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Restaurado el retablo de la capilla de San Miguel de la Mezquita-Catedral

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El Cabildo Catedral ha invertido 55.400 euros dentro del programa permanente de conservación del conjunto monumental

El Cabildo Catedral de Córdoba ha culminado la restauración del retablo de la capilla de San Miguel de la Mezquita-Catedral, una actuación que ha supuesto una inversión de 55.400 euros y que se enmarca dentro del programa permanente de conservación y mantenimiento del conjunto monumental.

Los trabajos han sido ejecutados por la empresa Anbar 2002 S.L., bajo la dirección de Anabel Barrena, restauradora que colabora de manera habitual con el Cabildo Catedral en proyectos de conservación patrimonial.

El retablo, fechado entre los siglos XVII y XVIII y de estilo barroco, está ubicado en la capilla de San Miguel en el lienzo norte de la Mezquita-Catedral y se compone de una estructura de madera tallada, dorada y policromada que alberga nueve pinturas al óleo sobre lienzo, organizadas en distintos niveles en torno a la imagen central del arcángel San Miguel.

La intervención ha permitido recuperar el conjunto tras detectarse diversos problemas derivados del paso del tiempo, entre ellos ataques de insectos xilófagos en la madera, pérdida de policromía, fisuras en el soporte y acumulación de suciedad y depósitos superficiales.

Los trabajos han seguido criterios de conservación internacionalmente aceptados, basados en el respeto a la obra original y en la utilización de materiales compatibles y reversibles.

En primer lugar, se ha llevado a cabo una limpieza general del retablo, eliminando polvo, suciedad acumulada y depósitos ambientales mediante procedimientos mecánicos y físico-químicos controlados. Esta fase ha permitido recuperar la lectura visual del conjunto y preparar la superficie para las siguientes intervenciones.

Posteriormente se ha desarrollado un tratamiento de desinsectación y consolidación del soporte de madera, con el objetivo de eliminar la presencia de insectos xilófagos y reforzar la estructura del retablo. Este proceso ha incluido la fijación de elementos debilitados, la readhesión de fragmentos desprendidos y el refuerzo de ensamblajes deteriorados.

La intervención ha continuado con el asentado de las capas de policromía y dorado, mediante la estabilización de las zonas que presentaban levantamientos o pérdidas de adhesión para evitar nuevos desprendimientos. De forma paralela se ha procedido a la reintegración de grietas, fisuraciones y lagunas, con el uso de estucos y materiales específicos que permitieran devolver continuidad estructural al conjunto.

Una vez estabilizado el soporte, se ha abordado la reintegración cromática y de dorados, con el desarrollo de técnicas que permiten recuperar la unidad estética de la obra sin alterar su autenticidad histórica ni ocultar las intervenciones realizadas.

La actuación también ha incluido la intervención sobre los nueve lienzos que integran el retablo. En ellos se han realizado procesos de limpieza, estabilización del soporte textil, fijación de la película pictórica y reintegración cromática, además del tratamiento de deformaciones y pérdidas de tensión en las telas.

Tras la finalización de los trabajos, el conjunto ha sido protegido con capas de barniz final y un sistema de montaje adecuado para garantizar su correcta conservación a largo plazo.

La recuperación del retablo de la capilla de San Miguel se integra dentro del esfuerzo continuo del Cabildo Catedral por conservar y mantener el patrimonio artístico de la Mezquita-Catedral, un monumento cuya historia y riqueza artística se han configurado a lo largo de siglos.

Con esta intervención, el Cabildo reafirma su compromiso con la protección y puesta en valor de este legado histórico, asegurando su conservación y transmisión a las generaciones futuras y su pervivencia en el tiempo en las mejores condiciones posibles. El retablo restaurado ya se encuentra a disposición de los visitantes para que puedan disfrutar de su contemplación tras el tiempo en el que ha permanecido oculto por los trabajos de restauración.






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La sede episcopal acoge la celebración de San José con la participación de la curia y trabajadores del Obispado

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El administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, presidió este pasado 19 de marzo la celebración de la Solemnidad de San José junto a los miembros de la curia diocesana, sacerdotes y el personal laboral del Obispado.

El acto tuvo lugar en la capilla Nuestra Señora del Carmen de la sede episcopal, donde se celebró la Eucaristía en un ambiente de recogimiento y fraternidad. Durante la ceremonia, Mons. Valdivia expresó su especial ilusión y alegría al presidir por primera vez una celebración en esta capilla  “tan bonita”.

En su homilía, el administrador apostólico centró su reflexión en la figura de San José, destacando su ejemplo como modelo de servicio silencioso y fiel. En este sentido, estableció un paralelismo entre el santo y la labor que desempeñan diariamente los miembros de la curia y los trabajadores del Obispado. Subrayó que su misión consiste en ser reflejo de la Iglesia diocesana ante los fieles, a través de un servicio basado en la humildad, la disponibilidad y la generosidad.

Asimismo, Mons. Valdivia quiso poner en valor el trabajo de todos ellos, señalando que su dedicación sostiene tanto la vida de la diócesis como la tarea pastoral del obispo, quien —afirmó— deposita en ellos plena confianza.

La jornada concluyó con un momento de convivencia fraterna en el patio de la sede episcopal, donde los asistentes compartieron un ágape en un ambiente distendido, reforzando así los lazos de comunión entre quienes forman parte de la vida diocesana.

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PREPARADOS, LISTOS… ¡BREAKOUT!

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El Centro del Profesorado de Almería (CEP), en colaboración con el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Almería (ISCR), ha celebrado durante el mes de marzo un curso formativo dirigido al profesorado de Religión, en el que han participado 30 docentes.

Bajo el título “Herramientas interactivas para la elaboración de breakout en el área de Religión”, esta propuesta ha permitido a los asistentes conocer y aplicar metodologías activas tanto en Educación Primaria como en Secundaria.

El curso, presentado por Jesús Ginés García Aiz, asesor de Religión del CEP y director del ISCR, ha sido impartido por Carlos Valle Plaza, profesor de Religión en el IES Pedro Jiménez Montoya de Baza, con amplia experiencia en formación docente.

De carácter eminentemente práctico, la formación ha permitido a los participantes vivir en primera persona la experiencia del breakout educativo, basado en retos y dinámicas que fomentan la motivación, la creatividad y el trabajo en equipo. Asimismo, han aprendido a diseñar sus propios recursos para aplicarlos en el aula.

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Merece la pena ser cura hoy

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Queridos seminaristas, jóvenes que os estáis planteando entrar en el Seminario, sacerdotes y familias:

Sí, también en este momento concreto de la historia, merece la pena ser sacerdote. Tal vez no sea tan sencillo como en otros tiempos, pero sin duda es apasionante. Así lo he experimentado a lo largo de más de treinta años de ministerio.

Los sacerdotes somos testigos privilegiados del paso de Dios por la vida de las personas, cuando nos acercamos a ellas con delicadeza y disponibilidad para acompañarlas y escucharlas. Entonces, descubrimos en sus corazones el poder salvador de los sacramentos que presidimos; y reconocemos, con asombro, cómo Dios se sirve de nuestras pobres palabras y de nuestra frágil humanidad para iluminar y fortalecer a muchos hijos suyos. Por eso, nuestra mayor alegría no es tanto que nos quieran cuanto que nuestros feligreses se encuentren con Dios y se dejen transformar por Él.

Además, nuestro trabajo es valorado por una multitud de personas que trabajan generosamente en nuestras parroquias, en todo tipo de celebraciones, actividades formativas, caritativas y solidarias. Son mujeres y hombres, niños, jóvenes y mayores que agradecen lo que hacemos y lo que representamos, incluso con nuestras limitaciones. Nos quieren, nos perdonan y nos sostienen, a poco que seamos humildes, cercanos, sinceros y entregados a la misión recibida.

Es cierto que hoy el sacerdote ya no recibe los honores ni los privilegios de antaño. Pero lejos de ser un inconveniente, esta circunstancia es una oportunidad. Cuanto menos reconocimiento externo tenemos, más libres somos para vivir con autenticidad nuestra fe y nuestra vocación; más fácilmente podremos configurarnos con Cristo Siervo y Pastor, que da la vida por su rebaño. Nuestro mayor privilegio es acercarnos a los privilegiados del Señor: los que tienen hambre de pan y de esperanza; los enfermos, los jóvenes y las familias que necesitan nuestro tiempo y dedicación para sentirse acompañados en sus crisis, búsquedas y proyectos.

Incluso en esta Iglesia herida por el terrible escándalo de los abusos, merece la pena ser sacerdote. Unos pocos han causado un sufrimiento inmenso a las víctimas. Ahora es el momento de que todos ofrezcamos lo mejor de nosotros para que las heridas puedan cicatrizar, para desterrar de la Iglesia relaciones de dependencia enfermizas que nos dañan a todos, y para promover vínculos verdaderamente fraternos, como Dios quiere para sus hijos e hijas.

El Señor sigue llamando a ser buenos pastores como Él y con Él. Es un regalo precioso estar con Él y compartir su misión con confianza y generosidad. A su lado, hasta cuando la cruz se hace más pesada, crece una alegría profunda en nuestro corazón que nadie puede arrebatarnos. Además, Él nos promete el ciento por uno y la vida eterna.

Oremos con san Manuel González para que el Señor nos dé –y haga de todos los sacerdotes– «buenos pastores, dispuestos a dar la vida por las ovejas».

Recibid un saludo muy cordial en el Señor

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

Carta Pastoral en el Día del Seminario

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«Deja tus Redes y Sígueme»

Día del Seminario 2026

 La campaña del Seminario es un momento de gracia para renovar nuestra fe en la acción del Espíritu Santo, que continúa suscitando vocaciones al ministerio ordenado en medio de su pueblo. El lema, “Deja tus redes y sígueme”, nos recuerda que el Señor sigue pasando por nuestras vidas, por nuestras parroquias y comunidades, por nuestras familias, por los grupos de catequesis y entre los jóvenes. Sigue llamándonos al corazón por nuestro nombre, invitándonos a dejar las redes, nuestras seguridades y comodidades personales, para abrazar una vida entregada al servicio del Reino. Esta llamada es actual, concreta y exigente.

La primera y más importante tarea vocacional es la oración. La pastoral vocacional comienza de rodillas. La vocación sacerdotal es un don que nace del corazón de Dios; y es acogida, sostenida y fecundada en un clima de oración perseverante y confiada. Allí donde una comunidad ora, el terreno se vuelve fértil. Allí donde se suplica con fe, el Señor concede el don de nuevas vocaciones. La oración educa el corazón de la Iglesia para reconocer la voz del Buen Pastor y preparar el camino a quienes están llamados a configurarse con Él. Jesús mismo nos lo recordó con claridad: «Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,38). Invito a todas las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y asociaciones a intensificar la oración por las vocaciones sacerdotales y por nuestro Seminario, acompañando a quienes escucharán o han escuchado su voz. Que no falte en nuestras Eucaristías una intención explícita por quienes el Señor llama. Que se promuevan momentos de adoración eucarística, rosarios, vigilias vocacionales y espacios de silencio ante el Señor.

El lema «Deja tu red y sígueme» nos recuerda que la llamada de Jesús es personal, pero se sirve de mediaciones humanas. Alguien anuncia, alguien propone, alguien acompaña. La promoción vocacional no puede reducirse al Seminario ni a un momento puntual del año. Es una dimensión esencial de la vida eclesial y diocesana.

El lema de este año interpela de manera especial a los jóvenes que puedan sentir la llamada del Señor. “Dejar las redes” significa revisar nuestras prioridades, renovar nuestra disponibilidad y fortalecer nuestra confianza en Dios. A los jóvenes os digo que no tengáis miedo de escuchar la voz de Cristo. Si Él llama, da también la gracia para responder. Seguirle es el camino de la verdadera libertad, de la alegría y felicidad plena.

Queridos sacerdotes, vuestra fidelidad diaria en la celebración de la Eucaristía, vuestra oración silenciosa ante el Sagrario y el testimonio de vida entregada son ya una siembra vocacional. Cuando un joven contempla a un sacerdote que ora, que celebra con recogimiento y que vive con coherencia, descubre que el sacerdocio no es simplemente una función, sino una forma de vida feliz profundamente unida a Cristo. Cuidemos la predicación que puede suscitar inquietudes profundas. Del mismo modo, la catequesis, los encuentros con jóvenes, la dirección espiritual y las actividades pastorales son ocasiones privilegiadas para sembrar la semilla vocacional. Os agradezco, queridos sacerdotes, la acogida que brindáis a los seminaristas y al rector del Seminario cuando visitan vuestras parroquias. Son momentos de encuentro que fortalecen la comunión diocesana y permiten que los fieles conozcan de cerca la realidad del Seminario. Este proceso requiere el compromiso de la Diócesis. Cuando un seminarista realiza experiencias pastorales en una parroquia, necesita encontrar comunidades acogedoras, sacerdotes disponibles y fieles que comprendan la importancia de su camino formativo. El acompañamiento no es solo tarea de los formadores del Seminario; es responsabilidad de todo el presbiterio y de toda la Iglesia particular. Es importante que en nuestras parroquias existan grupos de monaguillos, espacios de servicio en la liturgia y propuestas formativas que ayuden a los adolescentes y jóvenes a descubrir la centralidad de la Eucaristía y el sentido del ministerio ordenado. Allí donde se ama la liturgia y se cuida la celebración, donde se vive la caridad, el Señor encuentra terreno propicio para llamar.

A las familias cristianas les pido que acompañen con fe y apertura la posible vocación de sus hijos. El sacerdocio no empobrece a la familia; la enriquece espiritualmente y la convierte en instrumento de bendición para muchos. Asimismo, a los profesores católicos los animo en esta tarea. Promover las vocaciones significa hablar con esperanza del sacerdocio, mostrar su belleza, dar testimonio de su fecundidad apostólica y ofrecer a los jóvenes experiencias significativas de fe y servicio.

Demos gracias por nuestro Seminario de San Torcuato, por el seminario en familia, por el rector y el equipo formativo, por el equipo diocesano de pastoral vocacional, por nuestros seminaristas. El Seminario es el ámbito propio donde la Iglesia acoge y forma a quienes sienten la llamada al sacerdocio. Allí se cuida su crecimiento humano, espiritual, intelectual, comunitario y pastoral. Esta formación integral es esencial para tener sacerdotes santos y bien preparados.

Junto a la oración y al compromiso pastoral, es necesaria también la colaboración económica para sostener y colaborar en la formación integral de los seminaristas, que implica recursos materiales: mantenimiento de las instalaciones, formación académica, acompañamiento espiritual, atención pastoral y tantas otras necesidades cotidianas. Nuestra Diócesis realiza un esfuerzo considerable para garantizar una formación de calidad, pero necesita la colaboración generosa de todos.

Invito a promover con responsabilidad la colecta de la Campaña del Seminario, explicando a los fieles el sentido y la importancia de su aportación. Cada ayuda económica, por pequeña que sea, es una participación concreta en la misión de formar a los futuros sacerdotes. Sostener el Seminario es invertir en el futuro espiritual de nuestra Iglesia diocesana. Es contribuir a que mañana haya sacerdotes que celebren la Eucaristía, anuncien la Palabra, acompañen a las familias, consuelen a los enfermos y guíen a nuestras comunidades con fidelidad y entrega.

Que esta Campaña del Seminario 2026 renueve en toda nuestra Diócesis y en todos nosotros, el compromiso por la oración, la promoción vocacional, el acompañamiento cercano y la colaboración generosa. El Señor sigue llamando. Nuestra tarea es preparar el terreno, sostener la respuesta y confiar en que su gracia no falta nunca. Ponemos estos deseos en manos de San José, patrón de los seminaristas, custodio y primer formador de Jesús. A la Virgen María, Madre de las vocaciones, le pedimos que no nos falten sacerdotes. Y a San Torcuato, patrón de la Diócesis, le pedimos la respuesta generosa de nuestros jóvenes.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Carta Pastoral en el Día del Seminario

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«Deja tus Redes y Sígueme»

Día del Seminario 2026

 La campaña del Seminario es un momento de gracia para renovar nuestra fe en la acción del Espíritu Santo, que continúa suscitando vocaciones al ministerio ordenado en medio de su pueblo. El lema, “Deja tus redes y sígueme”, nos recuerda que el Señor sigue pasando por nuestras vidas, por nuestras parroquias y comunidades, por nuestras familias, por los grupos de catequesis y entre los jóvenes. Sigue llamándonos al corazón por nuestro nombre, invitándonos a dejar las redes, nuestras seguridades y comodidades personales, para abrazar una vida entregada al servicio del Reino. Esta llamada es actual, concreta y exigente.

La primera y más importante tarea vocacional es la oración. La pastoral vocacional comienza de rodillas. La vocación sacerdotal es un don que nace del corazón de Dios; y es acogida, sostenida y fecundada en un clima de oración perseverante y confiada. Allí donde una comunidad ora, el terreno se vuelve fértil. Allí donde se suplica con fe, el Señor concede el don de nuevas vocaciones. La oración educa el corazón de la Iglesia para reconocer la voz del Buen Pastor y preparar el camino a quienes están llamados a configurarse con Él. Jesús mismo nos lo recordó con claridad: «Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,38). Invito a todas las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y asociaciones a intensificar la oración por las vocaciones sacerdotales y por nuestro Seminario, acompañando a quienes escucharán o han escuchado su voz. Que no falte en nuestras Eucaristías una intención explícita por quienes el Señor llama. Que se promuevan momentos de adoración eucarística, rosarios, vigilias vocacionales y espacios de silencio ante el Señor.

El lema «Deja tu red y sígueme» nos recuerda que la llamada de Jesús es personal, pero se sirve de mediaciones humanas. Alguien anuncia, alguien propone, alguien acompaña. La promoción vocacional no puede reducirse al Seminario ni a un momento puntual del año. Es una dimensión esencial de la vida eclesial y diocesana.

El lema de este año interpela de manera especial a los jóvenes que puedan sentir la llamada del Señor. “Dejar las redes” significa revisar nuestras prioridades, renovar nuestra disponibilidad y fortalecer nuestra confianza en Dios. A los jóvenes os digo que no tengáis miedo de escuchar la voz de Cristo. Si Él llama, da también la gracia para responder. Seguirle es el camino de la verdadera libertad, de la alegría y felicidad plena.

Queridos sacerdotes, vuestra fidelidad diaria en la celebración de la Eucaristía, vuestra oración silenciosa ante el Sagrario y el testimonio de vida entregada son ya una siembra vocacional. Cuando un joven contempla a un sacerdote que ora, que celebra con recogimiento y que vive con coherencia, descubre que el sacerdocio no es simplemente una función, sino una forma de vida feliz profundamente unida a Cristo. Cuidemos la predicación que puede suscitar inquietudes profundas. Del mismo modo, la catequesis, los encuentros con jóvenes, la dirección espiritual y las actividades pastorales son ocasiones privilegiadas para sembrar la semilla vocacional. Os agradezco, queridos sacerdotes, la acogida que brindáis a los seminaristas y al rector del Seminario cuando visitan vuestras parroquias. Son momentos de encuentro que fortalecen la comunión diocesana y permiten que los fieles conozcan de cerca la realidad del Seminario. Este proceso requiere el compromiso de la Diócesis. Cuando un seminarista realiza experiencias pastorales en una parroquia, necesita encontrar comunidades acogedoras, sacerdotes disponibles y fieles que comprendan la importancia de su camino formativo. El acompañamiento no es solo tarea de los formadores del Seminario; es responsabilidad de todo el presbiterio y de toda la Iglesia particular. Es importante que en nuestras parroquias existan grupos de monaguillos, espacios de servicio en la liturgia y propuestas formativas que ayuden a los adolescentes y jóvenes a descubrir la centralidad de la Eucaristía y el sentido del ministerio ordenado. Allí donde se ama la liturgia y se cuida la celebración, donde se vive la caridad, el Señor encuentra terreno propicio para llamar.

A las familias cristianas les pido que acompañen con fe y apertura la posible vocación de sus hijos. El sacerdocio no empobrece a la familia; la enriquece espiritualmente y la convierte en instrumento de bendición para muchos. Asimismo, a los profesores católicos los animo en esta tarea. Promover las vocaciones significa hablar con esperanza del sacerdocio, mostrar su belleza, dar testimonio de su fecundidad apostólica y ofrecer a los jóvenes experiencias significativas de fe y servicio.

Demos gracias por nuestro Seminario de San Torcuato, por el seminario en familia, por el rector y el equipo formativo, por el equipo diocesano de pastoral vocacional, por nuestros seminaristas. El Seminario es el ámbito propio donde la Iglesia acoge y forma a quienes sienten la llamada al sacerdocio. Allí se cuida su crecimiento humano, espiritual, intelectual, comunitario y pastoral. Esta formación integral es esencial para tener sacerdotes santos y bien preparados.

Junto a la oración y al compromiso pastoral, es necesaria también la colaboración económica para sostener y colaborar en la formación integral de los seminaristas, que implica recursos materiales: mantenimiento de las instalaciones, formación académica, acompañamiento espiritual, atención pastoral y tantas otras necesidades cotidianas. Nuestra Diócesis realiza un esfuerzo considerable para garantizar una formación de calidad, pero necesita la colaboración generosa de todos.

Invito a promover con responsabilidad la colecta de la Campaña del Seminario, explicando a los fieles el sentido y la importancia de su aportación. Cada ayuda económica, por pequeña que sea, es una participación concreta en la misión de formar a los futuros sacerdotes. Sostener el Seminario es invertir en el futuro espiritual de nuestra Iglesia diocesana. Es contribuir a que mañana haya sacerdotes que celebren la Eucaristía, anuncien la Palabra, acompañen a las familias, consuelen a los enfermos y guíen a nuestras comunidades con fidelidad y entrega.

Que esta Campaña del Seminario 2026 renueve en toda nuestra Diócesis y en todos nosotros, el compromiso por la oración, la promoción vocacional, el acompañamiento cercano y la colaboración generosa. El Señor sigue llamando. Nuestra tarea es preparar el terreno, sostener la respuesta y confiar en que su gracia no falta nunca. Ponemos estos deseos en manos de San José, patrón de los seminaristas, custodio y primer formador de Jesús. A la Virgen María, Madre de las vocaciones, le pedimos que no nos falten sacerdotes. Y a San Torcuato, patrón de la Diócesis, le pedimos la respuesta generosa de nuestros jóvenes.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Carta pastoral por el Día del Seminario 2026

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<<DEJA TUS REDES Y SÍGUEME>>

Día del Seminario 2026

Un día, Jesús de Nazaret pidió a un grupo de pescadores en el lago de Galilea que dejaran las redes y lo siguieran. Y así lo hicieron. Su gesto estuvo lleno de valentía y desprendimiento. Desarrollaban un trabajo duro, pero les ofrecía lo suficiente para vivir. Tenían también una familia que los arropaba y les daba cariño y unos amigos que les hacían más llevadero los momentos grises y rutinarios. Dejar las redes, pues, suponía para ellos un gesto de confianza en la persona que les hacía la propuesta. Llevaba consigo también obedecer a alguien del que, más que certezas, albergaban suposiciones, más que seguridades, sospechaban riesgos.

En el entorno de la solemnidad de s. José, el próximo domingo día 22, la Iglesia celebra el Día del Seminario. En esta ocasión, lo hace bajo el lema <<Deja tus redes y sígueme>> inspirado en el texto de Lucas: “Y dejándolo todo, lo siguieron” (Lc 5, 11). Al igual que los primeros discípulos, también José es para nosotros modelo de confianza y obediencia a la voz de Dios. Cuando dijo sí a la propuesta divina de hacer las veces de padre de Jesús, hubo de renunciar a su propio proyecto de vida, hubo de abandonarse en las manos de Dios y responsabilizarse de dos vidas necesitadas de una atención especial, dos vidas que tampoco eran suyas y que debían ser cuidadas con ternura y dedicación.

<<Deja tus redes y sígueme>>. Con estas palabras, el Señor se sigue dirigiendo hoy a muchos llamados, especialmente a los jóvenes. La llamada es contundente y exige un giro radical a la propia vida. En primer lugar, requiere un discernimiento capaz de diferenciarla de tantos reclamos como se presentan hoy y que, lamentablemente, son sucedáneos de plenitud y de felicidad. Requiere también confianza en el Señor, una confianza que nace de la experiencia de su amor incondicional. Supone renuncia a los propios proyectos para adoptar los de Jesucristo, así como dejar a un lado la satisfacción inmediata para volcarse en hacer felices a los demás.

Si para los discípulos de primera hora la respuesta supuso dejar las redes de hilo con que capturaban peces en el lago, para los de hoy supondrá dejar otro tipo de redes, todo aquello que los ata y esclaviza: la autosuficiencia, la avaricia, el hedonismo, la superficialidad… Es lo que han hecho muchos jóvenes valientes como aquél cuyos padres tenían un buen negocio y deseaban que fuera continuado por su hijo, aquél cuya mayor motivación estaba asociada al disfrute del “finde”, aquel que se había montado un mundo virtual y navegaba por las redes digitales sin pisar tierra…

Fueron valientes y generosos, descubrieron la voz de Dios, se fueron con Él para conocerlo, le siguieron y siguen a su lado. Son los sacerdotes que han descubierto que, como dice el texto bíblico, “hay más dicha en dar que en recibir” (Act 20, 35). Los encontramos en las parroquias, en fundaciones benéficas, en residencias de mayores y discapacitados, en colegios, en hospitales… Allí están día a día dándolo todo por servir la Palabra de Dios, celebrar los misterios de la salvación, reunir a la comunidad y cuidar de los enfermos y de los pobres. Y, haciéndolo, son felices.

Nuestra Diócesis ha sido y sigue siendo bendecida con muchas vocaciones sacerdotales. Aun así, tiene razón el Señor cuando afirma: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 37-38). Junto a la oración, queridos diocesanos, os invito a seguir creando las condiciones necesarias para que resuene la llamada divina y sea acogida por corazones confiados, dóciles y valientes. Seguid cuidando la iniciación cristiana, la pastoral familiar y juvenil. Y no dejéis de sentir un sano orgullo de alimentar el Seminario con nuevos candidatos. Que el Señor nos siga bendiciendo. Se lo pedimos por medio de nuestro patrono s. José.

 

+ Jesús, Obispo de Córdoba

«Deja tus redes y sígueme»

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Queridos hermanos y hermanas:

Con alegría y esperanza, volvemos a celebrar un año más el Día del Seminario, ocasión privilegiada para tomar conciencia del don que Dios sigue haciendo a su Iglesia al suscitar vocaciones al sacerdocio. Este año, la campaña del Seminario tiene como lema Deja tus redes y sígueme. Se hace eco de la llamada que Jesús dirige a los primeros discípulos a orillas del lago de Genesaret (cf. Mt 4,19).

Aquellas palabras que el Señor dirigió a Pedro, Andrés, Santiago y Juan no pertenecen solo al pasado. Siguen resonando hoy con la misma fuerza. Jesús resucitado continúa pasando por nuestras orillas cotidianas para entrar e n nuestras vidas concretas y llamarnos por nuestro nombre. Sigue invitándonos a dejar nuestras seguridades, proyectos propios y «redes» que a veces nos atan para seguirle con libertad y confianza.

El Seminario es el lugar donde esta llamada se discierne y se cultiva. Es el corazón de la diócesis, lugar donde se forman los futuros pastores según el Corazón de Cristo. Por ello, el Día del Seminario no es solo una jornada dedicada a quienes están en proceso de formación, sino una invitación a toda la comunidad diocesana a sentirse responsable de las vocaciones.

Necesitamos sacerdotes, hombres de Dios, maestros de oración, pastores capaces de guiar, escuchar, acompañar y de anunciar el Evangelio con alegría. Necesitamos sacerdotes que celebren los sacramentos, acontecimientos salvíficos en los que somos alcanzados por Cristo vivo y resucitado. Necesitamos sacerdotes porque «el sacerdocio, junto con la Palabra de Dios y los signos sacramentales, a cuyo servicio está, pertenece a los elementos constitutivos de la Iglesia» (cf. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 16).

La escasez general de vocaciones no ha llevarnos al desaliento. Debe llevarnos a intensificar nuestra oración y nuestro compromiso en favor de las vocaciones sacerdotales. Esta situación encierra una apremiante llamada a la conversión, a «dejar las redes» que nos impiden seguir al señor para ponerlo a Él en el centro de nuestras vidas. Y «exige que todos revisemos la capacidad generativa de las prácticas pastorales de la Iglesia […] tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos pastorales, en particular en los juveniles y familiares» (León XVI, Una fidelidad que genera futuro, 28).

A vosotros, jóvenes, quisiera dirigiros una palabra especial. No tengáis miedo de escuchar la voz del Señor. No tengáis miedo de plantearos seriamente si Él os está llamando al sacerdocio. Seguir a Cristo no empobrece, sino que enriquece la vida, la llena de sentido y de una alegría profunda que nada ni nadie puede dar. Si percibís la llamada del Señor en vuestro corazón, poneos a la escucha sincera de su voz. Rezad, preguntad buscad acompañamiento. El Señor os dará su gracia para todo ello.

Y a todos los fieles de la diócesis os invito a sostener el Seminario con vuestra oración y vuestra colaboración. Rezad por nuestros quince seminaristas, por sus formadores y por las vocaciones sacerdotales. En la medida de las posibilidades de cada uno, sed generosos con la ayuda material, necesaria también para que el Seminario pueda cumplir su misión.

Que la Virgen Inmaculada y san José, patronos de nuestro Seminario Diocesano, acompañen el camino de nuestros seminaristas y e intercedan ante el Señor para que nos envíe santas y numerosas vocaciones a la vida sacerdotal.

Con mi afecto y bendición.

+ Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva

La Casa de la Iglesia celebra la Solemnidad de San José

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La Casa de la Iglesia celebra la Solemnidad de San José

La Casa de la Iglesia de Asidonia-Jerez ha celebrado la Solemnidad de San José, patrón de la Iglesia universal, en una jornada marcada por la fraternidad y la acción de gracias, que ha reunido a quienes desarrollan su servicio en el Obispado.

Esta celebración tiene también un carácter especial al coincidir con la onomástica de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien ha compartido este momento con todos los presentes.

El encuentro comenzó en el Salón Magno, donde el Vicario General, D. Roberto Romero, dirigió unas palabras de felicitación al Sr. Obispo en nombre de toda la Casa, expresando el afecto y cercanía de quienes forman parte de la curia diocesana.

A continuación, Mons. Rico Pavés tomó la palabra para invitar a los presentes a fijar la mirada en San José, destacando su ejemplo de fidelidad y confianza en Dios. El prelado subrayó cómo el santo patriarca, descansando en el Señor y siguiendo su voluntad, supo cumplir con entrega la misión que le fue confiada.

La jornada concluyó con un pequeño aperitivo compartido, que permitió a todos los asistentes vivir un tiempo de convivencia y celebración en un ambiente de cercanía, en torno a esta solemnidad tan significativa para la Iglesia y para la vida diocesana.

La entrada La Casa de la Iglesia celebra la Solemnidad de San José se publicó primero en Diócesis Asidonia – Jerez.

Ver este artículo en la web de la diócesis

21 seminaristas celebran al Redemptoris Custos en su solemnidad

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18 jiennenses y 4 tanzanos, un día dejaron sus redes, esto es, su formación como filósofo, o como abogado, o químico, o historiador del Arte… , y decidieron seguir las huellas de Jesucristo. Son los hombres que se forman como futuros sacerdotes en el Seminario diocesano de Jaén y que hoy están celebrando a su patrón, San José.

El Obispo de la Diócesis, Monseñor Chico Martínez, ha querido conmemorar, en la Capilla mayor del Seminario y junto a los seminaristas, formadores y profesores, este día de solemnidad para la Iglesia, que recuerda la figura de San José, “el hombre del silencio”, como padre en la tierra de Jesús. Este año han querido sumarse a la celebración los sacerdotes que desarrollan su labor pastoral en Linares, ya que ha sido en ese Arciprestazgo donde han dado su testimonio vocacional los seminaristas a lo largo de la semana.

En su homilía, Don Sebastián ha comenzado recordando que “No puede haber un lugar más adecuado para mirar su figura que esta capilla mayor de nuestro Seminario Diocesano. Porque San José habla al corazón de un seminario: habla de vocación, de obediencia, de vida interior, de servicio callado, de paternidad espiritual, de trabajo humilde y de amor fiel a Cristo”.

Después se ha centrado en la figura de José para recordar su presencia en los textos evangélicos que es inversamente proporcional a la influencia en la vida de Jesús: “Como bien sabéis, San José no ocupa mucho espacio en el Evangelio, pero ocupa un lugar inmenso en el plan de Dios. No pronuncia palabras, pero toda su vida habla. No busca protagonismo, pero fue decisivo en la historia de la salvación. Fue el hombre elegido para custodiar a Jesús y acompañar a María en el misterio de la Encarnación”. A la vez que ha expresado que San José debe ser, en su camino vocacional inspiración y modelo: “José no está para hacerse dueño del plan de Dios, sino para servirlo. Y ahí hay una enseñanza grande para todos nosotros. También la vocación sacerdotal no consiste en ponerse uno en el centro, sino en dejar que Cristo lo esté. No consiste en construir una obra propia, sino en servir la obra del Señor”. Para añadir, “Eso vale para todos, pero de modo especial para vosotros, seminaristas. La vocación no es una carrera personal ni un proyecto de autorrealización. Es una llamada que se recibe con humildad, con gratitud y con disponibilidad”.

En sus palabras, además de dirigirse a los seminaristas, el Prelado jiennense se ha querido dirigir a los formadores y al resto de los sacerdotes con estas palabras: “Queridos seminaristas: pensad en San José. Dejaos interpelar por él. Preguntaos si vuestra respuesta al Señor es verdadera, si vuestra vida interior crece, si estáis aprendiendo a obedecer, a servir, a renunciar, a vivir con humildad y a amar a Cristo por encima de todo”. Y ha seguido, “Queridos formadores: seguid acompañando con paciencia y con esperanza. Sois servidores de una obra que no es vuestra, pero que el Señor os confía. Qué importante es formar con verdad, con caridad y con mirada sobrenatural”, para concluir dirigiéndose a los presbíteros congregados: Queridos sacerdotes: no dejemos de sembrar vocaciones. No dejemos de proponer con claridad la belleza del sacerdocio. Los jóvenes necesitan encontrar pastores que crean de verdad en la llamada del Señor y que sepan invitar sin miedo”.

Al finalizar la Eucaristía, seminaristas, formadores, profesores y el Obispo han compartido el almuerzo en las instalaciones de la Casa de la Iglesia.

Galería fotográfica: “Solemnidad de San José en el Seminario Diocesano”

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