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Mons. Satué: «La gracia recibida en este Jubileo nos invita a empezar de nuevo»

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La Iglesia de Málaga ha clausurado el Año Santo de la Esperanza este domingo, fiesta de la Sagrada Familia, con una Eucaristía en la Catedral, principal templo jubilar, presidida por el Obispo, D. José Antonio Satué. El prelado ha invitado a seguir viviendo la esperanza. «El jubileo no termina hoy, sino que empieza ahora. Si la gracia recibida no se traduce en gestos concretos de amor y reconciliación, se marchitará», ha dicho. «Os invito a acoger el reto de comenzar de nuevo en nuestras familias, parroquias, comunidades e Iglesia diocesana».

La Misa, concelebrada por los obispos eméritos de Málaga y Pamplona, D. Jesús Catalá y D. Francisco Pérez, así como por numerosos sacerdotes de toda la diócesis, ha contado con la participación de gran número de fieles diocesanos procedentes de parroquias de toda la provincia, comunidades cristianas, asociaciones y movimientos, también personas con discapacidad que han seguido la celebración por medio de la lengua de signos que les han acercado Isa Navarro, del área de discapacidad de la delegación de Catequesis, y Mónica Rielves, de la Acción Católica General. Todos ellos han querido cerrar en comunión un año que ha estado cargado de celebración, peregrinaciones a los templos jubilares y gestos de solidaridad con los más necesitados.

En su homilía, el Obispo, D. José Antonio Satué, ha expresado una pregunta: « ¿Qué haremos ahora con tanta gracia recibida? La respuesta que una y otra vez me ha brotado en la oración es esta: el Señor espera que nosotros volvamos a empezar.  De su mano, por supuesto». El obispo ha animado a todos a empezar de nuevo en las distintas áreas de la vida: «en nuestro corazón, en nuestras familias, parroquias y comunidades, en la Iglesia diocesana y, también, en la sociedad».

«El jubileo vivido ha fortalecido nuestra fe, ha avivado nuestra caridad, anclando nuestra vida en una esperanza que no defrauda, fortaleciendo en nosotros la humilde certeza de que Dios siga actuando, de que Dios ha vencido a la muerte y tiene una última palabra, una palabra de amor sobre nuestra existencia personal, sobre nuestras familias, sobre la Iglesia y sobre el mundo.  Empezar de nuevo», ha dicho. Y ha añadido: «Acojamos pues en este marco jubilar la llamada de la Palabra de Dios que nos anima a no abochornar y a tener indulgencia, a vestirnos de misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión, a sobrellevarnos mutuamente y perdonarnos, porque el Señor nos ha perdonado. Y por encima de todo esto, el amor».

Homilía íntegra:

En el que era también el acto central del Día de la Sagrada Familia, ha habido ocasión de hacer presente a la familia como Iglesia doméstica. Matrimonios y familias de distintas realidades diocesanas han sido las encargadas de hacer las lecturas: Emi y Eduardo, de la parroquia de María Santísima de la Amargura, acompañados por el canto de Saray, ciega, que ha cantado el salmo. Las ofrendas han sido llevadas por Sofía y Luis, acompañados de su hijo Luis, de siete años, de la parroquia de Santa María de la Victoria. Asimismo, el Obispo ha guiado la renovación de los votos de los matrimonios que han participado. En relación a ellos, D. José Antonio ha dicho en su homilía: «En esta Eucaristía queremos dar gracias por tantos matrimonios cuya mutua fidelidad, a pesar de las dificultades, refleja la fidelidad de Dios Padre con nosotros, y rezar por aquellas parejas jóvenes y por aquellas que viven momentos complicados, para que afronten este momento con esperanza». 

PEREGRINOS EN LA CLAUSURA

Entre los fieles congregados se encontraba una representación de las Mercedarias de la Caridad, como la hermana Pilar Luque, de 85 años, que ha vivido 17 años en Alameda y ahora vive en la comunidad de Málaga. Para ella, este Jubileo es una bendición. «Estoy muy feliz de poder venir. La enfermedad de los años me deja limitada, pero lo he estado viviendo todo lo que puedo, con esperanza y alegría». Para Trinidad Hervás, ha sido la ocasión propicia para ganar el Jubileo. Ella ha sido presidenta de Adoración Nocturna Femenina Española, ANFE, en Málaga y ahora vive en la residencia de la Madre Carmen, de Málaga. «He querido venir a ganar la Indulgencia porque es un signo de sentirme cristiana». Josemari es feligrés de la Amargura, es sordo-ciego y expresa que «es la segunda vez que vengo. La primera fue en peregrinación con la parroquia. Luego me confesé, recé por el Papa y ahora, como cúlmen, el broche final. Estoy aprendiendo mucho y la experiencia me ayuda. Con paciencia me voy dando cuenta de muchas cosas y las voy guardando en mi corazón. Todavía me queda mucho que aprender sobre la fe. Ahora tengo la Biblia en braille, gracias a la ONCE, y eso me ayuda a poder vivir la fe como los oyentes, ese es mi deseo, de que todos podamos tener las mismas oportunidades y vivir lo mismo». Josemari expresa que su fe se robustece así: «Confío mucho en Dios y tengo mucha esperanza». 

La colecta ha sido destinada a la labor de las Adoratrices con las víctimas de la trata, que ha sido la intención social llevada a cabo durante todo el Año Jubilar por la Iglesia española. En representación, la hermana María Mateos, superiora de la comunidad, ha explicado brevemente el trabajo que realizan. La celebración ha sido acompañada musicalmente por el Coro de la Catedral, con la intervención especial de Luis Pacetti como solista y director, y un repertorio musical propio del tiempo de Navidad.

Tras la Misa, el Obispo ha ofrecido a todos en veneración la imagen del Niño Jesús, y a continuación se ha celebrado, en la Catedral, un recital flamenco navideño a cargo de la Peña Juan Breva, con el cante de José de Chaparro, acompañado a la guitarra por Chaparro de Málaga, a modo de Jubileo Flamenco.

AÑO DE FRUTOS DE ESPERANZA

Este Año Jubilar se inauguró diocesanamente el 29 de diciembre, a las 11.30 horas, en la Catedral de Málaga, presidida por el entonces Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá. La celebración comenzó a las 10.30 horas en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, en calle Granada. Desde allí partió una procesión representativa de la diócesis hacia la Catedral. Desde entonces, se han sucedido las peregrinaciones, los actos vinculados a la esperanza, los recursos creados y compartidos… Entre ellos, la Diócesis ha compartido cada mes un vídeo y un guión de adoración para acercarse, cada mes, a un «lugar de esperanza»: la paz, la familia, los ancianos, los enfermos, los encarcelados, los jóvenes, los migrantes, los consagrados…

En la Diócesis han sido templos jubilares este año, además de la Catedral, la Casa del Sagrado Corazón (Cotolengo) y la parroquia del Sagrado Corazón de Melilla, aunque también la cárcel ha visto simbolizada esa puerta jubilar de la esperanza que el obispo abrió junto a las personas privadas de libertad el 22 de febrero en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre. En los distintos templos jubilares se han vivido durante estos meses celebraciones especiales que han nacido de los arciprestazgos, comunidades, grupos y realidades eclesiales como Cáritas, delegaciones, centros… Numerosos grupos, como los jóvenes, los misioneros, miembros de las hermandades y cofradías o alumnos de los centros teológicos, han acudido a Roma a ganar este Jubileo. Lo más destacado se ha visto reflejado en esta web y en la propia creada para este Año, jubileo.diocesismalaga.es, además del calendario con los principales eventos diocesanos.

LAS VOCES DEL JUBILEO

Guillermo Tejero, responsable de coordinar las celebraciones jubilares en la diócesis de Málaga, hace balance del año: «Hemos vivido momentos muy intensos de peregrinación, encuentros y celebraciones que han sido profundamente fructíferos. En ellos se ha percibido una auténtica esperanza y muchas ganas de encuentro, tanto con Dios como entre nosotros». Entre los frutos del Jubileo, destaca «la llamada a una renovación en la esperanza, y algo que nos ha sorprendido muy positivamente: la participación de todo el pueblo de Dios. Las peregrinaciones, tanto a la Catedral como al Cotolengo y a la iglesia del Sagrado Corazón de Melilla, han sido auténticos momentos de encuentro. Ha sido una experiencia que nos ha recordado que cada cristiano tiene una misión y una tarea, y que juntos estamos llamados a hacer crecer la esperanza».

Patricio Fuentes, director del Cotolengo, explica que este año «ha sido una explosión de esperanza para nosotros, y ha logrado también que la casa haya sido más conocida, aún si cabe, en Málaga. Y es una suerte grandísima poder, además, transmitir esperanza a las personas acogidas, y que tantas otras hayan tenido sensibilidad para celebrar este jubileo en nuestro templo, humilde pero también tan significativo y lleno de sentido. Porque son las personas más desfavorecidas, las que viven en esta casa, las más necesitadas de esperanza».

La ciudad autónoma de Melilla ha celebrado, por la distancia, su propia clausura jubilar en la iglesia del Sagrado Corazón, también este 28 de diciembre pero a las 12.00 horas. Desde allí, el vicario episcopal, Eduardo Resa, explica que «los cristianos de Melilla agradecemos que se nos concediera esta gracia particular, porque así ha habido muchísimo más acceso a ganar esas indulgencias y todo lo que conlleva este año de gracia del Señor. Desde que lo inauguramos, el día de la Sagrada Familia del año pasado, parroquias, colegios, jóvenes, mayores, grupos de religiosos y religiosas y toda la comunidad cristiana de Melilla ha atravesado una puerta simbólica de acceso al templo que preparamos». En su voz, un deseo para que lo vivido no se acabe: «Todo este año 2025 hemos dicho que somos “peregrinos de esperanza”. Ahora nos toca, especialmente a los cristianos y más en esta hermosísima ciudad de Melilla, ser sembradores de esperanza para cualquiera que se nos acerque, que nos lo pida, incluso aunque no comparta nuestro credo»

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Homilía del obispo de Málaga en la Fiesta de la Sagrada Familia y clausura del Año Jubilar

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Homilía de Mons. José Antonio Satué en la Fiesta de la Sagrada Familia celebrada en la Catedral de Málaga en la tarde del 28 de diciembre, clausura del Año Jubilar de la Esperanza.

Homilía
Fiesta de la Sagrada Familia
Clausura del Jubileo 2025 – Diócesis de Málaga

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la Sagrada Familia y, al mismo tiempo, clausuramos el Jubileo de la Esperanza en nuestra Iglesia diocesana, que peregrina en estas tierras de Málaga y Melilla. 

La mirada entrañable a la familia de Nazaret reaviva en nosotros el agradecimiento por el espléndido don de la familia, “escuela del mejor humanismo”. En esta Eucaristía, queremos dar gracias por tantos matrimonios, cuya mutua fidelidad refleja la fidelidad de Dios Padre con nosotros, y rezar por las parejas jóvenes, para que preparen con ilusión la construcción de un nuevo hogar. 

Con esta Eucaristía, acción de gracias, también clausuramos el Año Jubilar. El papa Francisco nos convocó a celebrar este Año Jubilar bajo el lema “La esperanza no defrauda” (cf. Rom 5,5). Ha sido un año de gracia, vivido en nuestras comunidades, manifestado en las peregrinaciones a los templos jubilares: nuestra Catedral, el templo del Sagrado Corazón de Melilla, y el centro benéfico del Cotolengo. 

Una invitación: «empezar de nuevo»

Al clausurar este Jubileo, no podemos limitarnos a mirar hacia atrás, sino que es necesario mirar al futuro. Nos surge una pregunta que debemos plantearnos como comunidad: ¿qué haremos ahora con tanta gracia recibida? La respuesta que una y otra vez me ha brotado en la oración es esta: el Señor espera de nosotros que volvamos a empezar. De su mano, por supuesto. Volver a empezar de la mano del Señor.

En la Biblia, el año jubilar era un tiempo santo que invitaba a comenzar de nuevo. Experimentar la indulgencia de Dios impulsaba a tratar con indulgencia a las personas y a la tierra. Por eso, se cancelaban las deudas, se liberaba a los esclavos y se devolvía la tierra. En la Sagrada Escritura, el jubileo no era solo una medida social; era una confesión de fe: los bienes e incluso la vida no nos pertenecen absolutamente, todo es don de Dios. Cuando las relaciones se rompen, el corazón se endurece, la injusticia crece y los nubarrones se espesan en el horizonte, el jubileo recordaba al pueblo que Dios siempre nos abre nuevas puertas. Nos invita a darnos nuevas oportunidades, a perdonar y a reemprender el camino.

Acojamos, en este marco jubilar, la llamada de la Palabra de Dios que nos anima a no abochornar y a tener indulgencia (primera lectura); a vestirnos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión, a sobrellevarnos mutuamente y perdonarnos. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor (segunda lectura).

Empezar de nuevo no significa olvidar nuestra historia. Todo lo contrario: queremos aprender de nuestros errores y apoyarnos en el testimonio de los santos y beatos, tanto los conocidos como los “santos de la puerta de al lado”, aquellos laicos, religiosos y pastores que han vivido entre nosotros, compartiendo su vida y su fe.

Empezar de nuevo tampoco supone renunciar a las exigencias de la verdad y la justicia; significa, sobre todo, acoger como personas y como comunidad la salvación que Dios nos ofrece; de modo que nadie quede prisionero para siempre de las estructuras de pecado, ni encadenado a sus acciones pasadas, ni sometido a viejos resentimientos, infinitamente más grandes que la ofensa de la que nacieron. Todos tenemos experiencia de que una palabra dicha en el peor momento (aunque quizá sin maldad) ha producido enfrentamientos de por vida. Es el momento de superarlos o de iniciar un camino que nos permita avanzar.

El Jubileo vivido ha fortalecido nuestra fe, ha avivado nuestra caridad, anclando nuestra vida en una “esperanza que no defrauda”, fortaleciendo en nosotros la certeza humilde de que Dios siempre sigue actuando, de que Dios ha vencido a la muerte y tiene la última palabra —una palabra de amor— sobre nuestra existencia personal, nuestra vida comunitaria y sobre el mundo. 

Empezar de nuevo. Este camino que os propongo, como el de Jesús, María y José, no estará exento de dificultades. El Evangelio nos presenta hoy a Jesús, María y José huyendo a Egipto, por la persecución del Rey Herodes contra el Niño. Tras las dificultades para encontrar posada y dar a luz, tienen que emigrar. La Sagrada Familia experimenta una y otra vez la paradoja de tener propicio a Dios y escaso el pan (y la paz). Y, sin embargo, confían. Con esta confianza y con su intercesión, acojamos la invitación a “empezar de nuevo” en nuestro corazón, en nuestras familias, parroquias y comunidades, en nuestra Iglesia diocesana, en la sociedad en la que vivimos.

«Empezar de nuevo» en nuestro corazón

Empezar de nuevo no significa cambiar de lugar o de oficio, sino cambiar el corazón. Es verdad que lo hemos intentado muchas veces y quizá, a estas alturas, aunque no lo digamos en voz alta, estamos convencidos de que no podemos cambiar, o peor, de que no tenemos arreglo.

Si volvemos a recorrer los mismos caminos de siempre (caminos de tierra y caminos del espíritu) seguramente llegaremos al mismo sitio. Pero si nos fiamos de Dios, si dedicamos tiempo al encuentro con Él, si nos dejamos llevar de su mano, aunque nos asuste lo nuevo, si nos dejamos ayudar por los hermanos, será posible recomponer vínculos, rehacer caminos, cuidar lo importante. Cuando Dios vive en nuestro corazón, hace nuevas todas las cosas.

«Empezar de nuevo» en nuestras familias, parroquias y comunidades

Nuestras familias y nuestras comunidades necesitan manifestar los frutos de este Jubileo: tiempos y espacios de gracia para sanar heridas, para pedir perdón, para propiciar encuentros, para escucharnos de nuevo sin reproches acumulados, para soñar juntos, mirando las necesidades de muchos pobres de pan y de esperanza, y afrontar la urgencia misionera a la que somos llamados. 

Nuestras parroquias, con la gracia jubilar, seguirán avanzando para ser mucho más que “un dispensario de productos religiosos”, “el territorio en el que vivo”, “la iglesia a la que voy a misa”, o “el lugar donde se reúne mi comunidad”; han de ser comunidades de comunidades vivas, corresponsables y misioneras, en las que se respire la presencia de Dios y el amor a los más pequeños y vulnerables.

«Empezar de nuevo» en la Iglesia diocesana

Este Jubileo nos llama también a empezar de nuevo como Iglesia diocesana. No como suma de grupos o sensibilidades distintas. Tampoco como familia de familias en el plano sociológico, sino como pueblo de Dios que camina unido. Y para ello necesitamos perdonarnos lo que haga falta, dejar atrás prejuicios, desconfianzas, palabras que hirieron más de lo que ayudaron. La comunión no es uniformidad, sino la decisión de querer caminar juntos, reconociéndonos hijos de un mismo Padre, que nos envía a aliviar y a sanar a sus hijos e hijas más heridos, a anunciar el Evangelio y extender su Reino de Fraternidad. Como decía el papa Francisco: «Tenemos que caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado».

Vivimos un momento, en la Iglesia y en el mundo, de repliegue hacia dentro. Estamos tan a gusto en nuestro propio grupo, en nuestra propia comunidad, que corremos el riesgo de desarrollar actitudes maniqueas (Extra communitatem meam nulla salus), de perder nuestra capacidad de ser luz del mundo y sal de la tierra. Necesitamos fomentar en todos los bautizados, dentro de nuestras parroquias y comunidades el sentido de pertenencia a la Diócesis, que camina unida en torno al Sucesor de los Apóstoles (se llame Ramón, Antonio, Jesús o José Antonio). Necesitamos cuidar y promover la espiritualidad de comunión y las estructuras sinodales que la posibiliten. Todo esto lo podemos lograr, siempre, de la mano de Dios.

«Empezar de nuevo» en nuestra sociedad

Nuestra sociedad también tiene la necesidad de nacer de nuevo. Muchas personas están hastiadas de tanta confrontación y lo manifiestan. Unámonos decididamente a esta corriente, todavía minoritaria, que subraya el respeto, la verdad, el cuidado y la fraternidad, en definitiva. No caigamos en la tentación de defendernos con las mismas artimañas con las que a veces somos atacados. Nuestra respuesta debe tener siempre la señal de Cristo, manso y humilde de corazón. Recordemos que la Iglesia es en Cristo «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1). 

Soñemos y trabajemos, junto con todas las personas de buena voluntad, por una sociedad donde nadie quede descartado, donde la dignidad de todos sea respetada, donde el cuidado de nuestra hermana y madre tierra sea una prioridad.

Conclusión

El Jubileo no termina hoy, sino que comienza ahora. Si la gracia recibida no se traduce en gestos concretos de amor y reconciliación, se marchita. Queridos hermanos y hermanas, acoged el reto de empezar de nuevo con Él, confiando en su presencia y acción en nuestras vidas cotidianas y en los grandes momentos. Que el Niño Jesús nos regale un corazón nuevo. Que María y José nos acompañen en este nuevo comienzo, en nuestras familias, parroquias, comunidades y en nuestra Iglesia diocesana. Que la gracia del Jubileo nos impulse a ser signos de esperanza para un mundo que busca reconciliación y fraternidad.

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En el día de San Esteban, los diáconos permanentes ganan el jubileo

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Este 26 de diciembre, festividad de San Esteban, los diáconos permanentes y los aspirantes al diaconado de la Diócesis han lucrado las gracias jubilares, a la vez que han celebrado a este protomártir y diácono.

La Iglesia del Sagrario acogió la celebración, presidida por el Obispo y con la presencia de los diáconos permanentes ordenados, los aspirantes y sus familias. La celebración ha estado concelebrada por el responsable para el diaconado permanente, D. José Antonio Maroto, así como por los otros sacerdotes que están al frente del equipo formativo de estos ministerios instituidos, D. Juan García Carrillo y D. Jesús Millán Cubero, que es además Vicario territorial de Jaén y Mágina. Otros sacerdotes, entre ellos, el delegado para el Clero, D. Raúl Contreras y los párrocos de los diáconos y aspirantes han querido, también acompañar en la celebración jubilosa.

Homilía

El Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, comenzaba sus palabras centrando la homilía en el gozo del Jubileo y la admisión a órdenes de uno de los aspirantes. “Dentro de este contexto jubilar, celebramos con gozo el Jubileo de los Diáconos Permanentes de nuestra diócesis, en el que tendremos también la Admisión al Diaconado de Miguel Ángel Pérez Palomino, de la parroquia La Merced de Jaén”.

Para, a continuación, animar a reavivar la alegría del servicio del altar y de los pobres: “Esta jornada os reúne —diáconos, esposas, hijos, aspirantes, formadores, párrocos y comunidades— para renovar la alegría del servicio y agradecer a Dios los dones del ministerio recibido. La palabra “jubileo” evoca la misericordia y la renovación, un volver a las fuentes, un recomenzar desde el amor primero”.

Recordando el origen del diaconado, que nace en la misma Iglesia primitiva, Don Sebastián ha afirmado, “el diaconado permanente es un ministerio que recuerda a toda la Iglesia que la esperanza cristiana tiene manos, tiene gestos concretos, tiene nombre de servicio. El ministerio diaconal nació en la Iglesia primitiva precisamente como respuesta a una necesidad concreta del pueblo de Dios: servir con generosidad, cuidar a los más vulnerables, y hacerlo en nombre y con el corazón de Cristo. Vosotros, queridos diáconos, hacéis visible esa dimensión servicial de la Iglesia, recordándonos que toda autoridad eclesial es ante todo ministerio de amor”.

En su homilía, de igual modo, el Prelado ha querido recordar a San Esteban, que los reunía: “San Esteban, protomártir, uno de los siete primeros diáconos de la Iglesia. Esteban unió inseparablemente el servicio y el testimonio: sirvió a los necesitados y proclamó con valentía la fe hasta entregar su vida. Es significativo que el primer mártir no fuera un apóstol, sino un diácono. Es la manera en que Dios nos enseña que el servicio que se entrega por amor es camino de santidad”.

Don Sebastián no ha querido pasar la oportunidad de agradecer a las familias de los diáconos a ese acompañamiento real y tangible en su ministerio.

Antes de concluir su predicación se ha dirigido al aspirante al diaconando permanente, Miguel Ángel para decirle, “hoy la Iglesia te admite al camino del diaconado permanente. No es aún la ordenación, pero sí es un momento serio y luminoso: la Iglesia te mira, discierne contigo, y te dice: ‘Sigue adelante; el Señor puede estar llamándote por este camino’.” A lo que el Obispo añadió, esto, “Significa dejarte configurar con Cristo siervo: aprender su estilo, su mansedumbre fuerte, su cercanía. Significa crecer en una espiritualidad muy real: Eucaristía, Palabra, caridad, y una obediencia que no es servilismo, sino amor a la comunión.  Significa aceptar que habrá días de consolación y días de cansancio, y que la fidelidad se decide muchas veces en lo pequeño: en la perseverancia, en el tiempo regalado, en la escucha, en la discreción. Pero el Señor vuelve a decirte: “El Espíritu hablará en ti”. Y no lo olvides: a veces, como pasó tras la muerte de Esteban, lo que parece derrota se convierte en misión: la Iglesia, empujada por la dificultad, sale y anuncia con más fuerza.

Rito de la admisión

Al finalizar la homilía, el candidato fue presentado y ante el Obispo. Así, Don Sebastián ha confirmado, ante toda la asamblea, sus informes favorables. Posteriormente, lo ha interrogado sobre su compromiso para continuar su camino vocacional hacia el diaconado permanente. Para concluir: “La Iglesia acepta con alegría tu propósito. Dios lleve a buen fin lo que él mismo ha comenzado en vosotros”.

Como en todas las celebraciones jubilares, el Santo Rostro fue llevado hasta el presbiterio del Sagrario, para con él dar la bendición. Y, en este tiempo de Navidad, el Obispo ofreció para la veneración al Niño Jesús, mientras los asistentes cantaban villancicos tradicionales.

Galería fotográfica: «Jubileo del diaconado permanente»

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La Diócesis celebra la fiesta de San Esteban Mártir, patrón del diaconado permanente

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La Diócesis celebra la fiesta de San Esteban Mártir, patrón del diaconado permanente

Ayer, la Iglesia conmemoró la festividad de San Esteban Mártir, patrón del diaconado permanente. Esta celebración se vivió con una Eucaristía en la Iglesia de San Dionisio Areopagita, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

PINCHA AQUÍ PARA ESCUCHAR LA HOMILÍA DE MONS. RICO PAVÉS

En la misa participaron los diáconos permanentes de la Diócesis, quienes junto al Obispo renovaron su compromiso con el servicio pastoral y la comunidad. La figura de San Esteban, primer mártir cristiano, es un ejemplo de entrega y testimonio en la fe, un modelo para todos aquellos que desempeñan el ministerio del diaconado permanente en la Iglesia.

Este día representa una oportunidad para valorar y reconocer la importante labor que realizan los diáconos permanentes en las parroquias, acompañando a los fieles y colaborando en las diversas actividades pastorales.

La celebración también invita a la comunidad diocesana a profundizar en el sentido del servicio cristiano, recordando que el diaconado es un ministerio de caridad, palabra y liturgia, que busca fortalecer el cuerpo de la Iglesia desde la humildad y el amor al prójimo.

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José María, Eduardo y Miguel Ángel ya son sacerdotes del presbiterio de Asidonia-Jerez

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José María, Eduardo y Miguel Ángel ya son sacerdotes del presbiterio de Asidonia-Jerez

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La Iglesia de Asidonia-Jerez ha vivido esta mañana un día de profunda alegría con la celebración de la ordenación sacerdotal de tres nuevos presbíteros: José María, Eduardo y Miguel Ángel. La Eucaristía, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo diocesano, ha tenido lugar en la Santa Iglesia Catedra, y ha contado con la presencia de numerosos fieles, familiares, sacerdotes, diáconos y religiosos que han querido acompañar a los ordenandos en este momento tan importante.

En su homilía, Monseñor José Rico Pavés ofreció una profunda reflexión enmarcada en el tiempo litúrgico de la Navidad y en la celebración de la fiesta de San Juan Evangelista. El Obispo subrayó la importancia de esta figura apostólica, el «discípulo amado», como testigo privilegiado del amor de Cristo y modelo para quienes son llamados a configurarse con Él como sacerdotes.

El prelado destacó cómo Juan, testigo de momentos claves de la vida de Jesús —la Última Cena, la cruz y el sepulcro vacío—, fue capaz de proclamar su fe no por una visión extraordinaria, sino por una experiencia interior del amor de Cristo: «Vio y creyó». Esta certeza de saberse amado es, según Monseñor Rico Pavés, el fundamento imprescindible para el ministerio sacerdotal: solo quien se sabe amado por Cristo puede convertirse en testigo de su amor en el mundo.

Dirigiéndose especialmente a los tres nuevos presbíteros —Eduardo, José María y Miguel Ángel—, les recordó que el día de la ordenación queda grabado en la memoria de todo sacerdote como un momento decisivo, en el que se pasa de la asamblea al presbiterio, para estar desde entonces junto al altar. Y les exhortó a renovar cada día la certeza de ese amor redentor recibido, alimentando su vocación desde la Eucaristía, en la que deben aprender a recostar interiormente su vida en el costado de Cristo, fuente de misericordia y consuelo.

Asimismo, les invitó a no temer la cruz, acompañados siempre de María Santísima, cuya presencia maternal es clave en la vida del sacerdote. Desde su ejemplo, deben aprender a acoger el sufrimiento con esperanza y a custodiar la presencia de Cristo en sus vidas con gestos, silencios y palabras que reflejen a Jesús, y no a sí mismos.

El Obispo también alertó sobre el grito silencioso de tantos que, como María Magdalena, expresan el dolor de no encontrar a Cristo en sus vidas: matrimonios en crisis, familias desorientadas, sacerdotes absorbidos por la actividad. Frente a ese grito, los nuevos presbíteros están llamados a ser presencia esperanzadora que lleve de nuevo a Jesús al centro de la vida de las personas.

Finalmente, Monseñor Rico Pavés insistió en que ningún sacerdote puede vivir aislado: debe permanecer unido a Pedro, a su obispo, y a toda la Iglesia, formando parte de una familia evangelizadora. Les animó a confiar más en el poder del Señor que en sus propias fuerzas, y a vivir su ministerio siempre en comunión eclesial. Les exhortó a convertirse en auténticos portadores de esperanza, especialmente en el marco del Año Jubilar que concluiremos mañana, viviendo su sacerdocio mirando a nuestra madre, María.

Por último, cabe recordar que mañana, 28 de diciembre, la Santa Iglesia Catedral acogerá a las 11:00 h la Eucaristía de clausura del Año Jubilar “Peregrinos de Esperanza”, también presidida por Monseñor José Rico Pavés. Será un momento para dar gracias por este tiempo de gracia y renovación vivido intensamente en toda la Diócesis.

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Bodas de oro y plata matrimoniales, El domingo 28 de diciembre, en la Catedral

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Bodas de oro y plata matrimoniales, El domingo 28 de diciembre, en la Catedral

 

Es la fiesta de la Sagrada Familia y la delegación de Familia y Vida ofrece esta posibilidad a los matrimonios que quieran sus bodas de oro y plata. También, a lo que quieran renovar su compromiso matrimonial. Además, se clausura el Año Jubilar de la esperanza

El domingo 28 de diciembre la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, bajo el lema “Familia, vocación de santidad”. Será un día, además, para celebrar las bodas oro o de plata de aquellos matrimonios que puedan y quieran hacerlo en la Catedral, recibiendo la bendición del Señor de manos del obispo. Será a las 12 de la mañana y ya se pueden inscribir quienes quieran celebrar sus bodas de oro y de plata. No cuesta nada

Para facilitar la organización del acto, conviene comunicar que se desea participar para celebrar bodas de oro o plata matrimoniales. Se puede comunicar en la delegación de Familia y Vida ( familiayvida@diocesisdeguadix.es ) o en el teléfono 647995512.

También, aquellas parejas que quieran renovar sus compromisos matrimoniales pueden hacerlo en esta celebración que, sobre todo, será de acción de gracias por el amor conyugal y por la familia, y de bendición. Es la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret y una jornada para celebrar la familia.

La Misa, que estará presidida por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, será también una oportunidad para celebrar el Año Jubilar de la Esperanza y ganar las gracias del Jubileo, que ya se termina. De hecho, será esta la última ocasión para vivir esta celebración de gracia, compartida con toda la Iglesia, que se ha celebrado a lo largo de todo el año 2025 y que, en la diócesis de Guadix, se clausura este domingo 28 de diciembre.

Con la bendición de los matrimonios que celebran sus bodas de oro y de plata, la delegación de Familia y Vida anima a los matrimonios, en estos tiempos tan complicados para la vida familiar y la misma estabilidad matrimonial, a dar gracias al Señor por los años vividos de compromiso conyugal, por los hijos, por el amor recibido y por el amor entregado. Y seguro que así será el próximo 28 de diciembre, en la Catedral, para las parejas que quieran compartir su alegría y la acción de gracias por su matrimonio, al tiempo que reciben la bendición del Señor.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Familia sagrada familia bodas de oro y plata 28 12 25 cartel

 

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Navidad en el Hospital Comarcal de Baza

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Navidad en el Hospital Comarcal de Baza

Creo firmemente que vivir la Navidad en un hospital es entrar en un misterio muy profundo. Mientras afuera el mundo celebra con luces, música y mesas llenas, dentro del hospital la Nochebuena es más silenciosa y el tiempo parece detenerse. Sin embargo, creo que es precisamente en este lugar donde el sentido de la Navidad se vuelve más verdadero y más cercano al Evangelio.

La Nochebuena llega sin tantas cosas. Los pasillos sustituyen a las plazas, el sonido de las máquinas y camillas acompaña los villancicos suaves, y las miradas cansadas se convierten en oración. En el hospital, la Navidad no se disfraza: se muestra tal como es, frágil y llena de esperanza, como el año jubilar que hemos vivido.

La Misa del Gallo fue celebrada, en el hospital, en este contexto, donde se vivió de una manera especial. Cada palabra habla de un Dios que no eligió la comodidad, sino la cercanía; que no huyó del dolor humano, sino que lo abrazó. El altar sencillo de la capilla recuerda que Jesús nació pobre, vulnerable, necesitado de cuidado, como tantos de los que hoy están en estas camas.

Aquí en este hospital, ya se ha convertido en tradicional la visita del Niño Jesús por los pasillos, visitando al personal sanitario y, sobre todo, a los enfermos. El Niño Jesús no teme entrar en una habitación de hospital. No se aleja del sufrimiento ni del miedo. Al contrario, parece sentirse en casa entre los enfermos, porque Él mismo quiso compartir nuestra fragilidad. En cada visita, en cada oración junto a una cama, el Niño de Belén vuelve a nacer.

Visitar a los enfermos en Nochebuena es algo muy especial: no es solo un gesto de caridad , es un acto de fe. Es reconocer que Cristo está allí, esperando ser consolado, acompañado, amado. A veces no hay palabras, pero la presencia basta. A veces no hay respuestas, pero la esperanza permanece.

En el Hospital Comarcal de Baza, la Navidad nos enseña que la alegría no siempre es ruidosa, que la paz no depende de la ausencia de problemas y que la fe se fortalece cuando se comparte. Aquí comprendemos que Dios no prometió quitarnos la cruz, sino caminar con nosotros. Y aunque el cuerpo esté enfermo, el corazón puede llenarse de luz.

Rafael Tenorio

Capellán del Hospital Comarcal de Baza

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No hay Navidad sin Dios hecho hombre, sin Cristo, sin Eucaristía: Mons. Orozco en la Misa de la Natividad del Señor

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No hay Navidad sin Dios hecho hombre, sin Cristo, sin Eucaristía: Mons. Orozco en la Misa de la Natividad del Señor

 

La Catedral de Guadix acogió, un año más, la celebración de la Natividad del Señor. Y lo hizo con solemnidad, en la Nochebuena con la Misa del Gallo y el día 25 con la Misa de la Natividad del Señor. Ambas estuvieron presididas por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, que felicitó la Navidad a los fieles que asistieron y a toda la diócesis.

En la homilía, el obispo habló de cómo la Navidad solo tiene sentido desde la fe: “No hay Navidad sin Dios hecho hombre. No hay Navidad sin fe. No hay Navidad sin Cristo. No hay Navidad sin Eucaristía”. No hay Navidad sin una existencia acogida en los brazos de ese Dios que nace para llenar de luz todas nuestras oscuridades”, dijo Mons. Orozco.

También habló de la profundidad teológica del prólogo de san Juan, que se lee en la Misa del 25 de diciembre, distinto a cómo cuentan el hecho los evangelistas san Mateo y san Lucas: el Niño pobre de Belén es el Verbo eterno por quien todo fue creado, cumplimiento de las profecías de Isaías y verdadera luz que brilla en las tinieblas, recordó el obispo.

Pero D. Francisco Jesús insistió en su homilía, sobre todo, en el “hoy” de la Navidad: lo que ocurrió hace más de dos mil años es un hoy para cada persona, como en la sinagoga de Nazaret, en la casa de Zaqueo o en la cruz con el buen ladrón. Hoy entra la salvación en nuestra vida concreta, con sus cruces y desesperanzas.

También destacó cómo la Navidad es examen de conciencia. El “vino a su casa y los suyos no lo recibieron” del Evangelio de Juan invita a abrir de par en par la puerta del corazón para vivir como hijos de Dios y anunciar que no hay nada más encarnado en la historia y en los problemas del mundo que este Dios que se hace carne para redimirlo desde dentro.

Terminó la celebración con la bendición apostólica y el beso del Niño Jesús, como se suele hacer en todas las parroquias en estos días de Navidad.

La próxima celebración importante en la Catedral será el domingo 28, cuando se celebre el Día de la Sagrada Familia y las bodas de oro y plata de aquellos matrimonios que quieran compartir su alegría ese día y recibir la bendición. También será el domingo en el que el obispo clausure, en la diócesis, el Año Jubilar de la Esperanza, que se ha vivido a lo largo de todo el 2025 en la Iglesia.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN ESTEBAN-DÍA DEL PENDÓN

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Querida comunidad, querida familia de la ciudad de Almería.

Saludo a la Sra. Alcaldesa y a toda la corporación municipal, al concejal portador del pendón y a todas las autoridades: civiles, militares, judiciales, académicas y a los cuerpos de seguridad. Saludo al Sr. Deán y al excelentísimo Cabildo de la Catedral. Felicito a la Policía Municipal que celebra su patrón.

Aún estamos con el sabor de la celebración del Nacimiento del Señor y hoy la Iglesia nos presenta el testimonio luminoso del primer mártir. Hoy, dentro del ciclo de Navidad en toda la Iglesia, celebramos a san Esteban, el primer mártir de los seguidores de Jesús: “os entregarán a los gobernantes y a los reyes por mi causa” acabamos de escuchar en el Evangelio. La liturgia parece unir el pesebre con la cruz, (también los hacen nuestros villancicos tradicionales) recordándonos que el amor que Dios nos muestra en este recién nacido de Belén es un verdadero amor que llega hasta el extremo.

San Esteban no fue apóstol, ni sacerdote del Templo. Fue un hombre “lleno de fe y del Espíritu Santo” (Hch 6,5), el primero en el número de los siete diáconos elegidos por los apóstoles para servir a los pobres, esteban se nos presenta como una persona entregada a la caridad y un testigo valiente de la verdad. Cuando su palabra y su vida incomodaron, fue acusado injustamente. Sin embargo, no respondió odiando, Esteban, como buen discípulo de Jesús: confió en el Padre y perdonó a sus perseguidores.

El Niño de Belén viene a traer una paz que pasa por la entrega, una luz que no se apaga ni siquiera en la noche del rechazo. El mártir nos recuerda que el Evangelio se anuncia con palabras, pero se confirma con la vida. También hoy, muchos cristianos son llamados a dar testimonio en medio de la incomprensión, la burla o la indiferencia.

Ahora, dos mil años después, sigue habiendo cristianos martirizados en bastantes países del mundo, aunque no sean noticia, quizás interesen más otras. Según informes recientes de Open Doors, organización cristiana internacional sin fines de lucro que apoya a los cristianos perseguidos por su fe en distintos países del mundo, miles de cristianos han sido asesinados en 2025 por motivos relacionados con su fe, especialmente en las zonas de conflicto y por parte de grupos extremistas, ya sean políticos o religiosos.

Más de 7.000 asesinatos este año solo en Nigeria a manos de militares. En el Congo en febrero de 2025, la masacre de Kasanga, dejó al menos 70 cristianos decapitados por soldados del grupo ADF, o la masacre de Komanda, en julio de 2025 que asesinó más de 50 personas, en una iglesia mientras oraban durante la noche. Sin ir más lejos, en Lyon, Francia: El 10 de septiembre de 2025, Ashur Sarnaya — un cristiano asirio — fue apuñalado hasta la muerte, cuando grababa en directo un TikTok evangelizador, un asesinato motivado por su fe cristiana y sus críticas a grupos extremistas.  Además, Syria, Sudán, China, India… En un contexto más amplio, alrededor de más de 380 millones de cristianos en todo el mundo se enfrentan a la persecución de cualquier tipo por su fe, incluyendo violencia, encarcelamientos, destrucción de iglesias, discriminación legal, y restricciones severas de la libertad religiosa.

Esteban mientras era apedreado, levantó los ojos al cielo y vio la gloria de Dios. Sus últimas palabras repiten las mismas de Cristo en la cruz: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” y “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (Hch 7,59-60). Este es la esencia del martirio cristiano: no la violencia sufrida, sino el amor ofrecido; no la derrota, sino la victoria del perdón.

Las autoridades y parte de la sociedad almeriense, desde hace 536 años, que ya es decir, el día 26 de diciembre de 1.489, conmemoramos la toma incruenta de la Ciudad de Almería por los Reyes Católicos (que aún no tenían ese título) y la restauración del cristianismo. Isabel y Fernando celebraron la Navidad en Almería, un día como hoy, y oyeron Misa en la mezquita de la Alcazaba. Cuando los Reyes, hicieron entrega solemne del Pendón de sus Armas Reales a la Ciudad, mandando que lo colocarán en la Torre más alta de la Alcazaba, “llamada de la Vela”, hicieron oficial su conquista.

Y ahora, entre nosotros ¿sería posible hacer conquistas colectivas sin ninguna violencia de cualquier tipo? Antes de ayer, el rey Felipe VI, constataba que atravesábamos una inquietante crisis de confianza y nos recordó la Transición como un ejercicio colectivo de responsabilidad.

Y ayer, el papa León XIV, en el saludo de la Navidad a todas las naciones, recordando a Gaza y Ucrania, nos decía: Habrá paz cuando nos sepamos poner en el lugar de quienes sufren cuando la fragilidad de los demás nos atraviese el corazón, cuando el dolor ajeno haga añicos nuestras sólidas certezas, entonces ya comienza la paz. Y añadió, que Europa, no pierda su espíritu comunitario y colaborador, fiel a sus raíces cristianas y a su historia solidaria y acogedora con los que están pasando necesidad.

Hermanas y hermanos, este es el camino de la paz y la concordia, es el camino de derribar las murallas que creamos, y de abrir las puertas de la ciudad: solo, si entre todos, somos responsables podremos acabar con esta crisis de confianza en la que nos hemos sumergido. Si cada uno de nosotros, a todos los niveles, en lugar de visceralidad, de palabras huecas, de diatribas y acusaciones a los demás, si en su lugar, reconociéramos, ante todo, las propias faltas y supiéramos pedir perdón a Dios y a los demás y, al mismo tiempo, nos pusiéramos en el lugar de quienes sufren, siendo más solidarios con los más débiles y oprimidos, entonces cambiaría nuestra vida y la de los demás. Ojalá se empape nuestro corazón de buenas obras. ¡Feliz día de san Esteban!

Almería, 26 de diciembre de 2025

+ Antonio, vuestro obispo

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Año nuevo: remar mar adentro con esperanza

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Con el corazón lleno de gratitud y esperanza nos situamos ante el umbral de un nuevo año. Al hacerlo, nuestra mirada se vuelve necesariamente hacia el Año Jubilar que clausuramos en nuestra Archidiócesis y en toda la Iglesia. Un año de gracia que ha sido, verdaderamente, un tiempo favorable, un don inmerecido del Señor para reavivar la fe, fortalecer la esperanza y renovar la caridad. Siguiendo la convocatoria del Papa Francisco en la Bula Spes non confundit, el pasado 29 de diciembre de 2024 abrimos solemnemente el Año Santo Jubilar con la celebración de la Eucaristía en nuestra Santa Iglesia Catedral. Desde aquel momento nos pusimos en camino como peregrinos de esperanza, acogiendo la invitación del Sucesor de Pedro a dejarnos reconciliar con Dios y a vivir con hondura el misterio de la misericordia.

El domingo 28 de diciembre celebramos la clausura diocesana del Año Jubilar con la Santa Misa en la Catedral. Una Eucaristía de acción de gracias, en la que pondremos en manos del Señor los frutos espirituales de este tiempo santo, conscientes de que todo ha sido gracia y don suyo. Durante este año jubilar, muchos fieles han recorrido con fe y devoción los templos jubilares de nuestra Archidiócesis, ganando las indulgencias y renovando su vida cristiana. En Sevilla, la Catedral, las Basílicas Menores de la Macarena, Jesús del Gran Poder, María Auxiliadora y el Cristo de la Expiración, así como la Capilla de los Marineros, han sido lugares de encuentro con la misericordia de Dios. En la provincia, los santuarios y parroquias jubilares —Setefilla en Lora del Río, Santa Cruz en Écija, Santa María Magdalena en Dos Hermanas, Consolación en Utrera y Loreto en Espartinas— han acogido a numerosos peregrinos que han buscado al Señor con corazón sincero.

Doy gracias a Dios por la disponibilidad generosa de tantos sacerdotes que, a través del sacramento de la Penitencia, han sido instrumentos de perdón y reconciliación. Mi agradecimiento se extiende igualmente a los voluntarios y colaboradores que han hecho posible la acogida ordenada y fraterna de los peregrinos. Todo ello es signo de una Iglesia viva, servidora y en salida. El Jubileo ordinario será clausurado en toda la Iglesia con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro el próximo 6 de enero de 2026, solemnidad de la Epifanía del Señor. No es casual esta coincidencia: la Epifanía nos recuerda que Cristo es la luz destinada a todos los pueblos, y que la esperanza cristiana no conoce fronteras. Que la claridad del amor de Dios llegue a todos, especialmente a quienes viven en la oscuridad del sufrimiento, la pobreza o la soledad, y que la Iglesia sea siempre testigo fiel de esta luz.

Entre los recuerdos más vivos de este año jubilar quedarán grabadas en nuestra memoria las peregrinaciones diocesanas a Roma, en las que hemos podido vivir momentos de profunda comunión eclesial junto al Papa Francisco y al Papa León XIV. Han sido experiencias de fe compartida que nos han confirmado en nuestra pertenencia a la Iglesia universal. Este tiempo de gracia nos ha permitido constatar, una vez más, que la Iglesia sigue despertando en las almas. Vienen a la memoria aquellas palabras luminosas de Romano Guardini, pronunciadas hace más de un siglo, cuando afirmaba que estaba comenzando “un proceso religioso de incalculable magnitud”. Hoy, también nosotros percibimos signos de un renovado interés por la fe cristiana, que nos anima a reavivar el espíritu apostólico y a cuidar con mayor esmero nuestra vida espiritual.

Al comenzar este nuevo año, os invito a no dejar perder los frutos del Jubileo. Alimentemos la oración, la vida sacramental y el compromiso cristiano, y compartamos con sencillez la fe con quienes se sienten alejados o buscan a Dios sin saberlo. A todos los que habéis peregrinado este año, os repito una llamada que nace del corazón: dejémonos transformar por el Espíritu para pasar de peregrinos a apóstoles. El inicio de un año nuevo es siempre ocasión de esperanza y de novedad. El Papa Francisco, comentando una reflexión de Hannah Arendt, nos recordaba que el ser humano no ha nacido para morir, sino para comenzar. Esta capacidad de comenzar de nuevo, de abrir caminos inéditos, es expresión de la fecundidad que Dios ha sembrado en nosotros.

Al inicio del tercer milenio, san Juan Pablo II nos exhortó con fuerza: Duc in altum, “rema mar adentro”. Esta llamada, recogida en mi lema episcopal, sigue siendo plenamente actual. Cristo es siempre la gran novedad, y nos impulsa a avanzar sin miedo, confiados en su palabra. La contemplación del misterio de la Epifanía reaviva en nosotros el ardor misionero para que la luz de Cristo llegue a todos los rincones de nuestra sociedad. Os animo a traducir los buenos deseos de este comienzo de año en gestos concretos: en el cuidado de la vida, en la atención a los más vulnerables, en el compromiso por la justicia y la paz. El mundo necesita testigos creíbles que recuerden que, con Cristo, siempre es posible recomenzar. Que María Santísima, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, nos enseñe a acoger la novedad de Dios con corazón humilde y confiado, y nos acompañe en este nuevo año que el Señor nos concede. Santo Año Nuevo.

✠ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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