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“Nadie está solo”, Carta Pastoral para Navidad

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“Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2, 11). Con esta Buena Noticia, proclamada en la noche de Belén, deseo llegar a cada uno de ustedes: a las familias, a los ancianos, a los jóvenes, a los enfermos, a los migrantes, a los encarcelados, a quienes viven en soledad, a quienes trabajan por un mundo más justo y a quienes buscan con sinceridad el rostro de Dios. Con estas palabras quiero dirigirme a todos ustedes para anunciarles, una vez más, la alegría del Evangelio: Dios se hace Niño para caminar con nosotros.
Este año, celebramos la Navidad en un contexto muy especial: concluimos el Jubileo de la Esperanza, un tiempo de gracia que ha marcado profundamente nuestra Diócesis. Hoy deseo unir ambos acontecimientos, porque la Navidad ilumina el camino recorrido y lo proyecta hacia el futuro.
En medio de un mundo agitado, lleno de ruidos y tensiones, que intenta silenciar con el consumismo la presencia de Dios vuelve a resonar el anuncio que cambia todo: Dios se hace cercano, Dios se hace Niño, Dios se hace uno de nosotros.
No viene con poder ni grandeza humana, sino con la humildad desarmante de un recién nacido.
Su mensaje es claro: nadie está solo, nadie está olvidado, nadie queda fuera de su amor.
La luz que no se apaga
En este tiempo en que muchos experimentan incertidumbre, cansancio o tristeza, la Navidad es una invitación a dejar que la luz de Cristo ilumine nuestras sombras.
Él es la luz que sostiene a quien ya no puede más, consuela a quien ha perdido a un ser querido, da esperanza a quien se siente estancado y abre caminos nuevos donde parecía que no los había.
La Navidad nos muestra que Cristo nace también hoy, allí donde se le abre un espacio en el corazón. En Belén, Dios se hace pequeño para que nadie tenga miedo de acercarse.
En el pesebre, la esperanza se hace carne.
En el Niño envuelto en pañales descubrimos que el amor de Dios no se rinde jamás, que no abandona, que no olvida, que no retrocede ante nuestras fragilidades.
Por eso, al contemplar el nacimiento de Jesús, entendemos que el Jubileo no ha sido sólo una celebración, sino una llamada a acoger la esperanza que Dios nos entrega en su Hijo.
Navidad es el “salto” de Dios de lo divino a lo humano sin dejar de ser lo primero (cfr. Flp 2, 6 – 11), que se ha pasado a nuestro bando, es uno de nosotros. Él ya no está lejos. No es desconocido. Al nacer en la tierra quiere hacerse compañero de viaje de cada uno de nosotros. En el establo de Belén el cielo y la tierra se tocan. El cielo ha venido a la tierra y hace saltar de gozo a los ángeles que cantan de alegría porque lo alto y lo bajo, cielo y tierra, se encuentran nuevamente unidos; porque el hombre se ha unido nuevamente a Dios.
Lo que el Jubileo ha sembrado en nosotros
Durante este año, miles de fieles han peregrinado, orado, celebrado, pedido perdón y dado gracias. Hemos visto comunidades fortalecidas, corazones reconciliados, pasos cansados que volvieron a levantarse. En todo ello, la gracia de Dios ha actuado silenciosa pero eficazmente.
Ahora que el Jubileo concluye, descubrimos que deja en nosotros tres regalos que la Navidad confirma y renueva:
-Una esperanza que escucha
Como María, aprendimos a guardar en el corazón lo que Dios nos dice en lo pequeño y lo sencillo. En el pesebre encontramos a María, mujer creyente, Madre que guarda y acompaña.
Ella nos enseña a contemplar, a esperar, a confiar aun cuando no entendemos todo.
Que bajo su mirada vivamos esta Navidad con una fe renovada y con un corazón disponible a la voluntad de Dios.
-Una esperanza que sostiene
En medio de desafíos sociales, económicos y personales, hemos visto brotar solidaridad, oración y acompañamiento. Vivir la Navidad es acoger a Dios y a los hombres. El pesebre manifiesta la lógica divina, que no se centra en las ambiciones ni en los privilegios, sino que es la gramática de la cercanía, del encuentro y de la proximidad. Navidad es, por tanto, convertirse en constructores de un futuro, anteponiendo el bien común a los particularismos egoístas. Jesús ha establecido la casa común y nos pide que la convirtamos en una casa acogedora para todos. De ahí deriva el compromiso del cuidado y respeto de la creación y la necesidad de superar los prejuicios, derribar las barreras y eliminar las divisiones que enfrentan a las personas y a los pueblos, para construir juntos un mundo de justicia y de paz.
-Una esperanza caritativa
Navidad es, también, la fiesta de los pobres Dios nace pobre. Jesús nace en una cueva y lo colocan en un pesebre, donde comen los animales. Viene al mundo en un establo, envuelto entre pañales, sin lujos, sin comodidades. Nació como nacen hoy muchos inmigrantes, como nacen los hijos de mujeres en campos de refugiados… y así nos enseña que en este mundo donde Él puso su “tienda”, nadie es extranjero. Aunque en este mundo todos estamos de paso, es precisamente Jesús quien nos hace sentir como en casa en esta tierra santificada por su presencia y quiere que la convirtamos en un hogar acogedor para todos. No olvidemos que, al poco de nacer, también Jesús se hace inmigrante y tiene que huir a Egipto junto con José y María. Si Jesús fue acogido en tierra extranjera, también nosotros hemos de acoger a los que vienen de fuera, aprendiendo a superar cada vez más los recelos y los prejuicios que dividen o, peor aún, enfrentan a las personas y a los pueblos, para construir juntos un mundo de justicia y de paz.
La profunda solidaridad que este Niño ha establecido con su nacimiento, nos hace salir al encuentro del que no tiene, llevándonos a compartir lo que tenemos no sólo lo material, sino también lo espiritual.
-Una esperanza que envía
El Jubileo no termina: comienza una misión. Somos enviados a ser testigos de esperanza en nuestras familias, en el trabajo, en la sociedad y, sobre todo, junto a quienes más sufren.
Los invito, queridos hermanos, a celebrar esta Navidad con la mirada amplia y el corazón disponible.
Que la alegría del pesebre transforme nuestras actitudes:
que llevemos consuelo donde haya soledad, que sembremos paz donde haya tensiones, que repartamos alegría donde la vida pesa, que construyamos fraternidad donde hay heridas.
La esperanza no consiste sólo en esperar tiempos mejores; consiste en dejar que Cristo transforme este tiempo, este mundo y este corazón.
Escuchemos a ese Niño que con su venida al mundo nos repite: “No Temáis”. Dejémonos, pues, iluminar por esa luz de Cristo que con su Encarnación ha derrotado el poder del mal y nos ha readmitido al convite de la vida. Sintamos en esa noche el tierno amor de Dios que nos anima a no dejarnos intimidar por un mundo tantas veces convertido en establo y lleno de tinieblas que ensombrecen la dignidad de los seres humanos
Contemplemos al niño de Belén que nos revela que la salvación de Dios se ha hecho presente a través de una experiencia de familia. Por eso Navidad es tiempo de familia, donde hay siempre un sitio libre en el hogar y una mesa preparada: “caliente el pan y envejecido el vino”. En Navidad dirigimos nuestras miradas y nuestros corazones a Belén, donde está la Sagrada Familia: Jesús, María y José, que nos enseñan a vivir la vocación de servicio al amor y a la vida.
Concluyamos diciéndole a María: Danos tus ojos, María, para descifrar el misterio que se oculta tras la fragilidad de los miembros del Hijo. Enséñanos a reconocer su rostro en los niños de toda raza y cultura. Ayúdanos a ser testigos creíbles de su mensaje de paz y de amor, para que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, caracterizado aún por tensos contrastes e inauditas violencias, reconozcan en el Niño que está en tus brazos al único Salvador del mundo, fuente inagotable de la paz verdadera, a la que todos aspiran en lo más profundo del corazón.
Que la Virgen Santa, nos ayude “a conservar siempre estas cosas y meditarlas en nuestro corazón”.

 

+José Mazuelos Pérez

Obispo de Canarias

“El Señor realmente está con nosotros”

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Homilía de Mons. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía de la fiesta de la Natividad del Señor, el 25 de diciembre de 2025, celebrada en la Catedral.

Queridos hermanos sacerdotes y querido diácono;
queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Os reitero mi felicitación navideña. Una feliz y santa Navidad. Un feliz día de Navidad, este día grande que nos ha embarcado el pregón con el que hemos comenzado esta celebración de la Eucaristía, poniéndonos en las coordenadas del tiempo el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, y al mismo tiempo haciéndose realidad esa espera que hemos ido acompasando con la liturgia y la Palabra de Dios y que se ha visibilizado en la Corona de Adviento en cada uno de los domingos de cuenta atrás hasta llegar al Misterio que contemplamos.

Este punto central en la historia de la humanidad es la historia de la Salvación. Los profetas nos han ido trayendo ese eco y esa animación a la esperanza. En una humanidad caída en el pecado, en una humanidad que ha experimentado a lo largo de la historia las consecuencias del mal, el Señor no se olvidó de nuestra raza; el Señor nos olvidó del ser humano, sino, al contrario, ya desde los comienzos, como nos relata el libro del Génesis, va anunciando esa salvación de manera progresiva en la historia de los pueblos, en la historia de la humanidad, especialmente por mediación del pueblo escogido, del pueblo de Israel, por mediación de Abraham, en cuya fe hemos nacido todos, desde los patriarcas, los profetas, hasta llegar a nuestro Señor Jesucristo, descendiente de David. Es esa historia maravillosa que tiene como centro este día y que a su vez ha hecho que la humanidad cuente un antes y un después de Cristo.

Pero, no podemos dejar, queridos amigos, que Jesucristo se nos pierda en la noche de los tiempos como un personaje que va difuminando la historia. No podemos quedarnos simplemente con la admiración de un personaje ilustre de la humanidad y benefactor que ha dejado una doctrina maravillosa, sino mucho más: es el Hijo de Dios hecho hombre. Esta es la fe que proclamamos. Esto es lo que la Carta a los hebreos, escrita para cristianos en medio de persecución, nos ha dicho que Dios, después de hablar de manera diferente a lo largo, antiguamente, por medio de los profetas, en esta etapa final nos ha hablado por su Hijo Jesucristo. Él es el Verbo de Dios. Él es la Palabra de Dios hecha carne.

Y esta realidad, esta identidad de Cristo que nos ha presentado la Carta a los hebreos y que después el texto del prólogo del Evangelio de San Juan, el Evangelio del Teólogo, del discípulo predilecto de Cristo, que nos da la lectura teológica de lo que el resto de los evangelistas, los Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), especialmente, nos muestran el nacimiento de Jesús, en esa historia también concreta, con unas coordenadas, en un momento: Dios se ha hecho hombre. Dios se ha hecho hombre en Jesús, el Hijo de Dios, el Hijo de María. Y esto cambia la historia. Esto ha cambiado la humanidad. Esto, por una parte, y hace que nos alegremos de manera especial, porque es el comienzo de la salvación que llega a su plenitud en la entrega, en el Misterio Pascual, en la pasión, muerte y Resurrección, y que llegará en esa explosión gloriosa al final de los tiempos con el reinado total de Cristo sobre el mundo al final de la historia.

Y en esa historia, en ese devenir de los años, de los siglos, de los milenios, ahí estamos nosotros. Ahí está la humanidad querida por Dios. Nuestro Dios no es un Dios lejano que se olvida de los seres humanos una vez que ha puesto en marcha el mundo. Nuestro mundo, a pesar de las disfunciones, a pesar de las guerras, a pesar de la violencia, a pesar de las injusticias manifiestas y que experimentamos; y si abrimos los ojos, la Navidad es un momento especial para abrir el corazón a los más necesitados, a los más desvalidos, a los que más sufren, pero no para cerrarlo el día siguiente a la fiesta de Reyes, sino para mantener vivo ese espíritu del amor con que Dios ama a su pueblo, con que Cristo los ha amado hasta el extremo.

Este es el gran acontecimiento que celebramos. Tenemos solución. Nos ha venido la salvación. El Verbo de Dios se ha hecho carne, se ha hecho uno de nosotros, comparte nuestra existencia, sabe de nuestros dolores, de nuestros sufrimientos, de nuestras angustias. Nuestro Dios no es un Dios lejano. Es un Dios que acompaña a la historia humana y que en su Hijo Jesucristo se nos ha hecho tan cercano que se ha hecho uno de nosotros igual a nosotros excepto en el pecado.

Luego, queridos amigos, no tenemos a Dios lejos. El Señor realmente está con nosotros y está en cada acontecimiento, en cada persona donde Jesús nos ha dicho que Él estará con nosotros hasta el final de los tiempos. Pues, vamos a revivir esto en esta Navidad de manera especial, en el encuentro familiar, en la acogida y en los deseos de paz, en este mundo nuestro, en medio del trabajo, en medio de nuestra vida, que cambia, porque nos ha cambiado la vida al nacer el Hijo de Dios.

Y Él se ha constituido en el modelo, en el camino nos dice; en la verdad y en la vida, nos dice él mismo en el Evangelio de Juan. En el camino por el que avanzar y, como dice san Agustín, ser al mismo tiempo la meta a la que nos dirigimos. En la verdad, que da razón y es la respuesta definitiva a las preguntas del hombre, que es un ser que va indagando y preguntándose en la historia el sentido del vivir. Cristo es la respuesta. Como dice el Concilio, “le dice al hombre lo que debe ser el hombre”. Él es la vocación suprema.

Luego, Cristo es nuestro Salvador, nuestro modelo, nuestro amigo, nuestro Dios. Nos ha hecho cercano el amor misericordioso de Dios. Nuestro Dios no es un Dios temible, no es un Dios “metemiedo”, no es un Dios lejano. Es el Dios cercano que en su Hijo Jesucristo nos ha mostrado el amor con que nos ama, con que nos acoge, con que nos perdona, con que nos invita a esa plenitud porque Jesús es la vida, la vida que nos hace salir de nuestras muertes, de nuestros desvalimientos y es quien nos da esperanza en una plenitud a la que estamos llamados, Él que es el Alfa y la Omega, el Cristo total al que nos encaminamos.

Luego, queridos amigos, ¿cómo no vamos a estar de fiesta? Este es el sentido profundo de esta festividad, de estas fiestas de la Natividad del Señor. Por eso, qué bien lo recoge la liturgia cuando -nos dice (y hoy se repetirá en todas las celebraciones litúrgicas del mundo-), le hemos pedido “¡oh, Dios!, que creaste de modo admirable al ser humano y lo has restaurado de forma más admirable, concédenos a los que confiamos con fe en Él que nos lleve a tener la vida divina de Aquél que se ha dignado compartir nuestra condición humana”. Ese “maravilloso intercambio que nos salva”, como dice también la liturgia.

Seamos como Jesús nos pide. Dios es imitable y ahí están sus mandatos, sobre todo el mandato del amor al prójimo. Y ahí está su enseñanza: las bienaventuranzas. Jesús nos ha venido a darnos una manera de vivir, pero antes nos ha cambiado. Ya no podemos decir que Dios no es imitable. Dios es imitable. Y es lo que han hecho los santos, cada uno pareciéndose a Jesús de una manera y siendo su condición, su época, su edad distinta, pero todos han intentado parecerse a Jesús. Y a eso estamos llamados nosotros.

Que en este día agradezcamos de manera especial a María y a José en ese Misterio que se nos representa en los Belenes y que gracias a Dios todavía en nuestras casas están presentes, y cómo vienen tantos niños en la luz de Belén a encender, aquí, en la luz traída de Belén, para después encenderla en sus belenes en Granada.

Queridos amigos, vivamos la tradición cristiana de la Navidad. No nos paganicemos. No olvidemos el sentido profundo de estos días que nos llenan de alegría y de paz. La alegría y la paz que pedimos para nuestras familias, para nuestro mundo, ahora y siempre.

Por tanto, queridos amigos, feliz Navidad. Feliz Navidad a los que venís habitualmente a la celebración dominical a esta misa en la catedral. Feliz Navidad a los que os encontráis de paso estando estos días en Granada, disfrutando de nuestra maravillosa ciudad. Feliz Navidad a todos. ahora y siempre. Y lo mejor en el año que va a comenzar. Terminaremos el próximo domingo, y todas las diócesis del mundo, el año jubilar del 2025 aniversario del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El Papa lo cerrará el día 6, fiesta de la Epifanía del Señor. Nosotros, repito, lo haremos el próximo domingo día 28. Os espero.

Y vivamos este tiempo y siempre como peregrinos de esperanza, como quería el Papa Francisco y ha renovado el Papa León.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
25 de diciembre de 2025
S.A.I Catedral Metropolitana de Granada

Homilía en la Misa de Nochebuena

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Homilía de Mons. José Antonio Satué en la Misa de Nochebuena celebrada en la Catedral de Málaga en la noche del 24 de diciembre de 2025.

Queridos hermanos y hermanas,

En esta noche santa, después del trajín y el bullicio de la cena, hacemos silencio, un silencio profundo, para que podamos contemplar con el corazón las señales que Dios nos ofrece para reconocer su presencia. No son señales grandiosas ni espectaculares. Son señales pequeñas, casi escondidas. El Evangelio de esta noche nos regala tres señales.

La señal es un bebe: la ternura de Dios

La primera señal es un bebé, un niño recién nacido. Dios se hace pequeño. Dios se hace frágil. Dios se hace abrazable. Dios nos salva desde la ternura. En un mundo que valora la fuerza, la eficacia, el éxito, Dios elige la ternura como su lenguaje, como su camino.

Un niño recién nacido despierta lo mejor de nosotros: el deseo de cuidar, de proteger, de acompañar. Lo sabéis bien las madres, los padres, los abuelos… No viene imponiéndose, ni exigiendo, viene ofreciendo cercanía.Así quiere entrar Dios en nuestra vida: no como un juez que vigila, sino como un niño que regala ternura y necesita cuidados.

Esta noche, al mirar al Niño, dejemos que Él lime nuestras aristas más bruscas y despierte en nosotros esa capacidad de ternura que a veces la prisa o el cansancio adormecen.

La señal es un pesebre: la humildad de Dios

La segunda señal es un pesebre, un comedero de animales. No hay cuna, no hay comodidad, no hay brillo. Hay humildad, hay pobreza. Y no es una pobreza romántica: es la pobreza real de quien no encuentra sitio, de quien llega al mundo sin nada. Dios elige nacer ahí para que nadie pueda decir: “Esto no es para mí”; para poder abrazar a todos, comenzando por los más descartados.

El pesebre nos recuerda que Dios se acerca especialmente a quienes viven en la precariedad, a quienes sienten que no encajan, a quienes viven a la intemperie. Acojamos pues el llamamiento de Cáritas, que nos invita a comprometernos para que tener una vida digna deje de ser una cuestión de suerte.

El pesebre nos enseña que lo esencial no necesita lujo, que la verdadera riqueza es la presencia de Dios, que nos ama y nos ayuda a amar más y mejor. Y también nos invita a revisar nuestras prioridades: ¿dónde buscamos la felicidad? ¿En qué ponemos nuestra seguridad?

La señal es una gran alegría: la alegría de Dios

La tercera señal es la alegría. No una alegría superficial o forzada, sino la alegría profunda de quien descubre que es amado sin condiciones.

Los ángeles anuncian a los pastores “una gran alegría”, y esa alegría nace de saber que Dios ha venido por nosotros, que no estamos solos, que nuestra vida tiene un valor infinito para Él.

Esta alegría no depende de que todo vaya bien. Siempre habrá emperadores que impongan su voluntad y posadas que cierren sus puertas a los pobres. Es una alegría que nace dentro, que brota incluso en medio de las dificultades, porque tiene una raíz firme: Dios me ama, Dios me busca, Dios me acompaña.

Esta noche, dejemos que esa alegría nos toque. Que ilumine nuestras sombras, que cure nuestras heridas, que renueve nuestra esperanza.

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, acerquémonos con el corazón abierto a este Niño, para que Él nos contagie el deseo de seguir con Él el camino de la ternura, la humildad y la alegría para todos.

Pidámosle que nuestra Iglesia diocesana de Málaga, que nuestras parroquias y movimientos, que cada bautizado y bautizada –pastores y laicos– ofrezcamos al mundo en nuestra vida cotidiana estas tres señales: la ternura, la humildad y la alegría.

Feliz Navidad, hermanas y hermanos, a cada uno de vosotros y a vuestras familias.

El Monasterio de la Cartuja acoge la convivencia sacerdotal de Navidad presidida por Monseñor José Rico Pavés

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El Monasterio de la Cartuja acoge la convivencia sacerdotal de Navidad presidida por Monseñor José Rico Pavés

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En la jornada de hoy, 26 de diciembre, festividad de San Esteban Mártir, el Monasterio de la Cartuja de Jerez se convierte en el lugar de encuentro para el clero de la Diócesis de Asidonia-Jerez con motivo de la celebración de la Navidad.

Presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, esta convivencia navideña busca fortalecer los lazos fraternos del presbiterio en un ambiente de comunión, oración y formación. La jornada incluye momentos de oración compartida, espacios para la convivencia entre el clero y una ponencia formativa a cargo del propio prelado diocesano.

Este tipo de encuentros, enmarcados en el tiempo litúrgico de la Navidad, permiten vivir con mayor profundidad la alegría del nacimiento del Señor, así como renovar la vocación desde la fraternidad y la reflexión conjunta.

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ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 26-12-2025

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ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 26-12-2025

Un resumen de la actualidad en la Archidiócesis de Sevilla. Edición del viernes 26 de diciembre de 2025. Último resumen informativo semanal del año 2025, un año marcado por el Jubileo de la Esperanza.

La Buena Noticia de la Iglesia en imágenes.

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Concierto de Navidad en la Abadía del Sacro Monte

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El 27 de diciembre, a las 12 horas.

Para celebrar la buena noticia de la Natividad del Señor, la Abadía del Sacro Monte celebra un concierto el sábado 27, a las 12 horas.

Estará a cargo del organista Antonio Linares López. Interpretará un programa con piezas de Chauvet, Balbastre, JM Thomas, Dominico Zipoli y Aquin, de los siglos XVII, XVIII y XIX.

La entrada es libre.

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El arzobispo de Sevilla invita a comenzar el año “remando mar adentro con esperanza”

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El arzobispo de Sevilla invita a comenzar el año “remando mar adentro con esperanza”

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha publicado hoy su carta de fin de año, titulada ‘Año nuevo: remar mar adentro con esperanza’. En esta ofrece una reflexión agradecida por el camino recorrido este año y anima a los fieles de la Archidiócesis hispalense a iniciar el nuevo año con un “renovado impulso cristiano”.

Monseñor Saiz sitúa su mensaje en el contexto del Año Jubilar, que se clausurará en nuestra diócesis el próximo domingo, 28 de diciembre, con una Eucaristía en la Catedral a las seis de la tarde.  Este ha sido -ha dicho el arzobispo– “un tiempo favorable, un don inmerecido del Señor para reavivar la fe, fortalecer la esperanza y renovar la caridad”. En su carta recuerda la apertura solemne del Jubileo el 29 de diciembre de 2024 en la Catedral de Sevilla, siguiendo la convocatoria del papa Francisco en la bula Spes non confundit, y subraya que desde entonces la Iglesia diocesana ha caminado como “peregrinos de esperanza”.

En su balance del Año Santo destaca las numerosas peregrinaciones que se han llevado a cabo en los doces lugares sagrados jubilares establecidos en la diócesis: “Durante este año jubilar, muchos fieles han recorrido con fe y devoción los templos jubilares de nuestra Archidiócesis, ganando las indulgencias y renovando su vida cristiana”. En este sentido, el arzobispo agradece expresamente la labor de sacerdotes, voluntarios y colaboradores que han hecho esto posible, signo —afirma— de “una Iglesia viva, servidora y en salida”.

La carta mira también al horizonte de la Iglesia universal, recordando que el Jubileo ordinario concluirá con el cierre de la Puerta Santa en Roma el 6 de enero de 2026, solemnidad de la Epifanía, una fecha que “nos recuerda que Cristo es la luz destinada a todos los pueblos, y que la esperanza cristiana no conoce fronteras. Que la claridad del amor de Dios llegue a todos, especialmente a quienes viven en la oscuridad del sufrimiento, la pobreza o la soledad, y que la Iglesia sea siempre testigo fiel de esta luz”.

Entre los momentos más significativos del año, el arzobispo menciona las peregrinaciones diocesanas a Roma, vividas en comunión con el papa Francisco y el papa León XIV, y constata con esperanza que “la Iglesia sigue despertando en las almas”, percibiendo signos de un renovado interés por la fe cristiana. Al respecto, cita a Romano Guardini cuando afirmaba que estaba comenzando “un proceso religioso de incalculable magnitud”.

De cara al nuevo año, exhorta a no perder los frutos del Jubileo y a pasar “de peregrinos a apóstoles”, alimentando la oración, la vida sacramental y el compromiso cristiano, y compartiendo “con sencillez la fe con quienes se sienten alejados o buscan a Dios sin saberlo”.

Finalmente, don José Ángel retoma la llamada que hizo san Juan Pablo II al inicio del tercer milenio: ‘Duc in altum’, “rema mar adentro”. Una llamada que forma parte de su lema episcopal y que busca animar a toda la familia diocesana a avanzar sin miedo: “La contemplación del misterio de la Epifanía reaviva en nosotros el ardor misionero para que la luz de Cristo llegue a todos los rincones de nuestra sociedad. Os animo a traducir los buenos deseos de este comienzo de año en gestos concretos: en el cuidado de la vida, en la atención a los más vulnerables, en el compromiso por la justicia y la paz. El mundo necesita testigos creíbles que recuerden que, con Cristo, siempre es posible recomenzar”, concluye su carta.

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La programación religiosa de COPE ofrece este fin de semana un resumen del Año Jubilar en la Archidiócesis de Sevilla

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La programación religiosa de COPE ofrece este fin de semana un resumen del Año Jubilar en la Archidiócesis de Sevilla

Este fin de semana, la programación religiosa de COPE Sevilla comienza en El Espejo de la Iglesia que en estas fechas emite un especial regional, con actualidad de todas las diócesis andaluzas. Concretamente, la Archidiócesis de Sevilla informará el cierre del año jubilar el próximo domingo, 28 de diciembre, a las seis de la tarde en la Catedral, después de un Año Santo para el recuerdo.

Podrá escuchar este especial hoy, viernes 26 de diciembre, a las dos menos veinticinco de la tarde, en COPE Sevilla (99.6 F.M), y a las tres y media en COPE MÁS (105.8 FM).

Ya el domingo 28, a las diez menos cuarto de la mañana, Pablo Enríquez, conductor del espacio Iglesia Noticia Sevilla entrevista a Marcelino Manzano, delegado diocesano de Hermandades y Cofradías y delegado de Medios de Comunicación del Cabildo Catedral. Con él hará un recorrido por las celebraciones jubilares que han tenido lugar este año en la Seo, a modo de resumen del Jubileo 2025.

Podrá escuchar ambos programas descargando los podcasts en la página web de COPE o en nuestro perfil en Spotify Iglesia en Sevilla.

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El Patronato de Vivienda reafirma su compromiso de facilitar el acceso a una vivienda digna

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El Patronato de Vivienda reafirma su compromiso de facilitar el acceso a una vivienda digna

La Real Fundación del Patronato de la Vivienda de Sevilla (RFPV) celebró el pasado 5 de diciembre, su Junta de Patronos, en el Arzobispado. Durante el encuentro, presidido por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, se revisaron los principales proyectos en marcha y se renovó el compromiso de la institución con su misión fundacional: facilitar el acceso a una vivienda digna a las personas y familias que más lo necesitan. Con más de un siglo de historia al servicio de la ciudad, la RFPV es una entidad referente en Sevilla en el ámbito de la vivienda social, la rehabilitación urbana y la mejora de las condiciones de habitabilidad de los hogares más vulnerables. Su labor combina la gestión de promociones de vivienda protegida con programas de intervención en barrios que requieren una atención prioritaria.

Durante la Junta, la Fundación puso de relieve el avance de sus programas de rehabilitación en zonas de especial necesidad, entre ellas Los Pajaritos, y su interés por actuar también en el Polígono Sur. Actualmente se está trabajando para mejorar edificios donde la rehabilitación resulta determinante para elevar la calidad de vida de los residentes. Estos proyectos contribuyen no solo a la mejora de las viviendas, sino también a la regeneración urbana y al fortalecimiento del tejido social de los barrios. La RFPV ha subrayado que continuará impulsando iniciativas que garanticen viviendas seguras, accesibles y adecuadas, siempre con un enfoque de acompañamiento social y de colaboración con administraciones, entidades vecinales y organizaciones sociales. La Fundación reafirma así su compromiso histórico con Sevilla: poner la vivienda digna al alcance de quienes más la necesitan, generando entornos habitables, cohesionados y con futuro.

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Mons. Valdivia clausura el Año Jubilar en Cádiz y en Ceuta

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La Diócesis de Cádiz y Ceuta cerrará oficialmente el Año Jubilar de la Esperanza el próximo domingo, 28 de diciembre, con una doble celebración religiosa presidida por el administrador apostólico, Mons. Ramón Valdivia.

La celebración del Jubileo ha sido una oportunidad para acercarse a los sacramentos, especialmente al de la Reconciliación, y vivir intensamente la experiencia de la misericordia de Dios. La diócesis ha dispuesto de varios templos y centros jubilares, donde los fieles han podido encontrar consuelo y fortaleza en su camino de fe. Además, este Año Santo ha invitado a los fieles a hacer obras de caridad y misericordia, siguiendo el ejemplo de Cristo, particularmente en el servicio a los más necesitados.

El Año Jubilar de la Esperanza ha ofrecido a los fieles un tiempo especial de reflexión, conversión y renovación en el que la esperanza ha sido el eje central, bajo el lema «Spes non confundit» («La esperanza no defrauda»), inspirado en la carta de San Pablo a los Romanos (Rm 5,5).

La jornada del próximo domingo marcará el fin de un año de festividades, actos litúrgicos y celebraciones. Así, a las 12:00 horas, Mons. Ramón Valdivia presidirá la misa de clausura en la Catedral de Cádiz. Este acto solemne pondrá fin a un ciclo de indulgencias y actividades que han permitido a los creyentes participar en un periodo de gracia especial.

Posteriormente, Mons. Valdivia se trasladará a Ceuta, donde a las 20:00 horas, el administrador apostólico celebrará la segunda misa de clausura en la Parroquia Santuario Nuestra Señora de África.

Durante este Año Santo, que comenzó el 29 diciembre de 2024, en las iglesias locales, los fieles han podido vivir una experiencia espiritual única, con peregrinaciones, actos litúrgicos y encuentros de oración que han fortalecido los lazos en la diócesis. La clausura de este Jubileo será un momento de reflexión y agradecimiento por todo lo vivido en el transcurso del año.

De esta manera, se invita a todos los fieles a participar en estos actos de clausura, con la esperanza de que el Año Jubilar haya dejado una huella profunda en la vida espiritual de la Iglesia de Cádiz y Ceuta.

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