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Comares: Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación

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Obra del siglo XVI, es el monumento más sobresaliente de su historia. Su construcción, data del 25 de mayo de 1505, y se levanta sobre el solar que había ocupado la mezquita árabe, originando un edificio mudéjar de tres naves, que se distribuyen en torno a siete arcos apuntados.

Horario de visita:

  • Domingos de 16.30 a 18.30 horas

La techumbre es lo más destacado del edificio, con armadura tipo artesa, con ricas grecas geométricas y motivo de lazo central con mocárabes.

Cuenta con cinco tirantas pareadas, encontrándose las extremas metidas en obra, resultando un bello conjunto de artesones entrelazados de gran  belleza y calidad histórico-artística.

Cuenta también con una torre campanario y una torre-camarín, de forma octogonal de estilo rococó, obra de finales del siglo XVIII.  Un gran arco apuntado cobija la puerta principal entre pilastras, y se cubre en el exterior con cubierta a dos aguas de teja árabe. 

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Domingo de Ramos: ¿Qué necesita de nosotros Jesucristo en estos días en que se ofrece entero por amor a la humanidad?

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¿Qué es lo que necesita de nosotros Jesucristo en estos días en  que se ofrece entero por amor a la humanidad? Esta fue la cuestión central sobre la que el administrador diocesano, Antonio Pérez, reflexionó en la Misa del Domingo de Ramos.

Las circunstancias meteorológicas hicieron que tanto la bendición de las palmas y los olivos, como la procesión con la imagen de la Entrada de Jesús en Jerusalén realizaran en el interior de la Catedral.

Fue una mañana de lluvia intermitente la que se vivió este Domingo de Ramos en La Laguna. Esta circunstancia obligó a cambiar las previsiones sobre el desarrollo del que es el Pórtico de la Semana Santa. Sobre las diez y media el administrador diocesano, bendecía las palmas y olivos que portaban los fieles situados, en el fondo del templo catedralicio. La procesión festiva, en este inicio de la jornada, se realizó por las naves de la iglesia madre de la diócesis.

A continuación se celebró la solemne eucaristía de la jornada. La lectura de la Pasión según S. Lucas fue un momento especialmente relevante de la misma.

En su homilía, el administrador diocesano, señaló que Jesús ahora como entonces “nos pregunta si queremos preparar un burro y acompañarlo humildemente, y si queremos recogernos en algún momento de intimidad con él para que haga comprender a nuestro corazón lo que pasa en ese momento de eternidad, que es su entrega en la cruz hecha pan y vino de resurrección”.

Además, siguiendo al papa Francisco, contrapuso las dos mentalidades que aparecen en el calvario, la del sálvate a ti mismo y la de entregarse uno mismo. Jesús, dijo, optó por la segunda y nos invita a hacerlo también nosotros. “Cristo se ofrece entero por amor a nosotros y a la humanidad entera. Asombroso, la verdad”- subrayó.

Finalmente, Pérez invitó a caminar con esperanza hacia la Pascua, sabiendo que “con Jesús nunca es el fin, nunca es demasiado tarde. Con Dios siempre se puede volver a vivir”.

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Monseñor José Ángel Saiz en el Domingo de Ramos: “Vivamos una Semana Santa, santa de verdad”

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Monseñor José Ángel Saiz en el Domingo de Ramos: “Vivamos una Semana Santa, santa de verdad”

La Semana Santa comienza hoy con la celebración del Domingo de Ramos. Como es habitual, la Catedral hispalense acogerá las principales celebraciones litúrgicas durante esta semana, presididas por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses.

Esta mañana el rezo de Laudes dirigido por los miembros del Cabildo de la Catedral ha comenzado a las nueve y media. Posteriormente, monseñor Saiz ha bendecido los ramos de los cientos de participantes en esta celebración litúrgica, que ha servido como antesala a la procesión de Palmas que han iniciado los niños carráncanos desde la Puerta de San Miguel hasta la de Palos. El cortejo continuaba con los miembros de la Hermandad Sacramental, capitulares y sacerdotes concelebrantes, el arzobispo y sus ministros, y, finalmente todo el pueblo fiel que ha querido sumarse con sus ramos de olivo y sus palmas.

La procesión se ha desarrollado con el repique de campanas de la Giralda y ha sido acompañada musicalmente por el coro catedralicio. Nuevamente en la Catedral, ha comenzado la Eucaristía del Domingo de Ramos, presidida por monseñor Saiz.

“El seguimiento de Jesús consiste en un cambio interior”

Durante su homilía, don José Ángel ha explicado que “el Domingo de Ramos actualizamos la entrada de Jesús en Jerusalén” y en la procesión “nos unimos a la multitud de los discípulos que acompañan al Señor en su entrada en Jerusalén y ofrecemos un testimonio de nuestro seguimiento de Cristo, que nos ha hecho visible el rostro de Dios y gracias al cual el corazón de Dios se ha abierto a todos”.

La procesión, ha insistido, es “expresión de alegría, de nuestro caminar siguiendo a Jesús, porque él nos ha concedido la gracia de ser sus amigos y porque nos ha dado la clave de la vida, su sentido más profundo”. Al igual que los primeros discípulos, ha apuntado, “también para nosotros el seguimiento de Jesús consiste en un cambio interior, en una nueva orientación de la existencia. Nos exige que ya no estemos encerrados en nosotros mismos, que superemos todo egocentrismo y narcisismo. Exige una entrega libre al Señor, a la verdad, al amor, a Dios”.

Más adelante, ha meditado sobre el sufrimiento del Mesías, descrito en las lecturas de la celebración de hoy. Al respecto, ha señalado que “la Iglesia, al leer el relato de la Pasión, no se limita a considerar únicamente los sufrimientos de Jesús; se acerca con emoción y confianza a este misterio, sabiendo que su Señor ha resucitado. La luz de la Pascua hace descubrir la gran enseñanza que encierra la Pasión: la vida se afirma con la entrega sincera de sí mismo hasta afrontar la muerte por los demás, por Dios”.

En esta línea, monseñor Saiz Meneses ha añadido que “Con la cruz, Jesús nos ha abierto de par en par la puerta de la casa de Dios, ha recompuesto la relación entre Dios y los hombres. Pero también el Señor nos llama con su cruz:  llama a las puertas del mundo, y a las puertas de nuestro corazón, que a veces están cerradas para Dios. Y nos llama a un encuentro con Él”.

Dar testimonio en las procesiones

Tras los ritos propios de la liturgia eucarística, antes de despedir la celebración, el arzobispo ha invitado a todos los presentes a participar el próximo Martes Santo en la Misa Crismal que tendrá lugar en la Seo hispalense a las once y media de la mañana, en la que se bendecirán los Santos Oleos y los presbíteros renovarán sus promesas sacerdotales. Asimismo, ha exhortado a vivir “una semana santa de verdad”, participando en los Santos Oficios, releyendo los relatos de la Pasión del Señor y viviendo las procesiones «con tal intensidad y devoción que seamos testimonio para los que se acercan y para personas que no son creyentes».

Galería fotográfica

Puede ver la celebración completa en el Canal de Youtube de la Catedral

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¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!: da comienzo la Semana Santa de la esperanza

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Con la mirada puesta en el cielo, y una amenaza de lluvia que no se ha cumplido, han sido muchos los fieles que han acudido este domingo de Ramos a la seo jiennenses para participar de la primera celebración de esta Semana Santa: la bendición de las palmas y la posterior celebración eucarística.

En torno a las 10:45 de la mañana, el Sagrario se iba llenando de personas que querían recorrer, en procesión, el tramo que separa a esta Iglesia de la Catedral, portando sus palmas y ramas de olivo y rememorar, así, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, que a pocos días de la Pasión fue recibido como un verdadero rey por el pueblo judío.

Dentro de la construcción neoclásica firmada por Ventura Rodríguez, el Sagrario, el Evangelio de este domingo de Ramos lo ha proclamado por el diácono transitorio, Fernando Ruano. A continuación, el Prelado jiennense, Monseñor Chico Martínez, bendecía las palmas y ramos de olivo, que han portado, fieles, sacerdotes y seminaristas hasta el templo catedralicio seguidos de numerosos fieles.

La Santa Misa, presidida por Don Sebastián ha estado concelebrada varios miembros del Cabildo Catedral, así como por el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz y el resto de los formadores. Además, la celebración ha contado con la participación de los seminaristas quienes han acolitado y han leído la pasión a varias voces. En concreto, Jesús Marchal y Víctor Vitutía han hecho de cronista y asamblea, respectivamente y el diácono Fernando Ruano ha hecho las veces de Jesús. Al órgano, D. Alfonso Medina que ha contado con las voces de su coro.

Homilía

Don Sebastián comenzaba su predicación poniendo en contexto este día que inicia la Semana Santa. “Este gesto, que hemos realizado con gozo, – afirmada el Obispo- es un signo que inaugura una semana única, donde contemplamos el centro de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Aquel día, Jesús fue recibido en Jerusalén con palmas, con gritos de júbilo, con entusiasmo popular. Pero sabemos que esa alegría fue fugaz. A los pocos días, el mismo pueblo lo vería condenado a muerte, rechazado y ajusticiado en la Cruz”.

El Prelado jiennense ha continuado ahondando en el significado de estos días, de pasión, de cruz y, también, de resurrección: “Lo reconocemos como el Rey humilde y pacífico, el que viene a ofrecernos una salvación más profunda: la victoria sobre el pecado y la muerte. Él es el Salvador universal y algún día será proclamado y reconocido con júbilo por todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la plaza del mundo y en la larga avenida de la historia universal”. Para abundar, Hoy nosotros lo reconocemos públicamente. Pero, el reconocimiento más verdadero debe hacerse en lo secreto del corazón, con fe, con amor, con la confianza y la obediencia sincera de nuestra vida”.

Del mismo modo, en su homilía, Don Sebastián ha querido animar a vivir estos días con profundo significado, y no como unos días festivos más en el calendario: “Este es el mensaje del Domingo de Ramos, y de toda la Semana Santa: ¡Dios nos ha salvado! Hemos sido liberados del pecado y de la muerte. Y esa salvación no es una idea, sino una vida nueva. Una vida que se alimenta de la gracia, que se configura con la cruz y que se ilumina con la resurrección”.

Para lo que ha animado a vivir este tiempo con recogimiento espiritual y hacerlo en perspectiva de fe con prácticas que lleven a un encuentro personal con Cristo muerto y resucitado, “como la lectura personal de los evangelios de la Pasión; la oración del Vía Crucis vivido con profundidad; la oración silenciosa ante el Santísimo el Jueves por la noche; el sacramento de la reconciliación, como signo concreto de conversión”.

Para concluir sus palabras ha enmarcado esta Semana Santa de 2025 en el año santo de la esperanza: “Hermanos, en este Año Jubilar de la Esperanza, la Semana Santa se convierte en una oportunidad privilegiada para revivir el misterio pascual y renovar nuestra vida cristiana, siendo luz de esperanza para todos.  La Cruz de Cristo no es signo de derrota, sino de amor fiel y victorioso. Su resurrección no es solo un final feliz, sino el comienzo de una nueva humanidad a la que estamos llamados”.

Con esta celebración se inauguraba la Semana Santa de este año 2025 en la capital jiennense, la cuarta de Don Sebastián como Obispo de la Diócesis y para todos los cristianos del Santo Reino, el momento central de su fe.

Galería fotográfica: «Domingo de Ramos y bendición de las palmas 2025»

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«Abrazar Su Amor» Mensaje de Mons. Rafael Zornoza a las puertas de la Semana Santa

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Con el Domingo de Ramos entramos en la Semana de Pasión. Acompañamos con nuestras palmas a Jesús que entra en Jerusalén aclamado –lo que prefigura ya su victoria— pero para ser enseguida entregado y padecer y morir por nosotros. Accedemos así de lleno a la “semana grande” de la Iglesia, en lo profundo de la celebración de la Muerte y Resurrección del Señor, algo de lo que nos hemos apropiado desde el Bautismo, recibiendo de este modo el ser hijos de Dios para poder caminar como discípulos de Cristo.

Dice el evangelista San Juan que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna» (3,16). Esta poderosa verdad nos recuerda que cada uno de nosotros es valioso y amado. Si abrazamos este amor, permitiremos que transforme nuestras acciones y pensamientos liberándonos de la tiranía del pecado y asumiendo la victoria de Dios en nuestra propia carne.

La Semana Santa es para sumergirnos en la profundidad de los misterios que celebramos. Es un tiempo sagrado, un momento para reflexionar sobre el sacrificio de Cristo y la inmensa gracia que nos ofrece. Recordemos que, como cristianos, estamos llamados a vivir con amor, compasión y esperanza, reflejando la luz de Cristo en nuestras vidas. Cuando contemplamos a Dios, el Infinito, el Todopoderoso, sucumbiendo a la flaqueza y temblando en Getsemaní, comprendemos que en vez de haber tomado, al encarnarse, un cuerpo glorioso, tomó un cuerpo mortal como el nuestro para hacer divina en Él a nuestra flaqueza.

Todos los buenos cristianos, y especialmente los santos, han crecido, han progresado y se han hecho mejores, contemplando la Pasión del Señor. Santa Catalina de Emerick, conocida por sus visiones místicas y profundas reflexiones sobre la Pasión de Cristo, se conmovía al meditarla hasta estremecerse con ella, al comprender, sobre todo, el amor inmenso que Él mostró al sacrificarse por la humanidad. Al contemplar su sacrificio, encontraba en él una fuente de fortaleza y esperanza, recordando cómo cada dolor y cada momento de sufrimiento de Cristo estaban llenos de amor y redención. También a nosotros esta contemplación nos lleva siempre a la profundidad del amor divino y la importancia de la compasión en nuestras propias vidas, a una mayor entrega personal, a un deseo de entrega dando la vida por los demás.

Os animo a participar en las celebraciones litúrgicas, especialmente en los oficios del Jueves, Viernes, y Sábado Santo, y Domingo de Resurrección, a meditar la Pasión de Cristo, contemplar al Señor en los pasos de nuestras procesiones. Cuánto mejor si compartimos estos momentos significativos en familia, con nuestros seres queridos o nuestros amigos. Que cada oración, cada acto de bondad y cada reflexión os acerque más a la esencia de nuestra fe. Vivamos esta Semana Santa con el corazón abierto, dispuestos a recibir y a dar amor, tal como Cristo nos enseñó. Acompañar al Señor que da la vida por nosotros nos hará sintonizar mejor con sus sentimientos de servicio, de misericordia y perdón para con el prójimo, de obediencia al Padre haciendo la voluntad de Dios.

San Antonio de Padua decía: «Debemos meditar a menudo la Pasión del Señor. De ello debemos servirnos como de un sudario, para secar el sudor de nuestras fatigas y la sangre de nuestros sufrimientos. En toda prueba debemos recordar los ejemplos de paciencia que nos dio Jesús.«

¡Os deseo una Semana Santa llena del consuelo de Cristo, de su paz y renovación espiritual, y llegar, finalmente a resucitar con Él, y gozar de su victoria! Recordad que la Pasión de Cristo desemboca siempre en la alegría de la Resurrección. No olvidéis apoyar a los cristianos de Tierra Santa, que sufren el abandono, la guerra y persecución, y resisten con tantas dificultades, con la colecta del Viernes Santo a favor de los Santos Lugares.

DOMINGO DE RAMOS: «Este Domingo de Ramos, algo nuevo está brotando en nuestros pueblos», por Eduardo Alberto Henríquez Osorio

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Este año viviré mi primer Domingo de Ramos como párroco, y lo haré en estos pueblos que me han acogido con tanto cariño desde el primer día: Vélez Blanco, María, Cañadas de Cañepla y Topares. Hasta hace unos meses, sus nombres eran solo puntos en un mapa; hoy, forman parte de mi historia.

Aquí, la fe se entrelaza con la tradición y con la vida cotidiana. En estas calles, en sus gentes, se percibe algo que conmueve: la Semana Santa no es un recuerdo del pasado, sino un latido que sigue vivo. El Domingo de Ramos se presenta como la puerta por la que Dios vuelve a entrar en muchos corazones.

Al celebrar la bendición de las palmas, se abre una nueva oportunidad: invitar a niños, jóvenes, mayores y familias a caminar con Jesús. Es verdad que en los pueblos somos menos, pero los que estamos, queremos estar de verdad. Hace unos días, un joven me dijo: «Padre, no sabemos rezar como nuestros abuelos, pero queremos aprender». Y eso basta para seguir creyendo en ellos. No se trata de llenar los bancos, sino de encender corazones.

El Domingo de Ramos es el día ideal para volver a empezar. Para alzar una palma y decir con el alma: “¡Hosanna!”. Aunque cueste, aunque a veces parezca que todo se apaga, la fe resiste. Y en estos pueblos, florece.

En Vélez Blanco, se preparan con esmero las tradicionales procesiones, que comenzarán este domingo con la del Señor de la Borriquilla y culminarán el Domingo de Resurrección con la participación de niños y jóvenes. En María, varios hombres del pueblo y mujeres de la virgen de la soledad preparan con cariño los detalles de estos días. En Cañadas de Cañepla, un joven se me acercó y me dijo con entusiasmo: “Padre, yo quiero leer la Pasión, ¿puedo?”. En Topares, los vecinos se han ofrecido a montar el altar con ramas de olivo recogidas del campo.

Estos gestos sencillos hablan de una sed de encuentro, de verdad, de pertenencia. No hacen falta cosas espectaculares, sino pasos concretos: una palma en la mano, una procesión por el pueblo, un joven que se atreve a participar, una comunidad que acompaña.

Este día no es solo una conmemoración; es una oportunidad para dejar entrar a Jesús en nuestras vidas, especialmente en la de los jóvenes, para que descubran que la fe no es una carga, sino una fuente de vida. Este día, en el que conmemoramos la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, no solo abre las puertas de los días más santos para los cristianos, sino que también nos invita a revivir con ilusión una mirada nueva. Es un llamado a renovar nuestra fe y esperanza. Porque, sinceramente, algo nuevo está brotando… y comienza este Domingo de Ramos.

Eduardo Alberto Henríquez Osorio

Párroco de Vélez Blanco

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Domingo de Ramos, en la Pasión del Señor. Ciclo C. 13 de abril de 2025

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Domingo de Ramos, en la Pasión del Señor. Ciclo C. 13 de abril de 2025

Este relato del evangelio de Lucas da inicio a la semana más grande de la fe y de la liturgia cristiana. La fiesta de la Pascua era el evento más importante del pueblo judío, que concentraba en la ciudad de Jerusalén a miles de peregrinos venidos del resto del país y de la diáspora (los judíos que vivían fuera de Israel) cada primavera.

Por lo tanto, en esas fechas la ciudad, que aumentaba considerablemente su población, era un hervidero de gente y había en ella un ambiente festivo y de alegría, donde los sentimientos religiosos y nacionalistas estaban muy a flor de piel.

La Pascua era una fiesta litúrgica que conmemoraba el gran acontecimiento y hecho realizado por Dios, siglos antes, cuando liberó a su pueblo del domino y de la esclavitud egipcia. Esta celebración tenía connotaciones políticas y animaba más los ánimos y las ansias de liberación que los judíos y algunos de sus dirigentes sentían al estar sometidos al imperio romano, por lo que las esperanzas mesiánicas, apoyadas en las profecías que anunciaban que Dios pronto iba a enviar a un mesías libertador, estaban en la mente de todos.

En este contexto bien conocido por Jesús, él promueve este gesto profético para identificarse ante sus enemigos, por lo que no se trata de una procesión religiosa organizada sino de una manifestación con mucho alboroto.

Lucas nos describe la escena con una composición de detalles que vienen a mostrarnos una imagen diferente del Mesías, porque Jesús no hace una entrada triunfal en Jerusalén como lo harían los grandes militares, vencedores y conquistadores (montados a caballo, acompañados de un potente ejército y rodeados de riquezas), sino que su presencia es totalmente sencilla y humilde, en mansedumbre y servicio a su pueblo, sin emplear la violencia ni signos de poder. Jesús entra montado en un pollino nuevo como príncipe de la paz para inaugurar un tiempo nuevo evidenciado en los milagros que ha realizado y que fue mucho antes anunciado por el profeta de Zacarías.

Antes como ahora, incluso a nosotros, Jesús decepciona como enviado de Dios por su apariencia envuelta en la falta de poder, de grandezas y sin imposiciones. Pero lo que está claro es que Jesús ha venido a mostrarnos una nueva forma de hacer los cambios y de construir el mundo: desde el amor, la paz, el servicio y la entrega.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/

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Domingo de Ramos 2025 (Catedral-Málaga)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Misa del Domingo de Ramos celebrada en la Catedral de Málaga

DOMINGO DE RAMOS

(Catedral-Málaga, 13 abril 2025)

Lecturas: Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9.17-24; Flp 2, 6-11; Lc 22, 14 – 23, 56.

Vivir la esperanza cristiana

1.- El Domingo de Ramos es como el pórtico de entrada a la Semana Santa, en la que los cristianos celebramos el acontecimiento central de nuestra fe, el misterio pascual de Jesucristo. El relato de la cruel Pasión de Jesús nos envuelve en un mar de sufrimiento, pero también ilumina nuestra vida como un rayo de esperanza.

Los hijos de Israel aclamaban a Jesús, que llega a hombros de un pollino en su entrada en Jerusalén, tomando ramas de árboles y palmas; alfombrando el camino y gritando: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» (Mt 21, 9; cf. Jn 12, 13). Así hemos cantado también nosotros en este Domingo de Ramos, viniendo desde la iglesia de san Agustín hasta la Catedral, acompañando a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén.

El ánimo de los discípulos y de los peregrinos se llenaba de entusiasmo y al proclamar a Jesús como «Hijo de David», la esperanza atraviesa sus corazones, pensando que el Mesías, el nuevo David, implantará su reino definitivo de amor, de misericordia y de perdón; no el reino que esperaban sus contemporáneos.

2.- La liturgia de hoy nos invita a acoger a Jesús, que viene como Rey y Salvador nuestro, aclamándolo como «Hijo de David» (Mc 10, 47). Acompañando a Jesús en su entrada en Jerusalén renace también la esperanza en nuestros corazones.

La mujer cananea (cf. Mt 15, 22), el ciego Bartimeo (cf. Mc 10, 47) y los dos ciegos del camino (cf. Mt 20, 29) imploraban su misericordia diciendo: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Jesús les cura de sus cegueras y sana sus males, que representan sus pecados.

Al igual que ellos, queridos hermanos, pidamos a Jesús, el Hijo de David e Hijo de Dios, que tenga compasión de nosotros; que perdone nuestros pecados y sane nuestras heridas, causadas por el pecado.

En la festividad de hoy cantamos himnos de bendición, de alabanza y de júbilo, porque Jesús, el Hijo de Dios y Mesías esperado, ha visitado su pueblo para redimirlo.

3.- Pocos días después de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la muchedumbre, en vez de aclamar a Jesús y defenderlo, gritarán a Pilato: «¡Crucifícalo!», como hemos escuchado en el evangelio de la Pasión según san Lucas.

A pesar de haber visto los milagros de Jesús, escuchado sus enseñanzas y compartido su vida, los discípulos y otros fieles, huirán desconcertados y desilusionados, porque Jesús no había realizado lo que ellos esperaban.

¿Qué esperamos nosotros de Jesús? ¿Qué queremos que haga por nosotros? Hoy debemos preguntarnos ¿quién es para nosotros Jesús de Nazaret? ¿Es para nosotros el Hijo de Dios? ¿Esperamos tal vez un rey temporal? ¿Deseamos ostentar poder terrenal? ¿Le pedimos que sane solo nuestras enfermedades físicas? ¿O que nos dé felicidad terrena? ¿Dónde ponemos nuestra esperanza? O mejor, ¿en quién ponemos nuestra esperanza?

El trono de gloria de Jesús será la cruz. Nuestro Mesías, a quien queremos seguir, no nos ofrece una bienaventuranza terrena, sino una esperanza eterna. Nos invita a relegar la felicidad inmediata para obtenerla más verdadera en el más allá; en la otra vida.

El Domingo de Ramos nos anima a acoger al Señor, el Mesías Salvador, en toda su verdad, sin adornos ni paliativos; nos invita a seguirlo hasta la cruz. Pero sabemos que su Pascua de muerte es también de resurrección y de vida. ¡Ésta es la esperanza cristiana!

4.- Queridos fieles, el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor es una fiesta de esperanza; no para esperar cosas terrenales, sino para celebrar la entrada triunfal Jesús de Nazaret en Jerusalén como Rey-Mesías, como Hijo de David e Hijo de Dios, que viene a liberar a la humanidad de su postración y de su pecado; y viene a redimirnos a cada uno de nosotros. Por eso hemos de reconocer nuestra debilidad pecadora, para ser perdonados.

Como hemos escuchado en el relato de la Pasión, el Señor, el Mesías esperado, ha soportado nuestras iniquidades; ha cargado con el pecado de toda la humanidad y ha ofrecido su vida para salvar la nuestra.

Hoy es un día de gran esperanza, porque hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna, que pesaba sobre nosotros; éramos esclavos de esa muerte y Cristo nos ha liberado.

Queridos hermanos, habiendo escuchado y meditado la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo según el evangelista Lucas (cf. Lc 22, 14 – 23, 56), demos gracias al Señor por haber sido redimidos y vivamos con la esperanza de gozar un día de la Pascua eterna.

Pidamos a la Santísima Virgen María que nos acompañe en el seguimiento de su Hijo Jesús y nos mantenga en la esperanza cristiana. Amén.

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«El Domingo de Ramos de la Pasión del Señor es una fiesta de esperanza»

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«Queridos fieles, el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor es una fiesta de esperanza; no para esperar cosas terrenales, sino para celebrar la entrada triunfal Jesús de Nazaret en Jerusalén como Rey-Mesías, como Hijo de David e Hijo de Dios, que viene a liberar a la humanidad de su postración y de su pecado; y viene a redimirnos a cada uno de nosotros». Son palabras de Mons. Catalá en la Misa del Domingo de Ramos celebrada en la Catedral de Málaga.

D. Jesús ha recordado que «el Domingo de Ramos es como el pórtico de entrada a la Semana Santa, en la que los cristianos celebramos el acontecimiento central de nuestra fe, el misterio pascual de Jesucristo. El relato de la cruel Pasión de Jesús nos envuelve en un mar de sufrimiento, pero también ilumina nuestra vida como un rayo de esperanza».

Por lo tanto, señala el prelado, «el Domingo de Ramos nos anima a acoger al Señor, el Mesías Salvador, en toda su verdad, sin adornos ni paliativos; nos invita a seguirlo hasta la cruz. Pero sabemos que su Pascua de muerte es también de resurrección y de vida. ¡Ésta es la esperanza cristiana!». 

El obispo de Málaga ha finalizando afirmando que «hoy es un día de gran esperanza, porque hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna, que pesaba sobre nosotros; éramos esclavos de esa muerte y Cristo nos ha liberado».

La homilía íntegra puede leerse en este enlace.

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«Abrazar Su Amor» Mensaje de Mons. Rafael Zornoza a las puertas de la Semana Santa

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Con el Domingo de Ramos entramos en la Semana de Pasión. Acompañamos con nuestras palmas a Jesús que entra en Jerusalén aclamado –lo que prefigura ya su victoria— pero para ser enseguida entregado y padecer y morir por nosotros. Accedemos así de lleno a la “semana grande” de la Iglesia, en lo profundo de la celebración de la Muerte y Resurrección del Señor, algo de lo que nos hemos apropiado desde el Bautismo, recibiendo de este modo el ser hijos de Dios para poder caminar como discípulos de Cristo.

Dice el evangelista San Juan que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna» (3,16). Esta poderosa verdad nos recuerda que cada uno de nosotros es valioso y amado. Si abrazamos este amor, permitiremos que transforme nuestras acciones y pensamientos liberándonos de la tiranía del pecado y asumiendo la victoria de Dios en nuestra propia carne.

La Semana Santa es para sumergirnos en la profundidad de los misterios que celebramos. Es un tiempo sagrado, un momento para reflexionar sobre el sacrificio de Cristo y la inmensa gracia que nos ofrece. Recordemos que, como cristianos, estamos llamados a vivir con amor, compasión y esperanza, reflejando la luz de Cristo en nuestras vidas. Cuando contemplamos a Dios, el Infinito, el Todopoderoso, sucumbiendo a la flaqueza y temblando en Getsemaní, comprendemos que en vez de haber tomado, al encarnarse, un cuerpo glorioso, tomó un cuerpo mortal como el nuestro para hacer divina en Él a nuestra flaqueza.

Todos los buenos cristianos, y especialmente los santos, han crecido, han progresado y se han hecho mejores, contemplando la Pasión del SeñorSanta Catalina de Emerick, conocida por sus visiones místicas y profundas reflexiones sobre la Pasión de Cristo, se conmovía al meditarla hasta estremecerse con ella, al comprender, sobre todo, el amor inmenso que Él mostró al sacrificarse por la humanidad. Al contemplar su sacrificio, encontraba en él una fuente de fortaleza y esperanza, recordando cómo cada dolor y cada momento de sufrimiento de Cristo estaban llenos de amor y redención. También a nosotros esta contemplación nos lleva siempre a la profundidad del amor divino y la importancia de la compasión en nuestras propias vidas, a una mayor entrega personal, a un deseo de entrega dando la vida por los demás.

Os animo a participar en las celebraciones litúrgicas, especialmente en los oficios del Jueves, Viernes, y Sábado Santo, y Domingo de Resurrección, a meditar la Pasión de Cristo, contemplar al Señor en los pasos de nuestras procesiones. Cuánto mejor si compartimos estos momentos significativos en familia, con nuestros seres queridos o nuestros amigos. Que cada oración, cada acto de bondad y cada reflexión os acerque más a la esencia de nuestra fe. Vivamos esta Semana Santa con el corazón abierto, dispuestos a recibir y a dar amor, tal como Cristo nos enseñó. Acompañar al Señor que da la vida por nosotros nos hará sintonizar mejor con sus sentimientos de servicio, de misericordia y perdón para con el prójimo, de obediencia al Padre haciendo la voluntad de Dios.

San Antonio de Padua decía: «Debemos meditar a menudo la Pasión del Señor. De ello debemos servirnos como de un sudario, para secar el sudor de nuestras fatigas y la sangre de nuestros sufrimientos. En toda prueba debemos recordar los ejemplos de paciencia que nos dio Jesús.«

      ¡Os deseo una Semana Santa llena del consuelo de Cristo, de su paz y renovación espiritual, y llegar, finalmente a resucitar con Él, y gozar de su victoria! Recordad que la Pasión de Cristo desemboca siempre en la alegría de la Resurrección. No olvidéis apoyar a los cristianos de Tierra Santa, que sufren el abandono, la guerra y persecución, y resisten con tantas dificultades, con la colecta del Viernes Santo a favor de los Santos Lugares.

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