre Pascua y Sinodalidad.
Si consideramos lo que les ocurrió a los discípulos de Emaús, nos daremos cuenta de que la cruz los dispersó por los caminos de la tristeza y la desesperanza, pero el Resucitado salió a su encuentro para devolverles la alegría y reunirlos de nuevo en la comunidad.
Del mismo modo, hoy el Señor nos busca y encuentra, incluso cuando nos dejamos llevar por el individualismo, la inercia o el “siempre se ha hecho así”, para resucitarnos a un estilo de vida más comunitario, en el que nos atrevamos a discernir lo que el Espíritu pide ahora a nuestra Iglesia. Os animo a acoger el don del Espíritu en cada parroquia, delegación, hermandad y grupo que constituye el tejido eclesial de nuestra Diócesis, como una oportunidad para renovar nuestra vida cristiana.
Comprendo que el proceso sinodal despierte dudas y recelos en algunas personas, como suele ocurrir ante toda novedad. Tampoco ayuda el que algunos defensores de la sinodalidad la presenten como una mera democratización de la Iglesia o como una ruptura con la Tradición eclesial. A quienes experimentan estas prevenciones les invito a integrarse en una verdadera dinámica sinodal, que tanto bien puede hacer a nuestras comunidades.
«Los procesos sinodales no pretenden cambiar el Evangelio ni la Tradición de la Iglesia, sino ayudarnos a comprender mejor la Palabra de Dios, mediante la escucha mutua y del Espíritu, en clima de oración»
La sinodalidad pertenece a la esencia de la Iglesia y tuvo su primera expresión en el denominado “Concilio de Jerusalén” (cf. Hch 15; Ga 2, 1-10), cuando aquella incipiente comunidad cristiana se reunió para examinar una cuestión disputada, escuchando a los testigos, interpretando los hechos a la luz de la Palabra de Dios y buscando criterios de actuación. Toda la comunidad participó en aquel proceso, aunque no todos con la misma responsabilidad. No quedó anulada la autoridad de los Apóstoles ni el “sensus fidei” de los bautizados.
Los procesos sinodales no pretenden cambiar el Evangelio ni la Tradición de la Iglesia, sino ayudarnos a comprender mejor la Palabra de Dios, mediante la escucha mutua y del Espíritu, en clima de oración, con el fin de anunciarla a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con lenguajes y modos adecuados, para que pueda ser reconocida y acogida como “buena noticia”.
Por eso, animo a que todas las parroquias y grupos eclesiales de la diócesis de Málaga, desde ahora y hasta la Asamblea Diocesana del próximo 20 de junio, estudien el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad con los recursos pastorales disponibles en www.diocesismalaga.es/sinodalidad. Esta Asamblea estará abierta a todos los diocesanos y diocesanas. ¡Apuntad la fecha, os esperamos! Sigamos avanzando juntos. El Señor está vivo y camina con nosotros. Dejémonos resucitar a una vida más esperanzada, más sinodal y más misionera.
El Miércoles Santo, tras la Misa Crismal, el arcipreste de Fuengirola-Torremolinos, Manuel Jiménez, celebró el acto de entrega de dichos óleos a los representantes de las 16 parroquias que conforman el arciprestazgo.
Es ya toda una tradición que, en la tarde del Miércoles Santo, el arcipreste haga entrega de los óleos consagrados esa mañana por el Obispo en la Misa Crismal, a los representantes de las 16 parroquias que forman el arciprestazgo de Fuengirola-Torremolinos.
«Cada año venían representantes de la pastoral de la salud o de la catequesis prebautismal y de confirmación, pero este año ha sido la Comisión Arciprestal, formada por laicos de las distintas parroquias y el arcipreste, quienes decidieron que la invitación se hiciera extensible a todas las personas de las distintas comunidades parroquiales que quisieran acudir para rezar vísperas juntos y recoger los óleos. Queríamos darle, a esta sencilla ceremonia, una mayor relevancia, y que fuese un momento de encuentro especial de todas las parroquias del arciprestazgo», explica el arcipreste.
El acto comenzó con una monición de Ana María Barrera, representante del arciprestazgo en el Consejo Pastoral Diocesano, con la que dio la bienvenida a todas las parroquias y explicó el sentido sinodal del acto. Después, el arcipreste se dirigió a los asistentes recordando la importancia que tienen los laicos para construir Iglesia y la necesidad de que todos se sientan parte de un proyecto mayor que va más allá de las parroquias. En este sentido, invitó a la jornada de formación del 11 de abril y a la asamblea diocesana del 20 de junio, e incidió en que se trabaje en las parroquias el Documento Final del sínodo.
Por último, el arcipreste hizo el envío de los asistentes para que llevaran a sus parroquias los óleos con los que, durante este curso, se podrán celebrar los sacramentos, y se los entregaran a sus párrocos.
Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
Pensando en el tiempo pascual en el que estamos sumergidos y en la jornada de formación sinodal de este sábado 11 de abril, he caído en la cuenta de la profunda relación entre Pascua y Sinodalidad.
Si consideramos lo que les ocurrió a los discípulos de Emaús, nos daremos cuenta de que la cruz los dispersó por los caminos de la tristeza y la desesperanza, pero el Resucitado salió a su encuentro para devolverles la alegría y reunirlos de nuevo en la comunidad.
Del mismo modo, hoy el Señor nos busca y encuentra, incluso cuando nos dejamos llevar por el individualismo, la inercia o el “siempre se ha hecho así”, para resucitarnos a un estilo de vida más comunitario, en el que nos atrevamos a discernir lo que el Espíritu pide ahora a nuestra Iglesia. Os animo a acoger el don del Espíritu en cada parroquia, delegación, hermandad y grupo que constituye el tejido eclesial de nuestra Diócesis, como una oportunidad para renovar nuestra vida cristiana.
Comprendo que el proceso sinodal despierte dudas y recelos en algunas personas, como suele ocurrir ante toda novedad. Tampoco ayuda el que algunos defensores de la sinodalidad la presenten como una mera democratización de la Iglesia o como una ruptura con la Tradición eclesial. A quienes experimentan estas prevenciones les invito a integrarse en una verdadera dinámica sinodal, que tanto bien puede hacer a nuestras comunidades.
La sinodalidad pertenece a la esencia de la Iglesia y tuvo su primera expresión en el denominado “Concilio de Jerusalén” (cf. Hch 15; Ga 2, 1-10), cuando aquella incipiente comunidad cristiana se reunió para examinar una cuestión disputada, escuchando a los testigos, interpretando los hechos a la luz de la Palabra de Dios y buscando criterios de actuación. Toda la comunidad participó en aquel proceso, aunque no todos con la misma responsabilidad. No quedó anulada la autoridad de los Apóstoles ni el “sensus fidei” de los bautizados.
Los procesos sinodales no pretenden cambiar el Evangelio ni la Tradición de la Iglesia, sino ayudarnos a comprender mejor la Palabra de Dios, mediante la escucha mutua y del Espíritu, en clima de oración, con el fin de anunciarla a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con lenguajes y modos adecuados, para que pueda ser reconocida y acogida como “buena noticia”.
Por eso, animo a que todas las parroquias y grupos eclesiales de la diócesis de Málaga, desde ahora y hasta la Asamblea Diocesana del próximo 20 de junio, estudien el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad con los recursos pastorales disponibles en www.diocesismalaga.es/sinodalidad. Esta Asamblea estará abierta a todos los diocesanos y diocesanas. ¡Apuntad la fecha, os esperamos! Sigamos avanzando juntos. El Señor está vivo y camina con nosotros. Dejémonos resucitar a una vida más esperanzada, más sinodal y más misionera.
Pedro Fernández Alejo, delegado de Pastoral Penitenciaria, ofrece una crónica de la Semana Santa celebrada con los privados de libertad. La vivida en la cárcel por más de un centenar de reclusos cristianos.
Celebrar la Semana Santa en la prisión con la Comunidad cristiana de Alhaurín De la Torre o la de Archidona, es vivir, por momentos, inmersos en la misma realidad que vivieron quienes acompañaban a Jesús desde la proclamación gloriosa de la entrada en Jerusalén, la plasticidad de la Última Cena compartiendo el agua purificadora en gesto de servicio y comiendo el pan de la entrega, así como reviviendo la Pasión de Jesús encarnada en cada uno de los presos y presas que participaban en el Vía Crucis; desde la detención y continuando con todo el proceso judicial de Jesús, amañado, pactado y claramente injusto, hasta llegar a la sentencia condenatoria. Muchos presos se sienten identificados con Jesús; las lágrimas se asoman a las mejillas, entre sentimientos de culpabilidad, sintiendo peso de actuaciones injustas o la impotencia por no poder demostrar su inocencia. Y, al fin, la celebración de la Resurrección de Cristo desde el gozo y la alegría de que, si Cristo ha resucitado, también es posible gozar de nuestra propia resurrección liberadora.
Han sido cuatro momentos en esta Semana Santa de intensa y profunda vivencia de lo que Jesús nos ha regalado. Especialmente el sentir la comunión de la Iglesia en libertad con los hermanos que forman la Iglesia en prisión. Y todos juntos celebrando los momentos cúlmenes de nuestra fe en Cristo Jesús.
Esto es vivir la “otra Semana Santa”. Sin ruidos, sin música, sin apretones, sin nerviosismo. Mucho silencio, intensidad, emociones, lágrimas, signos esperanzadores. Ramos de olivo alzados a lo alto como gesto de libertad. Pan inmenso preparado en la panadería de la cárcel, partido y repartido en trozos para cada participante. El Camino de la Cruz elaborado y reflexionado por los mismos presos siguiendo las huellas del Maestro, cargando una cruz pesada, por ser de hierro, recorriendo todo el proceso policial y penal, interrogatorios, torturas, sentencia, abandonos, muerte. Y todo ello culminando con la Vigilia Pascual en la que, el momento del encendido del Cirio y las velitas, con su procesión, sugiere ese camino de salida del sepulcro (cárcel) hacia la plenitud de una liberación resucitada y resucitadora.
De los internos e internas han participado un promedio de cien personas en todas las celebraciones que han estado también compartidas por los miembros Voluntarios de Pastoral Penitenciaria y por algunos otros cristianos que desearon participar esos momentos con nosotros, como el coro Amanecer que embellece cada celebración.
Agradecemos a la Dirección de los Centros Penitenciarios y a los Funcionarios la disponibilidad y servicio para que nuestras celebraciones sean realizadas con dignidad, favoreciendo siempre el bien de los internos.
La Sociedad de San Vicente de Paúl acompaña la fragilidad de los enfermos y mayores ingresados.
Una voluntaria toca el violín en una habitación de hospital Sociedad San Vicente de Paúl
El objetivo del programa de voluntariado en hospitales y residencias es que las personas ingresadas, enfermas o mayores, no acusen la soledad durante la enfermedad o en la etapa final de su vida. En Málaga, este programa de la Sociedad San Vicente de Paúl (SSVP) cuenta, en la actualidad, con 25 voluntarios en el Hospital Clínico, 8 en el Hospital Regional, 2 en el Guadalhorce, 6 en la residencia de mayores de El Palo. Explican en qué consiste Eduardo Santiago, joven de 20 años que, además de voluntario, estudia Medicina en la UMA, e Inmaculada Carrasco Hortal, Coordinadora de área SSVP Málaga y responsable del Proyecto de Acompañamiento en Hospitales de Málaga.
¿Quiénes participan en este voluntariado? ¿Qué requisitos se piden?
Inmaculada: En este voluntariado puede participar todo aquel que sienta esta llamada, ya sea joven, adulto o mayor. Da igual la edad. Si crees que puedes regalar algo de tu tiempo, algo tan sencillo y a la vez tan valioso como tu presencia, este es tu lugar.
A veces se llega al voluntariado casi por casualidad; otras, a través de una experiencia personal que te marca profundamente. En mi caso, fue así. Después de acompañar a mi madre en sus tres últimas semanas de vida, descubrí esta vocación. Entendí lo importante que es no dejar solo a nadie en esos momentos, cuidar su dignidad, estar presente, consolar, hacer silencio al lado… simplemente estar. Por eso decidí dar un paso más y, en mi caso, poner también mi profesión al servicio de esta vocación, coordinando este proyecto.
Hoy la Sociedad de San Vicente de Paúl desarrolla este acompañamiento en distintos hospitales de España. Solo en Málaga contamos con 25 voluntarios en el Hospital Clínico, 8 en el Hospital Regional, 2 en el Guadalhorce, 6 en la residencia de mayores de El Palo, y seguimos creciendo. Además, estamos abiertos a formar a todas las personas que quieran implicarse, ya que contamos con convenio con el resto de hospitales públicos. Actualmente, varias personas se están preparando para acompañar a pacientes en cuidados paliativos en el Hospital Marítimo.
Nuestros voluntarios, con discreción, entran en las habitaciones, se sientan junto a la cama y hacen algo tan esencial como escuchar.
No se trata de tener grandes habilidades, sino de saber estar. De sostener una conversación o compartir un silencio. De coger una mano cuando hace falta. Muchos llegan con cierto respeto o inseguridad, pero pronto descubren que lo importante no es lo que dicen, sino la cercanía que ofrecen. Para ello, reciben una formación inicial que les ayuda a situarse, pero es en el encuentro con cada persona donde realmente aprenden lo que significa acompañar.
Después de acompañar a mi madre en sus tres últimas semanas de vida, descubrí esta vocación. Entendí lo importante que es no dejar solo a nadie en esos momentos
-¿En qué consiste?
Eduardo: Consiste simplemente en visitar a los pacientes ingresados en un hospital que puedan necesitar compañía. Cada caso es un mundo y requiere un acercamiento diferente, ya que no a todos les apetece visita, mientras que a algunos les encanta hablar durante horas, otros se conforman con una pequeña charla, hay quienes simplemente buscan distraerse un ratito… y eso se explica por los distintos diagnósticos y la variedad de vivencias y experiencias que les han llevado a cada uno de ellos a precisar visita. Aunque es bastante común descubrir que algunos pacientes en realidad no están verdaderamente solos, sino que solo tienen familiares muy ocupados o en el extranjero que no pueden estar con ellos en esos momentos tan vulnerables, también abundan casos más extremos de gente que no tiene a nadie o que lo ha perdido todo, y a veces no es fácil acercarse a una persona en tal sufrimiento, pero se intenta. Sea como fuere, siempre tratamos de hacer por ellos lo mínimo que está en nuestras manos: acompañar, por supuesto, si quieren.
-¿Quiénes son sus destinatarios? ¿Cómo lo solicitan?
I: El programa está dirigido a pacientes hospitalizados y también, en algunos casos, a sus familiares. Las solicitudes llegan a través del propio hospital: personal sanitario, trabajo social, capellanía u otros servicios detectan situaciones de soledad o necesidad de acompañamiento y nos las derivan, siempre con el consentimiento del paciente o su familia.
-¿Cómo es la colaboración con los centros hospitalarios?
E: La verdad es que ponen todo de su parte, lo que agiliza mucho la labor. Estamos principalmente en contacto con Trabajo Social para seleccionar a los pacientes, pero no podemos dejar de mencionar la asistencia que nos ofrecen enfermeros, médicos y demás. Siempre sacan tiempo de sus apretados horarios para darnos el número de una habitación que ven habitualmente sola o más desanimada de lo normal, así como esperarnos a que acabemos nuestra visita para poder tratar al paciente. Ellos conocen de primera mano por lo que pasan todas aquellas personas que se enfrentan a la soledad en un clima de tanta incertidumbre como es el ingreso hospitalario, y agradecen cuando alguien se ofrece a hacer este paso algo más llevadero. Creo que hablo en nombre de todos los voluntarios cuando afirmo que no tenemos más que buenas palabras hacia todos los profesionales por su excelente trato y lo fácil que nos ponen las cosas.
-¿Y con los capellanes y familias?
I: La relación con la capellanía es especialmente cercana y enriquecedora. Nos entendemos bien, porque compartimos una misma mirada centrada en la persona y en la importancia del acompañamiento en momentos de vulnerabilidad.
Desde el voluntariado de la SSVP no acompañamos únicamente a personas católicas. Entendemos bien la diferencia entre interioridad, espiritualidad y religión, y tratamos de respetar siempre el proceso y las necesidades de cada paciente. Cuando percibimos que alguien puede necesitar atención espiritual, lo hablamos primero con la persona y, siempre con su consentimiento, contactamos con el capellán. Y a la inversa sucede igual: cuando desde capellanía detectan situaciones de soledad no deseada, nos hacen llegar el nombre del paciente y el número de habitación para poder acompañarlo.
También con las familias se genera una relación muy bonita de apoyo. En muchas ocasiones agradecen profundamente saber que su familiar no está solo cuando ellos no pueden estar presentes.
Es importante destacar que todo este acompañamiento se realiza desde el máximo respeto a la intimidad. Nunca se nos facilitan datos confidenciales, únicamente el nombre del paciente y su habitación. No conocemos su diagnóstico salvo que la propia persona quiera compartirlo. Tenemos muy claro que no somos personal sanitario: nuestra labor es estar, escuchar y acompañar.
Los voluntarios conocemos a todo tipo de gente, escuchamos testimonios inspiradores y vivimos visitas inolvidables, y nada de esto tiene precio.
-¿Cómo lo viven los jóvenes?
E: Aún no he conocido a un solo voluntario que se haya arrepentido de sumarse a esta labor. Como jóvenes y, sobre todo, como cristianos, tenemos la obligación de dejar este mundo al menos un poco mejor de como lo encontramos, y ayudar al que tenemos cerca, aunque sea poco, es un comienzo. Al principio es normal sentirse intimidado por todo el procedimiento, pero con el tiempo se convierte en un proceso muy natural y disfrutable. Además, la flexibilidad de horarios lo hace accesible incluso para los más ocupados, así que siempre se va más bien rápido el miedo a no poder comprometerse tanto como a uno le gustaría. Pero mentiría si dijera que es una labor totalmente altruista: los voluntarios conocemos a todo tipo de gente, escuchamos testimonios inspiradores y vivimos visitas inolvidables, y nada de esto tiene precio. Más que un voluntariado, me gusta más verlo como un mutualismo, pues acompañante y acompañado ganamos, y es difícil saber cuál de los dos más. Os esperamos a todos con los brazos abiertos a colaborar con la Sociedad San Vicente de Paúl.
-¿Cómo lo viven los enfermos y familias?
I: Los pacientes suelen recibir el acompañamiento con mucho agradecimiento. Muchas veces, más que la conversación en sí, lo que valoran es no sentirse solos. Que alguien entre, se siente un rato y esté ahí con ellos.
También hay días en los que asomamos a la habitación y vemos que no es buen momento. El paciente está cansado, no tiene ganas o simplemente necesita estar solo. En esos casos nos vamos con respeto, pero volvemos otro día. Porque cuando las estancias son largas, cada día es distinto, y a veces de un día para otro todo cambia.
Con el tiempo también vamos aprendiendo que no todos conectamos igual con todo el mundo. Hay pacientes que se entienden mejor con un voluntario que con otro, y eso lo intentamos cuidar, sobre todo cuando son ingresos largos. Al final, se trata de que la visita sea lo mejor posible para esa persona.
Las familias lo viven con mucho alivio. Sobre todo, cuando no pueden estar todo el tiempo, les da mucha tranquilidad saber que hay alguien acompañando. Y algo que les suele llamar mucho la atención es que haya personas que dediquen su tiempo a esto sin más. A veces se emocionan. Incluso algunos nos dicen que cuando todo pase les gustaría hacerse voluntarios… y en alguna ocasión ha ocurrido.
Y luego hay algo que pasa mucho: te das cuenta de que a veces estás acompañando más al familiar que al propio paciente. Porque el enfermo está atendido por el personal sanitario, pero el familiar pasa muchas horas allí, con mucho peso encima, y a veces es quien más necesita que alguien esté a su lado.
-¿Cómo se puede participar?
I: Las personas interesadas pueden ponerse en contacto con la Sociedad de San Vicente de Paúl en Málaga a través de la web www.ssvp.es, rellenando el formulario, mandando un mensaje a malaga@ssvp.es o bien llamando al 641 00 49 27.
Se ofrece una formación inicial y un acompañamiento continuo, de modo que cualquier persona con disponibilidad y ganas de ayudar pueda integrarse en el equipo.
Siempre hacen falta más manos… y, sobre todo, más corazones dispuestos a acompañar.