Mensaje del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, para el Jueves Santo de 2025.
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Cuando era niño, siempre me llamaron la atención las mesas petitorias de Cáritas. El Jueves Santo había por toda la ciudad gente con huchas, pegatinas y pines con el logo de Cáritas que colocábamos en el ojal de la solapa de nuestras chaquetas estrenadas el Domingo de Ramos. ¡Cómo deseaba llevar la hucha y regalar pegatinas y pines! Ya, adulto, me incorporé al equipo de Cáritas de mi parroquia. Las costumbres y gestos han cambiado pero cada Jueves Santo, Día del Amor Fraterno, se renueva en mí el deseo de compartir con los hermanos el amor incondicional de Jesús sacramentado.
En la celebración litúrgica del Jueves Santo destacamos el Cenáculo, institución de la Eucaristía, y el lavatorio de pies.
La Eucaristía sostiene y transforma toda la vida del seguidor de Jesús. Es la expresión máxima del amor de Dios, viático para nuestro diario caminar en la convivencia familiar, en el trabajo, en nuestra comunidad parroquial, en nuestras fiestas y celebraciones… Y estamos alegres porque Él es la esperanza que no defrauda y nos constituye en esperanza para los otros, especialmente los más pobres, sus preferidos.
Nos decía Benedicto XVI que “la mística del sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor, con todos los demás que comulgan… La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega” (DCE, 14).
Este año del Jubileo de la Esperanza instituido por el papa Francisco, cobra especial significado dicho carácter social, que se concreta en la acción personal y comunitaria a través de Cáritas, expresión organizada de la caridad en la vida de la Iglesia. Ninguna comunidad sin Cáritas, ninguna Cáritas sin comunidad, donde se pone en el centro a la persona y su dignidad emanada de ser hijos de un mismo Padre y, por tanto, hermanos en Cristo, sin distinción de ningún tipo. Si hacemos alguna distinción es la que nos muestra Jesús y su evangelio, buena noticia para los pobres, para los marginados, para los invisibles, para los aparcados en las cunetas de la carretera del consumismo, del éxito y del poder. Transitemos por las periferias como peregrinos de la esperanza, portadores de la Buena Noticia.
En nuestra Iglesia de Sevilla hemos de significar las numerosas iniciativas y obras de carácter caritativo y social: las diputaciones de caridad de nuestras hermandades, institutos de vida consagrada, movimientos laicales, etc., que ponen en valor el amor, la solidaridad y la justicia social.
Y ¡Jesús lavó los pies a sus discípulos! ¿Cómo puede ser este el mesías? Pedro no lo entiende, solo cuando Jesús le dice que si no accede, no tendrá parte con él, entonces es cuando no puede soportar sentirse separado de quien es la suprema bondad, el supremo amor. “Si, pues, Yo, el Señor y Maestro lavé vuestros pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Porque ejemplo os di para que, así como Yo hice con vosotros, también vosotros hagáis “. (Juan 13, 14-15). Amar es servir. No hay amor si no se aprende a conjugar el verbo servir.
No se nos puede olvidar que participar en la Eucaristía pasa necesariamente por lavar los pies a los demás. “Una Eucaristía que no comporte un ejercicio concreto del amor es fragmentaria en sí misma” (DCE, 14). El amor y servicio a los pobres es el indicador de la autenticidad de nuestras eucaristías.
Actualicemos en este Jueves Santo del año jubilar el mandamiento de amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.
Nicolás Martínez Conde
Cáritas Parroquial de San José y Santa María
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El Jueves Santo es un día grande para la Iglesia en el que comienza el triduo pascual y celebramos la última cena de Jesucristo que muestra su amor desbordante. En la Eucaristía de este día vivimos tres acontecimientos: la institución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Tres acontecimientos colmados de amor.
La lectura del Evangelio de San Juan de este año comienza presentándonos la esencia del ministerio de Jesucristo, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”, y termina encargándonos lo que debemos hacer, “os he dado ejemplo para lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Todos y cada uno de nosotros somos amados por Dios, y estamos destinados al amor hacia los demás, especialmente a los hermanos que más sufren.
Conviene tomarnos el tiempo necesario para prestar atención sobre lo que nos quiere decir Jesús hoy, en medio de los múltiples y variados sentimientos y circunstancias que rodean nuestra vida. ¿Qué me pide el Señor?
Algunos testimonios nos ofrecen pistas para responder a esta pregunta; Santa Teresa de Calcuta nos dice que “el amor empieza hoy. Hoy alguien sufre. Hoy alguien duerme en la calle. Hoy alguien pasa hambre. Hoy es cuando tenemos hacer algo”. Y San Ignacio de Loyola decía “en todo amar y servir”. Y es que amar y servir son palabras inseparables. El servicio sin amor no es nada, y el amor sin servicio es menos todavía. Y el Papa Francisco nos dice que “debemos tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir el sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar”.
No hablamos, por tanto, de un amor abstracto. Seguir el ejemplo de Jesús significa comprometernos como Él, en la construcción de un mundo más justo y humano, mediante la puesta en práctica de acciones concretas que muestren la confianza en el amor de Dios y la solidaridad con las necesidades de nuestros hermanos, en especial, los descartados y olvidados de nuestras sociedades.
Es una alegría ver a tantas personas y organizaciones que, teniendo el Amor como referencia, viven cada día comprometidas con la mejora de las condiciones de vida de miles de seres humanos que no pueden llevar una vida digna, atrapados por la pobreza y el hambre de todo tipo. Las pastorales de migraciones, penitenciaria, salud, trabajo, ecología, acción social y caritativa son buenos ejemplos en los que podemos encontrar un lugar donde realizar nuestro compromiso.
Que el Jueves Santo, Día del Amor Fraterno, nos sirva de estímulo para aumentar el amor al mundo, así tendremos más posibilidades de comprometernos y de transformarlo.
José Juan Moreno Martínez, Delegado diocesano de Manos Unidas
Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de los hijos de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer”. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.
Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis».
R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».
Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».
Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».
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El obispo de Guadix ha publicado un decreto por el que se dispensa del ayuno y la abstinencia del Viernes Santo si no se pueden observar, pero recomienda otras prácticas de penitencia como la limosna, visita a enfermos y otros gestos de solidaridad, …
Se acerca uno de los días más grandes de la Semana Santa y de todo el año litúrgico: el Viernes Santo. Es un día que nos habla de entrega, de sacrificio, de salvación, y que apunta, gracias a Dios, hacia el Domingo de Resurrección. Es el Misterio Pascual, en el que celebramos que Cristo murió en la cruz por nosotros, para nuestra redención, para salvarnos, para resucitarnos con Él.
Para vivir con más intensidad todo lo que celebramos el Viernes Santo, la Iglesia ha llamado siempre a vivirlo con ayuno y abstinencia. Son dos prácticas que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y, además, sirven como penitencia por nuestros pecados, que nos dispone mejor para una auténtica conversión.
Pero no siempre es posible vivir ese ayuno y abstinencia en estos días que son de fiesta o de procesiones para muchos. Así, para quienes no puedan cumplir con esta norma, el obispo ha publicado un decreto por el que se “dispensa del ayuno y abstinencia del Viernes Santo a todos los fieles a los que no sea posible observar esta ley sin grave incomodo”.
Sin embargo, se recomienda que, si no se puede guardar el ayuno y abstinencia, se sustituya esta penitencia por otras prácticas, como la “lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales”, recuerda el obispo en el decreto publicado y que se puede consultar aquí.
Antonio Gómez
Delegado diocesano


Mons. FRANCISCO JESÚS OROZCO MENGÍBAR,
Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix
DECRETO
A lo largo de los siglos, al Santa Madre Iglesia ha conservado el precepto del ayuno y la abstinencia el Viernes Santo en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo y como penitencia por nuestros pecados, que nos dispone mejor para una auténtica conversión del corazón.
Sin embargo, las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia del ayuno y la abstinencia
Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del canon 87 del Código de Derecho Canónico, D i S P E N S O del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incómodo.
No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).
Dado en Guadix, a diez de abril de dos mil veinticinco
+ Francisco Jesús Orozco
Obispo de Guadix


En la noche del lunes 14 de abril, tuvo lugar el Viacrucis que cada año, en la parroquia de Santa María de Huéscar, organiza la Federación de Cofradías de dicha localidad. Una vez más, ha sido el Santísimo Cristo del Perdón la imagen con la cual se ha rezado este piadoso acto.
Las catorce estaciones que componen el Viacrucis están señaladas en las calles de Huéscar, desde el año 2011, cuando, con motivo de la JMJ que ese año tuvo lugar en Madrid, pasaron por dicho municipio la Cruz y el Icono de la JMJ.
En el Viacrucis han participado todas y cada una de las hermandades que hay en la parroquia de Huéscar, junto con Caritas parroquial y los coros. Los hermanos han sido los encargados de portar la cruz y de rezar las estaciones.
José Antonio Martínez
Párroco de Huéscar
El evangelio de este domingo de Pascua de la Resurrección, nos invita a reflexionar profundamente sobre la fe, la esperanza y la comprensión progresiva del misterio de Cristo.
María Magdalena, quien fue la primera en llegar al sepulcro, nos muestra un amor y una devoción profundos hacia Jesús. Al encontrar la losa del sepulcro quitada y al ver que el cuerpo de Jesús ya no estaba allí, su primer pensamiento es que alguien ha robado el cuerpo. Ella corre a contarle a Pedro y al discípulo amado, mostrando su preocupación, pero también su falta de comprensión total en ese momento.
El relato de los dos discípulos que corren hacia el sepulcro es tan significativo. Aunque Pedro es el líder entre los discípulos, es el «discípulo amado» quien llega primero, lo que nos muestra cómo, en algunos momentos, aquellos que están más cercanos a Jesús, de una manera más íntima, pueden captar las cosas antes que otros. Sin embargo, Pedro, al ser el líder, entra primero en el sepulcro, y es a través de él, quien observa los lienzos y el sudario, que se hace más claro que algo extraordinario ha sucedido.
El hecho de que el «discípulo amado» vea y crea, nos habla de cómo la fe no siempre es inmediata, pero que a través de la contemplación y la apertura del corazón, la verdad de la Resurrección se revela a nosotros. La Escritura nos enseña que, antes de ese momento, ni ellos ni nadie comprendían completamente las profecías sobre la Resurrección, pero al ver el sepulcro vacío, la realidad de lo que había ocurrido comienza a tomar forma en sus corazones.
Este texto nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe. Muchas veces, como los discípulos, nos encontramos confundidos o desorientados ante lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Pero a través de la perseverancia, la reflexión y la oración, podemos llegar a comprender mejor los planes de Dios. La resurrección de Cristo es la esperanza que ilumina todas las tinieblas de nuestra vida y nos asegura que, incluso cuando no comprendemos por completo, podemos creer.
Así, este pasaje nos anima a seguir buscando, a correr hacia Cristo con la fe de que, al final, Él nos revelará la verdad, tal como lo hizo con los discípulos en ese amanecer glorioso.
Secretariado de Pastoral de Juventud y Adolescencia
La entrada Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Este 17 de abril se cumplen 450 años desde que la localidad almeriense de Tíjola nombró como Patrona a la Virgen del Socorro, en respuesta a una grave plaga de langosta que amenazaba con arrasar las cosechas del municipio en 1575.
Según recoge el acta original conservada en el archivo municipal, los alcaldes de la época, Damián de Revelles y Baltasar de Reina, junto a un grupo de vecinos, se encomendaron a la Virgen, implorando su protección. Para ello, utilizaron la imagen que había sido traída por los Tercios desde Nápoles en tiempos de Juan de Austria.
El documento histórico, inscrito en el Libro de Apeos y Repartimiento de Suertes, da testimonio del juramento que hicieron los vecinos de edificar una ermita y celebrar cada año una fiesta en su honor el 15 de septiembre. En él se afirma literalmente que tomaban por “abogada y socorro a Ntra. Sra. del Socorro” para que intercediera en favor del pueblo y lo librara de la calamidad.
Desde entonces, la devoción a la Virgen del Socorro ha formado parte esencial de la identidad tijoleña. Su presencia en la vida cotidiana se manifiesta en gestos como el de los niños que se santiguan al pasar ante su ermita, o en las oraciones de padres y mayores que, generación tras generación, han depositado su fe en ella.
La efeméride coincide con el Jueves Santo, día en que la Iglesia celebra el amor fraterno y la institución de la Eucaristía, lo que ha dado un sentido especial al recuerdo de este compromiso histórico. Tíjola reafirma así que, cuatro siglos y medio después, la Virgen del Socorro sigue siendo un símbolo de amparo, fe y esperanza para sus habitantes.
El lema que aún hoy se escucha en labios de los tijoleños resume la devoción persistente de todo un pueblo:
“Madre, socórrenos”.

Publicado: 17/04/2025: 38
Ha fallecido en Antequera Julio de Domingo Juan-Martín a los 95 años de edad. El duelo se encuentra en la sala 4 del Tanatorio de Albia (junto al Cementerio de la ciudad de El Torcal).
El responso de despedida será mañana viernes, 18 de abril ,a las 11.00 horas en la parroquia de San Pedro de Antequera.