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Monseñor Chico Martínez recuerda, en este Viernes Santo, que «la Cruz no es el fin, sino el principio de la esperanza»

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El Viernes Santo ha comenzado, en la Catedral de Jaén, con el rezo solemne de Laudes. Ya por la tarde, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de los Santos Oficios de este Viernes Santo, en el primer templo de la Diócesis. Una ceremonia solemne, marcada por la sobriedad en la ornamentación del presbiterio, la mesa de altar desnuda ante la muerte del Crucificado y el templo en penumbra.

Don Sebastián ha estado acompañado por el Provicario General de la Diócesis, D. José Antonio Sánchez; el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz; y otros miembros del Cabildo catedralicio como D. Juan García, D. Juan Herrera, D. Antonio Aranda, D. Manuel Carmona, D. Raúl Contreras y D. Antonio Lara; así como el secretario particular del Obispo, D. Francisco Javier Cova. Del mismo modo han participado en la celebración el diácono permanente D. Francisco Javier López; los seminaristas, que han acompañado con sus cantos, y el canónigo y organista, D. Alfonso Medina.

Tras la procesión de entrada, al llegar al presbiterio, el Prelado se ha postrado ante el altar. Los demás concelebrantes, seminaristas y pueblo fiel se han arrodillado.

Las lecturas han sido participadas por dos jóvenes y una religiosa. Después, el relato de la pasión y muerte de Cristo, según San Juan, ha sido cantado por D. Juan Francisco Ortiz y los seminaristas Guillermo Ballesteros y Salvador Ruiz.

Homilía
El Obispo ha realizado su predicación sentado. Ha comenzado recordando que la Iglesia guarda silencio en este día. «El altar está desnudo, el canto es sobrio, no ha incienso, solo la Cruz, centro de nuestra mirada y de nuestra fe. La muerte del Hijo de Dios nos sobrecoge: no fue fruto del azar, sino de la ceguera, la ambición y la cobardía humanas. Pero también fue el acto supremo del amor de Dios, del “amor arrodillado” que en Cristo se acerca a nosotros para rescatarnos del pecado y de la muerte», ha señalado.

«Hoy no venimos a juzgar a otros. Queremos mirar a Cristo crucificado y dejarnos mirar por Él. Estar con Él como María, como Juan, como las mujeres valientes», ha subrayado el Pastor diocesano, recordando que desde la Cruz brota el perdón, nace la Iglesia, se nos entrega a María, como Madre, y se nos revela la esperanza que no defrauda.

Durante su predicación, el Prelado jienense ha subrayado los múltiples dolores que atravesaron el alma de Cristo: la esclavitud de su pueblo, la dureza de corazón de muchos, la agresividad que despertaba su mensaje, el rechazo de los de los “justos”, el silencio del Padre. Dolores que, de forma persistente, siguen presentes en nuestro tiempo y que seguimos padeciendo los creyentes. Para continuar: «Ese grito desgarrador ­-“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” – expresa el abismo más profundo del alma humana. Y, sin embargo, incluso en ese abandono, Jesús confía: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”».

Asimismo, en este Año Jubilar, Monseñor Chico Martínez ha querido subrayar que la Cruz no es el fin, sino el principio de la esperanza. Así, como “Peregrinos de la Esperanza”, ha invitado a los fieles a mirar al Crucificado con fe, no con tristeza. «Porque sabemos que después del sepulcro vendrá la vida. Porque la última palabra no la tiene la muerte, sino el amor». Y ha añadido: «No huyamos de la Cruz. Miremos a Cristo y aprendamos de Él. Acerquémonos al Crucificado con el corazón roto, con el alma abierta. No lo miremos desde fuera. Subamos con Él, como María, como Juan. Porque desde la Cruz brota la salvación, la Iglesia, los sacramentos, el perdón… Brota la Esperanza».

Tras la homilía, y durante la oración de los fieles se ha pedido por la Santa Iglesia; por el Papa; por todos los ministros y por los fieles; por los catecúmenos; por la unidad de los cristianos; por el pueblo judío, el primero a quien habló Dios; por los que no creen en Cristo; por los que no creen en Dios; por los gobernantes; y por los atribulados.

Adoración de la Cruz
Uno de los momentos de mayor recogimiento ha sido la adoración a la Cruz. El diácono permanente, acompañado por dos seminaristas, han llevado el Crucificado desde el coro hasta el presbiterio. Mientras se acercaban al altar mayor han pronunciado tres veces, “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavado la salvación del mundo”. Posteriormente, el Obispo se ha descalzado y se ha quitado la casulla, para arrodillarse ante la Cruz. Más tarde presbíteros, seminaristas y pueblo fielhan hecho lo propio ante el símbolo de la salvación. Después se ha dado la Comunión de la reserva de ayer.

Bendición con el Santo Rostro
Al concluir la celebración litúrgica se ha llevado a cabo una de las tradiciones particulares de la Iglesia de Jaén. El Obispo ha subido hasta los balcones de la Catedral para bendecir a los jiennenses y los campos con el Santo Rostro, desde los cuatro puntos cardinales.

Mañana la Catedral acogerá la Solemne Vigilia Pascual a las 22.30 horas, presidida también, por Monseñor Chico Martínez.

Galería fotográfica: «Viernes Santo»

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Monseñor Saiz Meneses: «El camino del cristiano es siempre el camino de la cruz, un camino que salva»

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Monseñor Saiz Meneses: «El camino del cristiano es siempre el camino de la cruz, un camino que salva»

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido esta tarde en la Catedral de Sevilla la celebración de la Pasión del Señor, en la que se contempla la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y se adora su Cruz.

En la celebración litúrgica ha participado el nuncio apostólico en España, monseñor Bernardito Aúza, el deán del Cabildo catedralicio, Francisco José Ortiz Bernal, representantes del clero y laicado sevillano, así como de la vida consagrada. Asimismo, por parte de las autoridades civiles han asistido representantes de la corporación municipal.

«Hoy la muerte ha sido vencida desde dentro»

En su homilía, el arzobispo de Sevilla ha recordado a los presentes que en este día «la cruz se alza como signo de victoria, no de derrota. Ante ella, nosotros nos postramos. No porque adoremos el sufrimiento, sino porque creemos que en esa entrega se nos ha revelado el rostro de Dios.»

«En nuestra ciudad, la cruz está profundamente enraizada en el alma del pueblo. Aquí la cruz se lleva en andas, se besa, se canta, se llora. Pero no como simple símbolo de una tradición cultural o folclórica, sino como expresión de una fe encarnada, ardiente y popular», ha apuntado. «La cruz no está lejos de nuestras vidas. Está presente en las familias que sufren, en los que no tienen trabajo, en los enfermos, en los ancianos que viven solos, en los jóvenes desorientados, en los inmigrantes que se juegan la vida buscando un futuro mejor, en todas las personas que viven sin esperanza. Y es ahí donde el Crucificado sigue entregándose».

«En la cruz, el Señor nos revela que el verdadero poder está en el servicio, la verdadera gloria en la entrega, y la verdadera libertad en el amor sin condiciones». Monseñor Sainz Meneses ha recordado a los presentes que estamos llamados a cumplir nuestra misión, como Cristo: «A amar sin medida, a perdonar sin límites, a servir sin esperar recompensa. El camino del cristiano es siempre el camino de la cruz, pero no como peso que aplasta, sino como camino que salva».

Asimismo, don José Ángel ha manifestado que la cruz no es el final del camino, sino el inicio de una nueva vida: «Desde la cruz, Cristo ha abierto para nosotros las puertas del cielo, por eso hoy no es un día de desaliento, sino de esperanza. Hoy la muerte ha sido vencida desde dentro, el pecado ha sido derrotado con el amor».

El arzobispo ha finalizado su homilía invitando a adorar la Santa Cruz, pero no por rutina:  «Hagámoslo con un corazón lleno de gratitud. Que ese gesto sea una profesión de fe: Creo en ti, Señor; te amo; te sigo; me confío a ti. Y cuando salgamos de esta Catedral, llevemos esa cruz en el corazón».

La liturgia del Viernes Santo

El segundo día del Sagrado triduo Pascual es una celebración sin Eucaristía. En un primer lugar, tiene lugar una Liturgia de la Palabra, en la que se proclama y medita la Pasión según el evangelista San Juan. A continuación, la atención se ha centrado en pedirle al Señor que su salvación se extienda por todos los hombres, por lo que la oración de los fieles se ha realizado de una manera más extensa y solemne. Posteriormente, se ha llevado a cabo la entronización y adoración de la Cruz, momento cumbre de estos oficios. Finalmente, ha tenido lugar la Sagrada Comunión, con el Santísimo Sacramento reservado ayer jueves en el Monumento de la Capilla Real.

El Sábado Santo, la Vigilia Pascual comenzará a las once de la noche con el rito del fuego en la Puerta del Príncipe de la Catedral de Sevilla.

Enlace al canal TV de la Catedral de Sevilla a la Celebración de la Pasión del Señor

Galería de fotos: Miguel Ángel Osuna

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El Obispo de Huelva preside con solemnidad la celebración de la Pasión del Señor en la Catedral

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En la tarde de este Viernes Santo, la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced acogió, a las 17.00 horas, la celebración de la Pasión del Señor, presidida por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra. Fieles procedentes de distintos puntos de la diócesis se congregaron para participar en esta solemne liturgia, centro espiritual del Triduo Pascual y expresión profunda del misterio redentor de Cristo.

La celebración, marcada por el recogimiento y la contemplación del sacrificio de Cristo en la cruz, constó de tres momentos esenciales: la liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y la Sagrada Comunión. Durante la proclamación del Evangelio, el silencio de la asamblea y la intensidad del relato pusieron de manifiesto el carácter único de este día santo.

Uno de los momentos más destacados fue la adoración de la Cruz, llevada a cabo por miembros de la Hermandad de los Judíos de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced. La sagrada imagen del Cristo de Jerusalén y Buen Viaje fue portada en hombros por los hermanos, mientras el diácono entonaba el tradicional canto: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Este gesto solemne invitó a todos los presentes a acercarse con reverencia y fe, venerando el símbolo del amor redentor de Jesús.

Numerosos fieles, con gran recogimiento, se acercaron al presbiterio para adorar la Cruz de forma individual, manifestando su devoción al misterio pascual. El altar, despojado de ornamentos como signo visible del luto por la muerte del Señor, fue dispuesto con sencillez. El Santísimo Sacramento fue trasladado desde el lugar donde se había reservado tras la liturgia del Jueves Santo y distribuido en un clima de profundo silencio y adoración.

En su homilía, Mons. Gómez Sierra pronunció las siguientes palabras:

HOMILÍA DE MONS. SANTIAGO GÓMEZ SIERRA EN LA CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

En la Misa de este primer día del Santo Triduo Pascual, que celebramos en la víspera como memorial de la última Cena, la lectura de la pascua hebrea, conmemorando la liberación de la esclavitud de Egipto, nos invitaba a mirar a Jesús como el verdadero Cordero Pascual. Hoy, en esta liturgia del Viernes Santo es el profeta Isaías quien nos ha anunciado la pasión del Siervo de Yahvehque también es comprendido como cordero.

Si tenemos la gracia de descubrir un poco más a Jesús en esta imagen del Cordero, entonces cada vez que nos acerquemos a la Sagrada Comunión, seremos más conscientes de que participamos del Misterio Pascual de Jesus, su Muerte y Resurrección; y que cada Eucaristía es verdaderamente el memorial que actualiza de forma incruenta el sacrificio del Calvario. Por esta razón, antes de la Comunión oímos estas palabras: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor”.

En el profeta Isaías hemos leído un anticipo de la pasión del Señor en la figura del siervo de Yahvéh, que también es presentado como cordero“Maltratado, voluntariamente se humillaba y no habría la boca: como cordero llevado al matadero … enmudecía y no habría la boca” (Is 53, 7).

Ayer la lectura del Éxodo nos orientaba a ver en Jesús el cordero que se sacrificaba y comía en la cena pascual; hoy la lectura de Isaías aplica la comparación del cordero al siervo de Yahveh que, muriendo para expiar los pecados de su pueblo, aparece “como cordero llevado al matadero. Así, subrayando la humildad y la resignación del Siervo, anuncia de la mejor manera el destino de Cristo en su pasión y muerte.

Asimismo, el relato de la Pasión según San Juan que hemos escuchado, también hay múltiples detalles que nos invitan a contemplar a Jesús como Cordero. Si prestamos atención a la temporalización que hace de los hechos, el acontecimiento mismo de la muerte de Jesús habría ocurrido la víspera de la fiesta de la Pascua judía: “Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua” (Jn 18,28); “Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía” (Jn 19,14); “como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran”(Jn 19, 31). Así, a la misma hora en que, según las prescripciones de la ley judía, se sacrificaban en el templo los corderos que iban a ser comidos en la cena de pascua, es cuando Jesús era inmolado en la cruz.

También están aludiendo a la condición de Jesús como Cordero, cuando en la narración de la Pasión se recalca que “Jesús callabadelante del sanedrín (Mt 26,63) o no respondía a Pilato “Jesús no le dio respuesta” (Jn 1,29).

Pero hay otro hecho después de su muertede Jesús, que también habla de Él como cordero, cuando dice que no le rompieron las piernas como a los dos malhechores ajusticiados con Él. “Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso” (19,36), y en esto ve el evangelista san Juan la realización de una prescripción ritual concerniente al cordero pascual: “Se ha de comer en una sola casa: no sacarás fuera nada de la casa y no le romperás ningún hueso” (Éx 12,46).

La imagen de Jesús como cordero sirvió a los primeros cristianos para mostrar todo el contenido salvador que tiene la muerte de Cristo. Así lo hace el diácono Felipe en elcamino de Jerusalén a Gaza, cuando se encuentra aquel funcionario de la reina de Etiopía (Act 8, 26-39). Éste iba leyendo: “Como cordero llevado al matadero” (Hech 8, 32), y pregunta a Felipe: “Por favor, ¿de quién dice esto es profeta?, ¿de él mismo o de otro?”. Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús” (Hech8, 34-35).

En este Viernes Santo, pidamos la gracia de comprender mejor que Jesús es el Siervo doliente que se deja llevar en silencio como cordero al matadero: “él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron” (Is 53, 5).

Por la muerte de Cristo hemos sido redimidos del pecado y de la muerte eterna, porque Jesús es el «Cordero que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29), y así devuelve al hombre a la comunión con Diosy a la esperanza de la vida eterna.

Además, Jesús mismo nos invita a aprender su mansedumbre y humildad significadas en la imagen del cordero, como talante de vida del discípulo, cuando nos dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11, 29)

Y en esta tarde del Viernes Santo no podemos dejar de fijarnos en que “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre… dijo a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora el discípulo la recibió como algo propio” (cf Jn 19, 25-27). Jesús llama a su madre Mujer, porque en esta hora es la nueva Eva, la verdadera “madre de los que viven”. (cf CEC 2618). Es nuestra Madre, acojámosla abriéndole nuestro corazón, que Ella nos recibe en el suyo como a hijos, que su Hijo crucificado le entrega.

Virgen de los Dolores, ruega por nosotros.

La ceremonia concluyó con un profundo momento de oración en silencio, dejando espacio para la meditación personal y comunitaria. El templo catedralicio, adornado con sobriedad, fue testigo de una liturgia que, un año más, ha congregado a la comunidad diocesana en torno al misterio central de la fe cristiana.

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Viernes Santo: Miren

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Siguiendo una antiquísima tradición, hoy no se celebra la Eucaristía. Cristo crucificado es el centro de la liturgia del Viernes Santos que presidió a medio día, en la Catedral, el administrador diocesano. La celebración de la Pasión del Señor se desarrolla con la liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y la sagrada Comunión. Antes de la adoración de la Cruz, la oración universal, que expresa el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo.

La proclamación cantada de la Pasión según san Juan fue un momento especialmente elocuente. Tras la misma, Antonio Pérez, sintetizó el día con el verbo Miren. Miremos a Jesucristo crucificado, miremos “a Jesús en su rostro lleno de dolor, burlado, ultrajado, desfigurado por el pecado del hombre…Desde que Jesús fue colocado en el sepulcro, la tumba y la muerte ya no son un lugar sin esperanza donde la historia se cierra con el fracaso más completo, donde la persona toca el límite extremo de su impotencia.

El Viernes Santo, subrayó citando a Benedicto XVI, es el día de la esperanza más grande,  la madurada en la cruz, mientras Jesús muere, mientras exhala su último suspiro gritando: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» El administrador diocesano finalizó su reflexión afirmando que «de la traición puede nacer la amistad, de la renegación el perdón, del odio el amor», al tiempo que invitaba a los presentes a poner los ojos del corazón fijos en el crucificado. en la confianza de llevar con amor nuestra cruz, nuestras cruces cotidianas, que están iluminadas con el fulgor de la Pascua.

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Mons. Orozco presidió en la Catedral la celebración de la Cena del Señor

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Mons. Orozco presidió en la Catedral la celebración de la Cena del Señor

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, presidió la celebración de la Cena del Señor, en la Catedral. Fue el Jueves Santo por la tarde, en una celebración en la que también realizó el lavatorio de los pies, recordando el gesto que tuvo Jesús con sus discípulos.

Durante la homilía, Mons. Orozco habló de lo que la Iglesia celebra el Jueves Santo: la institución de la Eucaristía, la institución el sacerdocio y la entrega del mandamiento del amor. “En este día en que celebramos la institución de la Eucaristía, -dijo el obispo- con este relato del lavatorio de los pies, y mañana bajo el signo de la Cruz, hemos de ver como tres acentos de la única y misma realidad: lavatorio de pies, Eucaristía y Cruz son tres acentos de una misma realidad del amor loco de un Dios que quiere quedarse con nosotros y que y que apuesta por nosotros”.

Habló de cómo Dios nos ama y cómo la Eucaristía es expresión de ese amor de Dios en Cristo: “esta tarde estamos celebrando que Dios nos ama de esta forma escandalosa, un amor que se queda con nosotros, un amor que se hace historia por medio del sacerdocio y un amor que quiere transformar el mundo”.

Y, recordando que la Iglesia está celebrando el Jubileo de la Esperanza, insistió en que “la Eucaristía es verdadera fuente de esperanza para el mundo, porque es Cristo mismo”. También animó a vivir el mandamiento del amor, el amor fraterno, “porque el amor de Dios es, o tiene que ser, visible, concreto y cercano. De lo contrario, como hemos escuchado en la segunda lectura de Pablo a los Corintios, no sirve de nada”.

Tras la homilía realizó el lavatorio de los pies y, al final de la Misa, hizo la reserva del Santísimo en el monumento, desde permanece en reserva para la celebración de los Oficios del Viernes Santo.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Exposición «De Nicea a Córdoba: Luz que no cesa»

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El 5 de abril se inaugura en la Mezquita Catedral la Exposición “Símbolo: Luz de Nicea” que permanecerá abierta hasta el 5 de julio en Córdoba

La muestra que conmemora el 1700 aniversario del Concilio de Nicea tiene la singularidad de celebrarse en el lugar donde nació su presidente, el obispo Osio de Córdoba, hombre fiel en tiempos de persecución y agente lúcido para la comunión eclesial. En el aniversario del primer Concilio Universal que reconoce la Iglesia, no fue la única reunión en la que tuvo un papel preponderante, pero sí la más trascendente. Toda la importancia de Osio en el siglo IV para la Iglesia está enmarcada en la Córdoba de relevancia para el Imperio Romano, con la que Constantino tiene familiaridad, igual que con otras provincias del Occidente. Esta cercanía explica la notoriedad del Obispo cordobés en los centros de decisión. Siendo obispo de Córdoba, el emperador le otorgó una responsabilidad semejante a la que podría haber tenido como obispo de Roma.

Córdoba es sede imperial fuera de Roma y en el año 1300 ya son muchas las comunidades cristianas aquí asentadas. Esta exposición es el reflejo de las discusiones y conflictos anteriores al Concilio de Nicea y la solución aportada por la reunión universal que alumbra un símbolo de fe, el Credo con el que los cristianos afirman su fe. Ayer y hoy aquellas afirmaciones siguen teniendo fuerza, siguen iluminando como Luz de Luz de Dios Verdadero.

En Nicea, el lenguaje de la fe acerca de Jesucristo ganó en nitidez y perdió en ambigüedad. Los integrantes de aquel concilio se valieron del lenguaje pagano y le otorgaron un significado propio al servicio de la fe: un ejemplo admirable de inculturación que podemos comprobar en Córdoba 1700 años después

“Símbolo: Luz de Nicea” es una apuesta promovida por la Diócesis de Córdoba y patrocinada por el Cabildo Catedral que presenta el Símbolo Niceno como itinerario de hombres y mujeres que en la creación de obras de arte siguen transformando el mundo con una mirada creyente.

Para eso, una innovadora disposición de piezas arqueológicas y obras contemporáneas ofrecen al visitante una inmersión histórica, teológica, estética y espiritual en la Mezquita-Catedral en un discurso narrativo dirigido a mostrar que el Credo o Símbolo que se compuso en aquella reunión proclama la fe en Jesucristo, que es la única Luz capaz de iluminar la vida entera de los hombres de todos los tiempos.

Piezas singulares, reflejos de Luz 

Cuarenta piezas componen la exposición, algunas muy pequeñas y otras de gran tamaño dispuestas en dos partes, primero para comprender qué se celebra y aportar explicaciones fundamentales de conceptos, además de instruir sobre el contenido e importancia de este aniversario. Después, el guion expositivo permite mostrar hasta qué punto la doctrina defendida y proclamada hace 1700 años, lejos de ser algo abstracto, se traduce, ayer, hoy y siempre, “en una vida llena de confianza, de fuerza, de caridad y de esperanza”, explica Patricio de Navascués, comisario de la muestra.

Esta es una exposición con piezas de valor infinito por su expresión material como la cruz hecha con maderos de una patera donde murieron inmigrantes, conservada por los Franciscanos de la Cruz Blanca en Sevilla. Esa cruz adquiere por su historia un valor incalculable y conecta la humanidad sufriente de todos los tiempos. Con ella conviven en la Exposición obras de factura expresa entre las que destaca la creación de un icono bizantino con el motivo del Concilio de Nicea. Su autora, Soledad Blanco, aporta una obra original de las imágenes tradicionales en la Iglesia Ortodoxa, que no admite la representación tridimensional, para representar el Concilio de Nicea del misticismo e intensidad espiritual de aquel momento. En principio, parecen algo distantes, hieráticos, pero, “esas mismas características hacen que quien los observa se olvide del plano cercano, familiar, y empiece a verlos como algo que conecta con planos más sutiles, más etéreos y espirituales”, según la artista gallega.

Estas obras contemporáneas conviven con una réplica del sarcófago “dogmático” a escala natural. Se trata de un monumento de todo punto excepcional en el que quedó plasmada en piedra la fe profesada en Nicea. Y mantiene un diálogo con otras piezas de profunda significación social como la maqueta que aportan los residentes de la Casa Familiar de los Hermanos de la Cruz Blanca de Córdoba. Una obra basada en la parábola del “Buena Samaritano”, una obra “muy valorada, que está firmada por su trabajo: el amor y la entrega, la tenacidad y esmero por plasmar un mensaje que no es escondido para muchos, y que requieren en más espacios ser conocidos y en algunos escenarios aceptados”, defiende el Hermano Jahir, franciscano de la Cruz Blanca en Córdoba.

Estas y otras piezas, una vez terminada la Exposición, contribuirán a enriquecer el patrimonio de la Iglesia en Córdoba. Son piezas, por lo general, procedentes de artistas contemporáneos que han recibido el encargo de crear en el marco de esta exposición como es el caso del sacerdote Vicente Molina Pacheco que con su radical estudio del color y las formas presenta una obra de arte que quiere ser “como un reflejo de eternidad que nos a ir más allá de nuestra propia limitación”.

Esta es una Exposición que pretende encontrar en el visitante una respuesta ante la Buena Noticia, que iguala a todos en la llamada, un anuncio de Luz y de Paz, que es el Evangelio, la persona de Jesucristo. Algunas congregaciones e institutos religiosos hacen una incursión admirable en esta exposición trayendo motivos de hondo significado espiritual. El instituto Religioso Femenino Iesu Communio, compuesta por 200 hermanas, ha trabajado un signo de resurrección y vida, el cirio Pascual de grandes dimensiones, que “pueda iluminar toda la existencia del hombre” (Lumen fidei). Y será un cirio siempre encendido que, como dice el Pregón pascual, “aunque distribuye su luz, no mengua al repartirlo”, explica la comunidad que ensalza la división de la luz, porque “¡la fe crece al compartirla!”.

Sor Isaura Marcos Sánchez es una hermana clarisa contemplativa en la Fraternidad de Clarisas de Vilobí d’Onyar. Sus fotografías están llenas de arte y espiritualidad y así se hace presente en esta exposición en la que expresa el carisma franciscano. Con su presencia en Córdoba, ha querido plasmar los reflejos de la luz en el entorno cotidiano y con su obra fotográfica sobre el Concilio de Nicea, “la brisa dinámica, que emana del espíritu, que ha ido transformando continuamente la sociedad de cada época”.

Iluminar el amor de Dios por cada hombre 

El Divino Enfermo es una talla que nace de la espiritualidad otorgada por el Espíritu Santo a Santa María Soledad, fundadora de Las Siervas de María Ministras de los Enfermos con cuya imagen, enseñaba a las novicias cómo atender al enfermo. Su presencia en esta muestra ilumina el amor de Dios para cada hombre, “la visita al divino enfermo es la visita a Áquel en quien se une lo humano y lo divino, la contemplación y la acción… y es, para nosotras, impulso en la fe y mirada abierta al misterio”, afirma la comunidad dedicada a la atención al desvalido. Esta es una actitud de vida, desde el convencimiento de la fe, trascendiendo el dolor y el sufrimiento y encontrándole un sentido por difícil que pueda parecer. Su presencia explica hoy como ayer que la Esperanza en Dios no termina.

Entre las pequeñas piezas que se dan cita en la “Símbolo: Luz de Nicea”, hay dos aportaciones del Museo Histórico Municipal de Baena de singular belleza. Se trata del Anillo de oro con inscripción de los siglos IV-V y el cazo de los siglos IV-VI. Tanto el anillo de Sabina como el cazo de Nico evidencian la fe cristiana de sus propietarios y, en consecuencia, el arraigo del Cristianismo en la zona del valle del río Guadajoz (antiguo Salsum de los romanos) que atraviesa la campiña cordobesa, de este a oeste, desde su nacimiento en la confluencia de los ríos San Juan y Salado de Priego hasta su desembocadura en el Guadalquivir.

Pequeñas piezas inscritas con signos cristianos que de una época de la que apenas se conservan restos, la Antigüedad Tardía, el período de transición ente la Edad Antigua y la Edad Media que abarca los siglos IV al VI d.C. Ambas piezas son clave para conocer el origen y arraigo del Cristianismo en la zona del valle del Guadajoz ya que ponen de relieve la existencia de comunidades cristianas rurales pero relacionadas con urbes importantes como son el caso de Ipsca (Cortijo de Izcar, baena) y el oppidum de nombre desconocido del Cerro de los Molinillos en las cercanías de la pedanía de Albendín (Baena).

De la pequeñez inscrita nos avisa de una fe cotidiana y sencilla que configura el ahora del cristianismo, la razón que removió los cimientos de un impero y la sabiduría y la fidelidad del Obispo Osio canalizó hasta nuestros días.

Hasta el cinco de Julio, en la Mezquita Catedral de Córdoba, otros artistas como Benjamín Cano como inconfundible creador de fuego para ser luz estarán en Córdoba. Con Pablo Redondo conoceremos la Esperanza con una obra escultórica que emerge del suelo. En Puerto Serrano (Cádiz) toda una feligresía acompañará a su Cristo herido el día de la inauguración, porque “el amor de Jesucristo no pasa de moda, sino que siempre es muy necesario para todos: niños, jóvenes, adultos, casados, solteros…, y lo que expresa Cristo en la Cruz es hasta dónde ha llegado su amor por nosotros: hasta dar la vida”, explica Rafael Pinto, párroco de Puerto Serrano.

La luz es el motivo y la causa de esta Exposición que en Junio se inserta en el Congreso del mismo nombre, en Córdoba esa Luz sigue alumbrando el hoy también en la persona de la Beata Victoria Díez, con la que la Institución Teresiana se hace presente en la obra, como una reciente Obra de Iglesia que nació para ser luz en una realidad histórica muy polarizada en el primer tercio de siglo XX en España que sigue teniendo cierta prolongación en el mundo globalizado en que vivimos. Su vida y su muerte reflejan la fuerza del Espíritu Santo en ella y nos señala un camino hacia la paz para seguir su Luz.

La persona de la Beata Victoria Díez, hace presente a la Institución Teresiana como una Obra de Iglesia que nació para ser luz en una realidad histórica muy polarizada en el primer tercio de siglo XX en España. La luz que desprende su vida y su muerte reflejan la fuerza del Espíritu Santo en ella y nos señala un camino hacia la paz.

 

Mensaje del arzobispo de Sevilla para el Jueves Santo

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Mensaje del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, para el Jueves Santo de 2025.

Mons. José Mazuelos presidirá las celebraciones del Triduo Pascual en la Catedral de Canarias

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Las celebraciones del Triduo Pascual en la Catedral de Canarias estarán presididas por el obispo de la diócesis de Canarias, Mons. José Mazuelos.

  • Jueves Santo, a las 18.00 horas, Misa de la Cena del Señor.
  • Viernes Santo, a las 17.00 horas, celebración litúrgica de la Muerte del Señor.
  • Sábado Santo, a las 22.00 horas, Vigilia Pascual.
  • Domingo de Resurrección, a las 10.00 horas, Solemne Pontifical de Pascua.

La Diocesana de Canarias ofrecerá en directo la celebración a través de su canal de YouTube y en los diales de FM y web.

La Catedral acogió la Misa Crismal

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El obispo de Canarias, Mons. José Mazuelos, ha presidido este Martes Santo, 15 de abril, en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias, la Misa Crismal, donde los sacerdotes han renovado sus promesas sacerdotales y se han bendecido los  Óleos y consagrado el Crisma.

La Misa Crismal es una celebración propia del Jueves Santo que, pero en nuestra diócesis, al igual que sucede en muchas otras, se  traslada a este día para facilitar la asistencia de todos los sacerdotes.

En la homilía, el obispo comenzó destacando la presencia de sacerdotes de otros países como Venezuela o Nicaragua que están desarrollando su trabajo pastoral en nuestra Diócesis.

 

 

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En la Misa Crismal, los sacerdotes renuevan ante el Obispo las promesas que hicieron el día de su ordenación, se lleva a cabo la bendición de los Óleos y se consagra el Crisma. El óleo es aceite de oliva. En cambio, el crisma es una mezcla de aceite de oliva y perfume. La consagración es competencia exclusiva del Obispo. Dentro del rito de consagración destaca el momento en el que el Obispo sopla en el interior del recipiente que contiene el Crisma (crismera) como signo de la efusión del Espíritu Santo.

El santo crisma y los óleos son llevados a todas las parroquias donde, de un modo solemne y expreso, son presentados, como expresión de unidad, en la Misa Vespertina del Jueves Santo en la que se conmemora la Cena del Señor.

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Celebrada la Misa de la Cena del Señor

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En este Jueves Santo ha comenzado el Triduo Pascual que nos conducirá al Domingo de Resurrección y en el que recorreremos el camino de la Pasión del Señor. En este primer día hemos conmemorado la celebración de la Última Cena del Señor con sus discípulos, instituyendo así la Eucaristía, don de acción de gracias, y el sacerdocio.

En concreto, en la S.A.I Catedral se ha celebrado estos Oficios presididos por el arzobispo Mons. José María Gil Tamayo, en el que recordamos el lavatorio de los pies a los discípulos, con el que Jesucristo mostró el servicio de amor a todas las personas.

La Misa de la Cena del Señor ha sido concelebrada por miembros del Cabildo de la Catedral y de la Capilla Real. También han participado los seminaristas del Seminario Mayor San Cecilio y su rector, en una celebración a la que han asistido numerosos fieles, amenizada por la música del Coro Santa Cecilia.

AMOR A LA EUCARISTÍA

En sus palabras durante la homilía, nuestro arzobispo ha hablado de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, así como de la caridad cristiana, que ayuda a las personas de manera “integral”.

“La Eucaristía es el regalo más grande que ha recibido la Iglesia”, ha señalado Mons. Gil Tamayo. Al mismo tiempo, ha animado a los fieles a amar la Eucaristía, de la que Granada expresa ese amor cada año en su fiesta del Corpus: “Granada ama la Eucaristía. En su tradición religiosa, es una de sus improntas fundamentales, que hace que haga fiesta, que salga Cristo a sus calles, en el Corpus. Pero eso tiene que estar refrendado por una vida eucarística, de adoración, de verdadera hambre de Cristo y a la paz, de verdadera celebración de la Eucaristía dominical. Queridos hermanos, la Eucaristía es posible porque Jesús instituye el ministerio sacerdotal”.

También ha subrayado la institución del sacerdocio por parte del mismo Jesucristo, y aunque “tenemos defectos innegables”, hay muchos “sacerdotes buenos”. “No nos fijemos sólo en quienes, como seres humanos, se han podido ver arrastrados por la tentación o por los defectos. Fijémonos en tantos y tantos sacerdotes que han dejado su vida de manera escondida en nuestros pueblos, en nuestros barrios, que han llevado la fe a los sencillos, que han cuidado la proclamación de la Palabra de Dios, que han estado acompañando en nuestro dolor, en nuestras alegrías, en nuestros sufrimientos, en nuestros gozos, que están esparcidos por nuestra diócesis y por el mundo entero”, señaló el arzobispo.

El Jueves Santo es también el Día del amor fraterno y, en este sentido, ha pedido que “tomemos más en serio el mandamiento nuevo del amor”. También ha hablado de la caridad, de la que ha dicho “forma parte de la vida cristiana”.

Tras la celebración, en el día previo a la Pasión del Señor y su muerte en la cruz, como es tradicional en la liturgia del Jueves Santo se ha procedido a la Reserva del Santísimo Sacramento, quedando expuesto en la capilla del Cristo de la Esperanza, que fue inaugurada en la pasada Jornada “24 horas para el Señor”. Será esta consagración de las especies con las que se comulgará en el Viernes Santo.

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