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Sevilla acoge la exposición solidaria ‘Eterno Morante’ a beneficio de Manos Unidas

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Sevilla acoge la exposición solidaria ‘Eterno Morante’ a beneficio de Manos Unidas

Sevilla acoge la exposición solidaria ‘Eterno Morante’ a beneficio de Manos Unidas

El arte y la solidaridad se dan la mano en pleno corazón de Sevilla desde esta tarde, ya que a las siete de la tarde está prevista la inauguración de la exposición solidaria ‘Eterno Morante’, una muestra pictórica organizada por el reconocido arquitecto y retratista sevillano Javier Jiménez Sánchez-Dalp conjuntamente con Manos Unidas Sevilla.

El acto de inauguración contará con la presencia del delegado de Manos Unidas en Sevilla, Manuel Gordillo, y del propio autor de las obras. La iniciativa cuenta, además, con la colaboración del Casino Centro Cultural de los Ejércitos (Casino Militar), que cede sus instalaciones para esta causa benéfica.

La exposición, comisariada por Antonio Lebreros, sumerge al visitante en el universo artístico de Sánchez-Dalp a través de su personal destreza con el retrato, siendo el propio pintor el creador del cartel anunciador de la muestra. Tras la inauguración oficial, la exposición abrirá sus puertas al público general desde el miércoles 23 de septiembre hasta el jueves 1 de octubre, en horario ininterrumpido de once de la mañana a ocho de la tarde.

El espacio elegido para albergar la colección es la sede del Casino Militar, ubicada en el céntrico Pasaje Ateneo, con acceso directo desde la emblemática calle Sierpes. Con la celebración de este evento cultural, Manos Unidas busca recaudar fondos para continuar con su misión de lucha contra el hambre, la pobreza y las desigualdades en los países del Sur, uniendo la maestría del retrato sevillano con el compromiso humanitario.

 

 

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Se presentan en Málaga «La llama desnuda» y «A mí nada me harán»

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Se presentan en Málaga

Estos días se presentan en Málaga dos libros que abordan el hecho religioso: el libro de escritos «La llama desnuda. Papeles de Semana Santa», de Salvador Marín Hueso, y la novela «A mí nada me harán», del diácono permanente Pedro J. Marín Galiano OFS.

Se presentan en Málaga "La llama desnuda" y "A mí nada me harán"
Pedro Marín Galiano OFS (izda) y Salvador Marín Hueso (dcha)

El libro de Salvador Marín Hueso, escritor, poeta y cofrade malagueño, se presenta el 23 de septiembre, a las 19.30 horas, en la Casa Hermandad del Sepulcro, en un acto que será conducido por el periodista Rafael Contreras Ojeda y que contará, además, con un concierto a cargo de la Capilla Musical Carmen Doloroso, dirigida por Miguel Ángel Martín Sarmiento. El autor, que se inicio con la obra “Punto y seguido”, presentó el año pasado su segundo poemario, “Las palomas sagaces”, y destina íntegros los beneficios de esta nueva obra a la comunidad de Hermanas Mínimas de la Orden de San Francisco de Paula del convento de Archidona. 

La novela “A mí nada me harán”, de Pedro Marín Galiano OFS, diácono de la Diócesis de Málaga y escritor, aborda una trama rural y costumbrista de tensión creciente donde la figura de don Juan Morillo, capellán del santuario de la Virgen de la Fuensanta de Huelma, en Jaén -donde el autor tiene orígenes familiares-, protagoniza uno de los episodios más crudos y testimoniales de la historia de Huelma. Pedro Marín se inició en la novela en 2015 con “El crisol de lo prohibido y una mujer que desaparece”. Un año más tarde inicia su trayectoria poética con “Lo que jamás sabrás por mis palabras”, obteniendo poco después el primer premio del III Certamen Poético Internacional Manuel Salinas.  En 2019 publica un nuevo poemario, “Con mirada limpia”, y su obra poética ha sido recogida en diversas antologías. En 2020 regresa a la narrativa con “Vosotros los que entráis”, una novela que enlaza la intriga policial con los misterios de lo preternatural. Presentará esta obra en Málaga el 28 de octubre a las 19.00 horas en el Ateneo de Málaga.

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Boletín Misionero septiembre-octubre

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Boletín Misionero septiembre-octubre

La Delegación de Misiones publica su Boletín Misionero con el que abre el Octubre Misionero y recuerda los 100 años del DOMUND. Aquí puedes descargarlo.

Boletín Misionero septiembre-octubre

Septiembre-octubre 2026


Boletín Misionero septiembre-octubre 2026

Boletín Misionero septiembre-octubre 2026

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Virgen dolorosa. Casa de Ejercicios ‘Betania’, en San Juan de Aznalfarache

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Virgen dolorosa. Casa de Ejercicios ‘Betania’, en San Juan de Aznalfarache

Virgen dolorosa. Casa de Ejercicios ‘Betania’, en San Juan de Aznalfarache

Hemos celebrado la memoria de la Bienaventurada Virgen de los Dolores, en la que contemplamos a María al pie de la cruz, y cuya iconografía está muy presente en toda nuestra Archidiócesis. Presentamos hoy esta bella imagen del prolífico escultor hispalense Cristóbal Ramos.

En la Casa de Ejercicios de Betania, situada en el complejo del Monumento del Sagrado Corazón de Jesús de San Juan de Aznalfarache, encontramos esta bella y delicada imagen de la Virgen de los Dolores, atribuible con gran seguridad a la producción de Cristóbal Ramos (1725-1799), a cuyo catálogo se adscribe un buen número de dolorosas de pequeño y mediano formato, similares a esta que hoy presentamos, como las que se encuentran en la Parroquia de San Andrés, la Capilla del Palacio de San Telmo o la Escuela de Cristo, por citar solamente algunas de las documentadas.

Estudiada por el profesor Rafael Gallardo Montesinos, autor de una completa tesis sobre Cristóbal Ramos, la imagen que se encuentra en las dependencias de las Hermanas Misioneras Cruzadas que regentan la Casa de Betania, puede datarse en los primeros años de la década de 1770, y posee la cabeza y las manos realizadas en terracota, mientras que el resto son telas encoladas. La Virgen aparece de rodillas sobre un cojín, con las manos entrelazadas en señal de oración y súplica, con la mirada elevada hacia lo alto, con gran patetismo y unción, como es habitual en la iconografía de la Virgen Dolorosa al pie de la cruz desarrollada por este escultor, guardando gran semejanza con la Virgen de las Aguas de la Hermandad del Museo, obra de este artista sevillano, fechada en 1772.

Viste manto negro con cenefa dorada de hojarascas, toca blanca que enmarca su rostro y saya de color burdeos; tanto el manto como la saya han sido repolicromados, perdiéndose los ricos estofados originales.

0Se ignora el origen de esta imagen mariana, pero sabemos que fue colocada en la cripta del cardenal Pedro Segura en el monumento del Sagrado Corazón, en San Juan de Aznalfarache, trasladándose posteriormente a la Casa de Ejercicios de Betania, para preservarla de la humedad de la cripta que afectó a la conservación de las telas encoladas.

Como señala Rafael Gallardo, en el rostro de esta imagen podemos reconocer las características propias que Ramos confiere a sus Dolorosas, como la papada y el mentón abultado, la boca entreabierta, la nariz recta, así como los ojos muy abiertos y las cejas arqueadas, que, por otra parte, este escultor tomará de las Dolorosas de José Montes de Oca, mientras que en la postura arrodillada y con las manos entrelazadas seguirá el modelo de las dolorosas de Pedro Roldán.

Contemplar esta imagen de María nos hace recordar las palabras del Papa León XIV que nos invita a poner nuestros ojos en la Virgen “que está al pie de la cruz de su Hijo y llora también a los pies de los crucificados de hoy”.

Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural

 

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La Parroquia de Jesús de Nazaret inicia un proyecto catequético con sus vidrieras

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La Parroquia de Jesús de Nazaret inicia un proyecto catequético con sus vidrieras

La Parroquia de Jesús de Nazaret inicia un proyecto catequético con sus vidrieras

La Parroquia de Jesús de Nazaret y Ntra. Sra. de Consolación, de la barriada sevillana de Ntra. Sra. de Consolación, conocida como Los Mares, ha emprendido una iniciativa catequética y cultural tomando como referencia las vidrieras del templo. El párroco, José Antonio Jiménez, expone que el objetivo de la parroquia es invitar a colectivos educativos a conocer la parroquia y recibir una catequesis tomando como punto de partida las dos series de vidrieras con las que cuenta el templo gracias al trabajo de las comunidades parroquiales dirigidas por José Blanco y el actual párroco.

José Antonio Jiménez explica que las vidrieras tienen “una finalidad fundamentalmente catequética”. Y el objetivo de esta iniciativa no es otro que acercar la parroquia a feligreses, colegios, asociaciones e instituciones públicas. “Las vidrieras -añade- no solo añaden luz y color, sino que comunican una verdad elemental para nuestra fe”. En esta tarea catequética se ha elaborado un dossier en el que se desgrana el sentido de cada vidriera.

La primera serie de vidrieras representa los siete sacramentos y fueron realizadas por Ausencio González, con un carácter eminentemente simbólico-litúrgico. La segunda serie de vidrieras, en la parte inferior, está dedicada a las obras de misericordia, y han sido realizadas al modo tradicional por Jaime Rodríguez.

La Parroquia de Jesús de Nazaret y Ntra. Sra. de Consolación de Sevilla fue erigida el 15 de septiembre de 1987 por monseñor Carlos Amigo. La población actual de la feligresía es de unos ocho mil habitantes, y la parroquia, sin perder su identidad, ha participado de la inevitable evolución que ha vivido el barrio en todos los niveles, social, demográfico, económico y religioso.

 

Contacto:

C/ Mar Menor, s/n. 41015 Sevilla
Tfno: 955325632 – Email: parroquiajesusnazaret.sevilla@gmail.com

 

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Este sábado, Consejo Diocesano de Infancia y Juventud

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Este sábado, Consejo Diocesano de Infancia y Juventud

El sábado 26 de septiembre, a las 11.30 horas, se celebra una nueva convocatoria del Consejo Diocesano de Pastoral de Infancia y Juventud de la Diócesis de Málaga. Tendrá lugar en el salón de actos de la parroquia de Santa María de la Amargura.

Este sábado, Consejo Diocesano de Infancia y Juventud
Imagen de archo del Consejo Diocesano de Juventud

En este primer consejo, compartirán informaciones varias, las actividades previstas por la Delegación para este curso y las actividades de interés general de las distintas realidades eclesiales que conforman el Consejo Diocesano.

Son miembros de este Consejo los laicos, religiosos y sacerdotes responsables de la pastoral de infancia y juventud de los arciprestazgos, movimientos, asociaciones, congregaciones religiosas, cofradías y colegios religiosos de la Diócesis.

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25 años acogiendo, enseñando y sirviendo en San Isidro de Níjar

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25 años acogiendo, enseñando y sirviendo en San Isidro de Níjar

Llego a San Isidro de Níjar y las hermanas me esperan en la puerta de la iglesia. Desde allí caminamos unos metros hasta una antigua escuela, cedida por la Delegación de Educación, donde cada día se imparten clases de español. Quizá sea aquí, entre pizarras, cuadernos y palabras aprendidas poco a poco, donde mejor se entiendan los 25 años que las Mercedarias de la Caridad llevan en esta tierra.

Las hermanas Francisca, Encarna, Estela y Consuelo forman actualmente la comunidad. Durante una mañana me enseñan lo que hacen, pero, sobre todo, me cuentan las historias que hay detrás. Porque una de las cosas que han aprendido en este cuarto de siglo es precisamente esa: detrás de la palabra «inmigrante» siempre hay una persona concreta.

«Cuando llegas, la realidad te da un bofetón impresionante», reconoce una de ellas. Pero después ocurre algo. Conoces a la persona, su historia, su familia, los problemas que ha dejado atrás y aquellos con los que se encuentra aquí. «La mirada cambia cuando llevas un tiempo. Ya ves a una persona, conoces su historia, su mirada, sus problemas y te la llevas al corazón».

Aprender a decir «llorar» y «reír»

Entramos en una de las clases. Hay turnos por la mañana y por la tarde porque aprender español continúa siendo una de las necesidades fundamentales de quienes llegan. No entender el idioma significa muchas veces no poder preguntar, buscar trabajo, hacer una gestión o, sencillamente, explicar lo que te ocurre.

Consuelo, una de las hermanas llegadas de Filipinas, está enseñando vocabulario. Entre las palabras de ese día aparecen dos verbos sencillos: llorar y reír. Entonces una de las alumnas interviene. Ella sabe bien lo que significa llorar. Cuenta que ha llorado mucho desde que llegó porque no sabía leer, no entendía español y no podía comunicarse. Ahora puede contarlo en castellano. Y también sabe lo que significa reír.

La escena dura apenas unos minutos, pero explica mejor que muchas estadísticas lo que ocurre cada día en estas aulas.

Las primeras hermanas que llegaron a San Isidro en 2001 comprendieron muy pronto la importancia del idioma. En aquellos años, marcados por la llegada de numerosos trabajadores migrantes para los invernaderos, la barrera lingüística era enorme. «Hay otro lenguaje que se entiende, que es universal, que es el amor. Pero necesitamos también la palabra», recuerdan. Y comenzaron las clases de español.

Aquellos comienzos fueron especialmente duros. Las hermanas conservan historias que hoy parecen difíciles de imaginar. Recuerdan cómo, en una ocasión, dos autobuses llegaron cargados de personas subsaharianas, abrieron sus puertas junto a la iglesia y allí las dejaron. De pronto había que responder a lo inmediato: comida, alojamiento, trabajo, aprender el idioma. Era pura necesidad.

Una bolsa de alimentos y mucho más

Seguimos la visita. La hermana Estela, peruana, me enseña el almacén desde el que atienden a las personas más vulnerables. Buena parte de los alimentos proceden de supermercados que los donan y después las religiosas los distribuyen entre quienes los necesitan. La atención se realiza por las mañanas, de nueve a una.

No hay grandes discursos. Hay bolsas de comida, conversaciones, nombres propios y preguntas muy sencillas: «¿Tienes trabajo? ¿Dónde vives?».

Para ellas, esa cercanía forma parte de su manera de entender la acogida. «Acoger es hacerle sentir que es una persona digna, como cualquier otra». Porque quien llega hasta aquí muchas veces lo hace, dicen ellas, «sangrando el corazón» después de abandonar su país, su familia y todo lo conocido para buscar una posibilidad de futuro.

A las clases y la ayuda alimentaria se suma el taller ocupacional y, sobre todo, ese acompañamiento difícil de contabilizar. Preguntar cómo estás. Escuchar. Mirar a los ojos. Saber si alguien ha encontrado trabajo o si continúa durmiendo donde puede.

Las religiosas reconocen también que los años pasan y las fuerzas son menores. Por eso ha sido fundamental la colaboración de muchas personas y comunidades religiosas de Almería. También llegan grupos de jóvenes voluntarios de colegios durante el verano y la Semana Santa. Estos 25 años no los han construido solas.

La fuerza para seguir

Hay otro lugar al que las hermanas vuelven cada día y que no aparece en ninguna estadística de su trabajo: la iglesia. Me cuentan que algunas veces van a la Eucaristía diaria y apenas están ellas y una persona más. Podría parecer poca cosa. Para ellas no lo es. Es precisamente ahí donde encuentran la fuerza para volver después a las clases, al almacén, al taller y a las historias concretas de quienes llaman a su puerta.

Su trabajo no nace únicamente de una preocupación social. Nace de la fe. Las Mercedarias hablan de «caridad redentora» y saben que el único Redentor es Jesucristo. Su manera concreta de vivir ese carisma aquí pasa por algo tan sencillo y tan exigente como «devolver dignidad a las personas» y ponerse a su servicio desde sus propias posibilidades.

Después de tantos años, además, aseguran que han recibido mucho de aquellos a quienes vinieron a ayudar. Especialmente una cosa: esperanza. «Esperanza contra toda esperanza». Les sorprende la capacidad de afrontar la distancia, la precariedad, el dolor e incluso la muerte de algún familiar lejos de casa.

Y también esa forma humilde de agradecer. A veces alguien vuelve con una bolsa de tomates que le ha regalado el dueño del invernadero y quiere compartirla con las hermanas. O simplemente aparece una sonrisa.

Ahora celebran sus bodas de plata en San Isidro. Lo harán con la comunidad cristiana, con los niños, con los laicos vinculados a la congregación, con quienes han colaborado durante estos años y también con hermanas que pasaron por aquí y regresarán para la celebración. El domingo será el día central, con la Eucaristía y un encuentro festivo y cultural.

Cuando les pregunto por los próximos 25 años, no piden grandes cosas. Quieren nuevas vocaciones y fuerzas para continuar, pero desean sobre todo que su tarea pueda ir cambiando: que llegue un día en que no sea necesario limitarse a entregar alimentos porque quienes llaman a su puerta hayan encontrado verdaderas posibilidades para construir su propia vida.

Al terminar la mañana vuelvo a aquella clase de español. A una pizarra y a dos palabras que Consuelo intentaba enseñar: llorar y reír. Una mujer que llegó sin entender nuestro idioma pudo explicar que sabía muy bien lo que era llorar. Y ahora también podía reír.

Tal vez el Evangelio suceda muchas veces así, sin demasiado ruido. Cuatro religiosas, una escuela prestada, unas bolsas de alimentos, una Eucaristía casi vacía y alguien que aprende a pronunciar una palabra nueva.

Y en medio de todo eso, Jesús sigue haciendo su pequeño milagro: que quien llegó llorando encuentre unas manos que lo acojan y, poco a poco, vuelva a tener motivos para reír.

Ramón Bogas Crespo, Delegado episcopal de Medios de comunicación

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LOS DE CLOE, por Antonio Gómez Cantero

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LOS DE CLOE, por Antonio Gómez Cantero

Ahora que es tiempo de poner en marcha los planes pastorales o las programaciones parroquiales, ahora que comienza la maquinaria comunitaria a calentar motores, me topo con el comienzo de la primera carta de Pablo a los Corintios. Estaba citada en un texto, sobre el plan pastoral, que no es un conjunto de actividades, iniciativas o propuestas de trabajo, sino una invitación a caminar juntos, a renovar nuestra vida cristiana y a seguir creciendo como Iglesia llamada a vivir la comunión, celebrar la fe, servir a los hermanos y anunciar el Evangelio.

Pero nuestra fragilidad nos hace equivocarnos y debemos revisarnos, cambiar y volver a empezar. Estar abiertos a la conversión es la consecuencia lógica de dejar que sea el Espíritu, y no cada uno de nosotros, quien dirija la historia de la Iglesia. Las cosas van bien, pero a veces los de Cloe nos avisan que algunos quieren ir por libre. Parece ser que Cloe era una afamada comerciante de Corinto, y sus empleados, algunos cristianos, viajaban de un lado para otro comerciando y llevando noticias.

En el primer capítulo de la carta, ¡escrita unos 20 años después de Pentecostés!, Pablo recrimina y corrige a aquella Iglesia naciente porque se estaba dividiendo en diversas facciones o partidos religiosos basados en las simpatías a los distintos guías. La división interna estaba produciendo sectarismos y fanatismos: ¿acaso está dividido Cristo?, gritaba Pablo.

Los estudiosos de la Biblia dicen que los que seguían a Pablo reivindicaban a su fundador local. Los de Apolo, judío de Alejandría, lo preferían porque era un orador elocuente y muy brillante, ya lo habíamos descubierto en el libro de los Hechos. Los de Pedro, porque era el apóstol original. Y los de Cristo, curiosamente, utilizaban en vano su nombre para ponerse por encima de los demás. El problema, dice Pablo, está en esos que andan diciendo… no eran todos.

Un camino en la unidad

Antes de iniciar el año pastoral, deberíamos meditar 1 Cor 1, 10-17, nos ayudaría a comprender el porqué de este esfuerzo de trazar un camino en la unidad. Vivimos en una sociedad que cambia profundamente y nos plantea preguntas nuevas. Pero también hay en ella personas que buscan sentido, verdad, esperanza y una comunidad donde sentirse acogidas.

Pablo dice que le han informado de divisiones, por eso pide, también a nosotros, que haya concordia, que desterremos cuanto signifique división y recuperemos la armonía, pensando y sintiendo lo mismo. Todo el capítulo 1 es programático y, si de algo hay que presumir, dice, que sea de lo que ha hecho el Señor. Pocas palabras son suficientes. ¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería

Publicado en la revista Vida nueva el 19/09/2026

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