V Centenario de la boda de Carlos I e Isabel de Portugal
El 11 de marzo de 1526 tuvo lugar en el Alcázar de Sevilla la boda del emperador Carlos I de España y V de Alemania con Isabel de Portugal, cumpliéndose por tanto 500 años de este acontecimiento histórico. La comitiva pasó por la Catedral, donde se conserva esta valiosa capa pluvial, que fue usada en la coronación del emperador.
La coronación del emperador Carlos V tuvo lugar en Aquisgrán el día 23 de octubre de 1520, usándose en dicha ceremonia esta capa pluvial que llegó a Sevilla seis años más tarde con motivo de su boda con Isabel de Portugal y, según la tradición, fue regalada por el emperador a la Orden de Santiago, conservándose en la Iglesia de Santiago de nuestra ciudad, donde permaneció hasta su restauración en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico entre los años 2004 y 2008, tras la cual fue trasladada a la Catedral hispalense.
Fue realizada en talleres flamencos en torno a 1508, ya que esta fecha aparece en la caída lateral izquierda de la cenefa, como señala la conservadora de bienes muebles de la Catedral de Sevilla, Ana Isabel Gamero González, a quien agradecemos los datos proporcionados.
Aparte de su alto valor histórico, la pieza presenta un intrínseco valor material; está confeccionada en brocatel de seda de un tono entre amarillo y naranja con hilos metálicos dorados, que presenta una decoración de flores, granadas y otros motivos vegetales. La cenefa, también denominada orfre, está decorada por capillas que presentan elementos decorativos propios del Gótico tardío del norte de Europa, con figuras de santos bordados con gran riqueza. En el lado derecho encontramos un santo guerrero con armadura y portando un estandarte, un obispo, el cual al no presentar atributos iconográficos propios tampoco podemos identificar y un pontífice, probablemente San Gregorio Magno. En la caída lateral izquierda la tradición ha querido identificar las santas que aparecen con Santa Juana de Arco, atada al tronco de un árbol, Santa Isabel de Hungría, coronada de flores, y Santa Elena, con corona y apoyándose en una cruz.
El capillo por su parte recoge la escena de la Coronación de la Virgen, en la que descubrimos a la Madre de Dios con el Niño Jesús en sus brazos, rodeados de ángeles. La Virgen, que aparece rodeada de un esplendor dorado y con la media luna a sus pies, viste un rico manto decorado de estrellas y perlas, mientras que el Niño sostiene en su mano izquierda una fruta.
Destaca igualmente la traveta o zona del cuello, con tres ángeles portando una filacteria y dos jarras de azucenas a cada lado.
El uso de perlas y de hilos metálicos de oro y plata, junto con la complejidad del bordado en realce, que dota de volumetría a las figuras representadas, así como los detalles de la ejecución, nos sitúan ante una obra maestra del arte textil europeo del siglo XVI.
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
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