El Obispo presidió en la catedral de la Encarnación la liturgia de la Conmemoración de la Muerte del Señor, que comenzaba a las 16,00 horas con la postración del celebrante y la impactante pausa silenciosa de los ministros y los demás fieles, conmovidos por la muerte del Señor por nuestros pecados. Después de la liturgia de la palabra, la mostración y adoración de la Cruz, rito que se desarrolla desde el siglo IV ya en la liturgia de la ciudad santa de Jerusalén. Tras la adoración de la Cruz, la Comunión con la reserva eucarística del Monumento.