Con motivo del fallecimiento del Papa Francisco, la Diócesis de Almería ha habilitado un libro de firmas en el Obispado, donde los fieles podrán dejar constancia de sus oraciones por el eterno descanso del Santo Padre, así como mensajes de agradecimiento por su vida, entrega y servicio a la Iglesia universal.
El libro está disponible en el horario habitual de atención, de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 horas, en la sede del Obispado. Esta iniciativa busca recoger los sentimientos de comunión y afecto del pueblo cristiano de Almería hacia quien fue Pastor de la Iglesia y testigo de misericordia y esperanza.
La Diócesis invita a todos los que deseen unirse espiritualmente en este momento de duelo y gratitud a participar con su testimonio, como expresión del vínculo profundo que une a los fieles con el Sucesor de Pedro.
«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva» (1Pe 1,3).
Queridos fieles diocesanos:
¡Feliz Pascua de Resurrección! Porque ha resucitado nuestra Esperanza. En este Año Jubilar, la Pascua adquiere un significado aún más profundo y que llena este tiempo y nuestra fe de sentido. El mensaje de la Resurrección es, en esencia, un mensaje de esperanza inquebrantable, una esperanza que no defrauda y que tiene el poder de transformar nuestras vidas y con esa transformación, ser capaces de cambiar nuestro mundo.
Como aquellas mujeres, hemos llegado de madrugada hasta el sepulcro vacío, y esa imagen, en lugar de llenarnos el corazón de tristeza y de desesperanza, nos ha proporcionado paz, al escuchar de los ángeles, que el que allí había sido sepultado, ha resucitado, porque en su muerte y en su resurrección está nuestra propia salvación. Benedicto XVI reflexiona sobre el sentido de la verdadera esperanza en nuestro mundo cuando afirma: «Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino» (Spe salvi n.1).
Si nuestra mirada no se levanta hacia el cielo con la esperanza puesta en Él, nuestra vida sería solo un valle de lágrimas. Una estrella fugaz que dura tan solo un instante en la inmensidad de los tiempos. Pero, nuestra existencia tiene un sentido, un propósito que nos trasciende, y es esa misma trascendencia la que nos otorga la categoría de inmortales con la resurrección de Jesucristo. Con Él, hemos soportado su pasión, hemos cargado su cruz; con él moriremos, pero también seremos resucitados por amor. «La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (CIC n.1817).
Mediante la confianza en el Dios que siempre cumple su palabra, «gustamos ya en este mundo la esperanza de una vida futura que nos saciará totalmente» (San Agustín, En. in Ps.39). Este Jubileo nos ofrece una oportunidad para renovar nuestra confianza en estas promesas y para experimentar la gracia de un nuevo comienzo, que parte de la piedra movida, los lienzos tendidos y el sepulcro vacío.
Cristo, el Cordero Pascual que ha sido inmolado, ha triunfado sobre la muerte y nos ha abierto, así, las puertas de la vida eterna. La resurrección de Jesús da sentido a nuestra vida de cristianos, sin ella, como dice san Pablo «vana es nuestra fe» (1Cor 15,14) porque viviríamos una ilusión y no la certeza de contemplar la gloria. Los cristianos no seguimos a un personaje del pasado, sino alguien que está vivo para siempre y cuyo amor nos hace vivir en esperanza: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, muerto en la cruz, que resucitó al tercer día.
La Resurrección de Jesús es la manifestación definitiva de la bondad de Dios, su respuesta de amor a todas las angustias y preguntas de nuestro corazón, el principio vital del que se alimenta nuestra vida y nuestras buenas obras. Celebrar la Pascua es confesar que, en la historia y en el mundo, ha entrado una fuerza que todo lo renueva y lo transforma. Este es el Espíritu del Resucitado, que vence a cualquier dominador, que sana toda enfermedad, que revive lo caduco, que aniquila la violencia con el don de la paz, que no hace acepción de personas y a todos nos ama y salva por igual.
En este tiempo, la liturgia nos ofrece la Secuencia de Pascua, conocida como el Victimae paschali laudes, un antiguo himno que nos introduce en el gozo del Resucitado. María Magdalena, primera testigo ocular de Cristo resucitado y primera en dar testimonio de Él ante los apóstoles (cf. Jn 20,1-9), habla de su experiencia con el Maestro. Con un lenguaje poético y, ante la pregunta: «¿Qué has visto de camino, María en la mañana?»; la apóstol de los apóstoles, responde: «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada; los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». Es la proclamación de la mayor de las verdades: Cristo, quien entregó su vida por amor a nosotros, ha resucitado para darnos vida en abundancia y, en Él, nuestro amor encuentra su plenitud y nuestra esperanza se fortalece. Éste ha de ser el grito jubiloso que repitamos desde lo más profundo de nuestro corazón en este tiempo pascual.
La celebración de la Pascua nos abre a la dimensión apostólica que es propia de todo cristiano. Cada uno de nosotros está invitado a ser misionero de esperanza, para buscar y anunciar. No como profetas de desventura, que solo ven problemas y amenazas, sino como mensajeros de la alegría pascual que saben ver signos de resurrección incluso en medio de la oscuridad. Nos lo dice el papa Francisco: «Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección […], en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce fruto» (EG 276).
María Magdalena buscó a su Señor, aunque todo parecía perdido después de su muerte en cruz; Él había transformado su vida, liberándola y dignificándola. El amor verdadero es incansable y busca incluso en la oscuridad. Como esta mujer valiente, también nosotros hemos de correr hacia la tumba vacía de Jesús, hemos de entrar en ella, para ver con los ojos de la fe que Jesús ya no está allí, para creer entonces en Él, que vive para siempre. En la Pascua, nuestra fragilidad es renovada por un amor que hace nuevas todas las cosas (cf.Ap 21,5) y nos hace vivir de su mismo amor y esperanza.
Como nos invita el Plan de Pastoral diocesano para este curso, todos somos discípulos del Resucitado, que es mucho más que escuchar su Palabra; es asumir su vida como modelo y guía para la nuestra. Ser discípulos de la Pascua supone percibir la luz que emana del sepulcro, agradecer y aprovechar este momento como la nueva oportunidad que necesitamos para replantear, reorientar y potenciar nuestra relación con Dios y activar nuestra conciencia eclesial, nuestro amor a la Iglesia, y el consiguiente compromiso con la transformación del mundo a través de nuestra acción proactiva en el anuncio de que Cristo vive.
Justicia y Paz en nuestra diócesis organiza del 25 al 27 de abril, las jornadas nacionales “Derechos Humanos y migraciones”, que tendrán lugar en el Seminario Diocesano.
La apertura de las jornadas tendrá lugar este viernes 25 de abril a las 16:00 h., con la acogida de los participantes y la oración inicial. Posteriormente, el presidente de Justicia y Paz en Tenerife, Santiago Catalán realizará el saludo de bienvenida.
En el acto de apertura también participarán el vicepresidente de la Comisión General de Justicia y Paz, Eudald Vendrell; el obispo acompañante de esta entidad cristiana, Mons. Javier Vilanova y el administrador diocesano, Antonio Pérez.
Posteriormente, a las 17:00 h., el obispo responsable de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana, Mons. Fernando García Cadiñanos tomará la palabra para situar a los asistentes en el contexto de las jornadas.
Y una hora y cuarto más tarde, Diego Fernández, de Cáritas Española, y Alberto Ares, director del Servicio Jesuita a Refugiados en Europa, llevarán a cabo la ponencia: «La ley de extranjería española y el marco de la Unión Europea: evolución, punto actual, retos y posturas ante ella».
A lo largo de estos tres días, los asistentes también podrán escuchar testimonios “en primera persona” de varias personas migrantes, participar en mesas redondas, conocer diferentes proyectos que se están realizando en la diócesis, etc.
En esta entrevista, el Delegado Diocesano de Catequesis, Adolfo Ariza, repasa e interpreta los conceptos con los que el Papa Francisco llamó al mundo de hoy a seguir a Cristo y su Palabra
La Semana Santa también se ha vivido con intensidad y recogimiento en el Centro Penitenciario de Botafuegos, en Algeciras. Durante varios días, internos del centro, junto con voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y los capellanes, participaron en las celebraciones litúrgicas propias de esta época, acompañados por el delegado de la Pastoral Penitenciaria, el padre Aurelio Gil de la Casa.
Las actividades comenzaron el sábado 13 de abril, con la celebración del Domingo de Ramos, que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Un total de 25 personas, entre internos, voluntarios y capellanes, realizaron una breve procesión con ramos en la capilla del centro, donde leyeron y meditaron la Pasión de Cristo. Esta ceremonia marcó además la reapertura de la capilla, que había estado inutilizada temporalmente debido a las recientes lluvias y la entrada de agua.
El Jueves Santo, la comunidad penitenciaria se trasladó al salón de actos para celebrar la Cena del Señor, recordando el lavatorio de los pies y la institución de la Eucaristía. En esta ocasión, el número de participantes se elevó a 45 personas, en un ambiente cargado de espiritualidad y reflexión sobre el servicio y la entrega de Jesús a sus discípulos.
La jornada del Viernes Santo estuvo centrada en el rezo del Viacrucis, siguiendo la versión bíblica con lecturas y meditaciones en cada estación. Veinticinco asistentes participaron en este acto de recogimiento, que permitió a los internos profundizar en el sufrimiento de Cristo desde una vivencia cercana y compartida.
La celebración culminó con la Vigilia Pascual, ya de regreso en la capilla del centro penitenciario. En esta ceremonia, marcada por el encendido del cirio pascual, se proclamaron las lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, y se leyó el Evangelio del sepulcro vacío. Internos y voluntarios renovaron juntos sus promesas bautismales y celebraron con alegría la resurrección de Jesús.
Estas celebraciones, coordinadas por el equipo de Pastoral Penitenciaria, han permitido a los internos vivir una Semana Santa profunda, comunitaria y esperanzadora, reforzando valores de fe, fraternidad y redención dentro de los muros de la prisión.
Del 21 al 26 de abril, La Laguna celebra La Ruta del Libro, una propuesta que recorre las librerías del municipio con actividades, premios y una imagen unificada para apoyar el comercio local durante la semana del Día del Libro.
Con el Pasaporte de la Ruta, podrás sellar tu recorrido en las librerías participantes y entrar en sorteos, mientras sigues el mapa de actividades disponible en la web oficial y puntos informativos del municipio.
En esta iniciativa también participa la Librería Diocesana. A la entrada de la misma (junto a la verja del Obispado), se podrá visitar estos días una exposición iconográfica con paneles explicativos y libros que lleva por título “A las puertas del cielo”.
Asimismo, en el primer día de la ruta, en las instalaciones de la librería, tuvo lugar una presentación teatralizada donde el corsario Amaro Pargo relató a los visitantes sus experiencias, su vinculación a La Laguna y la importancia de la espiritualidad en su vida.
Este martes 22 de abril, a las 17:00 h., está previsto un encuentro y una proyección audiovisual con el autor Julio Torres, quien disertará sobre la historia y las curiosidades de San Cristóbal de La Laguna.
A la misma hora y hasta el viernes, se sucederán encuentros similares. En este sentido, mañana miércoles el sacerdote Francisco Hernández Rivero dirigirá un coloquio titulado “La lectura espiritual, banquete para el alma”. Rivero también recomendará algunos libros para profundizar en esta temática.
El jueves 24 será el turno del autor José María Espinar, que presentará el libro: “Lázaro y Jesús. El Evangelio de la amistad». Espinar concluirá su intervención con una firma de ejemplares.
Finalmente, el viernes 25, el periodista Andrés Brito presentará su libro: “Jadarel. El guardián tras el velo”. Brito también firmará ejemplares a quien lo desee.
Cabe señalar que durante toda la semana, la Librería Diocesana ofrecerá a sus clientes un 10% de descuento en la compra de libros.
Una pintura del Maestro de Santos fue entregada al pontífice por la pintora montillana Mª José Ruiz
Con motivo de la proclamación de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal, el 7 de octubre del 2012, el Ayuntamiento de Montilla acordó regalar al Santo Padre un cuadro de la autora montillana María José Ruiz. Esta obra llegó a manos del Papa Francisco de la mano de un grupo de montillanos encabezados por el Obispo y el Alcalde de la localidad, así como el rector de la basílica pontificia donde se custodia el sepulcro del Santo Maestro.
Para todos, este encuentro supuso una jornada imborrable en su vida, tras palpar la cercanía del pontífice, pero de manera especial, fue un hecho histórico para la autora del lienzo, María José Ruiz, quien ofreció una entrevista a la delegación de medios de la diócesis de Córdoba tras regresar de Roma (véase aquí: https://www.youtube.com/watch?v=i_7H-Y3VASs&ab_channel=Di%C3%B3cesisdeC%C3%B3rdoba), en la que aseguró que en el Papa había “paz, serenidad y entusiasmo” siempre y que la mejor experiencia de su vida artística fue siempre con la Iglesia, más concretamente, en Roma, donde pudo palpar “luz y esperanza”.
Ruiz indicó que ese día fue de profunda alegría junto al Pontífice, algo en lo que coincidieron los chicos del proyecto Puerta Verde de la parroquia Santa Luisa de Marillac tras vivir una audiencia con el Santo Padre, un día que marcó un antes y un después en la vida de estos jóvenes del polígono Guadalquivir a quienes el Papa Francisco recibió para mostrarle su cariño y cercanía.
Francisco fue un puente de esperanza hacia los chicos y las familias que no tienen recursos, que se sumaron al proyecto de la parroquia de Santa Luisa de Marillac para romper con los malos hábitos, las compañías tristes y las malas relaciones, y fomentar su crecimiento personal.
El arzobispo de Sevilla ha repasado el legado y la relevancia del pontificado del papa Francisco, un pontífice con el que tuvo numerosos encuentros y con quien le unía una especial relación. En declaraciones al programa ‘Ecclesia al día’ de TRECE, monseñor José Ángel Saiz ha destacado tres líneas en el servicio de Francisco a la Iglesia y el mundo en estos últimos doce años. Tres líneas enmarcadas en tres encíclicas: “La propia vida de fe, espiritual, del cristiano, su confianza en Dios –Lumen fidei-, una llamada a la fraternidad –Fratelli tutti– y el cuidado de la Creación, de la Casa Común, cumpliendo el mandato del Libro del Génesis, creced, multiplicaos y dominad la Tierra –Laudato sì-“.
El arzobispo de Sevilla ha subrayado también una faceta muy importante de la personalidad de Francisco: su alegría. “Esa alegría, ese buen humor del que él hacía tanta gala, y nos daba ejemplo, también es importante en los tiempos actuales”. Ha calificado al Papa como un referente, y ha reconocido sentirse “un poco huérfanos, intraeclesialmente y extraeclesialmente, porque en esta sociedad tan globalizada, el referente principal, la voz profética que ha resonado ha sido la del papa Francisco”.
«Una despedida pascual»
Preguntado por cómo se enteró del fallecimiento del Papa, monseñor Saiz Meneses, que se encuentra estos días en Barcelona por asuntos familiares, ha admitido que le desconcertó la noticia. Ha recordado la última vez que se encontró con él en su residencia de la Casa Santa Marta, en la audiencia que el pontífice concedió al comité ejecutivo del Congreso Internacional de Hermandades. “Ya estaba padeciendo la bronquitis, y al cabo de unos días fue ingresado en el Policlínico Gemelli”, ha apuntado. En referencia a su última salida a la Plaza de San Pedro, el arzobispo ha señalado que fue “como si hubiera salido a despedirse de sus hermanos, de la Iglesia de la que es padre y pastor, del mundo entero, y hoy el Señor le ha llamado (…) Ha sido una despedida pascual, un final muy pascual y muy alegre, como él siempre nos ha exhortado a vivir”.
«Nos queda su ejemplo, su testimonio»
Repasando lo más significativo de su trayectoria al frente de la Iglesia, ha destacado “un bagaje muy completo de contenidos, de doctrina, de aggiornamento, de puesta al día, de dar respuesta a los nuevos retos y desafíos”. En esta línea, ha subrayado cómo el Papa “hace algún tiempo distinguió que no estanos en una época de grandes cambios, como se decía siempre, sino en un cambio de época, que lo ha puesto todo patas arriba”. En consonancia, “nosotros, como cristianos, desde nuestra pobreza y pequeñez, pero desde la fuerza de la fe y la luz del Evangelio, estamos llamados a dar respuesta a todas las situaciones, a todos los desafíos, y en eso el papa Francisco nos ha dado un ejemplo admirable de valor, de parresía, una palara profética que echaremos de menos, un testimonio de vida, de servicio al Señor y a los hermanos, a la Iglesia y al mundo, hasta el final y con todas sus consecuencias”. “Nos queda su ejemplo, su testimonio, nos queda su luz, su palabra”, ha concluido.
Antonio Navarro, Delegado Diocesano de Ecumenismo y para el Diálogo Interreligioso, sintetiza en este artículo la labor del Papa en el estímulo del diálogo interreligioso en la Iglesia
A lo largo del Lunes de Pascua recibí multitud de condolencias por la muerte del papa Francisco procedentes de otras confesiones cristianas y de otras religiones. En las conversaciones con musulmanes, hubo una frase que repetíamos: «somos de Dios, y a Él volvemos». Manifestábamos una gran verdad, pues nuestra vida está en las manos de Dios, para Él fuimos creados, y a Él regresamos. Esa frase procede del Corán (sura 2, 156), y cualquier cristiano la podría sentir como suya. Los innegables elementos que nos diferencian no son obstáculo para reconocer los que nos unen, entre ellos el misterio de la vida y de la muerte, cuyo Dueño es Dios Todopoderoso. Aquí está el núcleo del diálogo interreligioso: que los creyentes se conozcan para, sin caer en relativismos, generar relaciones constructivas por el bien común de la humanidad, en el respeto a la dignidad de la persona, creada a imagen de Dios.
El papa Francisco ha estimulado a la Iglesia para que avance en el camino del diálogo, siendo él mismo un ejemplo inspirador y dejando un rico legado. Quisiera dar aquí algunas pinceladas de sus enseñanzas y acciones en este campo:
* «Todos estamos en la misma barca». La pandemia puso más de relieve el error del individualismo, de velar solamente «por los de mi grupo». Somos una humanidad frágil, y estamos necesitados de cuidado. Más allá de las diferencias culturales o religiosas, debemos unirnos para proteger la casa común. Eso incluye la ecología y el cuidado del planeta, pero no solamente.
* «Fratelli tutti». Dios es el Creador del género humano, y todos debemos ver en los demás a hermanos, y no a extraños. Especialmente cuando sean de otro país o distinta religión, como enseña la parábola del Buen Samaritano. Una religiosidad auténtica se manifestará siempre en el cuidado al prójimo. Si este amor fraterno no existe, entonces no hay verdadera espiritualidad sino ideología corruptora, y todos los credos deben estar vigilantes y luchar contra las tendencias fundamentalistas o excluyentes.
* «Documento sobre la Fraternidad humana». La firma de esta declaración con el gran imán de Al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb, es un hito esencial. Nunca se había dado un acuerdo de este calibre entre dos grandes líderes religiosos. Aquí se enuncian puntos esenciales en torno a la dignidad inalienable de cada persona y el papel que deben jugar las religiones en la promoción de la paz, la justicia, y la atención a los más necesitados, luchando juntos contra el materialismo y el egoísmo que nos ciega y que es origen de conflictos y desigualdad. El reto consiste ahora en conseguir que cristianos y musulmanes lo tengan como hoja de ruta y no quede en papel mojado.
* El intento por llegar a las distintas ramas del islam. Como islamólogo, he constatado un claro esfuerzo por parte del papa Francisco en llegar a las distintas corrientes de islam, en un mundo musulmán muy fragmentado. Se percibe la gran ayuda y consejo del cardenal español Miguel Ángel Ayuso (d.e.p.), auténtico experto en el tema. El Papa se ha encontrado con musulmanes del sudeste asiático, de Egipto y Marruecos, del chiismo en Irak (como fue el encuentro con el ayatolá Al-Sistani), de raíz turca como en Turquía y Kazajistán, de asociaciones islámicas europeas… De este modo, se han abierto numerosos puentes de colaboración y se ha diversificado el diálogo islamocristiano, y este surco abierto ha de continuar.
* Defensa de la libertad religiosa. En esos lugares que ha visitado, se ha encontrado con las minorías cristianas, ha denunciado las persecuciones que sufren, ha defendido sus derechos, sobre todo el respeto a la libertad religiosa, pidiendo con valentía que sea una realidad allí donde no exista. De esta manera, ha mostrado que el diálogo interreligioso no consiste en meros gestos bonitos, sino que debe interpelar al otro en aquellas cuestiones que deben ser transformadas.
La Iglesia actual se encuentra en un contexto de guerras y desigualdades, y a veces se culpa a las diferencias religiosas de estos conflictos. Ahora, más que nunca, resulta imprescindible el diálogo interreligioso, y el nuevo Pontífice que Dios nos conceda tiene aquí un campo apasionante, a la vez que un reto en el que seguir trabajando.